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martes, 28 de abril de 2009

Sin destino (Sorstalanság)

Sin destino (2005)

Gyorgy Köves, es un joven judío hungaro de catorce años residente en Budapest, cuya vida se ve repentinamente sacudida cuando su padre es enviado a un campo de concentración. Gyorgy comienza entonces a trabajar en una fábrica, hasta que un día es apresado en un control de carretera y enviado junto con otros judios al campo de concentración de Auschwitz. A partir de ese momento, el protagonista iniciará un duro periplo por varios campos de exterminio nazis, donde conocerá el horror, el hambre y las penalidades, aunque también aprenderá la importancia de valores como la esperanza, la dignidad o la amistad.

A estas alturas, teniendo en cuenta la cantidad de películas y documentales que se han hecho sobre el holocausto judío y el genocidio nazi, resulta bastante difícil ofrecer algo minimamente original o novedoso respecto a este infame episodio de la historia del S. XX. Pese a ello, el director de fotografía y realizador húngaro Lajos Koltai, ha ofrecido una de las más recientes aproximaciones al tema del genocidio nazi, adaptando la novela homónima de tintes autobiográficos escrita por el premio Nobel húngaro Imre Kertész, basándose en sus propias experiencias cuando fue deportado a un campo de concentración en 1944.

Apuntaba antes la dificultad de ofrecer algo novedoso a la hora de tratar el tema de holocausto, hecho por el que resulta doblemente meritorio el que “Sin destino” lo haya logrado en buena medida. En primer lugar, llama la atención el hecho de que no solo se denuncie la barbarie nazi, sino también la colaboración de buena parte de la población húngara, (ejemplificada en la escena en la que el policía húngaro trata de extorsionar a sus prisioneros judíos a cambio de agua) y también de aquellos presos de los campos que abusaron de sus privilegios a costa de sus compañeros. También es destacable que en su enfoque, y aun viviendo el horror de los campos, el personaje del joven Gyorgy aun encuentra lugar para la amistad, la ternura e incluso la alegría, unos matices que dotan de una inusitada humanidad a los personajes. Finalmente, también hay que reseñar la excelente recreación de los escenarios y la puesta en escena, la cual, unida a una magnífica fotografía (se aprecia aquí el oficio técnico de Koltai), la cual sirve para realzar el ambiente opresivo que se retrata, mediante el uso predominante de unos tonos de color apagados y cenicientos, que dotan de un innegable halo de veracidad a la narración.

Sin embargo, no todo alcanza la excelencia en este film. Lo cierto es que la historia acusa una marcada falta de ritmo en su primera hora, y también se resiente por el excesivo uso que se hace de las elipsis y “fundidos a negro” en su segunda mitad. Sin embargo, hay que reconocer que, tras el inicio un tanto plomizo, la película sabe remontar el vuelo conforme avanza la trama e ir captando gradualmente la atención del espectador, aunque el tono desapasionado de la narración hace que la historia no termine de fascinar completamente al espectador.

Por otra parte, el film se apoya en una muy buena interpretación del joven protagonista Marcell Nagy, bien secundado por el resto de actores; así como en unas secuencias bastante logradas. De entre estas destaca la que nos muestra la larga espera de los prisioneros en formación para un recuento obligados a permanecer en pie durante horas, mientras sus cuerpos extenuados se agitan intentando no perder el equilibrio, una bellísima metáfora visual soberbiamente filmada mediante la alternancia de planos cenitales y travellings laterales, secuencia que me pareció lo mejor del film.

Además, la buena factura estética de la película se ve respaldada por la banda sonora compuesta por Ennio Morricone, que acompaña bastante bien los momentos culminantes del film. En resumidas cuentas, “Sin destino” nos ofrece una nueva visión alternativa acerca del drama que sufrieron millones de seres humanos recluidos en los campos de concentración. Y lo hace ofreciendo una historia honesta y de hondura humana, y en la que se echa en falta principalmente algo más de continuidad en el ritmo de la narración, lo que hubiera elevado aun más su categoría cinematográfica. Con todo, no cabe duda de que se trata de una película bastante estimable y que resulta aleccionadora en más de un sentido.

Calificación: 6,5/10

martes, 21 de abril de 2009

El tambor de hojalata (Die Blechtrommel)

El tambor de hojalata (1979)

Oscar Matzerah es un niño alemán que nace en la ciudad libre de Danzig en 1924. Pronto, Oscar dará muestras de ser muy especial, no solo por sus poderes vocales para romper vidrios con sus gritos, sino también por su rechazo al mundo del los adultos y su decisión de no seguir creciendo cuando cumple 3 años. Con la permanente compañía de un tambor de hojalata que le prometieron al nacer, Oscar será testigo privilegiado de toda una serie de acontecimientos incluyendo el advenimiento del nazismo, la invasión alemana, y las penalidades de la guerra.

Las adaptaciones cinematográficas de novelas y textos literarios en general siempre han sido difíciles, en parte porque no es lo mismo una historia contada para ser leida que para ser vista, y también porque tanto el cine como la literatura tienen sus propios lenguajes y recursos narrativos, no siempre compatibles y, en ocasiones, antagónicos. Viene a cuento esta reflexión porque viendo películas como “El tambor de hojalata” uno se da cuenta de lo difícil que es convertir una gran novela, como lo es el texto homónimo del escritor Gunter Grass (muy probablemente, su mejor obra) en una gran película.

Y ciertamente eso es lo que ocurre en este caso. Porque el film del realizador alemán Volker Schlöndorff no peca precisamente por apartarse del texto literario en el que se inspira, sino que más bien falla por querer ser demasiado fiel al mismo. Y esto es un problema porque es casi imposible trasvasar al cine una novela de una extensión considerable y con una estructura tan compleja y rica en matices como la que nos ocupa, sin que se pierda algo en el proceso. Mucho de esto ocurre en el caso de “El tambor de hojalata”, a todas luces una película bastante irregular y que se divididir en dos partes claramente diferenciadas.

Lo mejor de la película está en sus primeros tres cuartos de hora, con un arranque muy bien narrado que sirve de introducción a los personajes y la historia. En ese tramo, la película refleja a la perfección el espíritu de la novela, con una mezcla de elementos surrealistas y satíricos, empleando un tono narrativo que puede encuadrarse dentro del realismo mágico. También contiene esa parte las escenas más logradas del film como el sabotaje por parte de Oscar del mitín nazi, o cuando rompe las vidrieras de la iglesia con sus gritos. Sin embargo, conforme avanza el metraje, da la sensanción de que la película pierde fuelle, a la vez que va decayendo el interés de la historia, quizás porque quiere reflejar con demasiado detalle la novela, dejando de lado la precisión narrativa. Otro problema añadido es que da la impresión de que en su primera parte, que abarca la mitad de la novela, la película haya querido copiar minuciosamente los hechos que se cuentan en la novela, para luego precipitar de una manera bastante brusca los acontecimientos que se narran en la segunda mitad del libro. Por ello, el desenlace (al que se dedican apenas 40 minutos de los 140 totales) resulta un tanto deslavazado, incoherente y apresurado, especialmente si no se ha leído la novela.

Además, en más de un aspecto “El tambor de hojalata” es un film que no ha envejecido bien. Sin duda, en la época de su estreno debió impactar por su aroma de cine de vanguardia, y la escabrosidad de algunas de sus escenas, sacadas directamente del libro. Pero hoy día, para un público mucho más acostumbrado a los excesos visuales de todo tipo, lo cierto es que resulta mucho menos impactante. Con todo hay que reconocer que la película tiene aspectos bastante buenos como la ambientación, la fotografía, y el trabajo de los actores principales, todos ellos muy convincentes en sus respectivos papeles, con especial mención del niño David Bennent que da vida a un personaje sumamente complicado de interpretar como el de Oscar.

En definitiva, y pese a sus innegables defectos, “El tambor de hojalata” supone una digna adaptación de una de las novelas capitales del S. XX. No obstante, es una película que no termina de resultar redonda por los motivos antes expuestos. Un film que llenará a medias a los lectores de la novela, y que, muy posiblemente, dejará fríos al resto de espectadores.

Calificación: 6/10

lunes, 13 de abril de 2009

Espias en la sombra (Les femmes de l'ombre)

Espias en la sombra (2008)

La acción nos sitúa en Mayo de 1944 pocas semanas antes del desembarco en Normandia. Louis Desfontaines (Sophie Marceu) es una agente francesa del SOE británico, llamada para encabezar una peligrosa misión en suelo francés. Liderando junto a su hermano Pierre un comando formado por cinco mujeres, deberá liberar a un geólogo del servicio secreto, conocedor de los secretos del Día D, enviado por error a un hospital alemán en Normandia. Al mismo tiempo, un oficial de contraespionaje de la SS, el coronel Heindrich, intentará por todos los medios localizar al geólogo para sacarle la información que necesita para confirmar sus sospechas acerca de que Normandia será el lugar elegido por los aliados para desembarcar en Francia.

Las historias sobre la resistencia y las redes espionaje en la Europa ocupada por los nazis han sido tradicionalmente una  fuente casi inagotable de inspiración para decenas de títulos ambientados en la II GM. Siguiendo esta corriente,  esta producción francesa del director Jean Paul Salóme supone una nueva aproximación a dicho tema, con la particularidad de que se trata de una historia protagonizada por mujeres que quiere rendir homenaje a la participación femenina en la contienda, y su contribución a la victoria aliada. Una historia, por cierto, que parece más que inspirada en una novela de Ken Follet titulada “Alto Riesgo” con la que la película comparte muchas similitudes argumentales. Aunque, eso sí, las nacionalidades del jefe y miembros del comando (norteamericano y británicas, en la novela) han sido convenientemente cambiadas para que sea una historia netamente francesa.

Lo primero que llama la atención del film es comprobar –para sonrojo de la industria cinematográfica patria- como un pais europeo como Francia puede igualar a las más caras producciones hollywoodienses en lo tocante a los aspectos técnicos. En ese sentido, la película resulta sobresaliente en cuanto ambientación, fotografía y efectos especiales, y demuestra que el cine europeo no tiene nada que envidiar al norteamericano a la hora de producir films con una puesta en escena espectacular. Sin embargo, y curiosamente, al menos en este caso, “Espias en la sombra” no solo trasvasa al cine europeo los mejores aspectos del norteamericano, sino también sus defectos. Y digo esto porque, entrando a valorar la calidad intrínseca del film, lo cierto es que este presenta más de un aspecto fallido.

En primer lugar, la historia tiene un desarrollo bastante convencional y plano, con una sucesión de escenas acción y fuegos de artificio que no están debidamente conectadas con una parte discursiva medianamente elaborada o algún tipo de tensión dramática que sirva de engarce para las sucesivas escenas de acción. Los personajes, asimismo, resultan bastante estereotipados (el coronel nazi malvado, la abnegada luchadora, la mujer dispuesta al sacrifico torturada por su pasado… etc) y no aportan nada nuevo. Finalmente –y lo que es peor tratándose de un film de acción- pese a que pasan muchas cosas en pantalla a lo largo de sus casi dos horas de metraje, lo cierto es que el interés de la historia decae muy rápidamente, e incluso se hace aburrida en más de un momento. Por lo demás, el desarrollo de la trama no aporta nada (absolutamente, nada) nuevo al género, por lo que el espectador asiste más con resignación que con interés al mismo.

Por ello, y pese a la brillante factura formal que presenta el film, “Espías en la sombra” se queda en un tópico film de acción y aventuras bélicas al uso, que sirve también de vehículo para el lucimiento de la belleza de Sophie Marceau, y del resto de actrices, que en general cumplen bien sus papeles, aunque estos no den demasiado de si. Pero quien espere encontrar cierto rigor histórico o profundidad argumental, mejor que elija otra película. Si algo demuestra este tipo de cine, es que –como apuntaba antes- las producciones europeas pueden ya igualar a las norteamericanas en cuanto a medios de producción, ahora solo faltan buenas historias que respalden y den profundidad a la excelencia técnica.

Calificación: 5,5/10

miércoles, 8 de abril de 2009

El Ogro (Der Unhold)

El ogro (1996)

Abel Tiffauges (John Malkovich) es un niño huerfano introvertido y apocado que pierde a su único ámigo debido a un incendio en el hospicio. Años después, ya de adulto, Abel vive trabajando como mecánico en las afueras de París, relacionándose casi únicamente con niños y animales. La vida de Abel se ve truncada cuando es acusado de agredir sexualmente a una niña, pero la invasión alemana hace que sea enviado al frente en vez de ir a la cárcel. Sin embargo pronto es capturado y enviado como prisionero de guerra a realizar trabajos forzados en Prusia Oriental. Alli, de manera casual trabará conocimiento con el jefe de guardabosques del Reich, y a través de este, acabará siendo miembro del pabellón de caza del mariscal del aire Herman Goering. Finalmente, tras una serie de peripecias, Abel terminará por actuar como reclutador en la Napola del Castillo de Kaltenborn, donde cientos de jovenes alemanes reciben formación para ser la futura élite del III Reich.

Realizada en forma de coproducción europea entre Alemania, Francia y Gan Bretaña, “El ogro” supuso la adaptación para la gran pantalla de una novela del escritor francés Michel Tournier titulada “El rey de los alisios”, bajo la direccion del realizador alemán Volker Schlöndorff. Lo primero que llama la atención de “El ogro” es que se trata de un film un tanto atípico, quizás por el tono marcadamente poético que adopta la historia, y porque supone un viaje a las entrañas de Alemania durante la II GM, además de constituir una ácida reflexión sobre la naturaleza humana en general y el nazismo en particular. Toda la historia gira en torno al personaje central, Abel, muy bien interpretado por John Malkovich, dando vida al “ogro”, que es también narrador en primera persona, a la vez que eje fundamental de la historia.

En cuanto a la valoración del film, he de decir que este me ha parecido un tanto irregular. No cabe duda que el marco histórico que abarca y la perspectiva usada para narrar la II GM y la caida de la Alemania nazi desde dentro es bastante interesante a la vez que relativamente novedosa. Sin embargo, en mi opinión, la película no termina de hilvanar bien los distintos temas que apunta, ni tampoco sabe encontrar el tono adecuado de la narración, que se queda a medio camino entre la fábula poética y lo realista sin terminar de decantarse por ninguno de los dos estilos. Asimismo, el personaje de Abel da la impresión de resultar un tanto plano, algunos matices más a la hora de describir su personalidad habrían sido de agradecer. A esto se le añade que –como suele ser habitual en el cine alemán- el ritmo de la narración no es demasiado vivo, y aunque sus dos horas de duración no llegan a hacerse pesadas, si que acusa algún que otro bajón, aunque en el ultimo tercio de metraje vuelve a levantar el vuelo.

No obstante, hay que reconocer que la película tiene una ambientación sobresaliente, y algunas escenas logradas como por ejemplo las de la fiesta de caza en el pabellón de Goering o el desfile nocturno de antorchas en Kaltenborn y el subsiguiente diálogo del Conde con Abel acerca del nazismo. También es destacable el poético monólogo final que sirve de epílogo a la historia, posiblemente lo mejor de la misma:

Había una vez un marinero que en medio de una tormenta marina, teniendo miedo de morir en pecado, cargó sobre sus hombros a un niño, esperando que al salvar al muchacho se salvaría a sí mismo, pues la inocencia del niño le ayudaría a obtener la misericordia de Dios. Recordad siempre que estáis bajo el signo de san Cristobal: sois portadores de niños. Recordad que mientras llevéis a un niño, podréis eludir el mal refugiándoos bajo el manto de la inocencia, atravesaréis ríos, tempestades, podréis atravesar incluso las llamas del pecado.

En resumen, “El Ogro” es una típica producción europea que se sigue con interés, aunque no con apasionamiento. Un film quizás un tanto fallido en cuanto a sus planteamientos, pero de más que correcta factura y con una temática bastante atractiva. Por ello, aunque no termine de desarrollar plenamente todo lo que apunta, merece la pena verse.

Calificación: 6,5/10

miércoles, 1 de abril de 2009

Morituri

Morituri (1965)

La acción no sitúa en 1942. Robert Crain, (Marlon Brando) es un pacifista alemán exiliado en la India, que es reclutado a la fuerza por el Servicio Secreto Británico, para una misión secreta. La misión de Crain consistirá en infiltrarse, haciéndose pasar por un oficial de la SS, en el Ingo, un mercante que transporta una importante carga de caucho cuya confiscación interesa mucho a los aliados, con la finalidad de sabotear el barco para facilitar su captura. Pronto Crain descubrirá que además de a los peligros de su arriesgada misión, habrá de enfrentarse también al Capitán Mueller (Yul Brynner), el oficial al mando del buque, un hombre de ideas antinazis, pero decidido a cumplir su misión de conducir el barco hasta su destino a toda costa.

Morituri te salutant! era la frase con la que los gladiadores se dirigían al emperador romano antes de lanzarse a luchar a muerte, y de cuyo enunciado la película toma su título. Dirigida por competente realizador austríaco Bernard Wicki (director de la magnífica "El puente"), con guión basado en una novela de Werner Luedecke. Hay que decir que Morituri es una de esas películas que, a priori, reunía todos los elementos necesarios para convertirse en un clásico. En primer lugar, por el hecho de contar con un reparto sobresaliente con dos grandes de la pantalla como Brando y Brynner, amén de contar en la dirección con un realizador de talento como Bernard Wicki. Todo ello aderezado con una Banda sonora compuesta para la ocasión por el maestro Jerry Goldsmith, y una excelente fotografía en B/N merecedora de una nominación al oscar.

Sin embargo, y pese a contar con tan buenos mimbres, Morituri pasó bastante desapercibida para crítica y público en la época de su estreno, y aun hoy día es uno de los títulos menos conocidos dentro de la filmografía de Brando, lo cual, viendo la película resulta bastante comprensible. No se puede negar que la historia tiene un punto de partida interesante y que tiene escenas y diálogos bastante logrados. No obstante, la película falla en varios aspectos, que impiden que esta sea redonda. En primer lugar hay que señalar que el desarrollo de la trama se va haciendo más intrincado conforme avanza el film, mezclando una serie de elementos de espionaje, acción, antibelicistas… etc. Pero esta mayor densidad narrativa repercute negativamente en cuanto al interés de la historia, de forma que esta se va haciendo más complicada, a la par que monótona y reiterativa. A mi modo de ver, le falta algo más de pulso narrativo para enganchar al espectador, y sobre todo, para mantener el interés lo largo de sus más de dos horas de metraje, que llegan a hacerse largas.

Por otro lado, el aspecto interpretativo no es todo lo brillante que cabría esperarse. Yul Brynner cumple con corrección en su papel (un tanto arquetípico) de hombre atrapado en el dilema que se plantea entre su sentido del deber y su moralidad, aunque lo hace sin excesivo lucimiento. Marlon Brando, por su parte, estaba en una de las fases más bajas de su carrera interpretativa cuando participó en esta película, y la verdad es que su actuación no pasa de discreta, excesivamente hierática y muy alejada, desde luego, de sus mejores papeles.

En definitiva, “Morituri” se queda en un título correcto, filmado, eso sí, con unos medios bastante importantes. Sin embargo tales medios no ocultan el hecho de que la historia que cuenta, en principio interesante, quede sepultada por la hipertrofia narrativa que atenaza el desarrollo argumental del film. Una película que puede considerarse fallida, aunque posiblemente gustará a los mitómanos seguidores de Brando, pero que no pasa de discreta en cuanto a su calidad cinematográfica.

Calificación: 5,5/10

martes, 24 de marzo de 2009

Guadalcanal (Guadalcanal Diary)

Guadalcanal (1943)
La acción nos sitúa en 1942. Un grupo de infantes de la 1ª división de marines es trasladado a bordo un barco con un destino desconocido. Sin embargo, pronto se conoce que el destino es la captura de Guadalcanal, una de las más grandes islas de las Salomón, y de valor estratégico por causa de un aerodromo que los japoneses intentan poner en funcionamiento dentro de la isla. A través de las vivencias de varios de los marines participantes en la batalla, como el recluta hispano Jesús Alvarez (Anthony Quinn), el jovencisimo recluta Johnny Anderson (Richard Jaeckel); o el duro sargento "Taxi" Potts (William Bendix); la película nos narra las vicisitudes de la dura lucha que a lo largo de varios meses tuvo lugar por el control de Guadalcanal.

Durante los años de la contienda, y especialmente a partir de la entrada de Estados Unidos en guerra, todos los grandes estudios de Hollywood desarrollaron una intensa actividad propagandística en apoyo de la causa aliada. Esta labor se tradujo en un buen número de films bélicos en los cuales naturalmente se trataba de ensalzar el valor de los combatientes, aunque también de describir los hechos que se iban produciendo en el campo de batalla. Dentro de este grupo de películas, de entre las cuales pueden mencionarse, por ejemplo, "Bataan" o “30 segundos sobre Tokio”, se encuadra “Guadalcanal”.

El film, basado en el libro “Guadalcanal Diary”, relato periodístico sobre la batalla escrito por corresponsal de guerra Richard Tregaskis, se rodó con una extraordinaria rapidez e inmediatez respecto a los hechos que cuenta. Para hacerse una idea, basta con decir que la batalla de Guadalcanal concluyó en Noviembre de 1942 y la película se estrenó menos de un año después, en Octubre de 1943. Pese a lo apresurado del rodaje y las limitaciones presupuestarias, el apoyo que el ejército y el cuerpo de marines prestaron a la producción posibilitó que esta pudiera llevarse a buen término en ese tiempo record.

Y lo cierto es que “Guadalcanal” es una de esas películas que sorprenden porque dan la impresión de haberse adelantado a su tiempo en más de un aspecto. Y digo esto porque el film refleja bastante bien los hechos reales y las condiciones que rodearon a la lucha en Guadalcanal, desde el desembarco inicial sin oposición, pasando por la fácil captura del aeródromo “Henderson Field”, hasta la dura lucha por derrotar a los japoneses en el interior de la isla. Pero además la película no se queda ahí sino que se preocupa ahondar en los sentimientos y motivaciones de los personajes, lo cual dota a la película de una cierta profundidad argumental normalmente ausente otras producciones similares. El hecho de que la historia esté basada en un relato de primera mano sobre la batalla se nota, y le confiere a la película un tono de veracidad semidocumental muy de agradecer. Por otra parte las escenas de combate, pese al tiempo transcurrido, están bastante bien filmadas, y aun hoy resultan convincentes, algo que no puede decirse de muchos otros films bélicos contemporáneos.

En el aspecto interpretativo, destaca la presencia en uno de los papeles principales de un joven Anthony Quinn, que ya comenzaba a dar muestras de su carisma como actor. El resto de actores del reparto cumplen bien sus papeles, quizás un tanto arquetípicos, pero correctamente dibujados. Sorprende también la crudeza de ciertas escenas teniendo en cuenta la época de su filmacion, especialmente cuando aparecen los primeros prisioneros japoneses, de aspecto famélico y tembloroso, y un marine pregunta: ¿Y contra estos monos luchamos? o el ametrallamiento del francotirador japonés abatido. Otro aspecto que me gustó es que el film no elude en ningún momento contemplar los aspectos más duros de la lucha en la isla, y en especial la ausencia de todo triunfalismo gratuito, optando por un acentuado realismo a la hora de describir las condiciones reales de los combates en Guadalcanal.

En resumidas cuentas, y dejando de lado los aspectos propagandísticos del film y algunas limitaciones impuestas por la época de su filmación, “Guadalcanal” puede considerarse un más que digno film bélico que ha resistido bastante bien el paso del tiempo. En muchos aspectos tiene poco que envidiar a producciones más recientes como “La delgada linea Roja”. Un film que seguró que gustará a los aficionados al cine bélico en general, y un pequeño clásico del género a descubrir.

Calificación: 6,5/10

martes, 17 de marzo de 2009

Tener y no tener (To have and have not)

Tener y no tener (1944)

La acción nos sitúa en la isla francesa de la Martinica, en 1940 poco después del armisticio franco-germano. Harry Morgan (Humphrey Bogart) es un cínico capitan de barco dedicado junto a su amigo Eddie (Walter Brennan) a alquilar su embarcarción con fines de recreo para turistas. Aunque en principio Morgan solo desea cuidar de si mismo y no involucrarse en política, tras iniciar un romance con la atractiva Mary Brown (Lauren Bacall), acepta un peligroso encargo. Tras ser contactado por la resistencia, Morgan aceptará trasladar en a bordo de su barco a la isla a un importante representante de la Francia Libre del general De Gaulle.

Hay ocasiones en las que el trasfondo de la realización de una película es tan o más interesante que la película en sí. En el caso de “Tener y no tener” esto es perfectamente cierto. Primero, por como se gestó el proyecto del film, ya que al parecer tuvo su origen en una apuesta entre Ernest Hemingway y el magnate Howard Hawks, cuando éste le aseguró al escritor a que era capaz de adaptar al cine su peor relato, convirtiendolo en una gran película. Heminghway aceptó el desafio y le vendió los derechos de su novela de ambiente caribeño “To Have and to Have not” a Hawks. Este, que solía hacer siempre las cosas a lo grande, dispuso que una gran estrella como Humphrey Bogart tuviera el papel principal, además de contratar a todo un premio nobel de literatura como William Faulkner para encabezar el equipo de guionistas que iba a elaborar el guión del film. Pero sobre todo, Hawks tuvo la buena vista de contratar a una jovencísima actriz debutante para darle la réplica a Bogart: una chica delgada y de mirada penetrante llamada Lauren Bacall. La química entre los dos protagonistas no solo fue perfecta, sino que además surgió entre ellos un romance durante las primeras semanas de rodaje, y la pasión entre ambos fue tan evidente que Hawks dio ordenes de aprovechar el tirón y reescribir el guión (que se iba preparando prácticamente sobre la marcha) para darle más protagonismo a Bacall.

Además, la trama de la novela original de Heminghway, que se centraba en el tráfico de ron en torno a la isla de Cuba, fue bastante modificada para no ofender al régimen cubano de Batista, por aquel entonces aliado de EEUU. De este modo, y muy oportunamente, se trasladó la acción a la Martinica francesa, con una historia sobre la organización de la Francia Libre como trasfondo. Básicamente, se trataba de repetir el mismo esquema del gran éxito de Bogart en “Casablanca”, con la que “Tener y no tener” presenta más que evidentes paralelismos y similitudes argumentales.

En ese sentido, no puede decirse que “Tener y no tener” brille especialmente por su originalidad en cuanto a sus planteamientos, y creo que incluso resulta reiterativa con respecto a su ilustre predecesora. Bogart repite aquí su papel de hombre aparentemente cínico, egoísta y descreido, pero que acaba luchando por una buena causa, y la acción se sitúa nuevamente en el ambiente colonial de la Francia de Vichy. Sin embargo, personalmente opino que este intento de emular la fórmula de “Casablanca” resulta fallido. La historia no tiene el mismo calado de aquella, ni los personajes desprenden el mismo magnetismo. Es verdad que el carisma interpretativo de Bacall llena la pantalla, y que no faltan algunos diálogos brillantes, especialmente en las escenas que comparte el dúo protagonista. Además el ritmo narrativo es desigual, con algún que otro bajón bastante acusado en la parte central del metraje, el cual se hace un poco largo, pese a lo ajustado de su duración (95 minutos).

En definitiva, y pese a que algunas críticas hablan de “Tener o no tener” como uno de los mejores clásicos, personalmente la encuentro solo correcta, aunque digna de ser recordada por el gran debut que hizo Lauren Bacall. Pero para mi gusto está lejos de los grandes clásicos de la época.

Calificación: 6/10

viernes, 13 de marzo de 2009

Cuando hierve la sangre (Never so few)

Cuando hierve la sangre (1959)

Birmania, 1942. El Capitan Tom Reynolds (Frank Sinatra) lidera junto con su colega británico De Mortimer (Richard Johnson) un grupo operativo del OSS encargado de dirigir las operaciones de pequeñas unidades birmanas de la tribu Kachin contra las fuerzas ocupantes japonesas en el norte de Birmania. Mientras pasa unos días en el Cuartel General, Reynolds conoce a Carla Vasari (Gina Lollobrigida) una atractiva mujer emparejada con un rico comerciante, surgiendo un apasionado romance entre ambos. De vuelta a la jungla, el convoy de abastecimiento del grupo de Reynolds sufre un ataque por sorpresa, descubriendose tras el mismo que los responsables del ataque no eran japoneses, sino un grupo de soldados chinos nacionalistas en una incursión de saqueo.

Realizada por el director John Sturges, con un guión que adaptaba el Best-Seller de Tom Chamales titulado "Never So Few", una novela basada en un incidente real ocurrido en Birmania durante la guerra. “Cuando Hierve la sangre” es el típico ejemplo de una película con un reparto deslumbrante claramente desperdiciado, y que naufraga en una producción mediocre. Tras hacerse con el papel principal, Frank Sinatra quiso hacer del film un vehículo de lucimiento para él y sus compañeros del famoso “Rat-Pack”, pero unas imprudentes declaraciones en una entrevista de Sammy Davis Jr. afirmando que era mejor cantante que Sinatra, hizo que este lo descartara inmediatamente. En cierto modo fue una suerte, ya que su lugar fue ocupado por un casi debutante Steve McQueen, que prácticamente roba cada plano en el que aparece. También se contrató a la por aquel entonces jóven actriz italiana Gina Lollobrigida, que ya apuntaba maneras de Sex Symbol y que acababa de dar el salto a Hollywood. Además, el reparto se completó con una pléyade de magníficos secundarios como Charles Bronson, Richard Johnson, o Paul Henreid (el Victor Lazlo de “Casablanca”), aparte del ya citado McQueen.

Sin embargo, y pese a su espectacular reparto, la película falla en demasiados aspectos. En primer lugar, pese a un arranque bastante prometedor que muestra a los hombres de Reynolds en acción, emboscando en la jungla a una unidad japonesa, pronto la historia deriva hacia un tópico melodrama romántico (como no) entre los personajes de Sinatra y Lollobrigida. La química entre ambos actores es prácticamente nula, y el personaje de Carla carece de todo interés, más allá de ser una bonita figura decorativa. Esta subtrama romántica tiene un peso apabullante en la historia, y aparte de ser aburrida, no aporta prácticamente nada más allá de servir de excusa para lucir el palmito de la protagonista. Además los diálogos entre Sinatra y Lollobrigida son de los más espurio y superficial que uno pueda imaginar, sin que la interpretación de ambos llegue a brillar en ningún momento, lo que se traduce en bastantes minutos de aburrimiento.

Afortunadamente, los aspectos bélicos del film están más logrados y lo salvan del naufragio total. Las secuencias de acción son de tipo “no sangrientas”, pero en general resultan creíbles. Destacaría especialmente las escenas de la jungla, que logran reflejar aceptablemente bien el clima de desánimo, penalidades y aislamiento que caracterizaba ese tipo de guerra en zonas insalubres y remotas como la selva birmana. La ambientación también está muy lograda, pues no en vano la película se filmó en las localizaciones reales de Birmania, lo cual redunda en el realismo de los paisajes y escenarios exteriores.

En resumidas cuentas “Cuando hierve la sangre” ofrece una hora larga de plúmbeo melodrama romántico, y algo más de media hora de correcta película bélica. Es seguro que había mimbres para ofrecer un producto más decente, sobre todo con un director como Sturges (que poco después filmaría la estupenda “La Gran Evasión”) al frente. Pero al final la película merece más recordarse por su reparto y por la revelación de Steve McQueen como gran actor, que por la historia que cuenta. Una película fallida sobre todo por causa de su plúmbea parte romántica, aunque con algún ramalazo de buen cine bélico que la salvan del desastre total.

Calificación: 5/10

martes, 10 de marzo de 2009

Una tumba al amanecer (Counterpoint)

Una Tumba al amanecer (1967)

La acción nos sitúa en Bélgica, en Diciembre de 1944. Mientras la orquesta del director famoso director sinfónico Lionel Evans (Charlton Heston) actúa para las tropas del frente, se produce la ofensiva alemana en Las Ardenas. Cuando los miembros de la orquesta intentan escapar, son capturados por los alemanes y trasladados como prisioneros a un castillo medieval donde tiene su cuartel el General Schiller (Maximilian Schell), un autoritario oficial que resulta ser admirador de Evans. Mientras Schiller trata de reanudar la ofensiva de sus fuerzas, le propone a Evans que junto con los miembros de su orquesta le ofrezca un concierto para entretener a los oficiales alemanes. Sin embargo, la negativa de Evans a ceder a las intenciones de sus captores hará que se enfrente al resto de músicos de su orquesta, encabezados por Victor (Leslie Nilsen) quienes desean tocar para los alemanes para salvarse del despiadado Coronel Arndt, empeñado en ejecutar a todos los prisioneros.

Una tumba al amanecer” (traducción más que libre del título original “Contrapunto” que hace referencia a dicho término musical) supuso la adaptación para la gran pantalla de la novela titulada The General (“El general”), del escritor Allan Sillitoe. La película abarca una curiosa mezcla de géneros, con elementos de cine bélico, algún toque de thriller, y por supuesto, con un importante componente musical. Este último aspecto puede considerarse el más destacable de la película ya que su banda sonora del film incluye muchas de las más famosas piezas de música clasica de autores como Beethoven, Brahms o Schubert. Entrando a valorar el film, lo primero que destaca es su buen reparto pues en los papeles principales nos encontramos con Charlton Heston y Maximillian Schell (interpretando por enésima vez a un oficial alemán) acompañados por un Leslie Nielsen en un papel muy alejado de los que suele interpretar en sus más recientes comedias alocadas.

Hay que reconocer que el punto de partida de la historia es ciertamente original, y que el inicio de la historia se sigue con interes. Sin embargo, el desarrollo del argumento se me hizo un tanto envarado, y da la impresión de que no termina de fluir con naturalidad. Igualmente, el choque de caracteres entre los personajes de Evans y Schiller, a priori otro de los puntos fuertes de la historia, comienza bien, pero un guión poco imaginativo hace que no termine de resultar lo suficientemente interesante como para compensar la falta de ritmo de la trama principal. También hay que decir que algunas de las situaciones que se plantean, especialmente en lo tocante al interés de Schiller en organizar el concierto en medio de una ofensiva, no resultan del todo creíbles. Afortunadamente la película remonta algo en vuelo en su parte final, aunque en mi opinión el climax narrativo se prolonga demasiado, lo que le resta intensidad dramática al mismo.

En definitiva, “Una tumba al amanecer” se queda en un título de decente factura, pero algo fallido en lo tocante a su desarrollo argumental. No puede decirse tampoco que las intepretaciones de los protagonistas sean especialmente memorables, pese a lo cual, se puede rescatar su parte musical y lo original de su punto de partida argumental. Por lo demás, está bastante lejos de ser una película redonda. Puede considerarse un título menor dentro de la filmografía del gran Charlton Heston.

Calificación: 5,5/10

martes, 3 de marzo de 2009

Bajo diez banderas (Sotto dieci bandiere)

Bajo diez Banderas (1960)

La acción nos sitúa en 1940. El almirantazgo británico se halla desconcertado ante una serie de hundimientos de mercantes sin que se sepa la causa. Tras algunos hundimientos, se descubre que el responsable es un buque de superficie alemán que opera como corsario. Decidido a acabar con la amenaza de este buque, el Almirante Russel (Charles Laughton) moviliza a las unidades disponibles para dar caza al corsario. Sin embargo, el Capitan Rogge (Van Heflin), capitán del crucero auxiliar Atlantis, se muestra como un adversario tremendamente astuto y escurridizo usando todo tipo de argucias para enmascarar su barco haciendolo pasar por una nave mercante.

Durante los primeros meses de la II guerra mundial los buques corsarios alemanes fueron los protagonistas de una corta, pero intensa, campaña marítima contra el tráfico mercante aliado a lo largo de los océanos. Una de las naves corsarias alemanas con más éxito fue el crucero Atlantis, que a lo largo de su singladura logró destruir 22 mercantes aliados, sembrando el terror en las lineas de navegación británicas. Finalmente, enviado a reaprovisionar de combustible al submarino U-126, el Atlantis fue localizado y hundido en el Atlantico Sur el 22 de noviembre de 1941 por el crucero pesado británico Devonshire.

Realizada como coproducción italo-americana, “Bajo diez banderas” se encargó de trasladar a la gran pantalla la historia del Atlantis y de su carismático capitán, Bernhard Rogge. Este era un marino a la vieja usanza, un hombre de honor acrisolado y extremadamente respetuoso con las leyes internacionales, tal y como aparece retratado en el film, personaje, por cierto que puede considerarse uno de los primeros en romper con el tópico de "nazis fanáticos" tan recurrente en las películas bélicas coetaneas. Como era usual en aquella época la producción contó con la presencia de dos actores de Hollywood en un momento bajo de sus carreras, en este caso el gran Charles Laughton (en uno de sus últimos papeles) como almirante británico empeñado en dar caza al Atlantis, y Van Heflin, que encarna en la pantalla al capitán Rogge. Cabe señalar que la película, tanto por su temática argumental como por su desarrollo, entronca directamente con otros títulos similares como “Hundid el Bismarck” y “La Batalla del Rio de la Plata”, si bien en este caso es evidente que la promotora contó con unos medios de producción más bien modestos y que el presupuesto que se manejó para el rodaje no era demasiado holgado.

Pese a ello, no puede negarse que la película está hecha con oficio, y sabe suplir su escasez de presupuesto ofreciendo una historia bien contada y desarrollada con pulso narrativo adecuado. Por lo demás, la película ofrece, además de los elementos típicos de las películas de guerra naval, una subtrama de espionaje, que nos muestra los intentos aliados por hacerse con el mapa secreto del alto mando naval alemán en Paris. Las escenas navales no están mal, sobre todo teniendo en cuenta las limitaciones presupuestarias, que se aprecian especialmente en el uso de imágenes de relleno sacadas de documentales de combates navales reales. En cuanto a las actuaciones de los protagonistas, Van Heflin compone un creible personaje como el capitán Rogge, mientras que la interpretación de Charles Laughton en el papel del Almirante Russel me pareció un poco sobreactuada, y desde luego, lejos de los mejores papeles de este gran actor.

En resumidas cuentas, Bajo diez banderas es una película que seguramente hará pasar un buen rato a los aficionados a los temas navales y al cine de aventuras. Pese a su ausencia de pretensiones, es una película razonablemente entretenida y de aceptable factura pese a su modestia de medios.

Calificación: 6/10

miércoles, 25 de febrero de 2009

Escarlata y Negro (The Escarlet and the Black)

Escarlata y negro (1983)

La acción nos sitúa en Roma, tras la ocupación de la ciudad por tropas alemanas en 1943. El coronel de la SS Herbert Kappler (Christopher Plummer) recien nombrado nuevo jefe de la Gestapo en la ciudad, decidido a acabar con las actividades de la Resistencia en la capital italiana. Por su parte, Monseñor Hugh O’Flaherty (Gregory Peck), es un sacerdote irlandés perteneciente al Santo Oficio del Vaticano, que dedica todos sus esfuerzos a ocultar soldados aliados evadidos y familiares de la resistencia italiana para ayudarles a escapar de los alemanes. Pronto, Kappler comenzará a sospechar de O´Flaherty, trabándose entre ambos hombres una intensa rivalidad.

Puede decirse que el caso de Escarlata y Negro es ciertamente atípico, ya que, pese a ser una producción hecha para la televisión, tanto por su despliegue de medios de producción como por su calidad artística, estamos ante un telefilm perfectamente equiparable a cualquier producción hecha para la gran pantalla. La historia que nos cuenta se basa en una novela publicada en 1967 por el escritor J. P. Gallagher titulada The Scarlet Pimpernel of the Vatican (La pimpinela escarlata del Vaticano). En dicha novela se narraba la historia real de Monseñor O´Flaherty, cuyas actividades clandestinas durante la guerra habían sido de mucho valor para rescatar a decenas de personas en peligro de ser detenidas por los alemanes. Por tanto, era una historia que claramente se prestaba para ser llevada al cine.

Como apuntaba antes, pese a tratarse de un telefilm (ganador, por cierto, de 3 premios Emmy), “Escarlata y Negro” tiene toda la apariencia de una gran producción convencional. Destaca en primer lugar, la presencia de dos grandes intérpretes como Gregory Peck y Christopher Plummer, que bordan sus respectivos papeles de luchador sacedorte y cruel oficial de la Gestapo respectivamente. También llama la atención la cuidada ambientación de los escenarios y exteriores, con muchas escenas filmadas en las localizaciones reales de Roma y el Vaticano. Pero por encima de todo, el film destaca por el sobresaliente duelo interpretativo entre Peck y Plummer, que llena la pantalla de una manera abrumadora, especialmente en las escenas que comparten. Un mano a mano actoral que por momentos recuerda al no menos memorable de Laurence Olivier y Michael Caine en “La Huella”. De entre todas las escenas que comparten los dos grandes actores me quedaría especialmente con dos: el primer encuentro de Kappler y O´Flaherty a la salida del teatro de la Ópera, y la parte del desenlace, con el duelo dialéctico entre los protagonistas, en la que Kappler termina apelando a los sentimientos cristianos de su acérrimo rival para conseguir su ayuda.

Además, la película ofrece una buena visión general de la situación en Roma durante los meses de ocupación alemana, y de las actividades clandestinas de la Resistencia durante ese periodo. Todo ello muy bien aderezado con la banda sonora compuesta por el siempre eficaz Ennio Morricone, que acompaña muy bien a la historia. Por ponerle algún “pero” quizás se le puede achacar algún que otro pequeño bajón de ritmo, y que, debido a la extensión de su metraje (casi 140 minutos) puede hacerse un poco larga, pese a que el ritmo narrativo es sostenido, por lo que la historia no llega a aburrir en ningún momento. Otro aspecto a su favor es el de que la mayoria de personajes reales que aparecen como Kappler, el Papa Pio XII, el General Wolf (jefe de la SS en Italia aunque aparece en el film con otro nombre) o el mismo Himmler son retratados de una manera bastante creíble y fidedigna.

En definitiva “Escarlata y Negro” es un telefilm que supera ampliamente a otras producciones de su estilo, quizás no especialmente sobresaliente en ningún aspecto, pero hecho con mucho oficio. Un título que no viene mal revisar de vez en cuando y que sobre todo merece ser recordado por la brillante actuación de su dúo protagonista.

Calificación: 7/10

viernes, 20 de febrero de 2009

Camarada (Paisà)

Camarada (1946)

A lo largo de seis historias, narradas en forma de episodios independientes, la película nos muestra distintos hechos sucedidos durante la campaña en el frente Italiano, desde el desembarco en Sicilia hasta la lucha en el Valle del Po, y las peripecias de una serie de personajes anónimos involucrados de una u otra manera en los sucesos históricos de dicha campaña.

Después de rodar “Roma, ciudad abiertaRoberto Rossellini continuó con “Paisà” la trilogía “de guerra” que había iniciado con aquel film. El éxito inesperado y la muy buena acogida entre la crítica que había tenido en EEUU “Roma, ciudad abierta” hizo que varios estudios de Hollywood se interesasen por el siguiente proyecto del director italiano. De ese modo, Rossellini pudo contar en esta ocasión con el apoyo de la poderosa productora norteamericana MGM, para realizar un film que, a modo de fresco cinematográfico, cubriera los hechos más importantes de la campaña italiana y como la guerra había afectado a la población local. Como curiosidad, apuntar que el primer título que se le dió la película (seguramente como tributo al apoyo financiero norteamericano) fue el de "Sette Americani" o "Seven from the U.S." (Siete Americanos), ya que en principio iba a contener siete episodios relatando la lucha de los aliados y la resistencia en suelo italiano. Sin embargo, cuando los episodios se redujeron a seis, se eligió el título de Paisà (camarada), por ser esta la palabra la usada por la población italiana para saludar o dirigirse a los soldados aliados cuando se los encontraban.

En ese sentido, puede considerarse que “Camarada” fue una película de un contenido mucho más “comercial” que el de Roma ciudad abierta; y en general, aunque recibió algún que otro reconocimiento en forma de galardón cinematográfico, tuvo una fría acogida entre la crítica y el público italiano. Y entrando a valorar el film, la verdad es que no es de extrañar que este no fuera un éxito en la época de su estreno. Porque lo cierto es que, a pesar de que Rossellini vuelve a ofrecernos una nueva muestra de su capacidad para presentar situaciones que rezuman naturalidad y realismo, amén de estar muy bien recreadas por los actores (no profesionales en su mayor parte), la película falla en varios aspectos.

No puede negarse que la idea original de la película es buena: combinar una visión general de la guerra en Italia, narrada mediante fragmentos de documentales, con las historias cotidianas de la gente corriente para ofrecer un completo tapiz narrativo de la época de la contienda. Sin embargo, a mi modo de ver la naturaleza episódica de la historia hubiera exigido algo más de elaboración en lo tocante al guión y las sucesivas tramas que se van presentando. Aunque hay algún episodio destacable (especialmente el segundo, con la historia del policía militar negro desvalijado por el niño pobre en Nápoles); en general, el contenido de las historias se queda en el terreno de lo anecdótico, y se echa en falta algo más de trascendencia argumental. Otro aspecto que no me terminó de convencer es el idiomático. En el film, los personajes de las distintas nacionalidades hablan en sus respectivos idiomas, con lo que en bastantes escenas vemos como se cruzan diálogos en italiano (o castellano en la versión doblada) con respuestas en inglés o alemán, lo cual resulta sin duda muy verídico, pero redunda en contra de la inteligibilidad de aquellos.

En resumidas cuentas “Camarada” vuelve a ofrecer un ejercicio de estilo artístico de su realizador, quien nos ofrece una película caracterizada por la naturalidad y verosimilitud de las distintas historias que relata. Ahora bien, dicha naturalidad no basta por sí misma para que la película sea redonda, y aunque es de agradecer la visión general que el film nos ofrece acerca de la campaña italiana, da la impresión de que los elementos narrativos están poco pulidos. Por ello, aunque Camarada es un trabajo estimable en varios aspectos, posiblemente sea la más floja de las tres películas que componen la trilogía bélica de Rossellini. Un film recomendable desde el punto de vista histórico, aunque algo fallido en cuanto a sus planteamientos y desarrollo, pese a lo cual no desmerece un visionado.

Calificación: 6/10

viernes, 13 de febrero de 2009

El general de La Rovere (Il generale della Rovere)

El general de La Rovere (1959)

La acción de la película nos sitúa en Génova en algún momento de 1944. Victorio Emanuele Bertone (Vittorio de Sica) es un buscavidas y pequeño estafador que aparenta tener contactos con las altas esferas de las autoridades alemanas. De este modo, con el seudónimo de Coronel Grimaldi y haciéndose pasar como mediador con influencia ante los alemanes, finge realizar gestiones que le permiten liberar a ciudadanos italianos retenidos a cambio de importantes sumas de dinero, que luego dilapida en el juego. Sin embargo, una serie de peripecias conducirán a Bertone a ser descubierto y detenido por la policia. Una vez bajo custodia, un oficial de la SS, el coronel Mueller, le ofrecerá a Bertone la libertad a cambio de que se encargue de suplantar en prisión la identidad del general de la Rovere, un importante líder de la resistencia fallecido, con la misión de descubrir sus contactos en Génova, lo que le acarreará una serie de consecuencias insospechadas.

Si hubo algo que caracterizó la carrera cinematográfica del realizador italiano Roberto Rosselini fue el indudable compromiso de su cine con los aspectos sociales y humanistas del arte, como demostró en su Obra Maestra, “Roma, ciudad abierta”. En este caso, Rosselini retomó el tema de la II GM, basándose en una hecho real recogido en sus escritos por el periodista Indro Montanelli, quien había conocido la historia acerca De la Rovere durante su reclusión en una cárcel por sus posturas antifascistas, historia que sirvió de inspiración para el guión del film. Curiosamente, Rossellini solo aceptó el proyecto por encargo expreso de su productora, ya que en principio no sintió especial interés en realizar una nueva película sobre la resistencia, un tema que ya había abordado en varias ocasiones en sus films anteriores. Pero finalmente accedió a dirigirla, lo que supuso una de las últimas incursiones cinematográficas del fundador del movimiento neorrealista, antes de volcarse en las producciones televisivas. Y puede decirse que, a la postre, fue su última gran película.

El relato de Montanelli nos traslada de lleno a los últimos meses de gobierno fascista y ocupación alemana en el Norte de Italia. La película retrata con maestría dicha época, marcada por la lucha de la resistencia italiana contra los fascistas y fuerzas alemanas, y las represalias emprendidas por estos contra los partisanos en forma de ejecuciones y encarcelamientos. Es en este ambiente donde el pícaro aprovechado de turno, magistralmente interpretado por un enorme Vittorio de Sica, intenta sacar el máximo provecho posible de las desgracias ajenas. Al igual que en “Roma ciudad abierta”, Rosselini, siempre fiel a sus postulados neorralistas nos ofrece una ambientación muy cuidada, realzada por una elegante fotografía en B/N que acompaña perfectamente a la historia y la sitúa apropiadamente en su contexto temporal.

Aparte de la ambientación, lo mejor del film a mi modo de ver es el cuidado con el que se retrata a los distintos personajes, y la forma tan creíble en la que se presentan las situaciones cotidianas en las que se desenvuelve el protagonista. Y es ahí donde la soberbia interpretación de Vittorio de Sica cobra especial relevancia, ya que el actor compone un papel inolvidable, dotando a su personaje de una profundidad y riqueza de matices pocas veces vista en el cine. Y el otro aspecto inolvidable de este film es su mensaje. La bella parábola que nos transmite la historia, acerca de cómo incluso el aparentemente más vil de los seres humanos puede ser capaz de albergar una tremenda dignidad y efectuar el máximo sacrificio por un ideal, destila una tremenda humanidad que realmente cala en el espectador, a la vez que consigue emocionar con un desenlace brillantemente filmado y tremendamente emotivo.

El ritmo narrativo del film no decae gracias a un guión muy bien elaborado que sabe dosificar a la perfección los distintos elementos de la historia. Y pese a que el desarrollo argumental se basa casi en su totalidad en diálogos, la película va creciendo en interés y dramatismo hasta el mencionado desenlace. A esto hay que añadir varias escenas memorables, que ponen de manifiesto la maestria de Rosselini como realizador. De entre ellas destacaria el momento en el que de La Rovere lee en su celda los mensajes escritos por los jóvenes que minutos después iban a ser fusilados y el momento en que el coronel Muller le intima a revelar la identidad del lider de la resistencia, y Bertone, totalmente imbuido de su papel, le escribe una breve carta a la verdadera esposa del general.

En resumen, “El general de la Rovere” es para mi uno de los pequeños grandes clásicos a descubrir sobre la II GM. Sin llegar a alcanzar la maestría de “Roma, Ciudad Abierta”, Rosselini obsequió al público con una gran película y, sobre todo, con un mensaje de optimismo y humanidad que aun hoy consigue emocionar al espectador. Y de paso, el gran Vittorio de Sica logró la que probablemente supuso la mejor interpretación de toda su carrera como intérprete. Una película que verdaderamente merece la pena verse y que sirve de excelente colofón para redondear con esta reseña la entrada nº 200 del blog.

Calificación: 8/10

viernes, 6 de febrero de 2009

Alemania, año cero (Germania anno zero)

Alemania, año cero (1948)

Berlin, 1947. En el periodo más duro de la posguerra, millones de personas se afanan entre las ruinas de la capital alemana por sobrevivir como pueden en medio de la destrucción causada por la guerra. Entre ellas se encuentra Edmund Moeschke, un niño de 12 años, cuya familia se encuentra en una difícil situación. Acogidos de mala gana en una casa ajena, con su padre gravemente enfermo, el hermano mayor veterano de la Werhmacht ocultandose de la policía, y su hermana alternando con soldados aliados, Edmund deberá asumir responsabilidades de adulto para ayudar a sus parientes. En sus andanzas en busca de comida por la ciudad Edmund volverá a encontrarse con un antiguo profesor, el Señor Enning, quien le inculcará ideas nazis, precipitando una serie de trágicos acontecimientos.

Con Alemania año cero, el director italiano Roberto Rosselini cerraba su trilogía neorralista dedicada a la II GM. Una trilogia que Rosselini habia iniciado con “Roma ciudad abierta” y continuado con “Paisà”. En esta ocasión Rossellini abandona el ambiente italiano para retratar las ruinas de la Alemania devastada por la guerra, tanto material como moralmente. Fiel a su estilo hiperrealista, Rossellini vuelve a ofrecernos las mismas constantes estilísticas de sus anteriores trabajos. Esto se aprecia principalmente en el uso de escenarios y decorados reales (es destacable el largo plano secuencia inicial mostrando las ruinas de Berlin), la iluminación natural, y el empleo de actores no profesionales que más que interpretar, se relacionan entre sí con una naturalidad que traspasa la pantalla.

Sin embargo, pese a que Rossellini no se apartó ni un ápice de su manual de estilo habitual, en mi opinión el resultado final está muy lejos de igualar la calidad de su magnífica “Roma, ciudad abierta”. En esta ocasión, la mirada del cineasta italiano se dirige hacia la desolación que acompaña a los perdedores de la guerra, pero también hacia los causantes de la devastación de Europa, y eso se nota. El cuidado dibujo de las situaciones y de los personajes de los films anteriores del director está aquí totalmente ausente; y su lugar lo ocupa una fría y descarnada visión de la sociedad alemana de la posguerra. Cualquier atisbo de humanidad u optimismo brilla por su ausencia, y en lugar de ello asistimos, a través de la historia del protagonista, a una visceral y descendente espiral de horror, rematada con un trágico desenlace. Una historia que muestra bien a las claras la poca esperanza de redención que Rosselini expresa hacia Alemania en su conjunto, lo cual deja en el espectador cierta sensación de revanchismo latente en forma de testimonio cinematográfico.

En ese aspecto opino que “Alemania año cero” es una película que no ha envejecido bien. Aun reconociendo que las situaciones cotidianas que plantea, mostrando todas las penurias de la posguerra, son muy creíbles, el conjunto de la historia resulta extremadamente desolador. En ese sentido, creo que este film se deja llevar demasiado por los excesos dramáticos e incluso en algún momento (sobre todo en el tramo final del film) bordea el efectismo puro y duro. Contemplada desde un punto de vista meramente documental no puede negarse que el film ofrece un testimonio tremendamente aleccionador sobre las consecuencias de la guerra, pero desde el punto de vista cinematográfico opino que está bastante lejos de ser uno de los mejores trabajos de Rossellini. En mi opinión, una película que es mejor por su forma que por su fondo, aunque indudablemente nos cuenta una historia que impacta por su crudeza y que es difícil de olvidar, a mi no me terminó de convencer en términos cinematográficos.

Calificación: 6,5/10

lunes, 2 de febrero de 2009

Valkiria (Valkyrie)

Valkiria (2008)

Mientras Hitler arrastra a Alemania hacia el abismo en los campos de batalla, un grupo de conspiradores se prepara en la sombra para atentar contra la vida del Führer y deponer el régimen nazi. Los conspiradores, liderados por el general Beck preparan un atentado con bomba en el Cuartel General de Hitler en Prusia Oriental, y el subsiguiente golpe de Estado que habrá de salvar a Alemania de la destrucción. El hombre encargado de ser el ejecutor material del atentado y dar así comienzo a la denominada “Operación Valkiria” para derrocar el régimen nazi, es el Coronel Claus Von Stauffenberg (Tom Cruise) un oficial de estado mayor lisiado a consecuencia de las heridas recibidas en el Norte de Africa, de cuyo éxito depende el éxito de la conspiración.

Tras varios meses de retraso (en principio el estreno se había fijado para Ocubre de 2008) y alguna que otra polémica debida a un rodaje accidentado, y a los rumores sobre los problemas de la productora con las autoridades alemanas, debido las creencias cienciológicas de Cruise, por fin ha llegado a la cartelera española “Valkiria”. La verdad es que era extraño que los hechos que rodearon a la Operación Valkiria y el golpe de estado contra Hitler solo hubieran sido objeto de un par de modestas producciones alemanas hasta la fecha. La primera, una película de los años 50 titulada “Sucedió el 20 de julio”; y un telefilm mucho más reciente, titulado “Operación Valkiria”. Pero ciertamente se echaba en falta una gran producción como esta sobre uno de los hechos más importantes de la II GM. Eso, unido a la gran expectación despertada por un estreno que ha sido publicitado hasta la saciedad, ha hecho que muchos de los aficionados al cine histórico hayamos esperado su estreno con inusitada avidez.

En cualquier caso yo me apresté a ver la película con dudas. Porque, pese a estar de por medio un director quizás no brillante pero sí bastante competente como Brian Singer, tratandose de un producto “made in Hollywood” y con Tom Cruise metido de lleno en la película, no solo como actor principal, sino también en tareas de producción, habia motivos sobrados para recelar de “Valkiria”. Y he de decir que mis sospechas se han visto justificadas, al menos en parte. Vayamos primero con lo que me ha gustado del film.

La película arranca bien, con un trepidante prólogo en el Norte de Africa que nos muestra como Stauffemberg resulta gravemente herido en un ataque aereo. Seguidamente evoluciona hacia el thriller, con la reconstrucción histórica de los hechos referentes a la preparación de Valkiria, comenzando con el fallido atentado de las botellas de coñac explosivas, que logra enlazar muy bien con la subsiguiente trama del atentado del 20 de julio. Sin embargo, a partir de ahí es cuando la película comienza a flojear en algún que otro aspecto. El desarrollo de los hechos que rodearon a la preparación del atentado se hace de una forma mucho más convencional, y quizás confusa, ya que no se explica bien el papel de los distintos personajes secundarios que intervinieron. Pese a lo cual considero que el film, para no confundir demasiado al espectador, acierta a centrarse en los principales colaboradores de Stauffenberg: los generales Olbrich y Ludwig Beck.

Lo que menos me gustó, no obstante, es como se narra la ejecución del atentado, la cual me pareció demasiado apresurada y carente de tensión dramática. Además, hay un fallo grande, la pata de la mesa de reuniones (la que salvó la vida de Hitler) era de un grosor considerable, de manera que amortiguó la explosión cuando el coronel Brandt puso la cartera de Stauffenberg al otro lado de la misma. En cambio, la que sale en el film es una pata normal y bastante delgada, de modo que si hubiera sido así, a buen seguro la bomba habría matado a Hitler. Igualmente, la descripción de los sucesos en el Cuartel General del ejército en Berlin no me terminó de llenar, aunque ciertamente se hace de manera bastante fidedigna respecto a los hechos históricos. También eché en falta que se ahondara algo más en los dilemas morales del protagonista, y en sus motivaciones internas, aspectos que en mi opinión quedan un tanto desdibujados en el film.

Sobre la interpretación de Cruise en el papel de Stauffenberg se puede decir aquello de “ni frio ni calor”. Dejando de lado el hecho de que el actor no da el típo físico del personaje (Stauffemberg era un hombre fornido, que medía 1,85) no puede decirse que su interpretación sea mala, pero sí que tiene ese punto de inexpresividad que caracteriza últimamente los papeles que interpreta Cruise. En cambio, sí que me gustó bastante la interpretación de los actores secundarios, en general muy bien caracterizados, especialmente los que encarnaban a Olbricht (Bill Nighy) y Beck (Terence Stamp).

En resumidas cuentas, “Valkiria” resulta un producto de buena factura visual, además de contar con una excelente ambientación y puesta en escena, pero no aporta nada especialmente destacable a la historia que cuenta. Y aunque en lineas generales es muy fiel a los hechos históricos, se echa en falta algo más de brio a la hora de describirlos, y sobre todo, al presentar a los principales personajes. Se nota que es un producto destinado al consumo del gran público y eso redunda muy probablemente en contra de su calidad, quedándose en una producción estimable pero muy convencional. Como suele ocurrir, aunque había mimbres para ofrecer algo más, “This is Hollywood”. Pese a ello, no desagradará a los aficionados a este tipo de films históricos.

Calificación: 6/10

viernes, 23 de enero de 2009

El niño con el pijama de rayas (The Boy in the Striped Pyjamas)

El niño con el pijama de rayas (2008)

La plácida infancia berlinesa de Bruno (Asa Buttefield), un niño de 8 años de caracter inquieto, se ve alterada cuando su padre, un oficial de la SS, es trasladado a un nuevo puesto en el campo, lejos de la capital y de sus amigos. En su nueva residencia, Bruno, privado de sus compañeros de juegos se aburre mortalmente hasta que un día, explorando los alrededores de su casa descubre la existencia del campo de concentración que dirige su padre. Alli se encuentra casualmente con Shmuel (Jack Scanlon), un niño judio de su misma edad, internado en el campo junto con su familia. Mientras la amistad entre ambos niños va creciendo, Bruno irá descubriendo que la vida de su amigo y de los judios prisioneros en el campo está bastante lejos de ser normal, sin que él entienda los motivos por los que son tratados de esa manera.

El tristemente célebre tema de Holocausto judío se ha convertido, especialmente a lo largo de las dos últimas décadas, en un filón casi inagotable de inspiración para artículos de prensa, novelas, libros y, por supuesto, películas. Para describir este fenómeno, resulta especialmente apropiada la frase que en una ocasión lei entre las declaraciones de un afamado escritor: “Basta inventar una historia, ponerle una esvástica… y ya tenemos un best seller”. Algo parecido debió pensar el joven escritor irlandés John Boyne cuando alumbró la idea de la historia de su novela “El niño del pijama de Rayas”. Un libro que como el mismo autor reconoce, tuvo terminado en apenas tres días y que se convirtió casi inmediatamente en un enorme éxito de ventas internacional, siendo traducido a veinte idiomas. No es de extrañar, por tanto, que aprovechando el tirón comercial del libro de Boyne, se haya realizado la adaptación cinematográfica del mismo en un lapso de tiempo bastante breve desde la aparición de la novela.

En cuanto a la valoración del film, si hay una palabra que puede predicarse de “El niño con el pijama de rayas” es la corrección. Una corrección que abarca prácticamente todos los ámbitos de la película, incluyendo una adecuada puesta en escena, un ritmo narrativo pausado pero no lento, y unas interpretaciones (especialmente por parte del dúo de niños protagonistas) no sobresalientes pero sí bastante creíbles. El problema, como suele suceder con la mayoría de adaptaciones de textos literarios, estriba en que la historia, pese a ser bastante fiel a la novela, elimina ciertos matices de la narración literaria que son importantes en el libro; y sobre todo, acorta determinadas escenas, con el resultado de que estas quedan un poco deslavazadas al verse reflejadas en el film. Quizás algunos minutos más de metraje no habrían venido mal para explicar mejor determinados pasajes de la historia, especialmente en lo tocante a como se traba la fuerte amistad entre Bruno y Shmuel, algo que en la película se narra de manera un tanto brusca.

En cualquier caso, hay que reconocer que la historia de “El niño del pijama de Rayas” tiene gancho y sabe captar el interés del lector o espectador. La perspectiva que ofrece la inocencia infantil de un niño enfrentado a los horrores del holocausto y a una crueldad que no comprende resulta ciertamente conmovedora. Pero en mi opinión a la película le falta más fuerza para desarrollar el tema, el cual no termina de ser desarrollado con eficacia. Se nota el afán de los guionistas por huir de la truculencia, buscando un punto de equilibrio entre crudeza y sensiblería, pero quedándose a medias en el camino. Esto se hace especialmente patente en la forma en como se narra el desenlace, quizás un tanto inverosímil, pero que en la novela resulta mucho más devastador a como se retrata en el film, en el que el final –al menos para mi gusto- resulta demasiado sobrio a la vez que excesivamente contenido. En ese sentido, el film peca más por defecto que por exceso.

En definitiva, “El niño del pijama de rayas” parte de una buena idea original que no termina de ser del todo bien desarrollada, aunque hay que reconocerle su innegable capacidad de conectar con la sensibilidad del espectador, si bien el fondo de la historia no ofrece nada especialmente novedoso ni impactante. Por otro lado, como apuntaba antes, opino que el film se ha quedado algo corto a la hora de trasvasar ciertos detalles y matices que eran importantes en la novela, con el resultado de que la historia resulta menos emotiva en la pantalla que en el libro. Por ello, aunque no podemos decir que sea una mala película (de hecho, he de reconocer que me la esperaba peor), esta se queda en un film simplemente correcto y sin excesivos alardes. Pero opino sinceramente que la historia daba para bastante más, de haberse contando con más brio y sobre todo, corazón.

Calificación: 5,5/10

lunes, 19 de enero de 2009

Flame y Citron (Flammen og Citronen)

Flame y Citronen (2008)

La historia comienza en 1944, en la Dinamarca ocupada por los nazis. Flame (cuyo nombre real es Bent) y Citronen (Jorgen) son dos de los más activos miembros de la resistencia danesa, encargados de ejecutar a colaboracionistas y miembros de las organizaciones nazis. Sin embargo, todo empieza a complicarse para ellos cuando el jefe de su célula de la resistencia, Aksel Winther, les ordena asesinar a dos funcionarios de la organización del Abwehr, y Flame fracasa en su misión. Las represalias alemanas se intensifican y varios miembros de la resistencia son ejecutados lo que hace sospechar que hay un infiltrado en la resistencia. Las sospechas apuntan a Ketty Sedner, una enigmática agente doble con la que Flame vive un peligroso romance.

Con un presupuesto cercano a los 10 millones de Euros “Flame y Citron” es una de las producciónes danesas más caras de la historia. Dirigida por realizador danés Ole Christian Madsen, la pelicula se basa en la historia real de esos resistentes daneses, muy populares en su pais. Al parecer, Madsen había leido de niño un libro que relataba la historia de Flame y Citron, quedando muy impresionado por la misma. Años más tarde, charlando con el guionista Lars Andersen, Madsen descubrió que éste también había leído sobre los personajes y que ambos compartian el interés por su historia, por lo que decidieron llevarla al cine. Aunque conseguir la financiación para el proyecto les llevó varios años, finalmente, gracias a la colaboración de varios productores alemanes, pudo llevarse a buen término.

Como no podía ser de otra forma, la historia gira en torno a los dos personajes centrales, que son el centro de la narración. Es de agradecer, no obstante, que la película no se quede en ofrecernos la típica historia de heroicos y abnegados resistentes enfrentados a los alemanes “malos”. En vez de ello, el film ahonda en la sicología de los personajes y relativiza la moralidad de unos y otros, de forma que la historia deja claro que no todos los resistentes eran heroes ni sus motivaciones siempre fueron altruistas. Una historia que, por lo demás, sigue las claves típicas de los films de espionaje y cine negro con sus traiciones, giros argumentales e intrigas, un poco en la linea de la también reciente “El Libro Negro” de Paul Verhoeven. Un aspecto muy logrado del film radica en su excelente fotografia, ambientación y localizaciones, que logran trasladarnos efectivamente al Copenhague de 1944, que aparece soberbiamente recreado. Asimismo, la sólida interpretación de los dos actores principales Thure Lhindhard y Mads Mikkelsen resulta muy creible, dotando a los personajes de una innegable aura de veracidad muy de agradecer.

Sin embargo, pese a todos estos aspectos positivos, la película no termina de resultar redonda. Y ello pese a que la historia arranca con fuerza, mostrando directamente a Flame en acción, a la vez que explica sus motivaciones y dudas, que le llevan a actuar de ese modo. No obstante, el desarrollo del argumento se hace un poco plano, con varias lineas argumentales que no terminan de estar del todo bien hilvanadas, y que avanzan de manera un tanto deslavazada a la vez que difusa. Los giros argumentales están bien construidos, pero no llegan a impactar al espectador, quizás porque en el fondo suenan a ya vistos con anterioridad. Además, los 130 minutos de metraje, sin llegar a hacerse aburridos, sí que se hacen un poco largos debido a algún que otro bajón de ritmo en la parte central del film. En resumidas cuentas, todo lo que el film tiene de meritorio en cuanto a su aspecto visual y estilístico no alcanza el mismo nivel en el plano narrativo, al que le falta algo más de imaginación y originalidad a la hora de desarrollar lo que apunta.

Pese a ello, “Flame y Citron” es de esas película que merece al menos un visionado, por su muy buena factura formal, y por que nos ofrece una perspectiva relativamente novedosa sobre las motivaciones y la significación del movimiento de Resistencia. Y es que, como el mismo director declaró al hablar sobre los personajes: “Tanto Flame como Citron fueron personajes extraordinarios en una situación extraordinaria”.

Calificación: 6,5/10

lunes, 12 de enero de 2009

Resistencia (Defiance)

Resistencia (2008)

La historia comienza en el verano de 1941. Tras la invasión de Bielorrusia por las fuerzas alemanas, los padres de los hermanos Bielski, una familia judía, son asesinados por colaboracionistas nazis. Tras descubrir el asesinato de sus progenitores, los cuatro hijos de la familia se esconderán en los bosques de la zona tratando de sobrevivir. El hermano mayor Tuvia (Daniel Craig) se convertirá sin proponérselo en el lider de un grupo de judios que huyen de los nazis, a los que se van sumando nuevos fugitivos. Con la ayuda de sus hermanos Zus (Liev Schereiber) y Aaron (Jaime Bell), los Bielski organizan una partida armada decidida a luchar contra los ocupantes por su supervivencia, además de proteger a decenas de judios fugitivos que irán encontrando por los bosques.

Si algo ha demostrado el director Edward Zwick a lo largo de su carrera es su predilección por las películas de tono épico con trasfondo bélico, como por ejemplo en “Dias de Gloria”, “El último Samurai” o la mas reciente “Diamante de sangre”. En este caso, Zwick ha optado nuevamente por ofrecernos un film de estas características, ambientado esta vez en la II GM, y basado en hechos reales, concretamente en la lucha de un grupo armado de partisanos judíos contra las fuerzas ocupantes alemanas en la URSS. La historia se basa en la biografía de los hermanos Bielski, cuya unidad partisana se convirtió en una de las más grandes de Bielorrusia, protagonizando decenas de actos de sabotaje contra las fuerzas invasoras, llegando a contar al final de la guerra con más de 1.200 miembros. La historia de los Bielski ha sido recientemente recogida en algunas fuentes bibliográficas y ha servido de interesante punto de partida para este film.

En cuanto a la valoración de la película, la verdad es que estamos ante un film bastante irregular. No puede negarse la buena factura general de la película, incluyendo una excelente fotografia de exteriores filmada en las localizaciones reales donde se desarrollaron los hechos; unas buenas interpretaciones de Daniel Craig, y sobre todo de Liev Schreiber como el rebelde hermano Zus; y también unas escenas de acción bélica bien filmadas. Sin embargo, a "Resistencia" le faltan bastantes puntos para llegar a la excelencia. Y esto se debe al toque innegablemente hollywoodiense que enmarca el fondo de la historia. En otras palabras, la película resulta demasiado comercial tanto en su fondo como en la forma. Para empezar, la historia se presenta de una manera bastante edulcorada, ya que el comportamiento de los integrantes de la auténtica brigada Bielski distó mucho de la casi idílica conducta de nobles guerrilleros que aparece reflejada en el film. La realidad -como suele suceder- fue bastante más prosaica, y los miembros de esta brigada estuvieron implicados en varios crímenes de guerra, ademas de participar en robos y todo tipo de abusos contra la población civil en su área de operaciones. Tampoco la personalidad de Tuvia Bielski aparece retratada demasiado fidedignamente, ya que los hechos históricos apuntan a que el personaje real era mucho más oscuro que el que retrata el film.

Pero, veracidad histórica aparte, a la película le falta fuerza porque todo lo que cuenta resulta en general bastante predecible, y por la citada “blandura” a la hora de presentar incluso las escenas más duras (como por ejemplo, el linchamiento del prisionero alemán). En este sentido, la película no nos muestra nada que no hayamos visto antes, ni mejora otras películas anteriores de temática similar, (En especial, la excelente “Masacre, ven y mira”) que han mostrado de forma bastante más realista y fidedigna el grado de crueldad superlativa que llegó a alcanzar la guerra partisana en la URSS. En vez de eso, la película de Zwick opta por centrarse en los aspectos más heroicos y políticamente correctos de la historia real de los hermanos Bielski, realzados con la típica hazaña épica que remarca la valentía de los abnegado resistentes, dejando de lado los aspectos más controvertidos (y menos comerciales) de la guerra partisana en la URSS.

En definitiva, “Resistencia” se queda en un típico producto “Made in Hollywood”, cuidado en la forma y edulcorado en el fondo, que resulta aceptablemente entretenido para el espectador medio. No obstante, no refleja con suficiente contundencia los hechos en que se basa, ni aporta nada especialmente novedoso al género. Recomendable para los que busquen un poco de entretenimiento, pero no por su rigor histórico ni por calidad cinematográfica. Y es una pena porque esta historia, contada de otra manera, habría podido dar mucho más de sí.

Calificación: 5,5/10

viernes, 2 de enero de 2009

Australia

Australia (2008)

La historia comienza en 1939, cuando la aristocrata inglesa Sara Ashley (Nicole Kidman) emprende un viaje hacia Australia en busca de su marido, que está intentando vender al ejército las reses de su hacienda Faraway Down. Cuando lady Ashley llega alli, guiada por el rudo vaquero Drover (Hugh Jackman), descubre que su marido ha sido asesinado aparentemente por un aborigen. Sin embargo, cuando lady Ashley descubre que el capataz de su esposo estaba robando ganado para pasarselo al ganadero rival, decide hacerse cargo de la hacienda y llevar a cabo la venta de las reses en la ciudad de Darwin. Con la ayuda de Drover y del niño mestizo Nullah, Lady Ashley se embarcará en un accidentado viaje para guiar el ganado a lo largo del desierto norte australiano. Al mismo tiempo, el estallido de la guerra en el Pacífico pondrá a Darwin en el punto de mira de los ataques aereos japoneses.

Creo que no es ninguna exageración afirmar que el cine reciente se está viendo afectado por una preocupante atrofia creativa, la cual parece responder a dos causas principales. Una de ellas, la fuga de los mejores talentos guionistas a la TV (dando lugar a series de gran calidad); y por otra parte, que todo está muy trillado a estas alturas. En otras palabras, la originalidad es cada vez más difícil de conseguir. Este preámbulo puede servir de magnifica explicación para describir los defectos que lastran a "Australia". En este caso, el director Baz Luhrman ha optado por ofrecernos un espectáculo épico, con la típica historia de amor en tiempos de guerra, y rendir algo más que un homenaje al gran clásico “Lo que el viento se llevó”. Los guiños hacia esta gran película van desde las más que evidentes similitudes argumentales, hasta alguna que otra escena directamente trasvasada de aquella (por ejemplo, el baile de Drover con lady Ashley o el incendio de la ciudad de Darwin). Pero, más allá de esto, el parecido en cuanto a calidad cinematográfica entre una y otra película es escaso.

Y es que el mayor problema de “Australia” radica en que, a diferencia del gran clásico protagonizado por Clark Gable y Vivien Leigh, la historia que nos cuenta apenas transmite intensidad dramática. El argumento transcurre de un modo que se antoja artificioso, y pese a contener algunas secuencias trepidantes y bien filmadas, como la estampida de las reses o el ataque aereo japonés sobre Darwin, la película no consigue emocionar. La pareja protagonista, Hugh Jackman y Nicole Kidman, hace un trabajo correcto, pero se les nota encorsetados en unos personajes que resultan demasiado planos y predecibles. Ello deriva en un ritmo narrativo, que sin llegar a ser plomizo, sí que resulta un tanto cansino, de forma que los 145 minutos de metraje se hacen un poco largos para el espectador.

No falta, como guiño a la correción política tan de moda en la época actual, la típica historia de denuncia social contra la segregación racial, protagonizada en este caso por el personaje del niño mestizo, ni por supuesto las típicas escenas románticas de rigor. Pero en general a “Australia” le falta concretar lo que propone, y sobre todo, llegar al espectador con lo que cuenta. Si Lurhman pretendia con este film hacer una nueva gran película épica como “Lo que el viento se llevó” desde luego el resultado dista de ser satisfactorio. Hay que destacar, no obstante, un aspecto muy logrado: el de la magnifica fotografia de exteriores y unas soberbias secuencias paisajísticas que captan a la perfección la belleza y vastedad de los parajes naturales australianos.

En definitiva, “Australia” es una producción ambiciosa pero que se queda en un título correcto, sin más. Una película más interesante por su aspecto visual que por la historia que cuenta, y que supondrá sin duda una cierta decepción para quien espere encontrar algo más.

Calificación: 5,5/10