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lunes, 14 de noviembre de 2011

Fugitivos del Desierto (Ice Cold in Alex)

Fugitivos del Desierto (1958)

El relato comienza en el Norte de África, en junio de 1942. Mientras las fuerzas alemanas avanzan victoriosas hacia Egipto y la fortaleza de Tobruk, el capitán George Anson (John Mills), un hombre cansado de la guerra y con tendencia al alcoholismo, recibe el encargo de evacuar a dos enfermeras en una ambulancia con destino a Alejandría. Sin embargo, el viaje pronto se complica cuando el acoso de las avanzadas alemanas hace que Anson y sus compañeros de viaje tengan que elegir una nueva ruta dando un largo rodeo por el desierto. Por el camino, la ambulancia recoge al capitán Van der Poel (Anthony Quayle), un oficial sudafricano que, aunque en principio será de gran ayuda gracias a su fortaleza física, gradualmente irá despertando las sospechas del resto de grupo acerca de su verdadera identidad e intenciones.

En 1957 el escritor británico Christopher Landon publicaba la que iba a ser su obra más famosa, una novela titulada Ice Cold in Alex (cuya traducción más fiel sería “cerveza helada en Alejandria”), que se convirtió en un inmediato éxito de ventas. Landon, que durante la guerra había servido como conductor de ambulancias en el Norte de África, se basó parcialmente en sus experiencias personales para escribir el libro, aunque buena parte de los hechos que aparecían en el mismo eran ficticios. En cualquier caso, Landon no solo vendió los derechos de su novela para que esta fuera llevada al cine, sino que también fue contratado para elaborar el guión del film. La dirección del mismo recayó sobre Jack Lee Thompson, un joven y prometedor cineasta británico que solo tres años después iba a alcanzar notoriedad internacional encargándose de la realización de otro film bélico de gran éxito comercial: Los Cañones de Navarone.

Entrando a analizar el film, hay que señalar que Fugitivos del Desierto es una de las producciones bélicas británicas más estimables de la época. Tras un inicio trepidante, que incluye algunas secuencias de acción brillantemente filmadas, que muestran la huida de la ambulancia en medio de un ataque alemán, la película va evolucionando hacia el típico relato de aventuras que incluye un interesante retrato sicológico de los personajes principales. En ese aspecto, es especialmente interesante la evolución del protagonista, el capitán Anson, un hombre que en principio encarna el perfecto antihéroe, por su alcoholismo e incluso su indisimulada “fatiga de guerra”, pero que será capaz de sacar fuerzas de flaqueza para hacer frente a las penalidades de un viaje hacia el interior profundo del desierto y que finalmente ofrecerá lo mejor de sí mismo mientras sueña, como el mismo dice, con “tomar una cerveza helada en Alejandria”. Frente a él, el hercúleo Capitán Van der Poel (magníficamente interpretado por Anthony Quayle) ofrece la nota discordante, pues pese a mostrarse desde el primer momento como un hombre de excepcional valor y arrojo, el misterio en torno a su verdadera identidad será una fuente de tensión para sus compañeros de viaje.

En medio de ello, la película ofrece escenas muy logradas, especialmente la ya citada de la huida de la ambulancia y la del tenso cruce de campo de minas, una escena, por cierto, que después sería imitada hasta la saciedad en títulos posteriores ambientados en el desierto norteafricano. Todo ello compensa en gran medida el evidente bajón de ritmo que experimenta la narración en la segunda mitad del metraje (posiblemente sobran algunos minutos en esa parte), pero que en cualquier caso no afecta a la calidad de un relato que destila un convincente mensaje antibelicista, y que está perfectamente rematado por un estupendo y a la vez emotivo desenlace que sirve para redondear una película bastante completa en todos los sentidos. Un título que, sin llegar a ser sobresaliente, sí que es bastante estimable y que puede considerarse un pequeño clásico del género bélico.

Calificación: 7/10

La Pelicula Online (V.O.S.E.)

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Amarga Victoria (Bitter Victory)


Amarga Victoria (1957)

La historia nos sitúa en Africa del Norte. El mayor del ejercito británico David Brand (Curd Jürgens) recibe la misión de liderar un comando que deberá infiltrarse tras las lineas enemigas y asaltar el cuartel general alemán en Bengasi, con el objetivo de robar unos importantes documentos secretos. Todo se complica cuando a Brand le asignan como segundo oficial al Capitán Leith (Richard Burton), quien años atrás había mantenido un romance con la esposa del mayor, Jane. Esto hará que la rivalidad y la tensión entre ambos hombres vaya creciendo progresivamente, llegando a su punto álgido cuando surgen dificultades que ponen el peligro la supervivencia del comando durante el trayecto de vuelta de la misión.

Amarga Victoria fue el primer trabajo europeo del realizador norteamericano Nicholas Ray, uno de los directores más prestigiosos de Hollywood en la década de los 50, gracias a su participación en títulos que alcanzaron un gran éxito comercial como Johnny Guitar, y sobre todo, Rebelde sin Causa, película póstuma del gran actor James Dean, y que acabaría elevándolo a la categoría de mito. Precisamente, fue la prematura muerte de Dean, con quien Ray había trabado una estrecha amistad, la que iba a provocar una grave crisis personal al director, profundamente afectado por la muerte de su estrella. Por este motivo, tras dirigir en EEUU un par de películas que pasaron sin pena ni gloria, Ray decidió emigrar a Europa en busca de nuevos aires personales y profesionales. Una vez instalado en Francia, Ray iba a encargarse de la realización de este film, adaptación de una novela homónima de René Hardy, y que iba ser coproducido por estudios galos conjuntamente con la norteamericana Columbia. Tras el estreno de la película en el festival de Venecia de 1957, al parecer, el cineasta francés Jean Luc Godard afirmó, entusiasmado con el film: “El Cine es Nicholas Ray”.

Entrando a valorar la película, hay que decir que muy probablemente la valoración de Godard tuvo un importante componente de exageración. Ciertamente Amarga Victoria tiene varios aspectos interesantes en su haber, centrados principalmente en el buen hacer de su dúo protagonista, unos muy entonados Curd Jürgens y Richard Burton; así como presentar una historia en la que la acción bélica es un mero telón de fondo, que se usa como excusa para ofrecer una serie de reflexiones sobre diversos temas trascendentes, como el significado del verdadero valor, la cobardía, o incluso la actitud ante la muerte.

Sin embargo, la película también presenta aspectos poco pulidos que provocan que la historia no termine de funcionar bien en pantalla. Bajo mi punto de vista, esto es debido a que la rivalidad y la tensión sicológica entre los dos protagonistas, el Mayor Brand y el Capitán Leith, no fluye con la naturalidad deseable, sino que más bien se desarrolla con un punto de artificio que la hace poco creíble, e incluso forzada en más de un momento. Finalmente, se echa bastante en falta un mayor desarrollo del personaje de Jane, la protagonista femenina, pues su papel, en principio importante como agente provocador de la rivalidad entre los protagonistas, queda un tanto desdibujado. Pese a ello, hay que reconocer que el film tiene algunos diálogos bastante interesantes, y que las escenas de acción, pese a no pasar de tener un carácter meramente incidental en la trama, están correctamente filmadas, amén de contar con un interesante desenlace que eleva en buena medida la valoración general de la película.

En conclusión, puede decirse que Amarga Victoria es un film de cierto calado, pero quizás un tanto pretencioso, y en el que no todos los elementos narrativos están suficientemente bien perfilados como para ser un título redondo. Pese a ello, es una película estimable, sobre todo por su notable reparto, y por el hecho de ofrecer una historia con un punto de originalidad, no exenta de interés.

Calificación: 6/ 10

lunes, 17 de octubre de 2011

El Zorro de los Océanos (The Sea Chase)

El Zorro de los Océanos (1955)

La historia comienza en el puerto de Sydney, Australia, pocos días antes del estallido de la II GM. El Capitán Karl Ehrlich (John Wayne), un veterano lobo de mar de ideas antinazis, planea zarpar con su barco, el vetusto carguero Ergenstrasse, con rumbo a Alemania antes del comienzo de las hostilidades, para evitar el internamiento. A la tripulación se le unirá un inesperado pasajero, la atractiva agente del servicio secreto Elsa Keller (Lana Turner), que se había prometido al oficial británico Jeff Napier, amigo personal de Ehrlich, quien será el encargado de encabezar la búsqueda y captura del Ergenstrasse.

El Zorro de los Océanos supuso la adaptación para la gran pantalla de la novela The Sea Chase ("Persecución Marítima") del escritor Andrew Geer, la cual apareció publicada por primera vez en 1948. Sin embargo, al preparar el libreto del film, en vez de atenerse fielmente al original literario, los guionistas decidieron introducir varias modificaciones sustanciales, que perjudicaron en buena medida la esencia de la historia original. Para empezar, modificaron el personaje central, que en el libro era un duro lobo mar y un nazi convencido, convirtiéndolo en el film en un hombre de convicciones monárquicas y opuesto al régimen, sin duda para hacerlo más simpático de cara al público norteamericano, sobre todo teniendo en cuenta que el papel iba a ser encarnado por John Wayne, el american hero por excelencia de Hollywood. Además, también alteraron el personaje de la coprotagonista, la espía Elsa Keller, que en el libro era descrita de una manera mucho menos dulce de lo que aparece en el film, de modo que el peso de este personaje en la narración quedó bastante devaluado.

Pero, dejando de lado los cambios introducidos respecto a la novela de Geer, el principal problema de la película es que ninguno de los tres ejes narrativos que plantea, a saber, la acción naval, el romance y el enfrentamiento de Erlich con sus perseguidores, consigue realmente enganchar al espectador. En el apartado puramente bélico, hay que señalar que las escenas de acción son escasas, y están resueltas con unos efectos visuales más bien pobres, incluyendo un cierto abuso del recurso de mostrar la trayectoria del buque que aparece sobre impresionada en un mapa marítimo. Por otro lado, el aspecto romántico de la trama resulta bastante simplón y trillado, amén de que se nota a la legua de no existía química entre John Wayne y Lana Turner, por lo que su romance se antoja más bien forzado e inverosímil.

Y, finalmente, el aspecto dedicado a la persecución que sufre el buque de Ehrlich por parte de la Royal Navy, el típico juego del gato y el ratón que tan buenos resultados suele ofrecer en este tipo de Films, está resuelto en este caso con muy poco nervio narrativo. Tampoco la parte más típica del cine de aventuras, dedicada a la prolongada escala que hace el Ergenstrasse en la isla tropical para aprovisionarse de madera, y que ocupa bastantes minutos de la parte central de la narración, ofrece nada realmente estimulante para el espectador. Es por estas razones que la película se contempla con cierto agrado, pero también con un evidente punto de indiferencia hacia lo que ocurre en la pantalla.

En definitiva, El Zorro de los Océanos es un correcto título de aventuras marinas, que cuenta con un buen reparto, pero que resulta a todas luces bastante discreto en el aspecto narrativo. Por ello, puede considerarse como una de las películas menos memorables del gran John Wayne y una de esas historias que, sin duda, podrían haber dado mucho más de sí de haber contado con una realización más vigorosa.

Calificación: 5/10

lunes, 26 de septiembre de 2011

El Motin del Caine (The Caine Mutinity)

El Motin del Caine (1954)

La historia nos sitúa en 1944. El dragaminas norteamericano USS Caine recibe a su nuevo comandante, el capitán Phillip Queeg (Humphrey Bogart) un hombre apegado al estricto cumplimiento de las ordenanzas navales, que pronto se granjeará la enemistad de la tripulación por su exagerado sentido de la disciplina. La actitud neurótica de Queeg llevará a uno de los oficiales del Caine, el Teniente Keefer a convencer al segundo oficial, el Teniente Maryk, de que Queeg puede padecer algún tipo de trastorno sicológico que le incapacita para ostentar el mando del buque. Por esta razón, cuando en medio de un violento tifón el capitán Queeg pierde los nervios, Maryk decide relevarlo y tomar el control del barco, lo cual le acarreará ser juzgado en un consejo de guerra por amotinamiento, siendo defendido en el curso del mismo por el Teniente Greenwald (José Ferrer).

Hay varias razones por las cuales El Motin del Caine tiene ganado un pequeño hueco en la historia dorada del Hollywood clásico. Esta película supuso la vuelta a la dirección del brillante realizador canadiense Edward Dmytryck, tras varios años apartado de la industria cinematográfica debido a su implicación en la tristemente célebre Caza de Brujas del Comité de Actividades Antiamericanas del senador McArthy. Tras su vuelta a Hollywood, Dmytryck fue llamado por el afamado productor Stanley Kramer, en la que iba a ser la última gran producción de este antes de pasarse a las tareas de dirección. Kramer había adquirido los derechos de la novela del escritor Herman Wouk titulada “The Caine Mutinity” publicada en 1951, la cual se habia alzado con el premio Pulitzer tras convertirse en un arrollador best-seller en EEUU, e inmediatamente pensó en Dmytryck para dirigir la adaptación cinematográfica, cuyo rodaje iba a tardar más de un año en comenzar debido a las reticencias del Departamento de Defensa de EEUU para respaldar la producción, aspecto que era esencial para sacar adelante el proyecto.

Finalmente, Kramer pudo convencer a los responsables de la Armada para que le prestasen su colaboración, recalcando en los títulos de crédito iniciales que la historia era ficticia y que nunca se había producido un motín en un buque de la marina estadounidense. La película se convirtió desde su estreno en un arrollador éxito en taquilla, siendo uno de los mayores éxitos comerciales de la productora Columbia, e incluso recibió 7 nominaciones a los oscars de 1955, aunque finalmente no se alzó con ninguna estatuilla. Entre los entusiastas espectadores del film se encontraba un por aquel entonces jóven británico llamado Maurice Joseph Micklewhite, quien decidió adoptar el nombre del barco como su apellido artístico, haciéndose llamar en lo sucesivo Michael Caine.

Pese a no ser una película bélica al uso -ya que las escenas de acción brillan totalmente por su ausencia- El Motin del Caine constituye un intenso ejercicio cinematográfico de crescendo narrativo hasta llegar al climax final del juicio, que supone un brillante desenlace y punto culminante de la narración. Una narración que gravita en torno a la mayestática interpretación de Humphrey Bogart como el paranoico y despótico Capitan Queeg que en una de sus más memorables citas afirma: "En este barco hay cuatro maneras de hacer las cosas: la buena, la mala, la de la Marina y la mia". En medio de ello, la película nos ofrece una interesante reflexión acerca de temas como el deber, el sentido de la obediencia o el honor, temas que se condensan a la perfección en el tercio final del metraje, dedicado a la corte marcial, y en el que brilla con luz propia la interpretación de José Ferrer en el papel de enérgico abogado de la defensa, que logra poner finalmente en evidencia a Queeg, en una secuencia memorable que, por cierto, parece que inspiró en bastante medida la también memorable secuencia de Jack Nicholson en el tribunal de Algunos hombres buenos.

Con tantos aspectos brillantes en su haber, es una pena que El Motín del Caine no llegara a la categoria de Obra Maestra, lo cual puede achacarse a varios factores. Como el propio Dymitryk reconoció años después, la primera versión del guión contemplaba un metraje de tres horas de duración en el que se desarrollaban más a fondo los personajes. Sin embargo, Kramer entendió que esta versión del libreto no era la más conveniente desde el punto de vista comercial, así que decidió acortar sensiblemente la duración e introducir una subtrama romántica que no aporta nada de interés a la historia, y que resulta más bien cargante para el espectador. Otro aspecto que le resta puntos al film radica en el tono forzadamente patriotero de algunas de las escenas, asi como un monólogo metido con calzador que pronuncia el personaje de José Ferrer tras el juicio, y la dedicatoria del film, que fue –como no podía ser de otro modo- para la US Navy. Está claro que esto puede considerarse como el peaje que hubo que pagar para contar con la colaboración de la Armada en la producción del film. 

En definitiva, El Motin del Caine es un título clásico de obligado visionado que nos regala una de las mejores interpretaciones del gran Humphrey Bogart, en la que iba a ser una de sus últimas películas. Una gran película lastrada por algunos aspectos coyunturales, pero sin duda, uno de esos Films que hay que ver al menos una vez.

Calificación: 7/10

jueves, 16 de junio de 2011

La Condición Humana (II): El Camino a la Eternidad (Ningen no joken II)

La condicion humana (II): El Camino a la Eternidad (1959)

Tras verse expulsado de la empresa minera donde trabajaba por haber intentado proteger a los prisioneros chinos, Kaji es reclutado por el ejército y enviado a un campo de entrenamiento para recibir la instrucción como soldado de infantería. Pese a sus ideas pacifistas, Kaji se mostrará como un recluta ejemplar, si bien pronto chocará con sus superiores debido a la brutalidad del trato que de los veteranos reciben muchos de los reclutas, en especial el soldado más débil del grupo, que acabará suicidándose por los continuos desprecios que recibe. Esto hará que Kaji, ya ascendido a cabo, se enfrente decididamente a los métodos de adiestramiento empleados por los suboficiales con los reclutas novatos.

Tras denunciar en No hay amor más grande la brutalidad de ocupación japonesa de Manchuria, Masaki Kobayashi dedicó esta segunda parte de su trilogía sobre La condición humana, a la crítica del militarismo, los abusos de poder dentro del ejército, y el deliberado proceso de deshumanización al que se ve sometido el recluta por parte de sus superiores. Algunos críticos han señalado –bastante atinadamente, a mi modo de ver- que muchas de las escenas de este film fueron aprovechadas por Stanley Kubrick para recrear las escenas que transcurren en el campo de entrenamiento de La Chaqueta Metálica. Y lo cierto es que las similitudes son bastante acusadas, especialmente en lo tocante al destino del “recluta patoso” de turno.

En cualquier caso, esta segunda parte de la trilogía mantiene el tono claramente humanista y antibelicista de la primera entrega, centrándose ahora en la denuncia de las maldades del ejército como una organización inhumana, brutal, y cruel, donde la dignidad de las personas es dejada de lado con demasiada frecuencia. En ese sentido, lo mejor del film radica en sus primer tercio de metraje, que muestra el adiestramiento de Kaji, sus problemas con los compañeros que sospechan de sus ideales pacifistas, y las humillaciones que reciben los reclutas de parte de los veteranos. Sin embargo, la película peca del mismo gran defecto de la primera parte: le falta capacidad de síntesis, y en demasiadas ocasiones ofrece secuencias reiterativas. En ese aspecto, hay que decir que el ritmo de la narración resulta menos sostenido que en No hay amor más grande, lo cual redunda en que la parte central de la narración se haga especialmente lenta para el espectador. Afortunadamente, la historia remonta el vuelo al llegar a la parte bélica, que se condensa en la última media hora del film, y que muestra el enfrentamiento de los japoneses con las divisiones blindadas rusas en la frontera de Manchuria y como la unidad de Kaji es aniquilada por los tanques soviéticos. Unas escenas de acción no especialmente espectaculares, pero filmadas con solvencia, que sirven para cerrar esta segunda entrega de la trilogía.

En definitiva El Camino a la Eternidad, ofrece nuevamente bastantes destellos de buen cine, si bien resulta algo inferior –especialmente en cuanto ritmo narrativo- a No hay amor más grande. Pese a ello, es una más que digna continuación de la trilogía, que sirve además para abordar un escenario bélico muy poco tratado en el cine como es el de la Ofensiva sovietica en Manchuria en 1945. Un interesante alegato antibélico que claramente sirvió de inspiración para bastantes de las secuencias de La Chaqueta Metálica.

Calificación: 7/10

miércoles, 8 de junio de 2011

La Condición Humana (I): No hay amor más grande (Ningen no joken I)

La condición humana (I): No hay amor más grande (1959)

La historia comienza en Manchuria durante los primeros meses de la II GM. El jóven Kaji, empleado de una empresa japonesa dedicada a la explotación de los recursos minerales chinos, acepta ser enviado junto a su esposa Michiko a una remota ciudad del interior del país para mejorar la productividad de los trabajadores chinos, a cambio de evitar la llamada a filas. Una vez alli, los intentos del idealista Kaji por mejorar las penosas condiciones de trabajo de los prisioneros chinos chocarán una y otra vez con la crueldad del supervisor Okazaki, empeñado en hacer trabajar a sus operarios en unas condiciones infrahumanas.

En 1959, solo 14 años después de la finalización de la contienda mundial, el realizador japonés Masaki Kobayashi comenzaba con No hay amor más grande, su trilogía, basada en una novela homónima de Gomikawa Junpei, sobre La Condición Humana, una vasta obra cinematográfica dividida en 6 partes y 3 películas de más de 3 horas de duración, que reflexionaba sobre la actitud nipona ante el conflicto. La obra de Kobayashi puede considerarse todo un hito dentro del cine nipón ya que, lejos de caer en los vicios auto exculpatorios y el maniqueismo típico del cine japonés sobre la II GM, abordó sin contemplaciones y bajo un prisma claramente antimilitarista, la brutalidad de la que hicieron gala los japoneses durante la guerra. No en vano, Kobayashi había servido en el ejército imperial, por lo que conocía de primera mano las atrocidades cometidas por las fuerzas niponas durante el conflicto bélico.

En ese sentido, puede decirse que el aspecto más destacable de la obra de Kobayashi es la total honestidad y realismo que adopta el guión a la hora de abordar la historia. Señas de identidad que ya son claramente perceptibles en esta primera parte, dedicada a la denuncia de los abusos cometidos por los ocupantes japoneses en China. Y ello aderezado con una puesta en escena sobresaliente (atención a escenas como la llegada a la estación ferroviaria de los 600 prisioneros chinos hacinados en vagones de tren), y unas muy buenas interpretaciones de su elenco de actores, destacando especialmente la intensidad que el protagonista Tatsuya Nakadai consigue transmitir a su personaje, el idealista Kaji, en su cruzada contra la crueldad y sinrazón de sus superiores. También es reseñable que, pese al hecho de superar las 3 horas de duración, el ritmo de la narración es bastante intenso, de modo que el interés del espectador nunca llega a decaer, lo cual es bastante meritorio tratandose de una película de tan dilatado metraje.

No obstante, el film también adolece de algunos defectos que impiden que pueda considerarse una auténtica obra maestra. En primer lugar, pese a lo sostenido del ritmo narrativo, a la historia le falta capacidad de elipsis. Hay demasiadas escenas que podrían haberse acortado, y que pierden fuerza dramática precisamente por alargarse en exceso. A esto hay que añadirle el hecho de que el desarrollo de la mayor parte de los personajes secundarios es bastante pobre, pese a que el metraje daba para un mayor juego de estos. De haberse pulido más estos aspectos, indudablemente la trilogía de Kobayashi habría pasado a la historia del Séptimo Arte como una de las grandes obras antibélicas de todos los tiempos.

En cualquier caso, no cabe duda que esta primera parte de La Condición Humana es una de esas películas que en inglés se denominan must see. Un film de obligado visionado que sorprende por su dureza, honestidad y realismo. Una de las mejores películas del cine japonés.

Calificación: 7,5/10

martes, 3 de mayo de 2011

El hombre que nunca existió (The man who never was)

El hombre que nunca existió (1956)

La historia comienza en el verano de 1943. Tras la caida del norte de Africa en manos aliadas, el alto mando planea la invasión de Sicilia. Paralelamente los servicios de inteligencia británicos tratan de engañar al espionaje alemán acerca de las futuras operaciones militares en el Mediterraneo. Entre los planes propuestos, el Comandante Montagu (Clifton Webb) de la inteligencia naval, idea hacer llegar a los alemanes unos planes falsos de invasión de Grecia y Cerdeña, usando un hombre muerto arrojado al mar, un plan que recibirá el nombre clave de Operación Mincemeat.

En 1953 aparecia publicado en Gran Bretaña un libro titulado The man who never was, escrito por el antiguo oficial de la inteligencia naval Ewen Montagu. En dicho libro, Montagu describía los hechos históricos que rodearon a la Operación Mincemeat (“carne picada”), una de las más estrambóticas operaciones de engaño estratégico organizadas por el servicio secreto británico durante la guerra. El comandante Montagu pensó certeramente que si el cuerpo de un falso oficial británico, portando documentos de alto secreto, aparecía en las costas de Huelva, los agentes locales del Abwerh alemán se harían con una copia de los mismos y los trasladarian al Alto Mando, así que se hizo todo lo posible por dotar de credibilidad a la historia del cadáver. A tal efecto, se creó una identidad ficticia, la del Mayor William Martin, dotándolo de documentos de identidad, cartas de alto secreto, recibos de lavandería e incluso una carta de amor de una falsa prometida. El plan fue todo un éxito, y tras recibir la información falsa proporcionada por Mincemeat, Hitler ordenó el desvío de importantes contingentes navales y terrestres a Grecia, asegurando de este modo el éxito de la Operación Husky.

Naturalmente, esta era una de esas historias de espionaje que se prestaba a ser llevada al cine. En lineas generales la película respetó lo esencial de los hechos históricos, si bien se tomaron algunas licencias. En la película se muestra que el cadáver usado fue el de un hombre escocés al que vela su padre tras morir de neumonía, pero en realidad la identidad del cuerpo era la de un vagabundo galés llamado Glydwr Michael, huerfano de padre y madre, que se había suicidado a principios de 1943.

Además, los guionistas también optaron por dotar de mayor dramatismo a la historia real, incluyendo la historia ficticia de un espía alemán enviado a Londres para comprobar la veracidad de la identidad y de la historia del Mayor Martin. Aunque realmente es de agradecer que se hiciera así, ya que esa parte de la trama contribuye a levantar el vuelo de una narración que peca de ser excesivamente académica y quizás algo plana en su primera mitad de metraje. Por lo demás, la película presenta la típica corrección formal y visual del cine británico, un guión que consigue crear un aceptable ritmo narrativo, y unas buenas interpretaciones de los actores protagonistas, Clifton Webb y Stephen Boyd.

En resumidas cuentas, El hombre que nunca existió ofrece un interesante relato de espionaje, además de describir con fidelidad histórica una de las operaciones de engaño estratégico más existosas de la II GM. Pese a tratarse de una historia a la que quizás podría habersele sacado más jugo con una realización más vigorosa, es uno de esos relatos que a buen seguro agradarán a los aficionados a este tipo de cine. Un título que merece la pena visionar.

Calificación: 6/10

lunes, 11 de abril de 2011

A diez segundos del infierno (Ten seconds to hell)

A diez segundos del infierno (1959)

Tras el fin de la II GM, un grupo de seis ex prisioneros de guerra alemanes especialistas en la desactivación de bombas llega a Berlin para trabajar como artificieros en las ruinas de la ciudad, repletas de proyectiles sin estallar. El grupo, liderado por Erick Koertner (Jack Palance) establece un pacto en base al cual la mitad del sueldo de los artificieros será destinado a un fondo que recibirá aquel que logre sobrevivir a la peligrosa tarea encomendada. Esto hará que surja una acendrada rivalidad entre Erick y el ambicioso Karl Witz (Jeff Chandler), decidido a sobrevivir a cualquier precio para llevarse el dinero del fondo.

A diez segundos del infierno fue uno de los primeros trabajos en la carrera cinematográfica del realizador Robert Aldrich, quien años más tarde alcanzaría la fama con la dirección de Doce del Patíbulo. Sin embargo, el nombre de Aldrich no figura en los títulos de crédito, ya que en el montaje final de la película, los responsables del estudio entendieron que la duración del film era demasiado larga, por lo que decidieron eliminar 30 minutos de metraje. Esta decisión, adoptada de manera unilateral por parte de la productora indignó a Aldrich, que exigió la restitución del material eliminado. Como finalmente el estudio no accedió a los deseos del director, el nombre de este fue eliminado de los créditos.

Curiosamente, y al igual que en el caso de El Único Evadido, A diez segundos del infierno fue una producción auspiciada por los estudios británicos Hammer Films –famosos principalmente por haber producido algunos de los títulos míticos del género de terror de los años 50 y 60- cuyos protagonistas eran soldados alemanes. El eje central de la narración gira en torno a la tensión que viven los protagonistas y el duelo latente de personalidades antagónicas que se establece entre el personaje de Erik Koertner, lider natural del grupo de artificieros, y el individualista y cínico Karl Wirtz. Este punto de partida argumental es bien desarrollado a lo largo de la trama, si bien esta peca de un punto de previsibilidad y cierta falta de pulso narrativo, y ello pese al importante recorte de metraje que, como apuntaba antes, sufrió el film en la fase de posproducción. Por otra parte, la subtrama romántica que se introduce en la historia, por medio del personaje de la atormentada viuda Margot Hofer, tampoco aporta demasiado, pues esta resulta más bien tópica y redundante antes que enriquecedora, y se antoja como un elemento más bien insustancial y accesorio de la trama.

Lo mejor de la película, aparte de la lograda recreación del Berlin derruido y deprimente de la posguerra, radica en su desenlace, algunas secuencias de tensión dramática bien resuelta y en las buenas interpretaciones del dúo formado por Jack Palance y Jeff Chandler, que sostienen un digno e interesante duelo interpretativo a lo largo del film. Por lo demás, A diez segundos del infierno no puede considerarse uno de los mejores trabajos dentro de la filmografía de Robert Aldrich. Pese a ello, es una historia que puede considerarse un antiguo referente de la reciente y oscarizada En tierra hostil. Un título interesante, aunque algo fallido en el aspecto narrativo.

Calificación: 5,5/10

lunes, 4 de abril de 2011

El Único Evadido (The Only that Got Away)

El único evadido (1957)

La historia comienza en Septiembre de 1940. Tras ver como su avión es derribado en Kent, el teniente Franz Von Werra (Hardy Kruger) es enviado a Londres e interrogado por el servicio de inteligencia de la RAF. Poco después Von Werra es enviado a una prisión del noroeste de Inglaterra, de donde no tarda en fugarse. Tras ser nuevamente capturado y trasladado a otra prisión, un nuevo intento de fuga fallido hará que sea enviado en barco, junto a otros prisioneros alemanes conflictivos, con destino a un campo de prisioneros en Canadá, lo cual, no obstante, no impedirá que Von Werra persista en sus planes de fuga para regresar a Alemania.

Como su propio título indica, El único Evadido relata la historia de una evasión, aunque curiosamente, esta producción británica no versa sobre la fuga de prisioneros de guerra aliados, sino sobre la huida de un aviador alemán. Concretamente, la película reconstruye los hechos que rodearon la fuga de Franz Von Werra, teniente de la Luftwaffe que pasó a la historia anecdótica de la II GM por ser el único prisionero de guerra germano que logró fugarse de sus captores, mientras era trasladado a un campo de prisioneros en Canadá, y regresar a Alemania. La evasión de Von Werra tuvo, además, unas consecuencias perniciosas para la inteligencia aliada, ya que de vuelta en Alemania, Von Werra advirtió al mando de la Luftwaffe acerca de las sutiles técnicas de interrogatorio con las que la RAF sacaba información de los pilotos alemanes derribados. De este modo, gracias al testimonio de Von Werra, la Luftwaffe pudo instruir a sus pilotos para que evitaran las preguntas comprometedoras de los interrogadores británicos.

En cuanto a la calidad del Film, hay que decir que “El Único Evadido” es una película sencilla y sin pretensiones, pero también muy amena para el espectador. Y ello es en gran medida debido a la estupenda interpretación de su protagonista, el actor alemán Hardy Kruger, que realmente consigue que el espectador empatice y, además, simpatice con su personaje. Porque, aparte del notable parecido físico que Kruger compartía con Von Werra, lo cierto es que actor sabe dotar a su personaje de las dosis justas de arrogancia, simpatía, y carisma, que hacen muy creíble su interpretación, que es de las que realmente llegan al espectador. Hasta el punto de que esta puede compararse con la no menos memorable actuación de Steve McQueen en La Gran Evasión, un papel, por cierto, que parece bastante inspirado en el de Kruger. Especialmente interesante es la parte dedicada a la captura y posterior interrogatorio de Von Werra, y como muestra el duelo entre el astuto interrogador británico y el inteligente prisionero, que termina dándose cuenta de las tretas de sus captores para sonsacarle información militar.

Es una pena que la película no profundice algo más en la parte dedicada a las dos fugas fallidas del protagonista y el duelo de astucia que se establece con sus captores británicos, porque de lo contrario podríamos haber estado ante un relato mucho más atractivo. Pese a ello, en la parte dedicada a las evasiones del protagonista, los paralelismos con La Gran Evasión son tan evidentes que no resulta descabellado pensar que John Sturges se inspiró en más de un aspecto en esta historia a la hora de preparar el guión de su famoso film. En cualquier caso, y a pesar de ser una producción relativamente modesta y sin pretensiones, El Único Evadido funciona perfectamente como un intenso relato de aventuras, entreteniendo al espectador gracias a la agilidad de su ritmo narrativo y a la precisión con la que se nos cuenta la historia del protagonista. En ese sentido, es de agradecer la objetividad con la que se aborda la figura de Von Werra, evitando en todo momento el recurso fácil de caer en el alegato antinazi, y optando en cambio por ofrecer un retrato equilibrado del personaje que es muy de agradecer.

En resumidas cuentas, El Único Evadido es una película con el típico sello artesanal propio del cine británico, a la par que un relato ameno y bastante estimulante dentro de sus limitaciones artísticas. Un titulo que, sin duda, merece la pena descubrir.

Calificación: 6,5/10

viernes, 25 de febrero de 2011

Un condenado a muerte se ha escapado (Un condamné à mort s'est échappé)

Un condenado a muerte se ha escapado (1956)

La historia comienza en abril de 1943. El jóven teniente Fontaine (François Letterier), miembro de la Resistencia, es capturado por los alemanes y, tras un fallido intento de fuga, queda recluido en la prisión de Fort Montluc. Desde el momento de su llegada a la prisión, encerrado en una minúscula celda, Fontaine comienza a planear su fuga, plan que se ve favorecido cuando es trasladado de celda a una situada en un piso superior de la prisión, cuya puerta de madera Fontaine comienza a perforar poco a poco, calculando minuciosamente a partir de ese momento todos sus pasos para consumar su huida de la prisión.

Al igual que hicieron otros cineastas franceses tras la finalización de la contienda mundial, el director Robert Bresson, dedicó un film al movimiento clandestino de la Resistencia contra la ocupación. Bresson elaboró el guión de la película a partir del relato autobiográfico homónimo de Andre Devigny, un miembro de la Resistencia capturado por los alemanes en abril de 1943, que tras ser enviado a la prisión de Montluc y sufrir torturas a manos del tristemente famoso jefe de la Gestapo Klaus Barbie, logró evadirse en compañía de otro recluso antes de que se ejecutara su condena a muerte, prevista para unos días más tarde. La historia de esta audaz y exitosa evasión atrajo la atención de Bresson, y decidió llevarla a la gran pantalla, siendo el segundo título dentro de su denominada “Trilogía de la Soledad”. Fiel a su manual de estilo, el realizador insistió en lograr el mayor realismo posible. De este modo, el rodaje tuvo lugar en la misma prisión de Montcluc donde se desarrollaron los hechos, y el propio Devigny le prestó al director los utensilios reales que había empleado en su fuga. Además, para conseguir una mayor veracidad, y como era norma habitual en sus películas, a la hora de elegir el reparto, Bresson recurrió a un casting de actores desconocidos, unos intérpretes anónimos que reforzaran la sensación de realismo de la historia.

En cuanto a la valoración, hay que decir que Un condenado a muerte se ha escapado, supone todo un brillante ejercicio de estilo visual y narrativo por parte de Bresson. Estamos ante la historia de, lisa y llanamente, un plan de fuga. Una idea de partida sencilla que Bresson sabe llevar mucho más allá gracias a su maestría visual, que nos muestra la minuciosa concepción y preparación del plan de fuga que Fontaine pretende llevar a cabo. A la vez, y gracias al uso de unos muy estudiados planos cortos y cerrados, el film logra trasladarle al espectador la claustrofóbica sensación de soledad que el protagonista experimenta encerrado en su celda.

Una sensación perfectamente narrada a lo largo de unos ajustados 95 minutos de metraje, que en conjunción con el uso que el director hace de las elipsis visuales, y los efectos de sonido, (que incluyen conversaciones a media voz, pisadas que se alejan, y ruidos en la galeria de celdas) logran meter al espectador en situación. Todo ello contribuye a crear un crescendo narrativo que alcanza su climax en unos veinte minutos finales plenos de intensidad dramática que muestran la ejecución de la fuga y que realmente mantienen en vilo al espectador, gracias a la maestria con la que Bresson combina tensión y angustia, sensaciones que se transmiten en gran medida al espectador gracias al inteligente uso de la acción y los sonidos que ocurren fuera de plano.

Entre los aspectos menos positivos, personalmente eché en falta algo más de desarrollo del personaje de Fontaine; así como cierta tendencia al esquematismo en los diálogos y los personajes secundarios, aunque sea comprensible que el director optara por esto,  dada la deliberada sobriedad que adopta la narración. En cualquier caso, hay que concluir que “Un condenado a muerte se ha escapado” es una película visualmente soberbia y muy intensa en el plano narrativo. Una buena historia de base, muy bien contada, y que recomiendo ver a todo el que no haya tenido la oportunidad de hacerlo.

Calificación: 7/10

viernes, 28 de enero de 2011

El médico de Stalingrado (Der Artz von Stalingrad)

El médico de Stalingrado (1958)

La historia comienza en 1943. Tras la derrota de Stalingrado, el médico militar Fritz Böhler (O.E. Hasse) es capturado por los rusos junto con cientos de soldados, siendo enviados a un campo de prisioneros. Años después del final de la guerra, ya en 1949, Böhler y sus compañeros de reclusión, aun en manos de sus captores, tratan de sobrevivir a las duras condiciones de su cautiverio. Cuando uno de los prisioneros alemanes sufre un ataque de apendicitis, Böhler, pese a la prohibición de los rusos, decide arriesgarse a operarlo, lo cual complicará aun más la situación de los alemanes, expuestos a nuevas represalias de sus captores.

En 1956 aparecía publicada en Alemania la novela titulada Der Artz Von Stalingrad, del escritor alemán Heinz G. Konsalik, antiguo corresponsal de guerra alemán, que en los años posteriores a la contienda se dedicó a escribir una serie de relatos literarios basados en sucesos ocurridos en los frentes de batalla. En este caso, Konsalik se basó en la experiencia personal de un médico militar alemán capturado por los rusos en Stalingrado, el Doctor Ottmar Kohler, quien había sido repatriado a Alemania en 1953, tras diez años de cautiverio en la URSS. El libro pronto se convirtió en un arrollador éxito de ventas, siendo traducido a varios idiomas y alcanzando una gran difusión en Europa Occidental. No es de extrañar, por tanto, que las productoras cinematográficas alemanas se apresuraran a trasladar la historia de la novela al cine. La dirección del film recayó sobre el realizador húngaro Géza von Radványi, mientras que para el papel protagonista del doctor Böhler se eligió al solvente actor alemán O.E. Hasse, quien cuatro años antes, había ofrecido una muy buena actuación en Almirante Canaris, encarnando al famoso jefe del Abwerh.

Entrando a analizar el film, hay que decir que “El médico de Stalingrado” aborda un conjunto de temas interesantes a la hora de narrar la historia. Me gustó especialmente como la película desgrana el complejo entramado de relaciones humanas que se establecen entre los guardianes rusos y sus cautivos alemanes; unas relaciones que oscilan entre la desconfianza y el odio mutuos, pasando por el pragmatismo de unos y otros a la hora de sacar provecho de las circunstancias, e incluso los romances que surgen entre los prisioneros alemanes y las mujeres rusas destinadas en el campo. Igualmente, es interesante señalar que, pese a tratarse de una película de los años 50, tanto por el lenguaje que usan los personajes como por la forma de abordar los temas que se tratan, dan la sensación de que fue un film adelantado a su tiempo en más de un aspecto. También hay diálogos que son muy buenos, como cuando Böhler, ante las quejas de un subordinado por el trato que les dan los rusos, le recuerda que “Somos huéspedes aquí… de hecho, vinimos sin que nadie nos invitara”. En el apartado interpretativo, brilla especialmente O.E. Hasse, estando bien secundado por el resto de actores, entre los que se cuentan varios secundarios ilustres del cine alemán de la época, como Johannes Messemer y Eva Bartok.

Por ponerle algunos “peros” a la película habría que señalar que no termina de ahondar en los temas controvertidos respecto a los sentimientos de culpabilidad por la destrucción causada en la URSS o el odio entre los bandos antagonistas; así como la impresión que transmite de cierta idealización de algunas situaciones y del comportamiento de los personajes principales. Pese a ello, hay que concluir que El médico de Stalingrado, es un film de muy esmerada factura, buen guión y que cuenta con oficio una historia no exenta de interés. Sin llegar a ser una película muy destacada, sí que deja un buen sabor de boca al espectador. Recomendable.

Calificación: 6/10

lunes, 15 de noviembre de 2010

The Dam Busters

The Dam Busters (1955)

La acción nos sitúa en 1943. El ingeniero Barnes Wallis (Michael Redgrave), empleado del ministerio de armamento, concibe la idea de fabricar una bomba especialmente diseñada para destruir las presas alemanas del Ruhr, con el objetivo de causar grandes daños a la industria bélica de la zona. Tras convencer al mando de bombarderos de la RAF de la viabilidad de la operación, la ejecución de la misma le será asignada al escuadrón de bombarderos 617, unidad equipada con bombarderos Lancaster, bajo el mando del capitán Guy Gibson (Richard Todd), quien inmediatamente comienza a prepararse junto a sus hombres para llevar a cabo la peligrosa incursión.

Ya hemos comentado en anteriores reseñas como el cine británico de la década de los 50 fue especialmente prolífico a la hora de producir títulos que recrearan las hazañas bélicas patrias durante la II GM. Este es el caso de The Dam Busters (cuya traducción en español sería “Los Revientapresas”), una película estrenada en Reino Unido en mayo de 1955, coincidiendo con el duodécimo aniversario de la Operación Chastise, una incursion de bombarderos de la RAF destinada a destruir las presas del Ruhr empleando las novedosas bombas rebotadoras diseñadas por el ingeniero Barnes Wallis. Como el dispositivo de dichas bombas seguía siendo secreto en la época del estreno, la película no muestra ninguna verdadera bomba rebotadora, y para las escenas de los proyectiles rebotando en el agua se usaron imágenes de archivo sacadas de las pruebas experimentales que se hicieron durante la guerra con dichas bombas. Pese a ello, la RAF colaboró con la productora y cedió 4 bombarderos Lancaster supervivientes de la contienda para el rodaje de las escenas aéreas. Su estreno tuvo una buena acogida entre el público británico, que lógicamente aun tenia frescos los recuerdos de la guerra, pero curiosamente, y a diferencia de otras producciones similares de la época que sí llegaron a nuestras pantallas, la película no llegó a estrenarse en España.

En cuanto a la calidad del film, cabe señalar que estamos ante un título que acusa en algunos aspectos las más de cinco décadas transcurridas desde su estreno. The Dam Busters es el típico film de hazañas bélicas que nos narra primero las dificultades que tiene que vencer el impulsor de un audaz plan para convencer a sus superiores de las posibilidades del mismo, para enlazar luego con la preparación de la peligrosa misión a cargo del oficial carismático de turno. En ese aspecto la película no es demasiado original, aunque sí que desgrana con bastante fidelidad a los hechos históricos, las dificultades técnicas y materiales que entrañaba realizar un tipo de ataque aéreo que nunca se había llevado a la práctica con anterioridad. En ese sentido la película logra entretener razonablemente al espectador y se apoya además en unas buenas actuaciones de su duo protagonista, amén de contar con una adecuada banda sonora, que es considerada una de las BSO clásicas del género bélico. Es en la parte dedicada a la ejecución misión donde más se acusa el aspecto cronólogico que apuntaba antes, ya que los efectos especiales -que sin duda eran muy buenos para la época- han quedado bastante desfasados respecto a los estándares actuales. Las secuencias que muestran la destrucción de las presas combinan maquetas un tanto burdas con el uso de unas transparencias bastante evidentes que recrean la explosiones bajo el agua, aunque hay que reconocer que dada la época, tampoco cabia esperar mucho más en el aspecto visual.

En conclusión, “The Dam Busters” es una muy buena muestra con sello artesanal del cine bélico británico de los años 50, contando una historia bélica con un acentuado rigor formal e histórico que la hacen apreciable para el buen aficionado al género, por más que en el aspecto visual se trate de un título ampliamente superado por otras producciones posteriores. No desmerece un visionado.

Calificación: 6/10

martes, 9 de noviembre de 2010

El infierno de los heroes (The Cockleshell Heroes)

El infierno de los heroes (1955)

Marzo de 1942. El mayor Stringer (José Ferrer) llega a la base de los Royal Marines en Portsmouth, para elegir a los soldados participantes en una peligrosa misión secreta cuyo objetivo es el de atacar el fuertemente defendido puerto de Burdeos mediante una incursión en canoas. Pronto, los métodos extravagantes de Stringer chocan con la actitud del capitán Hugh Thompson (Trevor Howard), un oficial de la vieja escuela designado para actuar bajo las órdenes del mayor, lo cual, unido a la actitud díscola de los hombres seleccionados para llevar a cabo la misión, creará dificultades durante la preparación de la misma.

El cine bélico británico de la década de los 50 fue especialmente prolífico a la hora de producir títulos que recordaran las más espectaculares y audaces acciones de sus fuerzas especiales durante la II GM (como por ejemplo, Operación Tirpitz o The Dam Busters). Siguiendo esta corriente temática, El infierno de los heroes se encargó de recrear los hechos históricos que rodearon la Operación Frankton, una audaz incursión en la costa francesa, destinada a atacar la base naval de Burdeos, que era un enclave vital para las comunicaciones marítimas alemanas. Dicha incursión fue la primera acción de combate de una unidad especial de los marines británicos denominada Royal Marines Boom Patrol Detachment, especialmente entrenada para realizar misiones en canoa. El relato del raid contra el puerto Burdeos fue posteriormente recogido en el libro The Cockleshell Heroes, (cuya traducción aproximada sería “Los heroes del cascarón”) que a su vez, sirvió de base para elaborar el guión del film.

Un guión cuya preparación no estuvo exenta de polémica, ya que el actor José Ferrer,-que además de ejercer la dirección del film, se reservó para sí mismo el papel protagonista- encargó a otro guionista la tarea de revisar la versión original del guión para potenciar su personaje. Sin embargo, cuando el productor Irving Allen revisó la versión definitiva del libreto, estimó que este resultaba demasiado serio, y decidió añadir nuevas escenas que dotaran de mayor comicidad a la historia, cosa que hizo sin avisar a Ferrer. Este, enfurecido por los cambios que se habian introducido en la historia sin su consentimiento, optó por abandonar la producción. Pese a todo, el hecho de que la película manejara un presupuesto bastante estimable para la época, gracias a la coproducción de los estudios británicos Warwick con la productora norteamericana Columbia; asi como que el rodaje contara con la plena colaboración del cuerpo de Royal Marines, se tradujo en que el aspecto formal e histórico de la producción sea impecable, siendo este el apartado más logrado del film.

Lamentablemente, la película no raya a la misma altura en lo que a calidad cinematográfica se refiere. A pesar de que el punto de partida argumental es bastante interesante, presentando a un atípico oficial al frente de un grupo de soldados problemáticos a los que se les va destinar a una peligrosa misión (lo que casi puede considerarse un precedente de Doce del Patíbulo) la historia no termina de carburar por varios motivos. En primer lugar da la sensación de que José Ferrer no era el actor más adecuado para interpretar al Mayor Stringer, principalmente porque a su interpretación le falta un punto de carisma, y personalmente encontré más convincente la actuación de su compañero de reparto Trevor Howard. En segundo lugar, la parte dedicada a la preparación de la misión y al entrenamiento de los hombres se alarga en exceso, sin ofrecer a cambio demasiadas escenas de interés al espectador, por lo que temina haciendose pesada. Y finalmente, el tramo del metraje dedicado a la ejecución de la misión, tampoco puede decirse que sea un dechado de espectacularidad e intensidad narrativa. Por ello, el resultado final se queda en un producto correcto, de buena factura visual, pero algo fallido en el plano narrativo.

En conclusión, “El infierno de los heroes” no es una mala muestra del cine bélico de comandos, pero está igualmente muy lejos de ser uno de sus títulos cumbre, aunque al menos tiene un punto original en su temática y planteamiento.

Calificación: 5,5/10

jueves, 4 de noviembre de 2010

Operación Tirpitz (Above us the waves)

Operacion Tirpitz (1955)

La acción nos sitúa en 1943. La plana mayor de la Royal Navy, decidida a eliminar la amenaza que supone para el tráfico maritimo británico  la presencia del poderoso acorazado alemán Tirpitz en un fiordo de la costa noruega, decide organizar una operación secreta con el objetivo de destruir el buque enemigo. Para ello, deciden utilizar los submarinos enanos Mark I, un arma experimental que va a emplearse por primera vez en esa arriesgada misión.

Operación Tirpitz es una producción británica de los años 50 que reconstruye los hechos que rodearon a la denominada Operación Source, una audaz incursión de submarinos enanos en la costa noruega con el objetivo de destruir el acorazado Tirpitz, el poderoso acorazado gemelo del Bismarck. La historia del film se basó en el libro titulado Above us the Waves (cuya traducción sería “Por encima de nosotros, las olas”), escrito por Charles Warren, uno de los participantes en la misión real. La eliminación del Tirpitz, agazapado desde 1942 en el refugio seguro de su casi impenetrable base noruega, se convirtió en una auténtica obsesión para el almirantazgo británico, empeñado en destruir a toda costa el peligroso buque alemán. Cuando los bombardeos aereos se mostraron infructuosos, se decidió emplear los experimentales submarinos de bolsillo para infiltrarse en el fuertemente protegido fiordo donde se refugiaba el Tirpitz, lanzando desde submarinos nodriza a poca distancia de la costa seis minisubmarinos de la clase X. Hay que decir que la Operación Source se saldó con un éxito relativo pero nada desdeñable: ya que pese a que se perdieron todos los minisubmarinos, el estallido de dos cargas explosivas bajo la linea de flotación del Tirpitz dejó fuera de combate al acorazado alemán por un largo periodo de 6 meses, hasta que finalmente, en Noviembre de 1944 la RAF lo destruyó definitivamente empleando bombas especiales Tallboy de 5 toneladas.

Naturalmente, el film rinde homenaje a las valientes tripulaciones de los submarinos enanos británicos que lograron atacar con éxito al Tirpitz. La producción, que contó con el asesoramiento histórico y técnico del comandante de submarinos Donald Fraser, lo cual redundó en el realismo de las escenas subacuaticas, bastante logradas para la época. Igualmente el material usado era igual al original que se empleó en la II GM, por lo que el grado de realismo que transmite el film es muy alto. Por lo demás, la película ofrece los elementos típicos del subgénero submarino, con momentos de tensión, cargas de profundidad, y una lucha contra el reloj para atacar el buque enemigo. No es que la película ofrezca nada especialmente novedoso, y la verdad es que en su primer tercio de metraje se hace algo lenta, pero en líneas generales es un título que ofrece unas apreciables dosis de acción submarina, además de reconstruir con fidelidad los hechos históricos que recrea.

En definitiva, Operación Tirpitz es una típica producción británica con regusto artesanal, sin demasiados alardes cinematográficos, pero que sin duda agradará a los aficionados a los temas navales y a la historia de la II GM.

Calificación: 5,5/10

jueves, 9 de septiembre de 2010

Sucedió el 20 de Julio (Es geschah am 20. Juli)

Sucedió el 20 de julio (1955)

Julio de 1944. Mientras la derrota militar de Alemania en los campos de batalla se hace cada más evidente, un grupo de altos oficiales alemanes planea un golpe para derrocar a Hitler y hacer la paz con los aliados. La Operación, encabezada por los generales Beck y Olbrich, junto con el coronel Stauffemberg, gira en torno a la colocación de una bomba en el búnker de Hitler para dar paso al golpe, denominado en clave “Operación Valkiria”.

Sucedió el 20 de julio puede considerarse el precedente más próximo –no en el aspecto temporal, pero sí en cuanto al argumental- de la reciente Valkiria de Brian Singer y progonizada por Tom Cruise. Y lo cierto es que, pese al tiempo transcurrido entre los estrenos de una y otra (má de 5 décadas) da la impresión de que la versión de Singer le debe más de un plano a esta relativamente modesta producción alemana dirigida por G.W. Pabst.

Como no podía ser de otro modo, tratándose de una producción germana de los años cincuenta, la película aborda la reconstrucción de los hechos que rodearon a la más importante conspiración contra el régimen nazi que se produjo en Alemania durante la guerra. A lo largo de sus escasos 75 minutos de metraje el film reconstruye con precisión semidocumental, la preparación, ejecución y temprano fracaso de la Operación Valkiria, destinada a deponer a Hitler y expulsar a los nazis del poder antes de la derrota final de Alemania. En ese sentido, la pelicula muestra escuetamente la preparación del golpe, presentando a los conspiradores como un grupo de oficiales idealistas decididos a salvar a su patria de la hecatombe, para luego centrarse en describir las dramáticas horas que precedieron al fracaso del golpe y la subsiguiente ejecución de sus cabecillas.

Como apuntaba al principio, lo ajustado de su metraje hace que el film se vea bastante bien, casi como un documental, sin que haya un momento de bajada de ritmo. Ahora bien, esta concisición narrativa también tiene sus aspectos negativos. Principalmente, el hecho de que algunas partes de la historia, especialmente en lo tocante a la gestación del golpe y la ejecución del atentado, están demasiado brevemente reflejadas en el film; y otro tanto puede decirse del desarrollo de los personajes, que resultan excesivamente esquemáticos, un aspecto que la versión moderna sí que ha sabido cuidar en mayor medida. En cuanto al trabajo de los actores, decir que este resulta correcto en lineas generales, si bien la mayor parte de ellos no tiene espacio para su lucimiento por las razones que menciono. Como curiosidad apuntar que el actor que encarna a Stauffemberg es el posteriormente afamado director de origem austriaco Bernhard Wicki, quien años después iba a encargarse de dirigir la magnífica “El Puente”.

En resumidas cuentas, Sucedió el 20 de Julio es un título correcto que, sin demasiados alardes, condensa bastante bien los hechos del golpe de estado protagonizado por Stauffemberg, y aunque sin ser un film especialmente memorable, es bastante fiel a los hechos históricos que relata. No está mal como curiosidad y por comprobar como la moderna versión de Brian Singer ha copiado más de una escena de esta versión anterior.

Calificación: 5,5/10

lunes, 21 de junio de 2010

Almirante Canaris (Canaris)

Almirante Canaris (1954)

La acción comienza en 1935. El almirante Wilhem Canaris (O.E. Hasse), Jefe de los servicios de espionaje militar de la Werhmacht, es un patriota convencido y un eficaz director del espionaje militar, que irá adquiriendo progresivamente conciencia de los aspectos más oscuros del régimen nazi. Por esta razón se enfrenta a Heydrich, jefe del RSHA o Servicio de Información de la SS, quien intentará hundir a Canaris por todos los medios, empleando para ello a Irene, la hija de un disidente encarcelado, que comienza a trabajar para el almirante con el encargo de pasarle información sobre sus actividades al mismo Heydrich.

De entre todos los personajes que se opusieron al régimen nazi desde dentro, el jefe del Abwerh, el Almirante Wilhelm Canaris, merece un lugar destacado tanto por el valor moral (casi único) de su conducta, como por la importancia de su labor en contra del régimen nazi. Auténtico patriota y heroe de la I GM, Canaris se dedicó a sabotear, desde las mismas entrañas de la organización militar alemana, los objetivos estratégicos de Hitler; además de convertirse en uno de los principales conspiradores contra el régimen nazi dentro de lo que se denominó "La Orquesta Negra". Entre 1939 y 1942 pasó informes al servicio secreto británico sobre la ofensiva contra Francia y Holanda, reveló el plan de invadir Gran Bretaña y filtró informes secretos sobre los preparativos de "Barbarroja". Con la firme colaboración de su segundo en el Abwerh, el antinazi Coronel Hans Oster, Canaris maquinó distintas conspiraciones contra Hitler, apoyando los movimientos del Círculo Kreisau, el principal núcleo opositor dentro del Ejército. Hasta su detención en julio de 1944 y su posterior ejecución el 9 de Abril de 1945, Canaris fue posiblemente el saboteador interno más eficaz que actuó contra el régimen nazi. Curiosamente, el realizador encargado de dirigir la película, Alfred Weidenmann, había sido un antiguo miembro del Partido Nazi y había colaborado durante la guerra con el Ministerio de Propaganda de Goebbels.

Entrando a valorar el film, hay que comenzar diciendo que Almirante Canaris es una película de una calidad por encima de la media respecto a otras producciones alemanas de la época. Especialmente interesante en su primera mitad, donde se nos presentan las actividades de espionaje del Abwerh en el extranjero, el enfrentamiento de Canaris con Heydrich, y sobre todo, la preparación del abortado golpe de estado contra Hitler de marzo 1938. En esa parte del film la historia combina con acierto los elementos típicos del thriller de espionaje, mostrando los manejos que realizan entre bambalinas de los directores del servicio secreto, a la vez que ofrece un interesante retrato del personaje de Canaris. Todo ello aderezado con una muy buena interpretación del actor protagonista, O.E. Hasse, cuyo gran parecido físico con el almirante Canaris ayuda a que su actuación resulte bastante creíble.

Sin embargo, no todo en el film resulta igualmente brillante. El problema principal es que la historia no logra mantener el mismo nivel a lo largo de todo su metraje, en parte porque la segunda mitad la película se centra en ofrecer una visión demasiado panegírica del personaje, evitando abordar los aspectos más problemáticos de su biografía; y también porque la narración se hace más imprecisa, con la introducción de una tópica historia romántica que, aparte de no presentar mayor interés, no aporta gran cosa a la trama. Ademas, el ritmo de la narración decae bastante en esa parte final. Y es una pena, porque de haber mantenido el nivel de la primera mitad, podríamos haber estado ante una gran película sobre los entresijos del mundo del espionaje y la alta política. En lugar de ello, la película finalmente se queda en un nivel un tanto superficial, que no muestra del todo bien los claroscuros biográficos del personaje histórico. No obstante, y pese a sus limitaciones, Almirante Canaris es un titulo estimable que seguro que agradará a los aficionados a este tipo de cine.

Calificación: 6/10

lunes, 14 de junio de 2010

El General del Diablo (Des Teufels General)

El General del Diablo (1955)

La acción nos sitúa en Diciembre de 1941. El general Harry Harras (Curd Jurgens) es un distinguido oficial, jefe del Departamento técnico de la Luftwaffe que se debate entre su sentido del deber y la repugnancia que le produce el régimen nazi. Esto le acarreará que la Gestapo comience a espiarlo por sus opiniones antinazis, y  que todas las sospechas recaigan sobre él cuando muchos de los aviones de la Luftwaffe comienzan a evidenciar defectos de fabricación.

El General del Diablo es la adaptación cinematográfica de una obra teatral homónima escrita por el dramaturgo aleman Carl Zuckmayer en 1946, cuyas representaciones alcanzaron un enorme éxito en Alemania. Dicha obra se inspiraba libremente en la vida de Ernest Udet, uno de los personajes más fascinantes y excéntricos de la cúpula militar del III Reich. Udet, un antiguo camarada de guerra y amigo personal de Hermann Goering, fue sin duda un personaje pintoresco. Famoso piloto de acrobacias aéreas, actor, caricaturista y playboy reconocido, pese a no simpatizar con Hitler, en 1935 fue llamado por Goering a ocupar puestos de importancia en la recien creada Fuerza Aerea alemana. Nombrado jefe de la oficina técnica de la Luftwaffe en 1936, Udet pasó a controlar el diseño de aviones para la fuerza aérea. Como defensor absoluto de los aviones capaces de volar en picado, impulsó con entusiasmo el desarrollo del Ju-87 Stuka, si bien descuidó por completo el diseño de bombarderos pesados. Su incapacidad para elevar las cifras de producción aeronáutica, dadas sus escasas capacidades organizativas, y la cada vez mas actitud acusadora de Goering, que no dudó en usar a Udet como chivo expiatorio por los fracasos de la Luftwaffe tras la batalla de Inglaterra, fueron las causas de que este se suicidara en noviembre de 1941.

Entrando a valorar el film, hay que señalar que este tiene varios aspectos bastante positivos. En primer lugar, y a diferencia de la mayoría de producciones alemanas contemporáneas, el film no solo se atreve a abordar el tema del nazismo, sino que también contiene una crítica expresa a los militares e industriales que propiciaron el ascenso de Hitler al poder. Igualmente, la película se beneficia de la carismática interpretación del actor Curd Jurgens, cuya encarnación del atormentado Harras/Udet es bastante creible. Finalmente, hay que reconocer que el film contiene algunas escenas de diálogos bastante buenos. Por ejemplo en una escena en la que suena el timbre de la puerta en casa del general Harras y este dice: ¿Sabe cual es la diferencia entre Alemania y Suiza?... que en Suiza, cuando llaman a la puerta a esta hora, es el lechero.

No obstante, El General del Diablo no termina de ser una película redonda por varios aspectos que lastran el desarrollo argumental de la historia. El primero –y más importante- es el de una acusada falta de ritmo narrativo, especialmente patente en el primer tercio del metraje, que hace que las casi dos horas de duración de la película se hagan largas al espectador. Esto, unido al tono excesivamente melodramático que adopta la narración en su parte final, le resta muchos puntos a una historia que podría haber dado más de sí. En todo caso hay que reconocer que la película tiene el interés de tratar el tema del nazismo desde la perspectiva alemana, cuando aun era un tema absolutamente tabú en Alemania. No es una gran película, pero se deja ver y tiene algunos diálogos notables. De ellos, me quedo especialmente con una frase: "La maldad no solo subsiste por los que la practican, sino también por los que la permiten"

Calificación: 5,5/10

martes, 8 de junio de 2010

Noche amarga (Unruhige Nacht)

Noche amarga (1958)

Frente Oriental, 1942. En las semanas previas al ataque contra Stalingrado, el Padre Brunner (Bernhard Wicki), un cura castrense, es enviado al sector para prestar sus servicios espirituales al soldado Fedor Baranowski, quien ha sido condenado a muerte por deserción. En la noche previa a la ejecución, el padre Brunner tendrá ocasión de conocer a fondo los detalles de la condena de Baranowski, un soldado que hastiado de la guerra, desertó para tratar de ocultarse con su amante, una joven ucraniana viuda de guerra llamada Liuba. Durante esa noche, repasando el expediente del consejo de guerra seguido contra Baranowski, Brunner llegará a comprender las razones de este para desertar.

Muy en la linea del cine bélico alemán de la década de los 50, Noche Amarga se inscribe dentro de la corriente antibelicista que caracterizó las aproximaciones del cine germano de aquella época a los sucesos de la II GM. En ese sentido, la película supone una interesante reflexión sobre las motivaciones morales de una galería de personajes implicados de una forma u otra en los avatares de la guerra. La narración gira en torno a dos personajes principales, el soldado Baranowski, cuya historia se va reconstruyendo mediante una serie de flashbacks, y el padre Brunner, un hombre que se debate entre sus deberes militares y sus fuertes creencias religiosas. También aparecen una serie de personajes secundarios como el típico oficial inflexible y fanático de las ordenanzas, el militar de carrera que se rebela ante la barbarie nazi, o el oficial que, antes de ser enviado al frente de Stalingrado, desea por encima de todo pasar una noche a solas con su novia.

Como apuntaba antes, el eje central de la narración es el mensaje antibélico que se desprende de la historia de Baranowski, un soldado condecorado y valiente, pero que por causas del amor y la compasión que le inspira una desvalida viuda rusa decide desertar, acción que pagará con su vida. En ese aspecto, la película puede considerarse en su conjunto una parábola sobre Alemania y el nazismo, donde los buenos sentimientos simplemente no tenian cabida. Al respecto, me gusta especialmente la secuencia final, cuando el oficial que ha supervisado la ejecución felicita al padre Brunner por la eficiencia del proceso, y este le responde: “Es usted el representante del ejército de Poncio Pilatos, donde todos se lavan las manos”, una frase críptica que condensa a la perfección el mensaje de la película.

Ahora bien, hay que decir que no todos los aspectos de Noche Armarga son igual de brillantes. Para empezar, a la historia le cuesta bastante arrancar, pues el ritmo de la primera mitad del film es bastante pausado y, por momentos raya en lo plomizo. En segundo lugar, el desarrollo de los personajes secundarios no me terminó de llenar, quizás porque se hace de manera un tanto esquemática, si bien el personaje del Padre Brunner sí que está bien dibujado. Finalmente, en cuanto a las actuaciones, puede decirse que son correctas, pero algo planas, y se echa en falta la presencia de algún actor con mayor carisma que habría podido dotar de más vivacidad los personajes. Curiosamente, el papel del personaje protagonista del padre Brunner lo interpreta el posteriormente afamado director Bernhard Wicki, quien un solo año después iba a encargarse de dirigir la magnífica película (también de temática antibélica) El Puente.

En resumidas cuentas, Noche Amarga es una correcta película de temática antibelicista y pulcra factura formal y visual. Quizás con un guión un poco más pulido y unos personajes mejor desarrollados podría haber alcanzado la categoría de gran película, pero en cualquier caso, tanto por su argumento como por su original punto de vista narrativo, no desmerece un visionado.

Calificación: 6/10

miércoles, 2 de junio de 2010

La Estrella de África (Der Stern von Afrika)

La estrella de Africa (1957)

Relato biográfico sobre el as de la Luftwaffe Hans Joachim Marseille (Joachim Hansen), uno de los pilotos alemanes con mayor número de victorias en la II GM. Desde los inicios de su carrera militar en la academia de instrucción de la Luftwaffe, hasta su consagración como héroe militar pilotando un caza Me-109 en el Norte de Africa, la película narra los inicios del joven piloto y su meteórica carrera militar que lo llevó a convertirse en un héroe nacional apodado "La Estrella de África", una fama que le acompañaría hasta su prematura muerte en un accidente aéreo, acaecida en Septiembre de 1942.

Pese a tratarse de una producción alemana sobre la vida de un héroe de guerra netamente germano, lo cierto es que el rodaje de La estrella de África tuvo bastante relación con España. No solo porque se trató de una coproducción y, por tanto, una parte del capital con el que se financió el film era español, sino que además, la mayor parte del rodaje de los exteriores tuvo lugar en la Isla de Gran Canaria, especialmente en la zona de la playa de Maspalomas. Por otra parte, de manera más significativa, los Me-109 que aparecen en la película fueron cedidos a la productora por el ejército del aire español, que por aquella época aun tenia en servicio una versión modificada del mítico caza alemán, los famosos “buchones”; los cuales fueron muy útiles para recrear los aparatos usados por la escuadrilla de Marseille en el Norte de África.

Entrando a valorar el film, la verdad es que no puede decirse que este haya resistido demasiado bien el paso del tiempo. Se trata de la típica producción bélica alemana edulcorada de los años 50, en la línea de otro título similar como U-47 Comandante Prien, dedicada a honrar un héroe de guerra nacional, pero evitando cuidadosamente, como era de esperar, toda referencia al nazismo. Tampoco puede decirse que la película destaque en el aspecto bélico. Las secuencias aéreas filmadas son pasables, pero la mayoría de escenas de combate aéreo emplean unas maquetas bastante burdas combinadas con unas transparencias muy evidentes, que hacen que los efectos especiales resulten hoy día bastante pobres.

En lo que respecta a la parte discursiva, la película no es precisamente un dechado de virtudes, pues los diálogos no son demasiado atractivos, y además el ritmo de la narración se ralentiza en más de un momento, como por ejemplo, en la parte de la luna de miel de Marseille en Roma. Lo mejor que ofrece el film se condensa, a mi modo de ver, en los primeros quince minutos del metraje, con una correcta presentación del personaje principal, y el buen hacer interpretativo del actor protagonista Joachim Hansen, quien, además del nombre de pila, compartía con Marseille un notable parecido físico que ayuda a hacer creíble su interpretación.

Por lo demás, La Estrella de Africa no presenta demasiados puntos de interés, se trata de una producción modesta incluso para los cánones de la época de su estreno,  aunque, al menos, sirve para rescatar del olvido la figura de uno de los mejores pilotos de caza de la II Guerra Mundial. Pero cinematográficamente hablando no es gran cosa.

Calificación: 3,5/10