BIENVENIDO

Gracias por visitar este Blog.

Se pueden publicar comentarios en cualquier reseña. Para consultar reseñas antiguas, solo tienes que pinchar en "Listado Alfábetico de las películas del Blog".

Todos los comentarios serán contestados. Para plantear dudas, sugerencias o cuestiones puedes enviar un e-mail a: sgmcine@hotmail.com

Actualmente hay 375 reseñas publicadas.
Mostrando entradas con la etiqueta Colaboracion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Colaboracion. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de marzo de 2020

En la Niebla (V Tumane)


En la Niebla (2012)

Bielorrusia, 1942. Tras la ejecución en la horca de unos saboteadores capturados por los alemanes, el mando partisano de la zona sospecha que han sido traicionados por Sushenya (Vladimir Svirskiy), dado que este ha sido puesto en libertad. En represalia por ello, los partisanos Burov y Voitik reciben el encargo de capturar y ejecutar a Susheyna por traición. Sin embargo, la aparición de las milicias fascistas les impide realizar la misión, lo que obligará a los tres hombres a emprender juntos una penosa huida a través de los bosques.

Como he apuntado anteriormente en alguna ocasión, el cine bélico ruso producido en la última ha venido caracterizado principalmente por adoptar un tono marcadamente épico y patriotero. Sin embargo, al igual que ocurrió durante el periodo comunista de la antigua URSS, también aparecen puntualmente otros títulos (normalmente más modestos) de temática  anti belicista. En este caso “En la Niebla” se enmarca claramente dentro de esta segunda corriente que, lejos de narrar los aspectos épicos o patrióticos de la contienda, se centra en describir los desastres de la guerra. En ese sentido esta producción bielorrusa, con guión basado en la novela homónima de Vasiliy Bykov, nos ofrece un relato duro y sin concesiones, sobre unos personajes atrapados entre los dos bandos en conflicto, que por fuerza de las circunstancias se ven obligados a cooperar en un entorno hostil, donde el enemigo no son solo los alemanes, sino también las propias milicias fascistas que colaboran con el invasor.

Partiendo de esa base, la película tiene una primera media hora bastante buena, en la que se cuenta –sin mostrarla directamente- la ejecución de los partisanos y la presentación de los personajes, y la extraña cooperación que se ven obligados a llevar. El problema es que, tras ese primer tramo del metraje, el ritmo de la narración se hace tan excesivamente pausado y contemplativo que en ocasiones llega a desesperar al espectador. Se abusa un tanto de los planos excesivamente largos y continuados, en los que apenas hay diálogos y la acción se limita a ver como los protagonistas caminan por el bosque o paran a descansar.  Esa ausencia de acción no se compensa con una parte discursiva que lo compense de algún modo, ni tampoco se justifica con el efecto de transmitir una mayor intensidad dramática, de modo que es el principal problema que lastra la película.  Pese a ello hay que señalar el acertado uso de sucesivos “flashbacks” que muestran la historia de los tres personajes principales, si bien de estos el único que resulta verdaderamente interesante es el dedicado a Shusenya, ya que los dedicados a los otros dos resultan más bien intrascendentes.

Pese a ello, la historia no deja de tener su punto de interés, por el trasfondo moral que plantea, acerca de cómo en una guerra, los límites entre “amigos” y “enemigos” se vuelven bastante difusos, y también como la desconfianza y la crueldad se vuelven habituales.  También presenta el atractivo de de mostrar el tema del colaboracionismo en los territorios ocupados por los alemanes, un aspecto que no suele aparecer demasiado a menudo en las películas dedicadas a la resistencia. En el apartado interpretativo hay que decir que el trío de actores protagonistas cumple bien en sus respectivos papeles, aunque las limitaciones del guión tampoco les permiten un lucimiento excesivo.

Como conclusión, se puede decir que “En la Niebla” resulta unos de esos films que son más interesantes por lo que cuentan que por cómo lo cuentan, aunque hay que reconocer que la historia presenta una serie de matices narrativos no exentos de interés. Sin duda es una película que de haberse reducido en su metraje habría resultado bastante más redonda y asequible para el espectador medio, pero que en cualquier caso no desmerece un visionado.

Calificacion: 5,5 /10

jueves, 5 de junio de 2008

El Baile de los Malditos (The Young Lions)

El Baile de los Malditos (1958)

El estallido de la II GM hará que las historias paralelas de tres hombres llamados a participar en el conflicto terminen entrelazándose. El teniente Diestl (Marlon Brando) es un oficial alemán cuyos ideales de servir a la patria por una causa justa, se van viendo desdibujados por la inhumanidad de la guerra y los crímenes que presencia. Michael Whitecre (Dean Martin) es un cínico y famoso actor de Broadway que es llamado a filas pese a su rechazo de los deberes militares y el temor a arriesgar su vida en el campo de batalla. Por su parte, Noah Ackerman (Montgomery Clift) es un soldado americano de origen judío cuyo patriotismo no impide que sea marginado por sus compañeros debido a su credo, y que ha de afrontar el rechazo de la propia sociedad por la que combate.

Basándose en la novela de Irwin ShawThe Young Lions” (“Los jóvenes leones”), que es como se tituló en EEUU, el director Edward Dmytryk adaptó para la gran pantalla está historia de marcado carácter antibelicista. El mayor mérito que puede atribuirsele a esta película, rodada en plena década de los cincuenta, es que supuso en su momento un nuevo enfoque acerca de la II Guerra Mundial, alejándose del heroismo épico de otras producciones contemporáneas, para profundizar en los aspectos morales y personales del conflicto. Ciertamente fue una producción novedosa por narrar el conflicto desde los puntos de vista contrapuestos de los distintos bandos, así como por mostrar las miserias y contradicciones internas de la sociedad norteamericana en forma de la discriminación que sufre el personaje de origen judío interpretado por Clift.

Sin embargo, hay distintos aspectos que hacen que “El Baile de los Malditos” diste de resultar la gran película que podía haber sido. En primer lugar, da la impresión de que Dmytryk no acaba de encontrar el pulso adecuado para mover todos los hilos de la compleja estructura narrativa que plantea el argumento. Así, tras un prometedor arranque, el ritmo va decayendo gradualmente y en mi opinión esto es debido en gran parte a que se dilata demasiado la introducción de los dos personajes norteamericanos. Otro defecto radica en la debilidad de las escenas bélicas, muy poco espectaculares y que no mueven a ningún tipo de emoción, aunque esta fuera antibélica. Con todo, hay que reconocer que el film contiene un par de escenas destacables, especialmente el encuentro de Dietl en el hospital militar con su desfigurado capitán (por cierto, personaje brillantemente interpretado por un joven Maxilimilian Schell), cuando este le dice "Deme una bayoneta, no es para mi..."; y el portazo que Brando a la adultera esposa de su oficial.

Pero, pese estos y algún otro momento inspirado, la película no termina de enganchar al espectador, lo que bajo mi punto de vista se debe a lo excesivo de su metraje y al ritmo irregular de la narración. También hay que apuntar un factor que afectó a muchas producciones de los años ciencuenta; la “correción política” de la época imponía cierta censura a los estudios, de manera que muchas de las partes más crudas de la novela fueron suavizadas para hacer la película más digerible para el gran público, lo cual indudablemente le resta fuerza al mensaje antibelicista del texto literario.

En el apartado interpretativo, hay que destacar el sobresaliente reparto, en que brilla especialmente Marlon Brando, con unos solventes Montgomery Cliff en el rol de otro personaje atormentado que tan bién se le daban, y Dean Martin, que no desentona en su papel de cínico y cobarde playboy. En resumen “El Baile de los malditos” conserva aun hoy cierto interés por lo novedoso de sus planteamientos en su contexto, y también por el excelente reparto protagonista. No desmerece un visionado.

Calificación: 6/10

viernes, 14 de diciembre de 2007

Adios Muchachos (Au Revoir, Les Enfants)

Adios Muchachos (1987)

A finales de 1943, el Colegio católico de los Padres Carmelitas en Fontainebleau será el escenario del nacimiento de una estrecha amistad entre dos niños de 13 años de edad, Julien Quentin (Gerard Manesse), un muchacho católico, hijo de una rica familia parisina, y el recien llegado Jean Bonnet, (Raphael Fejtö), un chico judio que en realidad se apellida Kippenstein y que se oculta en el colegio de la persecución nazi. Con trasfondo del ambiente desolador de la guerra que se libra lejos del colegio, Julián y Jean vivirán el paso de la infancia a la adolescencia así como el descubrimiento de los sentimientos adultos y de la verdadera amistad.

Más de una década después de sacudir conciencias tratando el tema del colaboracionismo en “Lacombe Lucien”, Malle volvió a tocar nuevamente el tema del comportamiento de la sociedad francesa durante la época de la ocupación alemana. También en este caso el ritmo de la narración es pausado, y se presentan los hechos de una forma bastante aséptica, pero, a diferencia de lo que ocurría en “Lacombe…”, la carga emocional que transmite el film es bastante mayor, así como el ritmo narrativo es mucho más vigoroso que en aquel film. Con “Adios muchachos” Malle ofrece una lección magistral de cómo hacer cine con aparente sencillez, pero rico en matices; contando una historia interesante con un ritmo pausado, y sobre todo, de cómo ser sensible sin caer en la sensiblería. Como el mismo Malle comentó: “A través de este muchacho que se me parece, he intentado reencontrar aquella primera amistad –la más fuerte- bruscamente destrozada, y representar mi descubrimiento del mundo absurdo de los adultos, con su violencia y sus prejuicios”.

Si “Lacombe Lucien” era una visión descarnada acerca de la realidad del colaboracionismo, “Adios Muchachos” es todo un canto a la amistad y, simultáneamente, una denuncia de las enormes cotas de maldad que es capaz de alcanzar el ser humano. La película tiene varias escenas magistrales (desde la inicial despedida de la madre de Julien en la estación, o la lectura de “Las mil y una noches”, cuando Julien descubre el secreto de Bonnet, y por encima de todas las sobrecogedoras escenas finales). Otro aspecto que me gustó mucho es el tratamiento que se ofrece de los alemanes, mostrando que no todos eran “nazis malos”. Asi la película nos muestra a dos soldados bávaros que rescatan a los niños en el bosque o a un oficial alemán que expulsa a la policía francesa de un restaurante donde estaban acosando a un cliente judío; pero naturalmente sin ocultar la crueldad de la GESTAPO. Esa honestidad de Malle al retratar a los “amigos” y “enemigos” con justicia es algo inusual en el cine.

Por lo demás, aparte de una sólida dirección y guión, la película se apoya en unas magníficas interpretaciones del dúo de niños protagonistas, que rezuman naturalidad y espontaneidad ante las cámaras, logrando que sus interpretaciones resulten absolutamente creibles. Y es precisamente la humanidad que transmiten todos los personajes la que hace de esta película tenga una profundidad desascostumbrada.

En definitiva, “Adios Muchachos” es un directo a la mandibula de la emotividad, además de un sentido y bonito homenaje a la inocencia juvenil, a la tolerancia y a la amistad verdadera, así como una contundente denuncia de la injusticia que es capaz de perpetrar el ser humano. En mi opinión, una pequeña Obra Maestra. Imprescindible.

Calificación: 8,5/10

martes, 11 de diciembre de 2007

Lacombe Lucien

Lacombe Lucien (1974)

La historia nos sitúa en un pequeño pueblo del suroeste francés, en Junio de 1944. Mientras la liberación de Francia comienza a vislumbrarse, el joven Lucien Lacombe (Pierre Blaise), de 18 años, hijo de un miembro de la Resistencia detenido por los alemanes, malvive con su madre trabajando como limpiador y cazando animales campestres. Pero Lucien, deseoso de escapar de su mísera situación, y tras ser rechazado su ingreso en la Resistencia, se unirá al grupo local de colaboracionistas franceses que trabajan para la policía alemana, lo que le permitirá situarse en una posición de poder casi ilimitado respecto a sus vecinos, posición de la Lacombe no dudará en hacer uso abusivo repetidamente. Sin embargo, su situación se complica cuando conoce a Alberto Horn, un sastre judío que vive recluido en una casa ocultándose de los alemanes junto a su hija Frances, de la que Lucien se enamora perdidamente, iniciando con ella un peligroso romance.

Con “Lacombe Lucien” el realizador francés Louis Malle hizo una valiente aproximación a un tema de lo más espinoso en el pais galo: la toma de posición de la sociedad civil francesa ante la ocupación alemana. El personaje de Lacombe Lucien, (el cual, según nos aclara el filme al final, es verídico) es retratado como el paradigma de la actitud que tomaron muchos franceses frente a la ocupación, decantándose por el pragmatismo antes que por el idealismo patriótico. En ese sentido, no puede negarse que el film logra pintar un complejo fresco de las relaciones que se establecieron en los dramáticos dias de la ocupación nazi, unas relaciones entrelazadas y a menudo contradictorias (por ejemplo, respecto a los judios a los que no pocos franceses despreciaban tanto como los alemanes). A lo largo de sus mas de dos horas de metraje, el film nos va desgranando un denso compuesto de acciones y reacciones en las que el personaje central (Lucien) viene a ser una especie de catalizador, lo que deja al final del visionado cierta sensación de asepsia ideológica por parte de Malle. Esto resulta bastante valiente desde el punto de vista ético, aunque quizás deja a la película en un cierto “limbo” de indefinición moral, dejando que sea el espectador el que saque sus propias conclusiones.

Personalmente opino que “Lacombe Lucien” es el típico caso de película que no termina de funcionar pese a sus loables intenciones artísticas. El ritmo, más que pausado, resulta lento, hasta el punto de que la historia transmite por momentos la sensación de arrastrarse más que de avanzar, y ciertamente a mi se me hizo aburrida a ratos. La preponderancia del aspecto discursivo sobre la acción (prácticamente nula) es tan abrumadora que algunas partes del film resultan inevitablemente farragosas y me produjeron sensación de hartazgo en más de una ocasión.

Por lo demás hay que reconocer que la parte plástica del film está muy lograda, tanto por la música de fondo, que muy apropiadamente incluye melodías fancesas de la época, acordes de piano, canciones de jazz…etc, como por la excelente fotografía de exteriores. Asimismo, el elenco de actores, en su mayor parte desconocidos, logra unas buenas interpretaciones, llenas de naturalidad, destacando especialmente Pierre Blasie en su papel protagonista de Lucien Lacombe.

En definitiva “Lucien Lacombe” puede considerarse una película notable desde el punto de vista sociológico, por abordar sin maniqueísmos de ninguna clase una etapa bastante controvertida de la historia reciente europea y francesa en particular. Sin embargo cinematográficamente hablando, creo que está lejos de los mejores dramas sobre la II GM.
Calificación: 6/10