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martes, 5 de julio de 2011

La Condición Humana (III): La Plegaria del Soldado (Ningen no joken III)

La condicion humana (III). La plegaria del soldado (1961)

Tras ver como su unidad era aniquilada por los tanques rusos, Kaji en compañía de los otros dos únicos supervivientes, emprende un largo camino a pie a través de Manchuria para tratar de volver a territorio amigo. En su andadura, Kaji será testigo de toda una serie de desastres de la guerra, encontrándose por el camino a civiles desplazados y hambrientos, mujeres violadas por los rusos y aldeas devastadas por la guerra. Pero, a pesar de las dificultades, el hambre y las privaciones, el deseo de Kaji por reunirse con su mujer le impulsará a seguir adelante.

Con La Plegaria del Soldado Masaki Kobayashi ponía el broche final a su trilogía sobre La Condicion Humana, contando en esta ocasión una historia centrada en describir las penalidades materiales y humanas que toda guerra lleva aparejadas, y en especial para los individuos del bando derrotado. En muchos sentidos, puede afirmarse que esta tercera entrega es la película más completa de la trilogía, estando dividida en dos partes claramente diferenciadas. La primera, que narra los desesperados intentos de Kaji por volver a territorio amigo para buscar a su esposa, se caracteriza por el uso de unos encuadres inusuales, los monólogos interiores explicitados a través de una voz en off que nos narra los pensamientos de los protagonistas, e incluso algunos flashbacks que nos retrotraen a las dos primeras entregas de la trilogía. En el curso de su larga caminata, Kaji se verá obligado a matar y robar para sobrevivir, además de enfrentarse a los soldados rusos, los guerrilleros chinos e incluso a sus propios compañeros japoneses. En ese sentido, la película pinta un cuadro absolutamente realista, a la vez que desolador, sobre las secuelas de la guerra y como esta es capaz de avivar los peores sentimientos de los seres humanos.

De este modo, el viaje de Kaji se convierte en un auténtico proceso de desengaño moral para el protagonista, obligado a renunciar a sus propias convicciones pacifistas, y a enfrentarse a su pérdida de fe en los ideales comunistas (cuando descubre que los soldados del Ejército Rojo están violando a las mujeres japonesas) y en la propia naturaleza humana en general. Esta primera parte, narrada con notable ritmo y plena de matices narrativos, condensa a mi modo de ver lo mejor de las tres películas, logrando que el espectador realmente se haga partícipe de la bajada a los infiernos del protagonista. Sin embargo, en su segunda mitad, la que nos muestra las vivencias de Kaji como prisionero de guerra, el relato vira hacia esquemas más clásicos y trillados, mostrando en cierta medida como el protagonista vive en primera persona las penalidades que él mismo había tratado de evitar para los prisioneros chinos en la primera entrega de la trilogía. Pero en esa parte el relato adolece nuevamente de mostrar unas situaciones y diálogos redundantes y que se alargan en exceso, con lo que el ritmo narrativo decae bastante en ese tramo del metraje, sin que levante el vuelo hasta muy el final, cuando la historia enlaza con el trágico desenlace del periplo de Kaji en busca de su esposa Michiko.

En cualquier caso, hay que concluir que La Plegaria del Soldado es en muchos aspectos la mejor entrega de la trilogía de Kobayashi, y un dignísimo cierre de la misma. Una película indispensable, sobre todo por su excelente primera parte, que supone toda una lección de cine, con mayúsculas. Un título que pone el mejor broche posible a una trilogía de excelente ambientación, montaje y guión, y que sin duda es de indispensable visionado para los buenos aficionados al cine.

Calificación: 7,5/10

jueves, 16 de junio de 2011

La Condición Humana (II): El Camino a la Eternidad (Ningen no joken II)

La condicion humana (II): El Camino a la Eternidad (1959)

Tras verse expulsado de la empresa minera donde trabajaba por haber intentado proteger a los prisioneros chinos, Kaji es reclutado por el ejército y enviado a un campo de entrenamiento para recibir la instrucción como soldado de infantería. Pese a sus ideas pacifistas, Kaji se mostrará como un recluta ejemplar, si bien pronto chocará con sus superiores debido a la brutalidad del trato que de los veteranos reciben muchos de los reclutas, en especial el soldado más débil del grupo, que acabará suicidándose por los continuos desprecios que recibe. Esto hará que Kaji, ya ascendido a cabo, se enfrente decididamente a los métodos de adiestramiento empleados por los suboficiales con los reclutas novatos.

Tras denunciar en No hay amor más grande la brutalidad de ocupación japonesa de Manchuria, Masaki Kobayashi dedicó esta segunda parte de su trilogía sobre La condición humana, a la crítica del militarismo, los abusos de poder dentro del ejército, y el deliberado proceso de deshumanización al que se ve sometido el recluta por parte de sus superiores. Algunos críticos han señalado –bastante atinadamente, a mi modo de ver- que muchas de las escenas de este film fueron aprovechadas por Stanley Kubrick para recrear las escenas que transcurren en el campo de entrenamiento de La Chaqueta Metálica. Y lo cierto es que las similitudes son bastante acusadas, especialmente en lo tocante al destino del “recluta patoso” de turno.

En cualquier caso, esta segunda parte de la trilogía mantiene el tono claramente humanista y antibelicista de la primera entrega, centrándose ahora en la denuncia de las maldades del ejército como una organización inhumana, brutal, y cruel, donde la dignidad de las personas es dejada de lado con demasiada frecuencia. En ese sentido, lo mejor del film radica en sus primer tercio de metraje, que muestra el adiestramiento de Kaji, sus problemas con los compañeros que sospechan de sus ideales pacifistas, y las humillaciones que reciben los reclutas de parte de los veteranos. Sin embargo, la película peca del mismo gran defecto de la primera parte: le falta capacidad de síntesis, y en demasiadas ocasiones ofrece secuencias reiterativas. En ese aspecto, hay que decir que el ritmo de la narración resulta menos sostenido que en No hay amor más grande, lo cual redunda en que la parte central de la narración se haga especialmente lenta para el espectador. Afortunadamente, la historia remonta el vuelo al llegar a la parte bélica, que se condensa en la última media hora del film, y que muestra el enfrentamiento de los japoneses con las divisiones blindadas rusas en la frontera de Manchuria y como la unidad de Kaji es aniquilada por los tanques soviéticos. Unas escenas de acción no especialmente espectaculares, pero filmadas con solvencia, que sirven para cerrar esta segunda entrega de la trilogía.

En definitiva El Camino a la Eternidad, ofrece nuevamente bastantes destellos de buen cine, si bien resulta algo inferior –especialmente en cuanto ritmo narrativo- a No hay amor más grande. Pese a ello, es una más que digna continuación de la trilogía, que sirve además para abordar un escenario bélico muy poco tratado en el cine como es el de la Ofensiva sovietica en Manchuria en 1945. Un interesante alegato antibélico que claramente sirvió de inspiración para bastantes de las secuencias de La Chaqueta Metálica.

Calificación: 7/10

viernes, 13 de marzo de 2009

Cuando hierve la sangre (Never so few)

Cuando hierve la sangre (1959)

Birmania, 1942. El Capitan Tom Reynolds (Frank Sinatra) lidera junto con su colega británico De Mortimer (Richard Johnson) un grupo operativo del OSS encargado de dirigir las operaciones de pequeñas unidades birmanas de la tribu Kachin contra las fuerzas ocupantes japonesas en el norte de Birmania. Mientras pasa unos días en el Cuartel General, Reynolds conoce a Carla Vasari (Gina Lollobrigida) una atractiva mujer emparejada con un rico comerciante, surgiendo un apasionado romance entre ambos. De vuelta a la jungla, el convoy de abastecimiento del grupo de Reynolds sufre un ataque por sorpresa, descubriendose tras el mismo que los responsables del ataque no eran japoneses, sino un grupo de soldados chinos nacionalistas en una incursión de saqueo.

Realizada por el director John Sturges, con un guión que adaptaba el Best-Seller de Tom Chamales titulado "Never So Few", una novela basada en un incidente real ocurrido en Birmania durante la guerra. “Cuando Hierve la sangre” es el típico ejemplo de una película con un reparto deslumbrante claramente desperdiciado, y que naufraga en una producción mediocre. Tras hacerse con el papel principal, Frank Sinatra quiso hacer del film un vehículo de lucimiento para él y sus compañeros del famoso “Rat-Pack”, pero unas imprudentes declaraciones en una entrevista de Sammy Davis Jr. afirmando que era mejor cantante que Sinatra, hizo que este lo descartara inmediatamente. En cierto modo fue una suerte, ya que su lugar fue ocupado por un casi debutante Steve McQueen, que prácticamente roba cada plano en el que aparece. También se contrató a la por aquel entonces jóven actriz italiana Gina Lollobrigida, que ya apuntaba maneras de Sex Symbol y que acababa de dar el salto a Hollywood. Además, el reparto se completó con una pléyade de magníficos secundarios como Charles Bronson, Richard Johnson, o Paul Henreid (el Victor Lazlo de “Casablanca”), aparte del ya citado McQueen.

Sin embargo, y pese a su espectacular reparto, la película falla en demasiados aspectos. En primer lugar, pese a un arranque bastante prometedor que muestra a los hombres de Reynolds en acción, emboscando en la jungla a una unidad japonesa, pronto la historia deriva hacia un tópico melodrama romántico (como no) entre los personajes de Sinatra y Lollobrigida. La química entre ambos actores es prácticamente nula, y el personaje de Carla carece de todo interés, más allá de ser una bonita figura decorativa. Esta subtrama romántica tiene un peso apabullante en la historia, y aparte de ser aburrida, no aporta prácticamente nada más allá de servir de excusa para lucir el palmito de la protagonista. Además los diálogos entre Sinatra y Lollobrigida son de los más espurio y superficial que uno pueda imaginar, sin que la interpretación de ambos llegue a brillar en ningún momento, lo que se traduce en bastantes minutos de aburrimiento.

Afortunadamente, los aspectos bélicos del film están más logrados y lo salvan del naufragio total. Las secuencias de acción son de tipo “no sangrientas”, pero en general resultan creíbles. Destacaría especialmente las escenas de la jungla, que logran reflejar aceptablemente bien el clima de desánimo, penalidades y aislamiento que caracterizaba ese tipo de guerra en zonas insalubres y remotas como la selva birmana. La ambientación también está muy lograda, pues no en vano la película se filmó en las localizaciones reales de Birmania, lo cual redunda en el realismo de los paisajes y escenarios exteriores.

En resumidas cuentas “Cuando hierve la sangre” ofrece una hora larga de plúmbeo melodrama romántico, y algo más de media hora de correcta película bélica. Es seguro que había mimbres para ofrecer un producto más decente, sobre todo con un director como Sturges (que poco después filmaría la estupenda “La Gran Evasión”) al frente. Pero al final la película merece más recordarse por su reparto y por la revelación de Steve McQueen como gran actor, que por la historia que cuenta. Una película fallida sobre todo por causa de su plúmbea parte romántica, aunque con algún ramalazo de buen cine bélico que la salvan del desastre total.

Calificación: 5/10

miércoles, 26 de noviembre de 2008

El Arpa Birmana (Biruma no Tategoto)

El Arpa Birmana (1956)

Birmania, Julio de 1945. Mientras la guerra agoniza y las tropas japonesas se baten en retirada por todas partes, un pequeño destacamento japonés trata de alcanzar la frontera con Tailandia. La unidad, mandada por el capitán Inoyue (Rentaro Mikuni) se encuentra en malas condiciones, pero los hombres mantienen el espíritu gracias a los cantos que Inouye les ha enseñado y al virtuosismo con el que toca el arpa birmana uno de sus hombres, el sargento Mizushima, quien se destaca por su habilidad con ese instrumento. Pocos días más tarde la compañía de Inouye es rodeada por tropas británicas y los japoneses optan por deponer las armas al ser informados de que Japón ha presentado la rendición ante los aliados. Mizushima y sus compañeros son enviados a un campo de prisioneros británico, donde se enteran de que un grupo de soldados japoneses aun resiste en una colina cercana, negándose a aceptar la rendición. Mizushima se ofrece como mediador para convencer a sus compatriotas de que no sigan resistiendo, pero fracasa en su misión y está a punto de morir por el bombardeo británico. Tras salvar la vida de milagro, Mizushima vivirá una serie de peripecias, y tras hacerse con un atuendo de monje budista, hará todo lo posible por dar sepultura a los cuerpos de sus compatriotas caidos en combate.

En 1947, el escritor japonés Michio Takeyama comenzó a publicar por entregas en una revista su novela “El Arpa Birmana”, de claro transfondo antimilitarista, y muy seguramente inspirada por el ambiente de derrota y devastación moral que se vivía en el pais nipón en los meses inmediatamente posteriores al fin de la contienda. La historia pronto despertó el interés del director Kon Ichiwaka, quien ya había adaptado para la gran pantalla algunos clásicos de la literatura japonesa, y que se encargó de hacer lo propio con el texto de Takeyama. La película se convirtió en un éxito internacional y obtuvo varios premios en festivales cinematográficos extranjeros, dando a conocer al director fuera de sus fronteras. El éxito del film animaría al propio Ichikawa a realizar una nueva versión en color del mismo en 1985, que supuso un nuevo éxito para el ya veterano realizador.

Respecto a la valoración de la película, dice el diccionario de la RAE que “maniqueísmo” es la “Tendencia a interpretar la realidad sobre la base de una valoración dicotómica”. Personalmente opino que esta definición constituye una síntesis perfecta de esta película. No puede negarse que el mensaje de tintes pacifistas y antibelicistas, materializado en el símbolo del arpa birmana como emblema de la paz, es efectivamente desarrollado tanto a nivel estético como argumental. También hay que resaltar la calidad de una excelente fotografía en B/N, y las buenas interpretaciones del elenco de actores, además de la plasticidad de muchas de las imágenes del film.

Sin embargo, cuando uno reflexiona sobre el trasfondo de la historia que nos cuenta la película lo cierto es que la bondad del mensaje superficial queda diluida por ese maniqueísmo al que hacía referencia antes. Y digo esto porque al final, el poso que queda es que los japoneses no fueron otra cosa que víctimas como los demás, y desde luego, los soldados japoneses están lejos de ser retratados de una forma realista. Excepto el fanatismo de los defensores de la colina (brevemente esbozado) no se dice nada de la brutalidad japonesa contra la población autóctona (birmana en este caso) ni se denigra la guerra imperialista emprendida por Japón para sojuzgar a todos los pueblos asiáticos. Además hay más de una escena que roza la sensiblería más empalagosa, cuando no cae directamente en ella (por ejemplo, cuando los japoneses acaban cantado a coro con sus captores británicos). Todo ello conduce a pensar que lo que subyace en el fondo del film es más un alegato catártico y auto exculpatorio antes que un auténtico mensaje universalmente antibelicista. Este aspecto “tramposo” del film, unido a algún pasaje realmente aburrido, y a las escenas poco creíbles (por sensibleras) que trufan en gran medida las partes musicales del film oscurecen en gran medida sus otras virtudes, que radican sobre todo en el aspecto visual.

En mi opinión, Ichikawa se quedó a medio camino a la hora de denunciar la actitud japonesa ante el conflicto bélico. El retrato demasiado amable que hace de los soldados japoneses le resta contundencia a la historia, al centrar el drama de la historia en una sola de las partes implicadas, obviando el sufrimiento de las otras. Aunque hay que agradecer que por una vez una producción japonesa se apartara de la justificación de la guerra, lo cierto es que este film ofrece una nueva visión manipuladora de la intervención del ejército japonés en los paises ocupados. En resumidas cuentas, la película de Ichikawa es medianamente interesante desde el punto de vista artístico pero moralmente más que discutible.

La Crítica de Reisman

Calificación: 5,5/10

lunes, 21 de abril de 2008

Por el Valle de las Sombras (The Story of Dr. Wassel)

Isla de Java, 1942. El Doctor Corydon Wassell (Gary Cooper), un antiguo médico rural y misionero en China, es uno de los abnegados médicos de la marina norteamericana. Mientras se produce la invasión de Java por las tropas japonesas, el doctor Wassel se ocupa de aliviarles los sufrimientos a las decenas de heridos norteamericanos que esperan la evacuación. Cuando finalmente llega la orden evacuación, esta solo abarca a los heridos que pueden andar, por lo que Wassel decide quedarse junto con los heridos inmovilizados, aun a riesgo de su propia vida, para evitar que caigan en manos de los japoneses.

El famoso realizador Cecil B. DeMille no pudo sustraerse a los esfuerzos propagándísticos de Hollywood en apoyo de la causa aliada, y puso su granito de arena rodando esta película basada en la historia real del heroico médico Corydon M. Wassel, cuya actuación salvó las vidas de decenas de heridos que fueron dejados atrás durante la evacuación de Java por los aliados en 1942. La acción de Wassel le valió una condecoración y la pública gratitud del presidente Roosevelt en unos de sus discursos radiados.

Como todo el cine de DeMille, el film destaca por una cuidada ambientación y algunas escenas multitudinarias que eran muy del gusto del director. Lo cierto es que el film, hoy dia, ha perdido gran parte de su vigencia, aunque hay que un par de aspectos que lo sacan de la mediocridad. El primero de ellos es la siempre imponente presencia escénica del gran Gary Cooper, encarnando uno de esos papeles de heroe sencillo y abnegado que tan bien se le daban. El segundo, radica en unas escenas de acción, pocas, pero extraordinariamente bien filmadas para la época: tanto las secuencias de la huida de la columna motorizada transportando los heridos atravesando la barrera de artilleria; como el ataque de los aviones japoneses contra el buque norteamericano son bastante buenas y muy realistas tratándose de los años 40.

Por lo demás, el film paga los peajes propios de los filmes de la época, lo que hace que haya resistido mal el paso del tiempo. El ritmo es demasiado lento en la primera hora y media del metraje, la cual está plagada de los típicos interludios románticos tontorrones que se estilaban en esa época. Y por supuesto, el desenlace consiste en el típico “happy end” coronado por el reconocimiento del heroico protagonista.

En definitiva, “Por el Valle de las Sombras” es un título menor dentro de la filmografía de DeMille. Solo memorable por la presencia de Gary Cooper y por sus secuencias de acción, escasas pero muy logradas para la época.

Calificación: 5,5/10

viernes, 18 de abril de 2008

El Regreso del Rio Kwai (Return from the River Kwai)

El Regreso del Rio Kwai (1988)

Tailandia, Febrero de 1945. El avión del teniente de aviación americano Lee Crawford es derribado por los japoneses tras bombardear y destruir el puente sobre el río Kwai. Crawford es rescatado por miembros de la resistencia tailandesa y se une al grupo dirigido por un oficial británico el Coronel Grayson. Mientras tanto al campo de prisioneros llega un nuevo comandante, el mayor Harada, quien pretende evacuar a parte de los prisioneros aliados a Japón para que trabajen para el ejército nipón. Sin embargo, Grayson, enterado de los planes japoneses, planea junto con su grupo volar la via ferrea por la que habrá de pasar el tren japonés con el fin de impedirlo.

Tras demostrar su talento para destrozar clásicos del cine bélico con la infame “Cerco Roto” (horrosa secuela de la magistral “La Cruz de Hierro”) el director británico Andrew Maclagen volvió a la carga con una segunda parte de un film clásico, esta vez, la continuación de la aclamada “El Puente sobre el Rio Kwai” de David Lean. La verdad es que lo mejor que se puede decir de este film es que al menos tiene un argumento menos incosistente que el de “Cerco Roto”. Por lo demás, la película está a años luz de su ilustre precedesora. El reparto, la realización, la ambientación… aunque son mas o menos correctas, tienen aspecto de una producción menor, no de Serie B, pero rozándola.

El guión y los personajes tampoco son un dechado de originalidad, más bien una colección de clichés y lugares comunes que aportan poco o nada a otras películas bélicas anteriores. Al menos se agradece lo ajustado del metraje (90 minutos) y que en general el film mantega un aire de corrección formal, dentro de sus acusadas limitaciones artísticas y técnicas. En cualquier caso, una secuela que muy bien podría haberse ahorrado, solo apta para los muy incondicionales del género bélico.

Calificación: 3/10

martes, 15 de abril de 2008

Llanura Roja (The Purple Plain)

Llanura Roja (1954)

Birmania, 1945. El jefe de escuadrilla de la RAF Bill Forrester (Gregory Peck) es un piloto de cazabombarderos “Mosquito” que vive atormentado por el recuerdo de la pérdida de su esposa durante un bombardeo aéreo en Londres. A causa de esto, Forrester combate prácticamente buscando la muerte, hasta que conoce gracias a la mediación de su oficial médico, el Doctor Harris, a Anna, una joven birmana de la que se enamora y le devuelve las ganas de vivir. Sin embargo, cuando el avión de Forrester se estrella durante una misión de reconocimiento, este tendrá que emprender un peligroso camino de regreso transportando junto con otro superviviente a su copiloto herido a través de la jungla birmana.

Basándose en una novela H. E. Bates, “Llanura Roja” ofrece el típico relato descriptivo de la odisea del heróe perdido tras las lineas enemigas afrontando toda clase de dificultades para sobrevivir. El film tiene un arranque bastante bueno, mostrando la zozobra interior del personaje de Peck (especialista en este tipo de papeles, como había mostrado, por ejemplo, en “Almas en la hoguera”), quien prácticamente busca su autodestrucción para liberarse de su amargura interna. Sin embargo, la historia va perdiendo intensidad en cuanto evoluciona hacia la típica trama melodramática, parte en la que se vuelve bastante más convencional y predecible, y tampoco es que la parte de la trama después del accidente aéreo de Forrester y sus compañeros ofrezca nada especialmente estimulante u original. Por lo que respecta a las (escasas) escenas aereas, no son nada del otro mundo, y además los efectos visuales son discretos, pues se basan en transparencias y fondos superpuestos que se notan bastante anticuados hoy dia.

Con todo, la película tiene algunas virtudes visuales, especialmente la esplendida fotografía en color que capta muy bien la luminosidad y colorido de los escenarios naturales, asi como algunas secuencias rodadas al estilo “cámara al hombro” lo que era toda una novedad en los 50. Todo ello con el interés adicional de contemplar la interpretación del gran Gregory Peck, muy sobrio y convincente en su papel de Forrester.

En definitiva, aunque “Llanura Roja” ha quedado algo desfasada por el paso del tiempo no está del todo mal, especialmente en su primera media hora. No está de más darle un visionado.

Calificación: 5,5/10

viernes, 11 de abril de 2008

Invasión en Birmania (Merril´s Marauders)

Invasión en Birmania (1962)

Birmania, año 1942. La Brigada de Infantería mixta 5307, mandada por el general de Brigada Frank D. Merrill y compuesta por tres mil soldados voluntarios de distinta procedencia, recibe la misión de destruir una base avanzada japonesa. Tras cumplir con éxito su misión, los hombres de Merril esperan recibir el relevo y un permiso. Sin embargo, en vez de ello, reciben un nuevo y peligroso encargo por parte del comandante aliado, el general Stilwell: adentrarse cientos de kilómetros en la jungla para cortar una via ferrea japonesa y marchar sobre una posición que es de vital importancia para expulsar a los japoneses de Birmania.

Birmania, en la frontera oriental de la India, fue uno de los teatros secundarios, pero a la vez más cruentos de la II GM. En un terreno bastante inhóspito e insalubre, los aliados rechazaron durante dos años a las tropas niponas, evitando que estas invadieran La India, hasta la expulsión de las fuerzas japonesas a finales de 1944. La Brigada del general Merril (que recibieron el apodo de los “Merodeadores de Merril”) fue una de las fuerzas aliadas que combatieron en la campaña birmana, distinguiendose por su habilidad para infiltrarse en la jungla y dar golpes de mano contra las posiciones enemigas.

El realizador norteamericano Samuel Fuller, veterano de la II GM y que ya había dirigido varios filmes bélicos ambientados en la Guerra de Corea, fue el encargado de dirigir esta película, partiendo de una estructura argumental bastante parecida al clásico de Raoul WalshObjetivo: Birmania”. El film ofrece una visión bastante sobria y realista de la campaña birmana, (precedida por una esclarecedora introducción que, mediante el uso de imágenes documentales y mapas animados, resume la situación inicial de la campaña) mostrando las insalubres condiciones del terreno, las penalidades de los soldados expuestos a toda clase de enfermedades, y las agotadoras marchas a través de la jungla. También se intercalan escenas de acción que, pese a contener algunas secuencias destacables (por ejemplo el plano general mostrando los muertos tras la batalla en los bloques de cemento de la estación ferroviaria), en general no son nada del otro mundo. Hay que decir que las escenas de combates resultan algo desfasadas, como por ejemplo, en el aspecto de las muertes “no sangrientas” de los soldados, algo más propio del cine bélico de los años 40 y 50 que de las producciones posteriores.

Un aspecto que si trata bien la película es el de la desmoralización de los soldados en una campaña larga, que se describe a la perfección a través de la historia del Teniente Stockton, uno de los oficiales de confianza de Merrill, y como las enfermedades y el agotamiento van mermando su voluntad de seguir combatiendo. También es destcabale la buena fotografía del film, y las creíbles interpretaciones de los actores principales, poco conocidos pero que cumplen bien en sus papeles.

Los puntos débiles del film, aparte del poco realismo de las escenas de acción, son un tono marcadamente épico-patriotero y un tanto hagiográfico del personaje de Merrill, que le resta eficacia a la parte que describe las penalidades de la guerra. El hecho de que Fuller contara en la producción con la ayuda del ejército norteamericano probablemente tuvo algo que ver en este punto.

En resumen, “Invasión en Birmania” ofrece una visión aceptablemente realista de uno de los frentes más desconocidos de la II GM. Un film entretenido y correcto en lineas generales, aunque sin demasiados alardes que lo hagan sobresalir.


Calificación: 6/10

viernes, 31 de agosto de 2007

Objetivo: Birmania (Objective, Burma!)

Objetivo Birmania (1945)

La acción nos traslada a 1944. Partiendo desde la frontera Indo-Birmana los aliados se preparan para reconquistar el territorio pérdido ante los japoneses en 1941. Como operación previa a la invasión, un grupo paracaidista bajo el mando del enérgico Mayor Nelson, es lanzado en paracaídas sobre la jungla birmana, con la misión de destruir una importante estación de radar japonesa. Pese al éxito de la misión, la operación de rescate de la fuerza paracaidista se ve frustrada, por lo que Nelson deberá dirigir a sus hombres en una peligrosa expedición a través de la jungla y los pantanos para escapar de los japoneses.

Como llego al comentario nº 100 del blog, me parece oportuno dedicárselo a este auténtico clásico del cine bélico. Dentro del cine propagandístico producido por Hollywood mientras la guerra aun no había concluido, “Objetivo Birmania” es junto con “Sahara” la mejor película del cine bélico que se produjo durante la contienda.

Dejando de lado la inevitable demonización del enemigo (japonés en este caso) la película tiene varios méritos que la hacen merecedora del calificativo de clásico. En primer lugar, ofrece una visión de la guerra tremendamente realista, sin omitir el sufrimiento de los soldados, las privaciones que pasan y sobre todo el miedo a la muerte. Los soldados son héroes, sí, pero heroes humanos que luchan por sobrevivir a la guerra. Y luego tenemos a un Errol Flynn enorme en su papel de Capitán Nelson, dando perfectamente el tipo de duro oficial y hombre de acción, en un papel que se le ajusta como un guante. El arranque de la película es especialmente bueno, (y ha sido imitado infinidad de veces en películas posteriores). En el se nos presentan los personajes, y se muestra al espectador los objetivos de la misión, a través de los mapas que aparecen en la reunión preparatoria de la operación. Aunque ciertamente puede encontrarse algún que otro bajón de ritmo a mediados del metraje, lo cierto es que la película mantiene el interés del espectador gracias a una bien dosificada acción.

Finalmente me gustaría destacar una escena del final, cuando Nelson es felicitado por su coronel por el buen trabajo realizado, y Nelson responde, mientras le entrega las placas de identificación de los soldados caidos “El precio ha sido barato, solo un puñado de americanos”. Una escena sorprendente sí tenemos en cuenta la época. Por todo ello, considero que “Objetivo: Birmania” es una película altamente recomendable para todo buen aficionado al cine en general.
Calificación 7,5/10

viernes, 23 de febrero de 2007

El Puente sobre el Rio Kwai (The bridge on the River Kwai)

El puente sobre el Rio Kwai (1957)

Birmania, año 1943. En un campo de prisioneros japonés situado en plena selva, los prisioneros británicos son obligados por sus guardianes japoneses a construir un puente sobre el rio Kwai, que el comandante del campo Coronel Saito, debe terminar en un breve plazo para permitir el paso de trenes militares japoneses. Los oficiales británicos, capitaneados por el obstinado Coronel Nicholson (Alec Guiness) se niegan en principio a trabajar en el puente, pero tras un duro tira y afloja, Nicholson accede hacerlo “a su manera” para demostrar la valía de sus hombres frente a los japoneses. Por su parte, un prisionero norteamericano, el Mayor Shears (William Holden), se enfrenta a Nicholson por su proyecto de fuga. Finalmente Shears logrará evadirse, pero en contra de su voluntad, tendrá que volver al campo de prisioneros, guiando a un comando inglés, cuya misión es volar el puente construido por los hombres de Nicholson.

El realizador británico David Lean (responsable entre otros títulos de “Doctor Zhivago” o “Lawrence de Arabia”) fue el encargado de adaptar una novela del escritor Pierre Bouelle, basada en hechos reales acaecidos en los campos de prisioneros japoneses, quienes utilizaron a miles de prisioneros de guerra aliados para construir puentes y otras infraestructuras en Tailandia y otros paises ocupados durante la II GM.

Sin duda, la mejor baza y el aspecto más sobresaliente del film es como va desgranando el aspecto psicológico de los tres personajes centrales de la historia. La inflexibilidad de Saito frente a la tozudez y el orgullo de Nicholson, orgullo que ira tornando en obsesión por demostrar la superioridad de sus hombres mediante la construcción del puente, que paradójicamente, servirá a los fines del enemigo. Sin duda, Alec Guiness está enorme en su papel de coronel británico, logrando muy posiblemente la mejor interpretación de su carrera. La película contiente además una de esas escenas míticas del Septimo Arte: la llegada de los prisioneros británicos al campo de prisioneros bajo los acordes de “La marcha del Coronel Bogey”, la melodía del recurrente “silbidito”, una secuencia que con justicia ha perdurado en la memoria de miles de espectadores.

Por otra parte, la densidad de la trama psicológica que nos muestra el film se traduce en un ritmo algo lento en la primera parte del metraje, ritmo que se va acrecentando conforme se acerca el climax final, que supone un magistral desenlace a la historia. En definitiva, El Puente sobre el Rio Kwai es un film de excelente factura formal, que cuenta además con unas grandes interpretaciones de su elenco de actores. Uno de los clásicos del género.

Calificación: 7,5/10