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martes, 10 de marzo de 2020

Sobibor


Sobibor (2018)

La historia se sitúa en campo de concentración de Sobibor, en Septiembre de 1943. Tras la llegada al campo de un nuevo tren de prisioneros judíos, la mayor parte de los cuales son gaseados ese mismo dia, el oficial ruso Alexander Pecherski (Konstantin Khabenskiy ), recién llegado al campo junto a otros prisioneros de guerra soviéticos, irá  tomando conciencia de la necesidad de intentar la fuga. Tras presenciar las atrocidades de todo tipo cometidas por los guardianes de la SS contra los judíos del campo, y en especial por el brutal sargento Frenzel (Christopher Lambert), Pecherski decide liderar el plan para lograr una huida masiva de los prisioneros del campo.

Sobibor recrea los hechos históricos relativos al alzamiento y posterior huida masiva de los prisioneros recluidos en el Campo de Concentracion de Sobibor, en Polonia oriental. La fuga, organizada por el prisionero de guerra soviético Sasha Pecherski, tuvo lugar el 14 de Octubre de 1943, y se saldó con la muerte de una decena de soldados de la SS destinados en el campo, junto con la de varios guardianes ucranianos, y con la huida de unos 400 prisioneros, siendo el único caso de fuga masiva de los infames campos de concentración nazis. Pecherski fue de los pocos prisioneros que pudo escapar definitivamente y llegar a territorio amigo, si bien nunca recibió ninguna condecoración por el éxito de su plan de fuga. Hay que decir que no es la primera vez que estos hechos históricos son llevados a la pantalla, ya que existe un muy estimable telefilm producido por la BBC en 1987, titulado “Escape de Sobibor”, que abordó la reconstrucción de los mismos.

En el caso de Sobibor, se trata de una coproducción europea que ha contado con capital ruso, alemán y polaco, nos ofrece una nueva versión de los citados hechos históricos, con la curiosa circunstancia de que el actor protagonista Konstantin Khabenskiy, también fue el encargado de dirigir el film, en su primera experiencia detrás de las cámaras. Puede decirse que el resultado resulta algo irregular. En su primera mitad, dedicada a describir las penalidades que viven los prisioneros del campo y las atrocidades que sufren a manos de sus captores, la película adolece de originalidad y abusa de clichés y lugares comunes que ya se han mostrado en títulos anteriores. En ese sentido, puede decirse que el guión peca por exceso, ya que se reiteran demasiado las escenas dedicadas a mostrar el sufrimiento de los prisioneros, pero en cambio, se descuidan el desarrollo de los personajes y los diálogos.

Como puntos a favor, hay que destacar la buena ambientación y la esmerada puesta en escena, así como que en su segunda mitad, dedicada a narrar la gestación del plan de fuga y la ejecución del mismo, el ritmo narrativo logra levantar el vuelo, y ese tramo de la historia resulta de mayor interés. En el apartado interpretativo hay que decir que los actores cumplen en general con corrección en sus roles, aunque sin que ninguno logre destacar especialmente en su papel, lo cual es lógico, dadas las limitaciones que muestra el guión en lo relativo al desarrollo de los personajes.

En definitiva “Sobibor” resulta un título bastante estimable en sus aspectos formales y visuales, pero simplemente correcto en el apartado narrativo. La película tiene el interés de mostrar una versión actualizada de los hechos históricos que narra, pero está claramente lastrada por su excesivo convencionalismo y por su falta de capacidad para sorprender o emocionar al espectador. Un film simplemente pasable que, bajo mi punto de vista, sale perdiendo en la comparación con el telefim de 1987.

Calificación: 5/10

miércoles, 29 de enero de 2020

T-34


T-34 (2018)

Frente Oriental, noviembre de 1941. En una aldea a las afueras de Moscú el teniente Nikolay Ivushkin, al mando de un solitario carro T-34 se dispone a combatir a una compañía de panzers alemanes que se dirige a la capital soviética. Tras un feroz combate contra los tanques del capitán Klaus Jäger, este logra destruir el tanque ruso, capturando a Ivushkin. Tres años más tarde Jäger se reencuentra con su antiguo oponente en un campo de prisioneros, y lo recluta a la fuerza para que tripule un carro T-34 capturado en una simulación de combate contra tanques alemanes, lo que será aprovechado por Ivushkin para planear una arriesgada fuga a bordo del tanque.

Puede afirmarse que el cine bélico ruso ambientado en la II GM producido en la última década presenta dos grandes constantes. Por un lado, son películas que ofrecen un grado de espectacularidad  técnica y visual que nada tiene que envidiar a las producciones de Hollywood; y por otra parte, se centran en narrar historias que ofrecen unas grandes dosis de patriotismo. En ese sentido T-34 no es una excepción, y sigue la senda de otros títulos recientes producidos en Rusia como “Stalingrad” o “Los 28 hombres de Panfilov”. Para la realización de esta película, el director Alexander Sidorov contó con un estimable presupuesto de 10 millones de dólares, logrando además un notable éxito de público en su país. Para la producción se construyeron varios decorados exteriores a escala real, y se reacondicionó y se puso en funcionamiento un auténtico carro T-34 de la IIGM, de modo que ese aspecto de la película está muy cuidado.

Hay que reconocer que T-34 tiene un comienzo trepidante, con la breve presentación de los personajes y la recreación del combate entre carros en la aldea a las afueras de Moscú. Realmente esa primera media hora de metraje resulta espectacular para el espectador, no solo por la perfecta puesta en escena, sino también por el ritmo trepidante de las secuencias bélicas que muestran el enfrentamiento de los panzers de Jager contra el T-34 de Ivushkin, unas escenas filmadas con una excelente intensidad y virtuosismo visual (atención a las ralentizaciones de los proyectiles de los carros), que logran dejar al espectador pegado a la pantalla. Para mi gusto, esos minutos iniciales son de lo mejor que he visto en un film bélico en la última década.

El problema es que, una vez concluye ese primer tramo del film, el interés de la narración va cayendo en picado. Las secuencias que transcurren en el campo de prisioneros resultan demasiado tópicas y en algún caso, inverosímiles. También se introduce con calzador una tópica historia romántica entre Ivushkin y la traductora del campo de concentración, una subtrama que resulta tan claramente forzada, como prescindible. El otro gran lastre de la película es que cuando retoma las escenas bélicas, en la parte dedicada a narrar la fuga y huida de los protagonistas, esta resulta tan absolutamente inverosímil que en algún momento da grima. Por añadidura, el guión rezuma un patrioterismo  absolutamente exacerbado, ya que en algún momento los  personajes rusos parecen capaces de eliminar ellos solos a todo el ejército alemán, lo cual no resulta demasiado asequible para el espectador foráneo. En ese sentido, se puede afirmar que T-34 es la versión rusa (y contraparte) de la hollywoodiense "Fury, Corazones de Acero".

En definitiva, T-34 es un título más que notable y apreciable en su apartado técnico, pero totalmente trasnochado en el aspecto narrativo. Y es una pena, porque sus primeros minutos ofrecen al espectador unas soberbias escenas bélicas. Al final, se queda en un título simplemente pasable, y una historia a todas luces desaprovechada.

Calificacion: 5,5/10

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Land of Mine (Under Sandet)

Land of Mine - Bajo la arena (2015)
 
Dinamarca, mayo de 1945. Recien finalizada la guerra en Europa, cientos de jovenes prisioneros de guerra alemanes son forzados por el ejército danés a retirar miles de minas terrestres que habían sido colocadas a lo largo de la costa oeste danesa durante ocupación alemana.  Uno de esos grupos se le asigna al sargento Carl Rasmussen (Ronald Moller), un duro veterano de las fuerzas paracaidistas que guarda un enorme rencor hacia los alemanes como consecuencia de la ocupación de su país por la Werhmacht.  Pese a ello, las duras experiencias que vivirá el sargento Rasmussen junto a sus prisioneros  harán que con el transcurso de las semanas la inicial hostilidad del sargento de paso a un sentimiento de fraternidad e incluso afecto hacia estos.
 
Land of Mine es una reciente coproducción germano-danesa que aborda, en clave de drama bélico, unos hechos  verídicos y poco conocido hasta la fecha, concretamente el empleo masivo de prisioneros de guerra alemanes para la desactivación y retirada de las minas terrestres que las fuerzas de ocupación alemanas habían colocado en territorio danés.  Se calcula que de los 2.000 prisioneros empleados en dicha tarea al menos la mitad murieron o sufrieron graves heridas en los meses posteriores al fin de la guerra. Partiendo de esta premisa argumental, el director Martin Zandvliet construye un sólido alegato antibélico y a favor de la fraternidad humana, que se hizo acreedor de varios premios del público en distintos festivales del cine Europeo.
Entrando a valorar el film, considero que estamos ante una película que sin duda cuenta una historia de manera sólida, con un argumento que se desarrolla efizcamente a lo largo del film. En ese sentido, opino que lo más logrado es como se muestra la evolución del personaje principal, el duro Sargento Rasmussen, y como este evoluciona desde su inicial e indisimulado odio hacia sus prisioneros, pasando por la comprensión, hasta llegar finalmente a sentir afecto por los adolescentes a los que envía diariamente a realizar una tarea que equivale a una muerte casi segura. También me gustaron otros aspectos técnicos de la producción como la fotografía (que realza magníficamente los escenarios exteriores donde se desarrolla la historia), el vestuario, y la ambientación del film. En el apartado interpretativo, es reseñable el buen trabajo del actor principal, Ronald Moller, que logra dotar de mucha humanidad a su personaje, estando bien respaldado por el resto de jóvenes interpretes que dan vida a los prisioneros alemanes.
 
No obstante, Land of Mine también adolece de una serie de puntos débiles que impiden que estemos ante una película totalmente redonda. En primer lugar, el desarrollo de los personajes (exceptuando el del Sargento) resulta totalmente esquemático y unidimensional, de modo que en ese aspecto se echa en falta algo más de profundidad en el retrato que se ofrece del resto de protagonistas y personajes secundarios, lo que hubiera resultado en una mejor visión de conjunto. Tampoco habría estado de más, como contrapeso de la victimización de los alemanes, que se hubiera esbozado de alguna manera el origen del odio hacia estos, y los rigores de la ocupación, cosa que se echa en falta en el desarrollo de la historia. Pero por lo demás, no cabe duda que la película ofrece al espectador una historia que se sigue con interés que no decae a lo largo de su ajustado metraje (algo menos de 100 minutos), y que tiene un par de momentos especialmente conmovedores en lo que a carga emotiva se refiere.
En definitiva, Land of Mine es una película que pese a no ser del todo redonda, sí que sirve para conocer unos hechos muy poco difundidos hasta la fecha, y que sin duda será apreciada por los buenos aficionados al cine bélico, pese a no ser propiamente una pelicula de acción bélica.  Sin duda, uno de los títulos bélicos del cine europeo más interesantes de los últimos tiempos.
 
Calificación: 6,5/10

jueves, 1 de septiembre de 2011

La Fuga de Colditz (Colditz)

La Fuga de Colditz (1972-74)

La historia comienza en 1940, tras la evacuación de Dunkerke. Tras ser señalados como problemáticos por sus repetidos intentos de fuga, varios prisioneros aliados son enviados al campo Oflag IVC, más conocido como la Fortaleza de Colditz, considerada por los alemanes a prueba de evasiones. Alli llegan, entre otros, el Capitán Pat Grant, uno de los primeros oficiales británicos capturados en Dunkerke, el teniente de la RAF Simon Carter, El teniente de la Marina Real Dick Player, y el norteamericano enrolado en la RAF Phil Carrington. Poco después se les une el inteligente y reflexivo Coronel Preston, el oficial de mayor graduación del campo, que será el encargado de coordinar los distintos planes de fuga que los prisioneros van ideando para escapar de Colditz. Mientras tanto, el comandante alemán del campo, el comandante Karl, y su segundo, el eficiente capitán Franz Ulmann, tratarán de adelantarse a las intenciones y planes de sus escurridizos prisioneros.

La Fuga de Colditz fue una serie para la televisión producida conjuntamente por la BBC británica en colaboración con los estudios Universal, basada en las memorias del Mayor Pat Reid, un prisionero de guerra británico que logró fugarse de Colditz. La historia ya había sido llevada a la gran pantalla en 1955 con un film titulado The Colditz Story (La historia de Colditz) pero dada la densidad argumental que ofrecían las memorias de Reid, la BBC se animó a realizar una serie que recreara las experiencias de los prisioneros aliados recluidos en Colditz, que abarcara desde su captura hasta el final de la guerra. La serie, emitida por la BBC a lo largo de dos temporadas entre 1972 y 1974, constaba de 28 episodios de unos 50 minutos de duración, y fue emitida en España a mediados de los años 80 logrando unos muy buenos índices de audiencia. Además, fue una de las primeras series televisivas en explotar el fenómeno de la mercadotecnia, ya que dio lugar a un juego de tablero, que logró una gran difusión por aquella época en España y en el mercado anglosajón.

En cuanto a la valoración, no es aventurado afirmar que La Fuga de Colditz es una de las mejores series que se han hecho ambientadas en la II GM. Tras dedicar los 4 primeros episodios a la presentación de los principales personajes: El Capitán Grant (personaje basado en Pat Reid, que actuó además como asesor técnico de la serie), el Teniente Cole, el teniente Player y el norteamericano Carrington, la serie nos sumerge de lleno en una densa trama de intentos de fuga, todos los cuales serán cuidadosamente planeados, pero que siempre se verán enfrentados a las dificultades, imprevistos y a la astucia del capitán Ulmann. Además, la serie tiene el mérito añadido de no solo quedarse en describir los planes de evasión, sino que ahonda inteligentemente en el perfil sicólogico de los distintos personajes. En ese aspecto es igualmente de agradecer el retrato bastante equilibrado que se ofrece de los alemanes y en especial del comandante del campo, un hombre defensor de los valores morales, justo y equilibrado en sus juicios, y que incluso tratará de proteger a los prisioneros frente a los intentos de la Gestapo por hacerse con el control de Colditz.

En el apartado narrativo, el ritmo de todos los episodios es bastante alto y logra captar la atención del espectador gracias al ágil desarrollo de unas tramas en las que no faltan elementos de tensión, suspense e incluso algunas notas de humor, por lo cual, valorada en su conjunto tenemos una serie muy estimable. Otro aspecto reseñable es el las interpretaciones, que resultan muy creibles gracias al buen hacer de los actores principales del reparto, formado por un conjunto de intérpretes con una sólida trayectoria en el cine y la TV, que logran componer unos personajes muy sólidos y creibles en sus respectivos papeles.

Entre los aspectos menos pulidos de la producción yo destacaría dos. Por un lado, pese a que se nota la esmerada labor de producción y ambientación para reflejar la época de la II GM, los decorados interiores de Colditz resultan un poco acartonados vistos hoy día; y en segundo lugar, hay algunas transiciones entre los intentos de fuga y la captura de los fugados que resultan algo bruscas, echándose en falta en algunos momentos un punto mayor de continuidad en la narración, y también entre los distintos capítulos.

Pese a lo anterior, solo cabe concluir que La Fuga de Colditz es una muy estimable -y por momentos, brillante- serie que logra meter al espectador de lleno en sus tramas y realmente consigue entretener mostrando el desarrollo de los distintos intentos de evasión de los prisioneros y las vicisitudes que estos viven durante su reclusión en Colditz. Una serie con el típico sello de calidad de las producciones televisivas británicas de la época, cuyo visionado o revisionado recomiendo a todo aquel amante de las buenas series.

Calificación: 7,5/10

martes, 5 de julio de 2011

La Condición Humana (III): La Plegaria del Soldado (Ningen no joken III)

La condicion humana (III). La plegaria del soldado (1961)

Tras ver como su unidad era aniquilada por los tanques rusos, Kaji en compañía de los otros dos únicos supervivientes, emprende un largo camino a pie a través de Manchuria para tratar de volver a territorio amigo. En su andadura, Kaji será testigo de toda una serie de desastres de la guerra, encontrándose por el camino a civiles desplazados y hambrientos, mujeres violadas por los rusos y aldeas devastadas por la guerra. Pero, a pesar de las dificultades, el hambre y las privaciones, el deseo de Kaji por reunirse con su mujer le impulsará a seguir adelante.

Con La Plegaria del Soldado Masaki Kobayashi ponía el broche final a su trilogía sobre La Condicion Humana, contando en esta ocasión una historia centrada en describir las penalidades materiales y humanas que toda guerra lleva aparejadas, y en especial para los individuos del bando derrotado. En muchos sentidos, puede afirmarse que esta tercera entrega es la película más completa de la trilogía, estando dividida en dos partes claramente diferenciadas. La primera, que narra los desesperados intentos de Kaji por volver a territorio amigo para buscar a su esposa, se caracteriza por el uso de unos encuadres inusuales, los monólogos interiores explicitados a través de una voz en off que nos narra los pensamientos de los protagonistas, e incluso algunos flashbacks que nos retrotraen a las dos primeras entregas de la trilogía. En el curso de su larga caminata, Kaji se verá obligado a matar y robar para sobrevivir, además de enfrentarse a los soldados rusos, los guerrilleros chinos e incluso a sus propios compañeros japoneses. En ese sentido, la película pinta un cuadro absolutamente realista, a la vez que desolador, sobre las secuelas de la guerra y como esta es capaz de avivar los peores sentimientos de los seres humanos.

De este modo, el viaje de Kaji se convierte en un auténtico proceso de desengaño moral para el protagonista, obligado a renunciar a sus propias convicciones pacifistas, y a enfrentarse a su pérdida de fe en los ideales comunistas (cuando descubre que los soldados del Ejército Rojo están violando a las mujeres japonesas) y en la propia naturaleza humana en general. Esta primera parte, narrada con notable ritmo y plena de matices narrativos, condensa a mi modo de ver lo mejor de las tres películas, logrando que el espectador realmente se haga partícipe de la bajada a los infiernos del protagonista. Sin embargo, en su segunda mitad, la que nos muestra las vivencias de Kaji como prisionero de guerra, el relato vira hacia esquemas más clásicos y trillados, mostrando en cierta medida como el protagonista vive en primera persona las penalidades que él mismo había tratado de evitar para los prisioneros chinos en la primera entrega de la trilogía. Pero en esa parte el relato adolece nuevamente de mostrar unas situaciones y diálogos redundantes y que se alargan en exceso, con lo que el ritmo narrativo decae bastante en ese tramo del metraje, sin que levante el vuelo hasta muy el final, cuando la historia enlaza con el trágico desenlace del periplo de Kaji en busca de su esposa Michiko.

En cualquier caso, hay que concluir que La Plegaria del Soldado es en muchos aspectos la mejor entrega de la trilogía de Kobayashi, y un dignísimo cierre de la misma. Una película indispensable, sobre todo por su excelente primera parte, que supone toda una lección de cine, con mayúsculas. Un título que pone el mejor broche posible a una trilogía de excelente ambientación, montaje y guión, y que sin duda es de indispensable visionado para los buenos aficionados al cine.

Calificación: 7,5/10

lunes, 11 de abril de 2011

A diez segundos del infierno (Ten seconds to hell)

A diez segundos del infierno (1959)

Tras el fin de la II GM, un grupo de seis ex prisioneros de guerra alemanes especialistas en la desactivación de bombas llega a Berlin para trabajar como artificieros en las ruinas de la ciudad, repletas de proyectiles sin estallar. El grupo, liderado por Erick Koertner (Jack Palance) establece un pacto en base al cual la mitad del sueldo de los artificieros será destinado a un fondo que recibirá aquel que logre sobrevivir a la peligrosa tarea encomendada. Esto hará que surja una acendrada rivalidad entre Erick y el ambicioso Karl Witz (Jeff Chandler), decidido a sobrevivir a cualquier precio para llevarse el dinero del fondo.

A diez segundos del infierno fue uno de los primeros trabajos en la carrera cinematográfica del realizador Robert Aldrich, quien años más tarde alcanzaría la fama con la dirección de Doce del Patíbulo. Sin embargo, el nombre de Aldrich no figura en los títulos de crédito, ya que en el montaje final de la película, los responsables del estudio entendieron que la duración del film era demasiado larga, por lo que decidieron eliminar 30 minutos de metraje. Esta decisión, adoptada de manera unilateral por parte de la productora indignó a Aldrich, que exigió la restitución del material eliminado. Como finalmente el estudio no accedió a los deseos del director, el nombre de este fue eliminado de los créditos.

Curiosamente, y al igual que en el caso de El Único Evadido, A diez segundos del infierno fue una producción auspiciada por los estudios británicos Hammer Films –famosos principalmente por haber producido algunos de los títulos míticos del género de terror de los años 50 y 60- cuyos protagonistas eran soldados alemanes. El eje central de la narración gira en torno a la tensión que viven los protagonistas y el duelo latente de personalidades antagónicas que se establece entre el personaje de Erik Koertner, lider natural del grupo de artificieros, y el individualista y cínico Karl Wirtz. Este punto de partida argumental es bien desarrollado a lo largo de la trama, si bien esta peca de un punto de previsibilidad y cierta falta de pulso narrativo, y ello pese al importante recorte de metraje que, como apuntaba antes, sufrió el film en la fase de posproducción. Por otra parte, la subtrama romántica que se introduce en la historia, por medio del personaje de la atormentada viuda Margot Hofer, tampoco aporta demasiado, pues esta resulta más bien tópica y redundante antes que enriquecedora, y se antoja como un elemento más bien insustancial y accesorio de la trama.

Lo mejor de la película, aparte de la lograda recreación del Berlin derruido y deprimente de la posguerra, radica en su desenlace, algunas secuencias de tensión dramática bien resuelta y en las buenas interpretaciones del dúo formado por Jack Palance y Jeff Chandler, que sostienen un digno e interesante duelo interpretativo a lo largo del film. Por lo demás, A diez segundos del infierno no puede considerarse uno de los mejores trabajos dentro de la filmografía de Robert Aldrich. Pese a ello, es una historia que puede considerarse un antiguo referente de la reciente y oscarizada En tierra hostil. Un título interesante, aunque algo fallido en el aspecto narrativo.

Calificación: 5,5/10

lunes, 4 de abril de 2011

El Único Evadido (The Only that Got Away)

El único evadido (1957)

La historia comienza en Septiembre de 1940. Tras ver como su avión es derribado en Kent, el teniente Franz Von Werra (Hardy Kruger) es enviado a Londres e interrogado por el servicio de inteligencia de la RAF. Poco después Von Werra es enviado a una prisión del noroeste de Inglaterra, de donde no tarda en fugarse. Tras ser nuevamente capturado y trasladado a otra prisión, un nuevo intento de fuga fallido hará que sea enviado en barco, junto a otros prisioneros alemanes conflictivos, con destino a un campo de prisioneros en Canadá, lo cual, no obstante, no impedirá que Von Werra persista en sus planes de fuga para regresar a Alemania.

Como su propio título indica, El único Evadido relata la historia de una evasión, aunque curiosamente, esta producción británica no versa sobre la fuga de prisioneros de guerra aliados, sino sobre la huida de un aviador alemán. Concretamente, la película reconstruye los hechos que rodearon la fuga de Franz Von Werra, teniente de la Luftwaffe que pasó a la historia anecdótica de la II GM por ser el único prisionero de guerra germano que logró fugarse de sus captores, mientras era trasladado a un campo de prisioneros en Canadá, y regresar a Alemania. La evasión de Von Werra tuvo, además, unas consecuencias perniciosas para la inteligencia aliada, ya que de vuelta en Alemania, Von Werra advirtió al mando de la Luftwaffe acerca de las sutiles técnicas de interrogatorio con las que la RAF sacaba información de los pilotos alemanes derribados. De este modo, gracias al testimonio de Von Werra, la Luftwaffe pudo instruir a sus pilotos para que evitaran las preguntas comprometedoras de los interrogadores británicos.

En cuanto a la calidad del Film, hay que decir que “El Único Evadido” es una película sencilla y sin pretensiones, pero también muy amena para el espectador. Y ello es en gran medida debido a la estupenda interpretación de su protagonista, el actor alemán Hardy Kruger, que realmente consigue que el espectador empatice y, además, simpatice con su personaje. Porque, aparte del notable parecido físico que Kruger compartía con Von Werra, lo cierto es que actor sabe dotar a su personaje de las dosis justas de arrogancia, simpatía, y carisma, que hacen muy creíble su interpretación, que es de las que realmente llegan al espectador. Hasta el punto de que esta puede compararse con la no menos memorable actuación de Steve McQueen en La Gran Evasión, un papel, por cierto, que parece bastante inspirado en el de Kruger. Especialmente interesante es la parte dedicada a la captura y posterior interrogatorio de Von Werra, y como muestra el duelo entre el astuto interrogador británico y el inteligente prisionero, que termina dándose cuenta de las tretas de sus captores para sonsacarle información militar.

Es una pena que la película no profundice algo más en la parte dedicada a las dos fugas fallidas del protagonista y el duelo de astucia que se establece con sus captores británicos, porque de lo contrario podríamos haber estado ante un relato mucho más atractivo. Pese a ello, en la parte dedicada a las evasiones del protagonista, los paralelismos con La Gran Evasión son tan evidentes que no resulta descabellado pensar que John Sturges se inspiró en más de un aspecto en esta historia a la hora de preparar el guión de su famoso film. En cualquier caso, y a pesar de ser una producción relativamente modesta y sin pretensiones, El Único Evadido funciona perfectamente como un intenso relato de aventuras, entreteniendo al espectador gracias a la agilidad de su ritmo narrativo y a la precisión con la que se nos cuenta la historia del protagonista. En ese sentido, es de agradecer la objetividad con la que se aborda la figura de Von Werra, evitando en todo momento el recurso fácil de caer en el alegato antinazi, y optando en cambio por ofrecer un retrato equilibrado del personaje que es muy de agradecer.

En resumidas cuentas, El Único Evadido es una película con el típico sello artesanal propio del cine británico, a la par que un relato ameno y bastante estimulante dentro de sus limitaciones artísticas. Un titulo que, sin duda, merece la pena descubrir.

Calificación: 6,5/10

jueves, 3 de febrero de 2011

Camino a la libertad (The Way Back)

Camino a la libertad (2010)

La acción comienza en Polonia, en 1940. El oficial del ejército polaco Janusz (Jim Sturgess), prisionero de los sovieticos, es condenado por actividades de espionaje tras ser falsamente denunciado por su mujer. Semanas después, Janusz es enviado a un Gulag en Siberia junto con  otros cientos de prisioneros considerados peligrosos por el régimen de Stalin. Allí, en medio de un entorno hostil, Janusz conocerá a otros compañeros como el peligroso criminal Valka (Colin Farrel) o Smith (Ed Harris), un norteamericano retenido también sin motivos reales para ello. Todos ellos, en compañía de otros prisioneros planearán una arriesgada fuga y una huida hacia extremo oriente cruzando a pie una vasta extensión de la URRS.

Siete años después de haber filmado su último trabajo con la estimable “Master and Commander”, el realizador australiano Peter Weir ha retomado la dirección con este relato de tintes épicos ambientado en el siniestro sistema de prisiones (o Gulags) de URSS. Con un guión basado en distintas fuentes, pero que bebe principalmente del relato autobiográfico del escritor polaco Slavomir Rawicz, titulado The Long Walk: The True Story of a Trek to Freedom (“La increíble caminata, la verdadera historia de una expedición hacia la libertad”), la película aborda un tema –el de los prisioneros de guerra en la URSS y su épica huida- que recuerda mucho al de la producción alemana “Hasta donde los pies me lleven”, si bien Weir ha contado con unos medios de producción mucho más lujosos que los de su predecesora. Es reseñable que se ha cuestionado la veracidad de la historia que Rawicz cuenta en su libro, e incluso se ha llegado a especular con que el autor en realidad fue liberado por los sovieticos tras la invasión alemana, y se limitó a plasmar en su obra las historias oídas de otros prisioneros que efectivamente lograron escapar del Gulag. En cualquier caso, el mismo Weir ha afirmado que su película aborda “Una historia ficticia basada en hechos reales”.

Entrando a valorar el film, la verdad es que en sus aspectos formales, Camino a la libertad ofrece el toque artesanal propio de las producciones de Weir. En ese aspecto, la fotografía, la ambientación y las secuencias filmadas en unos espectaculares paisajes exteriores son de primer nivel. Sin embargo, en el plano narrativo, bajo mi punto de vista esta película no alcanza los mismos niveles de intensidad dramática que sí conseguía transmitir Master and Commander. La primera parte del film, que muestra el ambiente del Gulag, condensa para mi gusto lo mejor de la narración, combinando una inteligente presentación de los personajes con una muy realista descripción de las atroces condiciones de los campos de reclusión stalinistas.

Sin embargo a partir del momento de la fuga –filmado, por cierto, con poco dramatismo- la película se vuelve mucho más convencional, mostrando una serie de peripecias que viven los protagonistas a lo largo de su extenso recorrido que se antojan un tanto lineales y faltas de capacidad para sorprender al espectador, más alla de las espectaculares secuencias panorámicas de turno. Y ello pese a la introducción de escenas de acción que están muy bien filmadas, y también pese al buen hacer interpretativo de los actores principales entre los que destacan el siempre eficaz Ed Harris, y Jim Sturgess; pese a lo cual a la película le falta un “plus” para emocionar al espectador.

En definitiva, “Camino a la Libertad” se queda en un correcto relato de tintes épicos, con un aspecto formal y visual muy pulido, pero algo falto de nervio en el apartado narrativo. Pese a ello, es una historia interesante y bien filmada, que no desmerece un visionado.

Calificación: 6/10

viernes, 28 de enero de 2011

El médico de Stalingrado (Der Artz von Stalingrad)

El médico de Stalingrado (1958)

La historia comienza en 1943. Tras la derrota de Stalingrado, el médico militar Fritz Böhler (O.E. Hasse) es capturado por los rusos junto con cientos de soldados, siendo enviados a un campo de prisioneros. Años después del final de la guerra, ya en 1949, Böhler y sus compañeros de reclusión, aun en manos de sus captores, tratan de sobrevivir a las duras condiciones de su cautiverio. Cuando uno de los prisioneros alemanes sufre un ataque de apendicitis, Böhler, pese a la prohibición de los rusos, decide arriesgarse a operarlo, lo cual complicará aun más la situación de los alemanes, expuestos a nuevas represalias de sus captores.

En 1956 aparecía publicada en Alemania la novela titulada Der Artz Von Stalingrad, del escritor alemán Heinz G. Konsalik, antiguo corresponsal de guerra alemán, que en los años posteriores a la contienda se dedicó a escribir una serie de relatos literarios basados en sucesos ocurridos en los frentes de batalla. En este caso, Konsalik se basó en la experiencia personal de un médico militar alemán capturado por los rusos en Stalingrado, el Doctor Ottmar Kohler, quien había sido repatriado a Alemania en 1953, tras diez años de cautiverio en la URSS. El libro pronto se convirtió en un arrollador éxito de ventas, siendo traducido a varios idiomas y alcanzando una gran difusión en Europa Occidental. No es de extrañar, por tanto, que las productoras cinematográficas alemanas se apresuraran a trasladar la historia de la novela al cine. La dirección del film recayó sobre el realizador húngaro Géza von Radványi, mientras que para el papel protagonista del doctor Böhler se eligió al solvente actor alemán O.E. Hasse, quien cuatro años antes, había ofrecido una muy buena actuación en Almirante Canaris, encarnando al famoso jefe del Abwerh.

Entrando a analizar el film, hay que decir que “El médico de Stalingrado” aborda un conjunto de temas interesantes a la hora de narrar la historia. Me gustó especialmente como la película desgrana el complejo entramado de relaciones humanas que se establecen entre los guardianes rusos y sus cautivos alemanes; unas relaciones que oscilan entre la desconfianza y el odio mutuos, pasando por el pragmatismo de unos y otros a la hora de sacar provecho de las circunstancias, e incluso los romances que surgen entre los prisioneros alemanes y las mujeres rusas destinadas en el campo. Igualmente, es interesante señalar que, pese a tratarse de una película de los años 50, tanto por el lenguaje que usan los personajes como por la forma de abordar los temas que se tratan, dan la sensación de que fue un film adelantado a su tiempo en más de un aspecto. También hay diálogos que son muy buenos, como cuando Böhler, ante las quejas de un subordinado por el trato que les dan los rusos, le recuerda que “Somos huéspedes aquí… de hecho, vinimos sin que nadie nos invitara”. En el apartado interpretativo, brilla especialmente O.E. Hasse, estando bien secundado por el resto de actores, entre los que se cuentan varios secundarios ilustres del cine alemán de la época, como Johannes Messemer y Eva Bartok.

Por ponerle algunos “peros” a la película habría que señalar que no termina de ahondar en los temas controvertidos respecto a los sentimientos de culpabilidad por la destrucción causada en la URSS o el odio entre los bandos antagonistas; así como la impresión que transmite de cierta idealización de algunas situaciones y del comportamiento de los personajes principales. Pese a ello, hay que concluir que El médico de Stalingrado, es un film de muy esmerada factura, buen guión y que cuenta con oficio una historia no exenta de interés. Sin llegar a ser una película muy destacada, sí que deja un buen sabor de boca al espectador. Recomendable.

Calificación: 6/10

domingo, 23 de enero de 2011

In Tranzit

In Tranzit (2008)

La historia comienza a principios de 1946, unos meses después del fin de la contienda. Un grupo de prisioneros de guerra alemanes llega a un campo de tránsito femenino situado a las afueras de Leningrado. Pese a tratarse de un campo para mujeres, el coronel Pavlov (John Malkovich), jefe del NKVD de la zona, ordena que los prisioneros alemanes permanezcan allí con un fin oculto. Con la ayuda de la doctora del campo Natalia (Vera Farmiga), Pavlov quiere localizar a los oficiales de la SS que se esconden con nombre falso entre los prisioneros alemanes, amenazando a Natalia con deportar a Siberia a su marido Andrei, mentalmente incapacitado a consecuencia de las heridas sufridas durante la guerra. Sin embargo, la situación se complica cuando surge un atisbo de romance entre la doctora y uno de los prisioneros alemanes, Max.

In Tranzit es el típico caso en el que un guión con una muy interesante idea de base, se desaprovecha al no saber desarrollarla adecuadamente. Porque lo cierto es que la historia, basada en hechos reales, de los prisioneros alemanes enviados al campo de Leningrado, a ser custodiados por las mujeres que habían vivido en primera persona el asedio de la ciudad y cuyos familiares y amigos habían muerto durante la guerra, ofrecía mucho margen para dar lugar a una buena película. Cosa que confirma el arranque de la película, mostrando la tensa llegada de los prisioneros alemanes al campo, así como el desprecio y la violencia física que sufren a cargo de sus antiguas víctimas, convertidas ahora en verdugos.

No obtante, transcurridos los primeros veinte minutos de metraje, la historia se va diluyendo inevitablemente, a la par que el director pierde el pulso de la narración. Ello es debido principalmente a que el tono de la narración, adecuadamente oscuro y opresivo en el primer tramo de la historia, evoluciona conforme avanza esta, hasta el punto de llegar a hacerse extrañamente almibarado –con la inclusión de varias tramas románticas muy mal desarrolladas– e incluso un tanto inverosímil. A esto hay que sumarle el hecho de que las líneas narrativas que se intentan abarcar (drama carcelario, la historia de espionaje, y la trama romántica), resultan más bien planas, de modo que ninguna de las historias que se intercalan resulta plenamente satisfactoria para el espectador. Y esto es algo que ni la decente ambientación, ni el correcto trabajo interpretativo del reparto, en especial de los protagonistas John Malkovich y Vera Farmiga, puede solucionar. En todo momento, da la sensación de que la película, quitando sus primeros minutos, no termina de encontrar el tono adecuado, y al final se queda en un producto fallido, que malbarata el buen punto de partida argumental, al que podría habérsele sacado un mayor jugo dramático.

En definitiva, In Tranzit, ofrece cierto interés por abordar un tema interesante historícamente hablando, y además, poco trillado desde el punto de vista cinematográfico. Pero aparte de eso, y quitando el oficio interpretativo de su buen reparto, no ofrece demasiados aspectos de interés. Una película pasable, pero que decepciona en más de un sentido.

Calificación: 5/10

martes, 1 de diciembre de 2009

Comando Secreto (The Secret War of Harry Frigg)

Comando Secreto (1968)

La película comienza cuando cinco generales de brigada aliados son capturados por los italianos en una sauna del Norte de África. Los italianos envían a los generales al cautiverio en el lujoso castillo de Montefiori, donde, rodeados de comodidades y debido a la igualdad de rango, no logran ponerse de acuerdo para imponer un plan de fuga. En vista de ello el mando aliado decide ascender temporalmente a general de división al soldado Harry Frigg (Paul Newman), un consumado experto en fugas y enviarlo a Montefiori para que rescate a los otros cinco generales aliados. Sin embargo, la misión del “general” Frigg se verá complicada por la presencia de la bella Condesa de Montefiori (Sylva Koscina), con la que iniciará un romance, al tiempo que se encarga de posponer los planes de fuga de sus compañeros.

La verdad es que “Comando secreto” (traducción bastante libre del título original “La guerra secreta de Harry Frigg") puede considerarse una de las películas más atípicas dentro de la filmografía del gran (y recientemente desaparecido) Paul Newman. Y es atípica principalmente por dos motivos: el primero es que fue prácticamente la única ocasión en la que Newman encarnó un papel puramente cómico; y en segundo lugar, porque pese a ser a esas alturas una estrella consagrada de Hollywood en el cenit de su carrera, Newman aceptó participar en una producción modesta, acompañado por actores de segunda fila. Quizás lo que sedujo a Newman fue el hecho de poder hacerse con un papel de comedia, un registro que había explorado muy poco en sus anteriores films. Sea como fuere, lo cierto es que el resultado de la película distó mucho de ser satisfactorio. La época de su producción, en pleno apogeo de la guerra de Vietnam, dio lugar a una serie de comedias de tono jocoso y desmitificadoras de la guerra, como por ejemplo ¿Qué hiciste en la guerra Papi?, o ¿Dónde está el frente?. Películas antiépicas que, influidas por el ambiente de la época, tenían un leve poso antibelicista, aunque escaso valor cinematográfico. Y en ese sentido Comando Secreto no es una excepción a la regla.

Porque lo cierto es que el inverosímil punto de partida argumental, si al menos hubiera sido desarrollado con imaginación, gracia, o un guión mínimamente elaborado, podría haber dado lugar a una comedia medianamente aceptable o incluso brillante. Pero el caso es que la comicidad brilla por su ausencia (las situaciones que presenta el film resultan, en el mejor de los casos, simpáticas), el guión es bastante plano, y los personajes resultan demasiado caricaturescos. En cuanto a las interpretaciones, el oficio y el carisma de Newman son innegables, y no puede decirse que haga un mal papel, pero a mi modo de ver no era el actor adecuado para interpretarlo; si bien su presencia y su buena química con la actriz protagonista Sylva Koscina salvan en parte a la película del desastre total. El resto de actores hace también lo que puede y cumplen con dignidad, si bien las evidentes limitaciones del guión hacen que ninguno pueda lucirse. Si a ello le unimos un ritmo narrativo bastante lento, que hace que sus 100 minutos de metraje parezcan largos, se comprende mejor que esta película no haya pasado precisamente a los anales de la comedia.

Por lo demás poco o muy poco es lo que puede rescatarse de “Comando Secreto”, una película que seguramente habría caido en el más completo de los olvidos de no haber contado en su reparto con el inolvidable Paul Newman. Pero desde luego puede considerarse como uno de los títulos menos memorables dentro de la filmografía del actor.

Calificación: 3/10

domingo, 11 de octubre de 2009

Katyn

Katyn (2007)

Polonia, año 1939. Tras la invasión germano - sovietica y la capitulación del gobierno de Varsovia, miles de oficiales polacos capturados por tropas sovieticas son enviados a campos de internamiento en la URSS. A través de la historia de tres de estos prisioneros, el capitán Andrezj, el teniente Jercy y el aviador Piotr, se nos muestran los hechos que rodearon una de las matanzas más infames de la II GM, la masacre de Katyn cuyo descubrimiento por los alemanes en 1943 puso de manifiesto la cara más sanguinaria del régimen stalinista.

El muy veterano realizador polaco Andrzej Wajda, (cuya familia estuvo directamente implicada en los hechos, al ser su padre, un oficial del ejército polaco, una de las víctimas de Katyn), quiso con esta película homenajear a los miles de compatriotas asesinados por los rusos en la tristemente célebre Matanza de Katyn, un episodio que fue durante años uno de los hechos más controvertidos de la II GM. El descubrimiento en 1943 por parte de los alemanes de las fosas comunes en los bosques cercanos a la población de Katyn, cerca de Smolensko, puso de manifiesto el asesinato de más de 20.000 oficiales polacos capturados por los sovieticos en 1939. El descubrimiento de este crimen de guerra supuso un duro golpe moral para el régimen de Stalin, hasta el punto de que solo en 1990 Rusia reconoció formalmente su autoría. El responsable directo de la masacre fue jefe del NKVD, Beria, quien de acuerdo con Stalin, ordenó el asesinato en masa de los prisioneros polacos en Abril de 1940, con la clara finalidad de descabezar a la sociedad de Polonia de cara a la futura sovietización del país, de acuerdo con los dictados del gobierno de Moscú.

El relato que abarca el film se adentra, más que en la matanza en sí, en los daños colaterales de la misma. Son las familias de los asesinados las que sufren la ausencia, y las que acaban moralmente destrozadas por la pérdida de sus seres queridos y el vacío que estos han dejado en sus vidas. Al mismo tiempo, la película contiene una crítica a la cobardía moral de muchos ciudadanos polacos, que prefirieron mirar hacia otro lado y adaptarse al nuevo régimen comunista, frente a solo unos pocos (el personaje de la hermana de Piotr) que siguieron reclamando el que se reconociera la verdad de los hechos acaecidos en Katyn.

Con un desarrollo bastante pausado (y en ocasiones demasiado lento) la película va describiendo -sin mostrar en principio el destino de los prisioneros- la angustia de las familias respecto a la suerte de estos, en lo que parece una elipsis que queda despejada con el trágico desenlace. Este es, de lejos, lo mejor de la película, un final que estremece por su crudeza, realismo y veracidad, filmado sin ningún tipo de concesiones y con la única finalidad de mostrar el horror de lo que sucedió en la realidad. Los actores principales (todos ellos polacos, y para mi desconocidos) cumplen con solvencia en sus respectivos papeles, y como no existe un claro protagonista, la historia gana en verosimilitud, al presentarnos un mosaico de personajes sacudidos por la misma tragedia. La fotografía y ambientación también resultan bastante adecuadas, resaltando la buena factura general del film en el apartado técnico.

Si bien la película no es demasiado original en el aspecto narrativo y se hace algo lenta en más de una parte de su metraje, hay que reconocer que se trata una película más que estimable, especialmente en su parte final, donde se muestra con gran realismo la realización de los asesinatos masivos. Un título que debe servir para no olvidar unos hechos que mueven a la reflexión en más de un sentido, y bastante recomendable para conocer uno de los hechos históricos más controvertidos de la II GM.


* Reseña publicada con anterioridad, reeditada y ampliada.

Calificación: 6,5/10

miércoles, 8 de abril de 2009

El Ogro (Der Unhold)

El ogro (1996)

Abel Tiffauges (John Malkovich) es un niño huerfano introvertido y apocado que pierde a su único ámigo debido a un incendio en el hospicio. Años después, ya de adulto, Abel vive trabajando como mecánico en las afueras de París, relacionándose casi únicamente con niños y animales. La vida de Abel se ve truncada cuando es acusado de agredir sexualmente a una niña, pero la invasión alemana hace que sea enviado al frente en vez de ir a la cárcel. Sin embargo pronto es capturado y enviado como prisionero de guerra a realizar trabajos forzados en Prusia Oriental. Alli, de manera casual trabará conocimiento con el jefe de guardabosques del Reich, y a través de este, acabará siendo miembro del pabellón de caza del mariscal del aire Herman Goering. Finalmente, tras una serie de peripecias, Abel terminará por actuar como reclutador en la Napola del Castillo de Kaltenborn, donde cientos de jovenes alemanes reciben formación para ser la futura élite del III Reich.

Realizada en forma de coproducción europea entre Alemania, Francia y Gan Bretaña, “El ogro” supuso la adaptación para la gran pantalla de una novela del escritor francés Michel Tournier titulada “El rey de los alisios”, bajo la direccion del realizador alemán Volker Schlöndorff. Lo primero que llama la atención de “El ogro” es que se trata de un film un tanto atípico, quizás por el tono marcadamente poético que adopta la historia, y porque supone un viaje a las entrañas de Alemania durante la II GM, además de constituir una ácida reflexión sobre la naturaleza humana en general y el nazismo en particular. Toda la historia gira en torno al personaje central, Abel, muy bien interpretado por John Malkovich, dando vida al “ogro”, que es también narrador en primera persona, a la vez que eje fundamental de la historia.

En cuanto a la valoración del film, he de decir que este me ha parecido un tanto irregular. No cabe duda que el marco histórico que abarca y la perspectiva usada para narrar la II GM y la caida de la Alemania nazi desde dentro es bastante interesante a la vez que relativamente novedosa. Sin embargo, en mi opinión, la película no termina de hilvanar bien los distintos temas que apunta, ni tampoco sabe encontrar el tono adecuado de la narración, que se queda a medio camino entre la fábula poética y lo realista sin terminar de decantarse por ninguno de los dos estilos. Asimismo, el personaje de Abel da la impresión de resultar un tanto plano, algunos matices más a la hora de describir su personalidad habrían sido de agradecer. A esto se le añade que –como suele ser habitual en el cine alemán- el ritmo de la narración no es demasiado vivo, y aunque sus dos horas de duración no llegan a hacerse pesadas, si que acusa algún que otro bajón, aunque en el ultimo tercio de metraje vuelve a levantar el vuelo.

No obstante, hay que reconocer que la película tiene una ambientación sobresaliente, y algunas escenas logradas como por ejemplo las de la fiesta de caza en el pabellón de Goering o el desfile nocturno de antorchas en Kaltenborn y el subsiguiente diálogo del Conde con Abel acerca del nazismo. También es destacable el poético monólogo final que sirve de epílogo a la historia, posiblemente lo mejor de la misma:

Había una vez un marinero que en medio de una tormenta marina, teniendo miedo de morir en pecado, cargó sobre sus hombros a un niño, esperando que al salvar al muchacho se salvaría a sí mismo, pues la inocencia del niño le ayudaría a obtener la misericordia de Dios. Recordad siempre que estáis bajo el signo de san Cristobal: sois portadores de niños. Recordad que mientras llevéis a un niño, podréis eludir el mal refugiándoos bajo el manto de la inocencia, atravesaréis ríos, tempestades, podréis atravesar incluso las llamas del pecado.

En resumen, “El Ogro” es una típica producción europea que se sigue con interés, aunque no con apasionamiento. Un film quizás un tanto fallido en cuanto a sus planteamientos, pero de más que correcta factura y con una temática bastante atractiva. Por ello, aunque no termine de desarrollar plenamente todo lo que apunta, merece la pena verse.

Calificación: 6,5/10

martes, 10 de marzo de 2009

Una tumba al amanecer (Counterpoint)

Una Tumba al amanecer (1967)

La acción nos sitúa en Bélgica, en Diciembre de 1944. Mientras la orquesta del director famoso director sinfónico Lionel Evans (Charlton Heston) actúa para las tropas del frente, se produce la ofensiva alemana en Las Ardenas. Cuando los miembros de la orquesta intentan escapar, son capturados por los alemanes y trasladados como prisioneros a un castillo medieval donde tiene su cuartel el General Schiller (Maximilian Schell), un autoritario oficial que resulta ser admirador de Evans. Mientras Schiller trata de reanudar la ofensiva de sus fuerzas, le propone a Evans que junto con los miembros de su orquesta le ofrezca un concierto para entretener a los oficiales alemanes. Sin embargo, la negativa de Evans a ceder a las intenciones de sus captores hará que se enfrente al resto de músicos de su orquesta, encabezados por Victor (Leslie Nilsen) quienes desean tocar para los alemanes para salvarse del despiadado Coronel Arndt, empeñado en ejecutar a todos los prisioneros.

Una tumba al amanecer” (traducción más que libre del título original “Contrapunto” que hace referencia a dicho término musical) supuso la adaptación para la gran pantalla de la novela titulada The General (“El general”), del escritor Allan Sillitoe. La película abarca una curiosa mezcla de géneros, con elementos de cine bélico, algún toque de thriller, y por supuesto, con un importante componente musical. Este último aspecto puede considerarse el más destacable de la película ya que su banda sonora del film incluye muchas de las más famosas piezas de música clasica de autores como Beethoven, Brahms o Schubert. Entrando a valorar el film, lo primero que destaca es su buen reparto pues en los papeles principales nos encontramos con Charlton Heston y Maximillian Schell (interpretando por enésima vez a un oficial alemán) acompañados por un Leslie Nielsen en un papel muy alejado de los que suele interpretar en sus más recientes comedias alocadas.

Hay que reconocer que el punto de partida de la historia es ciertamente original, y que el inicio de la historia se sigue con interes. Sin embargo, el desarrollo del argumento se me hizo un tanto envarado, y da la impresión de que no termina de fluir con naturalidad. Igualmente, el choque de caracteres entre los personajes de Evans y Schiller, a priori otro de los puntos fuertes de la historia, comienza bien, pero un guión poco imaginativo hace que no termine de resultar lo suficientemente interesante como para compensar la falta de ritmo de la trama principal. También hay que decir que algunas de las situaciones que se plantean, especialmente en lo tocante al interés de Schiller en organizar el concierto en medio de una ofensiva, no resultan del todo creíbles. Afortunadamente la película remonta algo en vuelo en su parte final, aunque en mi opinión el climax narrativo se prolonga demasiado, lo que le resta intensidad dramática al mismo.

En definitiva, “Una tumba al amanecer” se queda en un título de decente factura, pero algo fallido en lo tocante a su desarrollo argumental. No puede decirse tampoco que las intepretaciones de los protagonistas sean especialmente memorables, pese a lo cual, se puede rescatar su parte musical y lo original de su punto de partida argumental. Por lo demás, está bastante lejos de ser una película redonda. Puede considerarse un título menor dentro de la filmografía del gran Charlton Heston.

Calificación: 5,5/10

miércoles, 26 de noviembre de 2008

El Arpa Birmana (Biruma no Tategoto)

El Arpa Birmana (1956)

Birmania, Julio de 1945. Mientras la guerra agoniza y las tropas japonesas se baten en retirada por todas partes, un pequeño destacamento japonés trata de alcanzar la frontera con Tailandia. La unidad, mandada por el capitán Inoyue (Rentaro Mikuni) se encuentra en malas condiciones, pero los hombres mantienen el espíritu gracias a los cantos que Inouye les ha enseñado y al virtuosismo con el que toca el arpa birmana uno de sus hombres, el sargento Mizushima, quien se destaca por su habilidad con ese instrumento. Pocos días más tarde la compañía de Inouye es rodeada por tropas británicas y los japoneses optan por deponer las armas al ser informados de que Japón ha presentado la rendición ante los aliados. Mizushima y sus compañeros son enviados a un campo de prisioneros británico, donde se enteran de que un grupo de soldados japoneses aun resiste en una colina cercana, negándose a aceptar la rendición. Mizushima se ofrece como mediador para convencer a sus compatriotas de que no sigan resistiendo, pero fracasa en su misión y está a punto de morir por el bombardeo británico. Tras salvar la vida de milagro, Mizushima vivirá una serie de peripecias, y tras hacerse con un atuendo de monje budista, hará todo lo posible por dar sepultura a los cuerpos de sus compatriotas caidos en combate.

En 1947, el escritor japonés Michio Takeyama comenzó a publicar por entregas en una revista su novela “El Arpa Birmana”, de claro transfondo antimilitarista, y muy seguramente inspirada por el ambiente de derrota y devastación moral que se vivía en el pais nipón en los meses inmediatamente posteriores al fin de la contienda. La historia pronto despertó el interés del director Kon Ichiwaka, quien ya había adaptado para la gran pantalla algunos clásicos de la literatura japonesa, y que se encargó de hacer lo propio con el texto de Takeyama. La película se convirtió en un éxito internacional y obtuvo varios premios en festivales cinematográficos extranjeros, dando a conocer al director fuera de sus fronteras. El éxito del film animaría al propio Ichikawa a realizar una nueva versión en color del mismo en 1985, que supuso un nuevo éxito para el ya veterano realizador.

Respecto a la valoración de la película, dice el diccionario de la RAE que “maniqueísmo” es la “Tendencia a interpretar la realidad sobre la base de una valoración dicotómica”. Personalmente opino que esta definición constituye una síntesis perfecta de esta película. No puede negarse que el mensaje de tintes pacifistas y antibelicistas, materializado en el símbolo del arpa birmana como emblema de la paz, es efectivamente desarrollado tanto a nivel estético como argumental. También hay que resaltar la calidad de una excelente fotografía en B/N, y las buenas interpretaciones del elenco de actores, además de la plasticidad de muchas de las imágenes del film.

Sin embargo, cuando uno reflexiona sobre el trasfondo de la historia que nos cuenta la película lo cierto es que la bondad del mensaje superficial queda diluida por ese maniqueísmo al que hacía referencia antes. Y digo esto porque al final, el poso que queda es que los japoneses no fueron otra cosa que víctimas como los demás, y desde luego, los soldados japoneses están lejos de ser retratados de una forma realista. Excepto el fanatismo de los defensores de la colina (brevemente esbozado) no se dice nada de la brutalidad japonesa contra la población autóctona (birmana en este caso) ni se denigra la guerra imperialista emprendida por Japón para sojuzgar a todos los pueblos asiáticos. Además hay más de una escena que roza la sensiblería más empalagosa, cuando no cae directamente en ella (por ejemplo, cuando los japoneses acaban cantado a coro con sus captores británicos). Todo ello conduce a pensar que lo que subyace en el fondo del film es más un alegato catártico y auto exculpatorio antes que un auténtico mensaje universalmente antibelicista. Este aspecto “tramposo” del film, unido a algún pasaje realmente aburrido, y a las escenas poco creíbles (por sensibleras) que trufan en gran medida las partes musicales del film oscurecen en gran medida sus otras virtudes, que radican sobre todo en el aspecto visual.

En mi opinión, Ichikawa se quedó a medio camino a la hora de denunciar la actitud japonesa ante el conflicto bélico. El retrato demasiado amable que hace de los soldados japoneses le resta contundencia a la historia, al centrar el drama de la historia en una sola de las partes implicadas, obviando el sufrimiento de las otras. Aunque hay que agradecer que por una vez una producción japonesa se apartara de la justificación de la guerra, lo cierto es que este film ofrece una nueva visión manipuladora de la intervención del ejército japonés en los paises ocupados. En resumidas cuentas, la película de Ichikawa es medianamente interesante desde el punto de vista artístico pero moralmente más que discutible.

La Crítica de Reisman

Calificación: 5,5/10

lunes, 10 de noviembre de 2008

Hasta donde los pies me lleven (So weit die füsse tragen)

Hasta donde los pies me lleven (2001)

En 1945 el prisionero de guerra alemán, teniente Clemens Forell (Bernhard Bettermann) es enviado junto con otros miles de compatriotas a un Gulag o campo de reclusión en Siberia. Alli habrá de enfrentarse no solo a las duras condiciones climáticas, sino también a la brutalidad del jefe del campo, el capitán Kamenev, decidido a no concederle ni un respiro a los prisioneros alemanes, haciendolos trabajar hasta la extenuación. Ello reforzará la determinación de Forell para, con la ayuda del médico alemán del campo, intentar un arriesgado plan de fuga que le llevará a recorrer miles de kilómetros por territorio de la URSS en busca de la libertad.

En 1955, un novelista alemán relativamente desconocido Josef M. Bauer publicó el relato So weit die Füsse tragen, (“Hasta donde los pies me lleven”) basado en una larga serie de entrevistas que el autor mantuvo con un antiguo soldado alemán, uno de los pocos que pudo evadirse de su reclusión en Rusia y regresar a Alemania años después del fin de la guerra. El libro de Bauer pronto alcanzó gran popularidad y se convirtió en un éxito de ventas siendo traducido a 15 idiomas. En él se describía la increíble odisea del protagonista, designado en el relato con el nombre ficticio de Clemens Forell, durante el largo trayecto de huida desde Siberia hasta la frontera de Irán, en busca de la libertad. Bauer aclaró que el verdadero protagonista de su relato deseaba permanecer en el anonimato por miedo a las represalias sovieticas, pero que lo que se contaba en su libro se basaba en hechos reales. El éxito del libro fue tal que en 1959, la historia de Forell fue adaptada para la TV en forma de miniserie de seis capítulos, logrando un importante éxito de audiencia y convirtiéndose en uno de los grandes eventos televisivos de la época en Alemania.

Sin embargo, tuvieron que pasar otros cuarenta años para que la historia fuera adaptada al cine, tratándose, como no podía ser de otro modo, de una producción alemana que se encargó de ofrecer una nueva revisión de la historia de Bauer. En cuanto a la valoración de la película, cuando me enfrento a un film de procedencia alemana, siempre me espero luces y sombras. Las primeras, sobre todo en el aspecto visual y formal (normalmente impecables) y las segundas, en el aspecto narrativo (generalmente muy plano y academicista). En este caso, he de decir que “Hasta donde los pies me lleven" no ha supuesto una excepción a la regla anteriormente expuesta.

Destacando en primer lugar lo positivo, me quedaría con la buena interpretación de Forell que logra el para mi desconocido actor alemán Bernhard Betterman, junto con la destacable ambientación de los paisajes naturales de Siberia y la URSS muy bien retratados con una más que cuidada fotografía de exteriores. Pero por lo demás, la película incide en los vicios propios del cine alemán, con algún ramalazo que podriamos denominar Hollywoodiense. Y digo esto por la persistencia del guión en mostrarnos el duelo casi de Western entre Forell y el oficial ruso que le persigue, Kamenev, quien se empeña en aparecer en todos los lugares por donde deambula el alemán. Por otra parte, la película tiene algún que otro bajón de ritmo a lo largo de sus casi dos horas y media de metraje, aunque en lineas generales se deja ver bien. Con un desarrollo argumental muy propio del cine de aventuras, la película desgrana las variadas peripecias de Forell en su huida a lo largo y ancho de Rusia, con un ritmo narrativo relativamente ágil pero también de una forma bastante previsible que no deja demasiado lugar para la emoción.

Si a lo anterior unimos el tipico mensaje de fondo autoexculpatorio sobre la culpabilidad alemana en los crímenes de la II GM y algún que otro pasaje poco creible (como por ejemplo, el desenlace, que me pareció un poco forzado y poco coherente), el resultado es que estamos ante un título tan atractivo en principio como fácilmente olvidable después de su visionado. Pese a ello, por su más que correcta factura y por los otros méritos mencionados antes, creo que no está de más que se vea por los aficionados a este tipo de films. Pero no me cabe duda de que este historia podría haber sido mejor contada con una producción más imaginativa.

Calificación: 5,5/10

martes, 28 de octubre de 2008

La Hora 25 (La Vingt-cinquième heure)

La Hora 25 (1967)

La Acción comienza en Rumania, en Marzo de 1939. La apacible vida del matrimonio formado por Johann Moritz (Anthony Quinn), un pacífico y bonachon campesino rumano, y su esposa Suzanna se verá alterado cuando el sargento Dobresco, jefe de la policia local, comienza a acosar a esta última. Con el fin de librarse de Johan, Dobresco lo cataloga falsamente como judio y lo envía a realizar trabajos forzados junto con miles de prisioneros hebreos para la construcción de un canal. Tras evadirse, intentando volver a reunirse con su mujer, una serie de peripecias conduciran a Moritz a ser elevado por los alemanes a la categoría de modelo del perfecto ario lo cual le acarreará su reclusión por los aliados una vez terminada la guerra.

He de admitir que “La hora 25” era una de mis grandes asignaturas pendientes sobre el cine de la II GM, ya que hasta este momento no había tenido oportunidad de verla, supongo que debido al hecho de que se trata de una película relativamente desconocida. La historia se basa en una obra del escritor rumano C. Virgil Gheorghiu quien, pese a haber servido en el cuerpo diplomático rumano durante la etapa del régimen dictatorial del general Antonescu, escribió, durante su cautividad de posguerra la novela “Ora 25”, en la que criticaba duramente la actitud colaboracionista del gobierno rumano con los nazis, y la persecución de los judios en Rumania. La novela, publicada en 1949, se convirtió en un Best Seller, que sin embargo, no libró a Gheorghiu de la polémica, al descubrirse unos escritos suyos que databan del periodo de la guerra, y en los que expresaba sus convicciones antisemitas, lo que dió lugar una polémica que persiguió al escritor hasta el final de sus dias. En cualquier caso, la historia tiene bastante interés por ser una de las escasas aproximaciones literarias que se han hecho sobre la participación de los paises satélites de Alemania en la persecución de los judios durante la II GM, un tema apenas tratado hasta la fecha.

Cuando finalmente el famoso productor italiano Carlo Ponti decidió llevar al cine la novela de Gheorgiou en los años 60, ciertamente lo hizo a lo grande. Ponti logró montar una coproducción multinacional en la que se involucraron estudios de Francia, Italia y Yugoslavia, por lo que el film pudo contar con una riqueza de medios inusuales en las producciones europeas; incluyendo un reparto internacional en el que destacaba una estrella de Hollywood como Anthony Quinn.

Todo ello ayudó a que “La Hora 25” se convirtiera en una película de factura formal hollywoodiense, pero con alma netamente europea. La película se apoya sobre todo en la colosal actuación de Quinn como Moritz, en el que supuso uno de los más brillantes papeles en la carrera cinematográfica del gran actor mejicano. Quinn llena la pantalla en cada uno de los planos en que aparece, y dota de credibilidad y de una tremenda humanidad a un personaje nada sencillo de interpretar. Además, la película cuenta con un excelente plantel de secundarios, que cumplen a la perfección en sus papeles; asi como una brillante puesta en escena y ambientación que redondean la excelente factura del film.

Posiblemente, lo único que le resta brillantez al conjunto, e impide que esta película pueda ser considerada una obra sobresaliente es el aspecto narrativo del film. Tras una primera hora bastante buena, en la que asistimos a la presentación de los personajes y la injusta reclusión de Moritz en el campo de trabajo para judios, la segunda mitad de la historia no logra mantener el nivel de la primera. Da la impresión de que por rázones de síntesis argumental el guión tuvo que recortar sustancialmente importantes partes de la novela, de forma que los hechos que presenta en esa parte aparecen demasiado esquemáticos. Pasan muchas cosas en poco tiempo, de modo que el hilo argumental principal queda un poco desdibujado en esa parte. Pese a lo cual, el film vuelve a retomar el pulso en el último tramo de la historia, con el juicio a Moritz por sus labores de propaganda en favor de los alemanes, y el desenlace, un final semitrágico que sobrecoge por la carga emotiva que transmite al espectador, y que supone un excelente colofón a una buena película.

En definitiva, “La hora 25” es una pequeña joya cinematográfica que merece ser descubierta por todo buen aficionado al cine que no haya tenido ocasión de verla. Una película muy recomendable.

Calificación: 7/10

lunes, 1 de septiembre de 2008

Embajadores en el Infierno

Embajadores en el Infierno (1956)

Un grupo de prisioneros españoles de la División Azul encabezado por el Capitán Adrados es conducido a un campo de reclusión soviético. Alli son obligados a realizar trabajos forzados, aparte de sufrir todo tipo de privaciones y penalidades por negarse a realizar propaganda pro sovietica, gracias a la resistencia moral de Adrados. Este será trasladado a otro campo donde se reecuentra con otros compañeros de armas, que viven en las mismas malas condiciones. Como Adrados se niega a realizar trabajos forzados, es recluido junto a otros compañeros en celdas de castigo. Después de unos años, tras sufrir todo tipo de penalidades y la presión de los captores para que hagan propaganda, se niegan a trabajar en el campo acogiéndose a Convención de Ginebra. Tras ser acusados de agitación política, un tribunal los condena a veinticinco años de trabajos forzados en Siberia. Pese a ello, Adrados y sus compañeros seguirán mostrandose rebeldes frente a sus captores rusos.

En 1954, tras más de una década de cautiverio en la URSS, regresaron a España en barcos de la Cruz Roja los prisioneros españoles integrantes de la División Azul que habían estado retenidos en campos de prisioneros soviéticos desde el final de la contienda. El periodista Torcuato Luca de Tena se propuso entrevistar a varios de estos retornados para documentar sus experiencias durante su reclusión en Rusia. Entre ellos se encontraba el Capitán Palacios, al que los hombres señalaban como un auténtico heroe de cautiverio. La serie de entrevistas que el periodista mantuvo con Palacios le sirvieron a Luca de Tena para escribir el libro “Embajador en el infierno” basándose en los recuerdos de áquel como prisionero de guerra. Gracias al éxito del libro, que fue publicado en 1955, la figura de Palacios fue elevada a la categoria de héroe anticomunista y Tena no tardó en llevar la historia al cine.

Obviamente el personaje del Capitan Adrados es el trasunto de Palacios, cuyas experiencias plasmadas en el libro sirvieron de hilo conductor de la historia. Sin embargo, como había ocurrido con “La Patrulla”, al régimen le interesaba dar una imagen de los divisionarios como cruzados anticomunistas en vez de militantes fascistas. Consecuentemente, en la película, tras varias fricciones con los ministros falangistas, se suprimieron la mayor parte de las referencias a La Falange que contenía el libro, procurando que estas quedaran reducidas al mínimo, lo cual provocó algunas voces airadas dentro de la prensa falangista. Pero lo cierto es que el film, siguiendo el éxito del libro, tuvo una muy buena acogida por parte del público español.

En cualquier caso, “Embajadores en el infierno” es considerada -a mi modo de ver, con razón- el mejor film que se ha hecho sobre la División Azul hasta la fecha. El director Jose María Forqué, aun manejando un presupuesto relativamente reducido para una producción de este tipo, pudo contar con respaldo total del Ejército para la ambientación del film, especialmente apreciable pues le permitió usar material ruso capturado en la Guerra Civil española. La historia, además, se beneficia del realismo que le confiere el estar basada en hechos reales que describen los aspectos más oscuros del régimen sovietico: los maltratos de sus campos de prisioneros, los intentos de obligarlos a realizar propaganda comunista o los juicios farsa a los que someten a algunos prisioneros.

Lo malo del film, como era de esperar, radica en el descarado tono propagandístico que adopta desde un primer momento. Se trata, con poco o ningún disimulo, de demonizar al régimen soviético ensalzando el valor moral de los prisioneros españoles; de forma que el argumento se vuelve demasiado reiterativo en ese aspecto, a la vez que las situaciones que nos va presentando resultan bastante previsibles y monótonas en el mayor de los casos. Además, el personaje central, el Capitán Adrados, es dibujado de una forma tan heroica y perfecta que parece más bien un personaje sobrehumano por lo impasible que se muestra ante todas las penalidades que sufre junto a sus compañeros, lo cual le resta credibilidad (y dramatismo) a lo que el film nos cuenta. No cabe duda de que si la historia hubiese adoptado un tono menos maniqueo y más realista, podría haberse convertido en una gran película.

Con todo, y pese a sus deficiencias, “Embajadores en el Infierno” es una película de una buena factura para los estándares del cine español, con unas actuaciones correctas por parte del elenco de actores, y bien ambientada. Un film interesante porque constituye el unico testimonio cinematográfico dedicado íntegramente a la División Azul.

Calificación: 5,5/10

lunes, 25 de agosto de 2008

La Patrulla

La Patrulla (1954)

Madrid, 1939. Mientras las tropas nacionales se preparan para tomar la ciudad, un grupo de cinco soldados amigos se fotografía en la Casa de Campo. Uno de ellos, el más joven muere poco después durante una patrulla nocturna. Los cuatro restantes, Matías, Enrique, Vicente y Paulino, ya concluida la guerra, prometen volverse a ver diez años después en el mismo sitio donde se fotografiaron. Sin embargo el destino les irá separando. Un tiempo después Paulino es detenido por contrabando de medicinas; Vicente marcha al extranjero como corresponsal de prensa; Matías vuelve a su pueblo; mientras que la invasión de la URSS hará que Enrique se aliste en la División Azul para combatir en Rusia, aplazando sus planes de boda con su novia, Lucia. Su amigo Vicente, también enamorado de Lucía, aprovechará la ausencia de Enrique para cortejarla, cuando este es dado por desaparecido en Rusia.

Contrariamente a lo que pueda parecer, el cine del franquismo no fue especialmente prolífico en el género que podriamos denominar “histórico-patriotero” ni hizo especial hincapié en rememorar los episodios bélicos de la historia española. Aunque, naturalemente se produjeron títulos de estas características (el mejor ejemplo es el de "Los ultimos de Filipinas") el cine de la época derivó bastante más hacia el folklore y la comedia costumbrista que al cine histórico. En el caso de la División Azul, es especialmente llamativa la escasez de títulos que traten sobre la misma y la forma tan tangencial en la que se hace. Esto se explica en parte porque, sobre todo porque a partir de los años 50, el intento de progresivo acercamiento a las potencias occidentales aconsejó una cierta suavización ideológica, al menos externa, de la dictadura. Consecuentemente, las producciones sobre la División Azul, cuya participación en la guerra al lado de la Alemania nazi era una incomodidad política en el contexto internacional de la posguerra, fueron bastante escasas pese a las ínfulas militaristas del régimen de Franco. Y cuando se retrató a la División Azul en el cine español, se hizo desde la perspectiva de la lucha anticomunista (cosa conveniente, dada la coyuntura internacional de la Guerra Fria) y omitiendo todos aquellos componentes ideológicos que pudieran hacer referencia al fascismo español.

Este es el caso de “La Patrulla”, obra de uno de los realizadores que se atrevió a tratar el tema de la participación española en el Frente ruso, el director Pedro Lazaga. No en vano, Lazaga había sido un activo militante falangista y había servido personalmente como voluntario en la División Azul. Sin embargo la película apenas trata la lucha de los divisionarios en el frente, tema por el que pasa de puntillas y que se salda con apenas un par de escenas (por cierto, muy curiosa la juerga folklórica de los divisionarios en uniforme alemán), y se centra mucho más en la parte de drama romántico y la crítica hacia el régimen soviético, describiendo las penalidades y maltratos que sufren los prisioneros españoles durante su reclusión en la URSS (un tema que se volverá a tratar en la posterior “Embajadores en el infierno").

La película tiene un arranque interesante con la presentación de los personajes durante la Guerra Civil, antes de la incursión nocturna en Madrid. No está mal tampoco como se va describiendo el destino de los cinco protagonistas de la foto después de la guerra. Sin embargo, la película empieza pronto a flojear, especialmente porque el apartado bélico es excesivamente breve, y la historia va discurriendo lentamente por los previsibles cauces del drama facilón, centrado en el triángulo amoroso de turno de Vicente y Enrique con la protagonista femenina, aderezado con una poco sútil carga de crítica anticomunista, que no resulta especialmente interesante ni añade tampoco gran cosa a la historia.

En definitiva, "La Patrulla", pese a pertenecer a las obras más serias del posteriomerte prolífico director de comedias ligeras y de escasa calidad cinematográfica Lazaga, es una película mediocre, ideológicamente demasiado tendenciosa, y no demasiado original en su desarrollo. Solo merece verse por ser uno de los escasos testimonios cinematográficos (si bien fugaz) sobre la División Azul.

Calificación: 4/10