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lunes, 31 de diciembre de 2012

My Way (Mai Wei)

My Way (2011)

La historia comienza en la Corea ocupada por los japoneses, en 1928. En la villa de un alto oficial japonés coinciden dos niños que sueñan en convertirse en corredores de Maratón y campeones olímpicos: el coreano Jun Shik y el japonés Tatsuo. Pronto surgirá entre ambos una fuerte rivalidad deportiva que se convertirá en personal cuando Jun Shik derrota a Tatsuo en una carrera pero es descalificado por los jueces japoneses. A consecuencia de la pelea provocada por Jun Shik este es reclutado forzomente como soldado en el ejército japones y destinado junto a otros compatriotas a servir en Manchuria. En ese destino volverá e reencontrarse con Tatsuo, convertido ahora en un implacable oficial del Ejército, y ambos se verán envueltos en la sangrienta batalla de Kalkhin-Gol, siendo capturados por los rusos. Finalmente, tras una serie de peripecias en el duro ambiente del Gulag sovietico, Jun Shik y Tatsuo lograrán escapar, para ser capturados por los alemanes, enrolados en un batallón extranjero de la Werhmacht, y enviados a sevir en Normandia en vísperas del Dia-D.

My Way es una muy reciente película bélica producida por el emergente cine surcoreano, además de ser el segundo film bélico dirigido por el realizador Kang Je-gyu, quien retomaba la dirección tras un parón de siete años que siguió al éxito de su anterior película, la aclamada Lazos de Guerra. La historia de My Way tiene una lejana base real, ya que se inspira en la azarosa experiencia bélica de Yang Kyoungjong un joven coreano que fue sucesivamente enrolado a la fuerza en el ejército japonés, soviético, y alemán, y que terminó siendo capturado por los aliados en las playas de Normandia, siendo el único caso documentado de un soldado que participó con tres ejércitos distintos en la II GM. Sobre este sustrato verídico, Kang Je-Gyu construye una historia de rivalidad nacional, personal y deportiva entre los dos protagonistas, que sirve de Leiv Motiv de la narración. Para recrear la historia del film, el realizador contó con un más que generoso presupuesto de 24 millones de dolares, todo un hito tratandose de una producción coreana, pese a lo cual My Way no terminó de funcionar en taquilla, y su repercursión internacional fue bastante menor que la obtenida por Lazos de Guerra.

Y lo cierto es que viendo la película, se comprende que esta no haya sido un gran éxito. Esto puede achacarse principalmente a que la espectacular recreación de las secuencias bélicas, que incluye una excelente puesta en escena de la Batalla de Kalkhin-Gol en la que vemos un apabullante despliegue de medios técnicos y atrezzo militar (incluyendo carros rusos BT-7) no compensa la flojedad de un guión que abunda demasiado en lugares comunes que parecen entresacados de otras películas. En ese sentido podemos encontrar referencias más o menos cercanas de otros títulos como “Carros de Fuego”, “Gallipoli” o “Camino de la Libertad”. Además, los personajes se antojan excesivamente estereotipados: el noble y abnegado Jun Shik frente al fanático y despiadado Tatsuo, aunque este personaje experimente cierta evolución conforme avanza el metraje. Demasiado poco para sostener una cinta cercana a las dos horas y media de duración que, dicho sea con franqueza, se hacen excesivamente largas.

En ese sentido, hay determinadas partes del film, especialmente el dilatado prólogo y la parte que transcurre en Manchuria, que aportan muy poco a la narración y que podrian haberse acortado. Además falta una mayor dosis de emoción en los diálogos, que no terminan de funcionar en pantalla a la hora de transmitirle al espectador el dramatismo de la historia. Y ello, como apuntaba, se convierte en un pesado lastre que no puede compensar el sobresaliente aspecto técnico del film, que incluye algunas de las escenas bélicas más impresionantes vistas en el cine bélico reciente. Pero las destacadas secuencias de acción, por sí solas, no sirven para que la película termine de remontar el vuelo. Una verdadera pena, porque ciertamente si el despliegue de medios técnicos de la película se hubiera puesto al servicio de una historia algo más pulida, habriamos estado, sin duda, ante una obra maestra del género bélico. Al final, no obstante, My Way se queda en un título simplemente correcto.

Calificación: 5/10

martes, 5 de julio de 2011

La Condición Humana (III): La Plegaria del Soldado (Ningen no joken III)

La condicion humana (III). La plegaria del soldado (1961)

Tras ver como su unidad era aniquilada por los tanques rusos, Kaji en compañía de los otros dos únicos supervivientes, emprende un largo camino a pie a través de Manchuria para tratar de volver a territorio amigo. En su andadura, Kaji será testigo de toda una serie de desastres de la guerra, encontrándose por el camino a civiles desplazados y hambrientos, mujeres violadas por los rusos y aldeas devastadas por la guerra. Pero, a pesar de las dificultades, el hambre y las privaciones, el deseo de Kaji por reunirse con su mujer le impulsará a seguir adelante.

Con La Plegaria del Soldado Masaki Kobayashi ponía el broche final a su trilogía sobre La Condicion Humana, contando en esta ocasión una historia centrada en describir las penalidades materiales y humanas que toda guerra lleva aparejadas, y en especial para los individuos del bando derrotado. En muchos sentidos, puede afirmarse que esta tercera entrega es la película más completa de la trilogía, estando dividida en dos partes claramente diferenciadas. La primera, que narra los desesperados intentos de Kaji por volver a territorio amigo para buscar a su esposa, se caracteriza por el uso de unos encuadres inusuales, los monólogos interiores explicitados a través de una voz en off que nos narra los pensamientos de los protagonistas, e incluso algunos flashbacks que nos retrotraen a las dos primeras entregas de la trilogía. En el curso de su larga caminata, Kaji se verá obligado a matar y robar para sobrevivir, además de enfrentarse a los soldados rusos, los guerrilleros chinos e incluso a sus propios compañeros japoneses. En ese sentido, la película pinta un cuadro absolutamente realista, a la vez que desolador, sobre las secuelas de la guerra y como esta es capaz de avivar los peores sentimientos de los seres humanos.

De este modo, el viaje de Kaji se convierte en un auténtico proceso de desengaño moral para el protagonista, obligado a renunciar a sus propias convicciones pacifistas, y a enfrentarse a su pérdida de fe en los ideales comunistas (cuando descubre que los soldados del Ejército Rojo están violando a las mujeres japonesas) y en la propia naturaleza humana en general. Esta primera parte, narrada con notable ritmo y plena de matices narrativos, condensa a mi modo de ver lo mejor de las tres películas, logrando que el espectador realmente se haga partícipe de la bajada a los infiernos del protagonista. Sin embargo, en su segunda mitad, la que nos muestra las vivencias de Kaji como prisionero de guerra, el relato vira hacia esquemas más clásicos y trillados, mostrando en cierta medida como el protagonista vive en primera persona las penalidades que él mismo había tratado de evitar para los prisioneros chinos en la primera entrega de la trilogía. Pero en esa parte el relato adolece nuevamente de mostrar unas situaciones y diálogos redundantes y que se alargan en exceso, con lo que el ritmo narrativo decae bastante en ese tramo del metraje, sin que levante el vuelo hasta muy el final, cuando la historia enlaza con el trágico desenlace del periplo de Kaji en busca de su esposa Michiko.

En cualquier caso, hay que concluir que La Plegaria del Soldado es en muchos aspectos la mejor entrega de la trilogía de Kobayashi, y un dignísimo cierre de la misma. Una película indispensable, sobre todo por su excelente primera parte, que supone toda una lección de cine, con mayúsculas. Un título que pone el mejor broche posible a una trilogía de excelente ambientación, montaje y guión, y que sin duda es de indispensable visionado para los buenos aficionados al cine.

Calificación: 7,5/10