BIENVENIDO

Gracias por visitar este Blog.

Se pueden publicar comentarios en cualquier reseña. Para consultar reseñas antiguas, solo tienes que pinchar en "Listado Alfábetico de las películas del Blog".

Todos los comentarios serán contestados. Para plantear dudas, sugerencias o cuestiones puedes enviar un e-mail a: sgmcine@hotmail.com

Actualmente hay 375 reseñas publicadas.
Mostrando entradas con la etiqueta Guerra Naval. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Guerra Naval. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de noviembre de 2019

MIDWAY


Midway (2019)

La historia comienza en Diciembre de 1941. Tras el ataque japonés contra la base norteamericana de Pearl Harbor, el Almirante Chester Nimitz (Woody Harrelson) es nombrado Comandante en Jefe de la Flota del Pacífico y destinado a Hawaii con el objetivo de detener el avance nipón. Para anticiparse a las intenciones del almirante Yamamoto, Nimitz contará con la colaboración de su eficiente oficial de inteligencia Edwin Layton (Patrick Wilson) quien, mediante el descifrado de las comunicaciones enemigas, descubrirá el siguiente objetivo de la ofensiva japonesa: la isla de Midway.

Cuarenta y tres años después del estreno de “La Batalla de Midway” (1976), el realizador alemán afincado en Hollywood Roland Emmerich, conocido principalmente por ser el responsable de Blockbusters como Godzilla o Independence Day, ha sido el encargado de dirigir esta nueva y actualizada versión cinematográfica sobre la famosa Batalla de Midway. En la misma, la flota norteamericana obtuvo una victoria decisiva, destruyendo por completo la agrupación de portaaviones del almirante Nagumo, lo que sirvió para detener definitivamente el avance japonés en el Pacífico central, y a la postre supuso un decisivo punto de inflexión en la Guerra del Pacifico.  

En cuanto a la valoración de la película, hay que decir que estamos, para lo bueno y para lo malo, ante un título con el sello propio de las producciones de Emmerich. Entre los aspectos positivos cabe destacar, sin duda, los sobresalientes efectos visuales del film, que dotan de un brillante realismo a las secuencias bélicas, y la cuidada puesta en escena, que lograr recrear con notable fidelidad los escenarios donde se desarrolla la historia.

No obstante, es en el aspecto narrativo donde la película patina en varios aspectos. En primer lugar por el tono descaradamente patriotero que adopta el guion a la hora de abordar los hechos históricos. Es cierto que no se omite del todo la perspectiva japonesa (que se muestra principalmente a través de los diálogos del Almirante Yamamoto), pero en muchos aspectos, el guion resulta un pastiche de propaganda yanqui. Tampoco ayuda que –a diferencia de la película de los 70, que se centraba más en los hechos históricos generales-, en esta ocasión se intercalan en el contexto de la batalla distintas historias personales de varios “héroes anónimos” americanos (sobre todo, pilotos navales) dispuestos a dar la vida por la patria, con el evidente objetivo de resaltar la valentía de los militares estadounidenses. De ese modo, el clímax de la narración nos muestra, con muchas dosis de épica, la destrucción de los portaaviones japoneses a manos de los bombarderos en picado americanos, sin embargo, el contraataque japonés que logró poner fuera de combate al Yorktown prácticamente ni aparece en la pantalla, en un evidente ejemplo de maniqueísmo que le resta valor al conjunto del film.

Se echa en falta, por ejemplo, algún componente narrativo dedicado a los horrores de la guerra, y que se humanizara en mayor medida al enemigo, algo que el guion del film prácticamente obvia casi por completo. En ese sentido, la película de Emmerich parece optar por un estilo narrativo que adolece de profundidad argumental y de desarrollo de los personajes, que se antoja absolutamente desfasado en la actualidad. En definitiva, Midway es un producto brillantemente terminado en sus aspectos técnicos y visuales, pero decepcionante en el apartado narrativo. En mi opinión, Emmerich no logra superar a la película de los 70, que sin ser una maravilla, sigue siendo mejor que esta nueva recreación cinematográfica de la famosa batalla del Pacífico.

Calificación: 5/10

lunes, 17 de octubre de 2011

El Zorro de los Océanos (The Sea Chase)

El Zorro de los Océanos (1955)

La historia comienza en el puerto de Sydney, Australia, pocos días antes del estallido de la II GM. El Capitán Karl Ehrlich (John Wayne), un veterano lobo de mar de ideas antinazis, planea zarpar con su barco, el vetusto carguero Ergenstrasse, con rumbo a Alemania antes del comienzo de las hostilidades, para evitar el internamiento. A la tripulación se le unirá un inesperado pasajero, la atractiva agente del servicio secreto Elsa Keller (Lana Turner), que se había prometido al oficial británico Jeff Napier, amigo personal de Ehrlich, quien será el encargado de encabezar la búsqueda y captura del Ergenstrasse.

El Zorro de los Océanos supuso la adaptación para la gran pantalla de la novela The Sea Chase ("Persecución Marítima") del escritor Andrew Geer, la cual apareció publicada por primera vez en 1948. Sin embargo, al preparar el libreto del film, en vez de atenerse fielmente al original literario, los guionistas decidieron introducir varias modificaciones sustanciales, que perjudicaron en buena medida la esencia de la historia original. Para empezar, modificaron el personaje central, que en el libro era un duro lobo mar y un nazi convencido, convirtiéndolo en el film en un hombre de convicciones monárquicas y opuesto al régimen, sin duda para hacerlo más simpático de cara al público norteamericano, sobre todo teniendo en cuenta que el papel iba a ser encarnado por John Wayne, el american hero por excelencia de Hollywood. Además, también alteraron el personaje de la coprotagonista, la espía Elsa Keller, que en el libro era descrita de una manera mucho menos dulce de lo que aparece en el film, de modo que el peso de este personaje en la narración quedó bastante devaluado.

Pero, dejando de lado los cambios introducidos respecto a la novela de Geer, el principal problema de la película es que ninguno de los tres ejes narrativos que plantea, a saber, la acción naval, el romance y el enfrentamiento de Erlich con sus perseguidores, consigue realmente enganchar al espectador. En el apartado puramente bélico, hay que señalar que las escenas de acción son escasas, y están resueltas con unos efectos visuales más bien pobres, incluyendo un cierto abuso del recurso de mostrar la trayectoria del buque que aparece sobre impresionada en un mapa marítimo. Por otro lado, el aspecto romántico de la trama resulta bastante simplón y trillado, amén de que se nota a la legua de no existía química entre John Wayne y Lana Turner, por lo que su romance se antoja más bien forzado e inverosímil.

Y, finalmente, el aspecto dedicado a la persecución que sufre el buque de Ehrlich por parte de la Royal Navy, el típico juego del gato y el ratón que tan buenos resultados suele ofrecer en este tipo de Films, está resuelto en este caso con muy poco nervio narrativo. Tampoco la parte más típica del cine de aventuras, dedicada a la prolongada escala que hace el Ergenstrasse en la isla tropical para aprovisionarse de madera, y que ocupa bastantes minutos de la parte central de la narración, ofrece nada realmente estimulante para el espectador. Es por estas razones que la película se contempla con cierto agrado, pero también con un evidente punto de indiferencia hacia lo que ocurre en la pantalla.

En definitiva, El Zorro de los Océanos es un correcto título de aventuras marinas, que cuenta con un buen reparto, pero que resulta a todas luces bastante discreto en el aspecto narrativo. Por ello, puede considerarse como una de las películas menos memorables del gran John Wayne y una de esas historias que, sin duda, podrían haber dado mucho más de sí de haber contado con una realización más vigorosa.

Calificación: 5/10

lunes, 10 de octubre de 2011

Primera Victoria (In Harms Way)

Primera Victoria (1965)

Tras ser apartado del mando por ver como tras el ataque japonés contra Pearl Harbor su crucero era torpedeado y hundido por un submarino enemigo, el capitán Rockwell Torrey (John Wayne) es rehabilitado y ascendido a vicealmirante, recibiendo el encargo de organizar una importante operación para conquistar un grupo de islas ocupadas por los japoneses cuya captura es vital para las futuras operaciones en el Pacífico. De forma paralela, el hijo de Torrey, su novia, y el capitán Paul Eddington (Kirk Douglas) jefe de estado mayor del vicealmirante, se verán envueltos en un triángulo amoroso que traerá trágicas consecuencias para todos ellos.

El caso de Primera Victoria es el mejor ejemplo de cómo el hecho de contar para la producción de un film con un realizador de reconocido prestigio -en este caso Otto Preminger- y un reparto estelar, con actores de la talla de John Wayne, Kirk Douglas y Henry Fonda, no siempre garantiza el que se vaya a obtener una buena película. El film, que supuso la primera colaboración en pantalla de dos gigantes de la interpretación como Wayne y Douglas, se basaba en la novela homónima del escritor James Basset publicada en 1962, la cual describía una serie de operaciones en el Pacífico, que aunque eran ficticias, estaban lejanamente basadas en la Campaña de Guadalcanal y de las Salomon, que tuvo lugar entre finales de 1942 y principios de 1943. Seguramente, Basset prefirió usar elementos ficticios a la hora de describir las operaciones militares que aparecían en su libro para que estas no dejaran en segundo plano el aspecto humano de la novela, centrada en describir el perfil sicológico de sus personajes.

Al preparar el guión del film, Preminger respetó dicho aspecto del libro, sin embargo, afirmó su intención de hacer un film épico y contar una historia patriótica, que se opusiera al antibelicismo imperante en el Hollywood de la época, que Preminger calificó de “derrotismo”. Y desde luego, si esa era la intención del director, hay que decir que el resultado no fue nada satisfactorio. Wayne, aquejado de una grave enfermedad respiratoria que le hacía toser sangre, no dio lo mejor de sí mismo en el papel de Torrey, mientras que Douglas, por su parte, no simpatizó en absoluto con Preminger, cuyas maneras despóticas de dirigir a los actores no compartía. Pero el problema principal reside en un guión bastante flojo que deriva en una historia más bien folletinesca, en la que todos los personajes se ven envueltos en una madeja de relaciones personales y/o amorosas cruzadas poco creíbles.

Además, el aspecto técnico de la producción resulta asombrosamente pobre. Para recrear las escenas de acción naval se emplearon una serie de maquetas bastante burdas, combinadas con unos efectos visuales de saldo, impropios de una producción de altos vuelos, lo cual deja una inexcusable sensación de producto poco pulido para el espectador. En el apartado histórico, dejando de lado la deliberada inexactitud de los hechos que se narran, es reseñable la aparición en pantalla del superacorazado japonés Yamato, un buque que, por otra parte, nunca entró en combate naval directo contra unidades de la US Navy como aparece en el film. Además, el combate final contra el Yamato y la flota nipona, que supuestamente constituye el autentico climax narrativo del film, decepciona no solo por la pobreza de los efectos especiales, sino también por la forma brusca y chapucera en la que se resuelve la batalla naval con los navios norteamericanos.

En definitiva, entre lo poco rescatable que puede sacarse de este film, habría que mencionar la buena fotografía en B/N, el reparto, y el hecho de que, pese al carácter folletinesco de la narración, no sea una película excesivamente aburrida, si bien se hace algo larga debido a su dilatado metraje. En cualquier caso, está claro que se trata de un título a todas luces decepcionante.

Calificación: 4/10


martes, 4 de octubre de 2011

Acción en el Atlántico Norte (Action in the North Atlantic)

Acción en el Atlántico Norte (1943)

La acción nos sitúa en 1943. El Teniente Joe Rossi (Humphrey Bogart) oficial de la marina mercante y segundo del petrolero North Star verá como su buque es torpedeado por un submarino alemán y hundido en su ruta hacia el puerto de Murmansk, en la URSS. Pese al accidentado naufragio y el rescate tras permanecer varios días en el mar, Rossi no duda en volver a enrolarse en otro barco y repetir el viaje en un buque tipo Liberty que formará parte de un convoy con destino al lejano puerto ruso, al que deberán llegar siguiendo la peligrosa ruta del Atlántico Norte.

Ya hemos comentado en otras ocasiones como durante el periodo comprendido entre 1942 y 1945, los grandes estudios de Hollywood se embarcaron en una intensa campaña propagandística destinada a producir Films que sirvieran para levantar la moral del pueblo estadounidense y ensalzar la causa de los países Aliados en la contienda. Y por supuesto, las grandes estrellas de la industria cinematográfica se prestaron a protagonizar esos films de propaganda. En ese contexto se enmarca Acción en el Atlántico Norte, una película producida por la Warner Bros, y protagonizada por el gran Humphrey Bogart, quien por esas fechas también iba a participar en varios proyectos similares, como Sahara o la mítica Casablanca.

En el caso que nos ocupa, Acción en el Atlantico Norte tiene el interes de ofrecernos una perspectiva de la conocida como Batalla del Atlántico, ofrecida desde el punto de vista de las tripulaciones de la marina mercante. De hecho, el film fue originariamente concebido como un documental, pero finalmente fue producido como película comercial con la finalidad de que actuara como reclamo para estimular el enrolamiento en el servicio de la marina mercante. A tal efecto, la Warner Bros no escatimó medios para lograr que la película fuera creible, construyéndo en sus estudios unas enormes réplicas a escala real de un petrolero y de un buque tipo Liberty, las cuales iban a ser incendiadas durante el rodaje, y dándole el papel protagonista a Bogart, que había sido marino mercante en su juventud, y aceptó encantado el encargo.

En cuanto a la valoración, hay que decir que Acción en el Atlántico Norte acusa bastante el elemento coyuntural que motivó su producción y no puede decirse que haya resistido demasiado bien el paso del tiempo. Lo mejor del film radica, sin duda, en sus escenas bélicas muy bien filmadas para la época, y que combinan una serie de buenas maquetas con imágenes de combate naval sacadas de archivo. En ese sentido, el enfrentamiento del convoy con la Manada de Lobos (grupo de U-Boote que se concentraban para atacar los convoys aliados), y el enfrentamiento final con el submarino alemán condensan los mejores momentos del film. En medio, hay un interludio dedicado al periodo que los marinos pasan en tierra antes de embarcar, y que no presenta mayor interés, más allá de permitir el lucimiento de Bogart, en una secuencia que muestra el peligro de como el hablar en exceso en lugares públicos puede suponer un filón de información para el espionaje enemigo, y en la que Bogey muestra alguno de los tics de “duro” que le hicieron famoso.

En definitiva, Acción en el Atlántico Norte ofrece algunos puntos de interés desde el punto de vista bélico, pero en líneas generales resulta un título simplemente correcto, cuyo principal aliciente reside en abarcar un tema muy poco trillado por el cine de guerra, y en la siempre estimulante presencia escénica de Bogart. Pero no es una película especialmente memorable.

Calificación: 5,5/10

lunes, 26 de septiembre de 2011

El Motin del Caine (The Caine Mutinity)

El Motin del Caine (1954)

La historia nos sitúa en 1944. El dragaminas norteamericano USS Caine recibe a su nuevo comandante, el capitán Phillip Queeg (Humphrey Bogart) un hombre apegado al estricto cumplimiento de las ordenanzas navales, que pronto se granjeará la enemistad de la tripulación por su exagerado sentido de la disciplina. La actitud neurótica de Queeg llevará a uno de los oficiales del Caine, el Teniente Keefer a convencer al segundo oficial, el Teniente Maryk, de que Queeg puede padecer algún tipo de trastorno sicológico que le incapacita para ostentar el mando del buque. Por esta razón, cuando en medio de un violento tifón el capitán Queeg pierde los nervios, Maryk decide relevarlo y tomar el control del barco, lo cual le acarreará ser juzgado en un consejo de guerra por amotinamiento, siendo defendido en el curso del mismo por el Teniente Greenwald (José Ferrer).

Hay varias razones por las cuales El Motin del Caine tiene ganado un pequeño hueco en la historia dorada del Hollywood clásico. Esta película supuso la vuelta a la dirección del brillante realizador canadiense Edward Dmytryck, tras varios años apartado de la industria cinematográfica debido a su implicación en la tristemente célebre Caza de Brujas del Comité de Actividades Antiamericanas del senador McArthy. Tras su vuelta a Hollywood, Dmytryck fue llamado por el afamado productor Stanley Kramer, en la que iba a ser la última gran producción de este antes de pasarse a las tareas de dirección. Kramer había adquirido los derechos de la novela del escritor Herman Wouk titulada “The Caine Mutinity” publicada en 1951, la cual se habia alzado con el premio Pulitzer tras convertirse en un arrollador best-seller en EEUU, e inmediatamente pensó en Dmytryck para dirigir la adaptación cinematográfica, cuyo rodaje iba a tardar más de un año en comenzar debido a las reticencias del Departamento de Defensa de EEUU para respaldar la producción, aspecto que era esencial para sacar adelante el proyecto.

Finalmente, Kramer pudo convencer a los responsables de la Armada para que le prestasen su colaboración, recalcando en los títulos de crédito iniciales que la historia era ficticia y que nunca se había producido un motín en un buque de la marina estadounidense. La película se convirtió desde su estreno en un arrollador éxito en taquilla, siendo uno de los mayores éxitos comerciales de la productora Columbia, e incluso recibió 7 nominaciones a los oscars de 1955, aunque finalmente no se alzó con ninguna estatuilla. Entre los entusiastas espectadores del film se encontraba un por aquel entonces jóven británico llamado Maurice Joseph Micklewhite, quien decidió adoptar el nombre del barco como su apellido artístico, haciéndose llamar en lo sucesivo Michael Caine.

Pese a no ser una película bélica al uso -ya que las escenas de acción brillan totalmente por su ausencia- El Motin del Caine constituye un intenso ejercicio cinematográfico de crescendo narrativo hasta llegar al climax final del juicio, que supone un brillante desenlace y punto culminante de la narración. Una narración que gravita en torno a la mayestática interpretación de Humphrey Bogart como el paranoico y despótico Capitan Queeg que en una de sus más memorables citas afirma: "En este barco hay cuatro maneras de hacer las cosas: la buena, la mala, la de la Marina y la mia". En medio de ello, la película nos ofrece una interesante reflexión acerca de temas como el deber, el sentido de la obediencia o el honor, temas que se condensan a la perfección en el tercio final del metraje, dedicado a la corte marcial, y en el que brilla con luz propia la interpretación de José Ferrer en el papel de enérgico abogado de la defensa, que logra poner finalmente en evidencia a Queeg, en una secuencia memorable que, por cierto, parece que inspiró en bastante medida la también memorable secuencia de Jack Nicholson en el tribunal de Algunos hombres buenos.

Con tantos aspectos brillantes en su haber, es una pena que El Motín del Caine no llegara a la categoria de Obra Maestra, lo cual puede achacarse a varios factores. Como el propio Dymitryk reconoció años después, la primera versión del guión contemplaba un metraje de tres horas de duración en el que se desarrollaban más a fondo los personajes. Sin embargo, Kramer entendió que esta versión del libreto no era la más conveniente desde el punto de vista comercial, así que decidió acortar sensiblemente la duración e introducir una subtrama romántica que no aporta nada de interés a la historia, y que resulta más bien cargante para el espectador. Otro aspecto que le resta puntos al film radica en el tono forzadamente patriotero de algunas de las escenas, asi como un monólogo metido con calzador que pronuncia el personaje de José Ferrer tras el juicio, y la dedicatoria del film, que fue –como no podía ser de otro modo- para la US Navy. Está claro que esto puede considerarse como el peaje que hubo que pagar para contar con la colaboración de la Armada en la producción del film. 

En definitiva, El Motin del Caine es un título clásico de obligado visionado que nos regala una de las mejores interpretaciones del gran Humphrey Bogart, en la que iba a ser una de sus últimas películas. Una gran película lastrada por algunos aspectos coyunturales, pero sin duda, uno de esos Films que hay que ver al menos una vez.

Calificación: 7/10

sábado, 23 de abril de 2011

Sangre, sudor y lágrimas (In which we serve)

Sangre, sudor y lágrimas (1942)

Tras ser botado en las semanas previas al estallido de la II guerra mundial, el destructor de la Royal Navy HMS Turrin recibe la llegada de su tripulación con su comandante, el Capitán Kinkrass (Noel Coward) al frente. Pronto, el Turrin entrará en acción en aguas de Noruega, para colaborar más tarde en la evacuación de Dunkerke, hasta ser gravemente dañado durante las operaciones navales contra la isla de Creta. Entretanto, el capitán Kinkrass y algunos de sus hombres irán recordando sus experiencias anteriores al estallido de la guerra.

Sangre sudor y lágrimas (traducción que hace referencia a la fámosa frase de Churchill y que poco tiene que ver con el título original, que viene a significar “En la cual servimos”) es una película propagandística británica, producida en el periodo inicial de la contienda, cuyo interés reside más en el trasfondo de su gestación que en la historia que cuenta. El proyecto salió adelante gracias al empeño del comediante Noel Coward, amigo personal de Churchill y de Lord Mountbatten que, deseoso de contribuir al esfuerzo bélico de su país saliéndose del ámbito de la comedia, se inspiró en las experiencias de Mountbatten al frente del destructor HMS Kelly durante los primeros meses de la guerra, las cuales sirvieron de base para elaborar el guión del film. Además, este supuso el primer trabajo en la dirección de uno de los grandes realizadores del siglo XX, David Lean.

Como Coward, que en principio iba a ser el director además del protagonista del film, no tenía experiencia en la dirección le preguntó a un amigo quien podría ayudarle como codirector, y la repuesta que obtuvo fue: “puedes contar con el mejor editor del país: David Lean”. Una vez que este accedió a participar en el proyecto, su diligencia durante los primeros días de rodaje fue tal que Coward decidió dejar enteramente en manos de Lean las labores de dirección, centrándose él en la interpretación. El rodaje pudo concluirse en un plazo relativamente breve gracias al total respaldo que el ministerio de información dio al film, de modo que Coward pudo contar con cientos de marineros reales para que actuaran como extras en la película. Después de su estreno, además, Coward recibió una felicitación oficial del almirantazgo británico por el retrato altamente realista que la película hacia de la guerra en el mar.

En ese sentido, puede decirse que lo mejor de Sangre, sudor y lágrimas es, sin duda, su alto grado de realismo. Se nota que el guión bebe directamente de las experiencias bélicas de un capitán de navío ya que el aspecto bélico de la producción –bastante logrado desde el punto de vista técnico pese a las evidentes limitaciones de la época- resulta bastante realista, especialmente en las secuencias que muestran el hundimiento del destructor en Creta tras ser bombardeado por aviones de la Luftwaffe.

Tampoco está mal la interpretación de Noel Coward en el papel de capitán Kinkrass, sobre todo teniendo en cuenta el cambio de registro que tuvo que hacer el actor, anteriormente encasillado en papeles de comedia. La técnica narrativa puede considerarse igualmente bastante novedosa para la época, ya que la historia está narrada en gran medida mediante una serie de flashbacks, que nos retrotraen a las semanas anteriores al estallido de la guerra, y nos muestran la vida de los protagonistas durante esos días que precedieron al estallido de la contienda. Sin embargo, la película también tiene aspectos mejorables, en especial la falta de ritmo de la que adolecen buena parte de dichos flashbacks –muchos de los cuales se pierden en diálogos y anécdotas más bien insustanciales- y quizás el hecho de que el mensaje propagandístico resulta demasiado poco sútil. Se trata ante todo de resaltar el espíritu de abnegación y sacrificio del pueblo británico ante la guerra, sin introducir mayores matices, por lo que en ese aspecto, la trama resulta bastante plana para el espectador actual.

En cualquier caso, por ser una película más que correcta en el aspecto técnico y por haber supuesto el debut en la dirección del gran David Lean, Sangre, sudor y lágrimas es de esos títulos clásicos que no desmerece un visionado. Pese a no ser de lo mejor dentro del género propagandístico tiene su punto de interés.

Calificación: 5,5/10

sábado, 1 de enero de 2011

Almirante Yamamoto (Rengo kantai shirei chôkan: Yamamoto Isoroku)

Almirante Yamamoto (1968)

La historia comienza en 1939. Mientras la guerra en Europa hace que muchos altos mandos militares japoneses presionen al gobierno para establecer una alianza con Alemania, el Almirante Isoroku Yamamoto (Toshiro Mifune) se muestra contrario a la guerra contra los Estados Unidos, advirtiendo al estado mayor del poder industrial norteamericano, lo cual le granjeará la enemistad de los comandantes del ejército. No obstante, cuando el gobierno japonés decide entrar finalmente en la guerra atacando Pearl Harbor, Yamamoto se pondrá al frente de la Flota Combinada de la Marina Imperial para dirigir las operaciones navales a lo ancho del Pacífico.

Rengo kantai shirei chôkan: Yamamoto Isoroku (“El Almirante de la flota combinada: Isoroku Yamamoto”), es una producción nipona de finales de la década de los 60, dedicada al que probablemente es el militar japonés más famoso del S. XX, el almirante Yamamoto. Al estallar la II GM, Yamamoto, que había participado como alferez en la Batalla de Tsushima en 1905, ya era uno de los militares japoneses más respetados y prestigiosos, y su temprana muerte en combate aéreo en 1943, hizo que su figura fuera elevada a la categoría de héroe legendario para el pueblo japonés. En este caso, la narración abarca el periodo comprendido entre 1939, y la muerte del almirante, acaecida el 18 de Abril de 1943, tras ser derribado el bombardero en que viajaba por una escuadrilla de cazas P-38, especialmente enviada a interceptar el avión de Yamamoto, al tener conocimiento la inteligencia aliada de la ruta que iba a seguir el mismo, gracias a la intercepción de los mensajes cifrados japoneses.

En ese sentido, el film ofrece una correcta síntesis de los principales hechos políticos y militares del periodo que relata, además de ofrecer un retrato bastante elogioso –y a veces, casi hagiográfico- del personaje. Personalmente me gustó especialmente la parte que muestra la posición cauta de Yamamoto respecto a las posibilidades reales de Japón de vencer en una guerra contra los aliados occidentales, y la preparación del ataque a Pearl Harbor. Tampoco está mal como se relata la derrota japonesa en Midway, reflejando con fidelidad las circunstancias que determinaron la destrucción de la escuadra de portaaviones del almirante Nagumo en dicha decisiva batalla naval, que cambió definitivamente la suerte de la guerra en el Pacífico.

Ahora bien, la película también tiene aspectos mucho menos logrados, aparte del ya mencionado retrato enteramente benigno de Yamamoto. En primer lugar, para recrear las escenas de combates aéreos y navales, quitando algunos planos filmados y de material de archivo que están bien insertados, se emplearon una serie de maquetas bastante evidentes y burdas, de modo que los efectos visuales resultan bastante deficientes incluso para los cánones de la época. No en vano, la realización de los efectos especiales correspondió a Eiji Tsuburaya, conocido mundialmente en aquella época por ser el responsable de los efectos visuales de las películas de la serie “Godzilla”, que eran producciones de pura serie B.

Además, la película adolece de otro defecto muy común a las producciones bélicas japonesas: su absoluto maniqueísmo a la hora de presentar las motivaciones japonesas para entrar en la guerra, que fueron de carácter puramente imperialista e incluso racista. Aunque al menos, hay que reconocer que contiene cierto atisbo de autocrítica al mostrar la insidiosa influencia del patriotismo exaltado de los jefes del ejército de tierra, impacientes por entrar en la guerra del lado del Eje. Igualmente, el retrato que se hace de los políticos y militares japoneses en general, resulta bastante amable, mostrando una galería de personajes más bien planos y esquemáticos. En cualquier caso, es destacable el enorme carisma interpretativo del que hace gala el actor Toshiro Mifune encarnando a Yamamoto, un papel que repetiría ocho años más tarde, volviéndose a poner en la piel del famoso almirante en “La Batalla de Midway”.

En resumidas cuentas, Almirante Yamamoto ofrece un correcto relato histórico-biográfico sobre el personaje. Pero desde el punto de vista cinematográfico, la película es bastante mediocre en el aspecto visual y narrativo. Merece la pena verse sobre todo por la interpretación de Mifune, y agradará al aficionado a la historia de la II GM, pero es un título que, en cuanto a calidad artística, no pasa de discreto.

Calificación: 4/10

martes, 9 de noviembre de 2010

El infierno de los heroes (The Cockleshell Heroes)

El infierno de los heroes (1955)

Marzo de 1942. El mayor Stringer (José Ferrer) llega a la base de los Royal Marines en Portsmouth, para elegir a los soldados participantes en una peligrosa misión secreta cuyo objetivo es el de atacar el fuertemente defendido puerto de Burdeos mediante una incursión en canoas. Pronto, los métodos extravagantes de Stringer chocan con la actitud del capitán Hugh Thompson (Trevor Howard), un oficial de la vieja escuela designado para actuar bajo las órdenes del mayor, lo cual, unido a la actitud díscola de los hombres seleccionados para llevar a cabo la misión, creará dificultades durante la preparación de la misma.

El cine bélico británico de la década de los 50 fue especialmente prolífico a la hora de producir títulos que recordaran las más espectaculares y audaces acciones de sus fuerzas especiales durante la II GM (como por ejemplo, Operación Tirpitz o The Dam Busters). Siguiendo esta corriente temática, El infierno de los heroes se encargó de recrear los hechos históricos que rodearon la Operación Frankton, una audaz incursión en la costa francesa, destinada a atacar la base naval de Burdeos, que era un enclave vital para las comunicaciones marítimas alemanas. Dicha incursión fue la primera acción de combate de una unidad especial de los marines británicos denominada Royal Marines Boom Patrol Detachment, especialmente entrenada para realizar misiones en canoa. El relato del raid contra el puerto Burdeos fue posteriormente recogido en el libro The Cockleshell Heroes, (cuya traducción aproximada sería “Los heroes del cascarón”) que a su vez, sirvió de base para elaborar el guión del film.

Un guión cuya preparación no estuvo exenta de polémica, ya que el actor José Ferrer,-que además de ejercer la dirección del film, se reservó para sí mismo el papel protagonista- encargó a otro guionista la tarea de revisar la versión original del guión para potenciar su personaje. Sin embargo, cuando el productor Irving Allen revisó la versión definitiva del libreto, estimó que este resultaba demasiado serio, y decidió añadir nuevas escenas que dotaran de mayor comicidad a la historia, cosa que hizo sin avisar a Ferrer. Este, enfurecido por los cambios que se habian introducido en la historia sin su consentimiento, optó por abandonar la producción. Pese a todo, el hecho de que la película manejara un presupuesto bastante estimable para la época, gracias a la coproducción de los estudios británicos Warwick con la productora norteamericana Columbia; asi como que el rodaje contara con la plena colaboración del cuerpo de Royal Marines, se tradujo en que el aspecto formal e histórico de la producción sea impecable, siendo este el apartado más logrado del film.

Lamentablemente, la película no raya a la misma altura en lo que a calidad cinematográfica se refiere. A pesar de que el punto de partida argumental es bastante interesante, presentando a un atípico oficial al frente de un grupo de soldados problemáticos a los que se les va destinar a una peligrosa misión (lo que casi puede considerarse un precedente de Doce del Patíbulo) la historia no termina de carburar por varios motivos. En primer lugar da la sensación de que José Ferrer no era el actor más adecuado para interpretar al Mayor Stringer, principalmente porque a su interpretación le falta un punto de carisma, y personalmente encontré más convincente la actuación de su compañero de reparto Trevor Howard. En segundo lugar, la parte dedicada a la preparación de la misión y al entrenamiento de los hombres se alarga en exceso, sin ofrecer a cambio demasiadas escenas de interés al espectador, por lo que temina haciendose pesada. Y finalmente, el tramo del metraje dedicado a la ejecución de la misión, tampoco puede decirse que sea un dechado de espectacularidad e intensidad narrativa. Por ello, el resultado final se queda en un producto correcto, de buena factura visual, pero algo fallido en el plano narrativo.

En conclusión, “El infierno de los heroes” no es una mala muestra del cine bélico de comandos, pero está igualmente muy lejos de ser uno de sus títulos cumbre, aunque al menos tiene un punto original en su temática y planteamiento.

Calificación: 5,5/10

miércoles, 1 de abril de 2009

Morituri

Morituri (1965)

La acción no sitúa en 1942. Robert Crain, (Marlon Brando) es un pacifista alemán exiliado en la India, que es reclutado a la fuerza por el Servicio Secreto Británico, para una misión secreta. La misión de Crain consistirá en infiltrarse, haciéndose pasar por un oficial de la SS, en el Ingo, un mercante que transporta una importante carga de caucho cuya confiscación interesa mucho a los aliados, con la finalidad de sabotear el barco para facilitar su captura. Pronto Crain descubrirá que además de a los peligros de su arriesgada misión, habrá de enfrentarse también al Capitán Mueller (Yul Brynner), el oficial al mando del buque, un hombre de ideas antinazis, pero decidido a cumplir su misión de conducir el barco hasta su destino a toda costa.

Morituri te salutant! era la frase con la que los gladiadores se dirigían al emperador romano antes de lanzarse a luchar a muerte, y de cuyo enunciado la película toma su título. Dirigida por competente realizador austríaco Bernard Wicki (director de la magnífica "El puente"), con guión basado en una novela de Werner Luedecke. Hay que decir que Morituri es una de esas películas que, a priori, reunía todos los elementos necesarios para convertirse en un clásico. En primer lugar, por el hecho de contar con un reparto sobresaliente con dos grandes de la pantalla como Brando y Brynner, amén de contar en la dirección con un realizador de talento como Bernard Wicki. Todo ello aderezado con una Banda sonora compuesta para la ocasión por el maestro Jerry Goldsmith, y una excelente fotografía en B/N merecedora de una nominación al oscar.

Sin embargo, y pese a contar con tan buenos mimbres, Morituri pasó bastante desapercibida para crítica y público en la época de su estreno, y aun hoy día es uno de los títulos menos conocidos dentro de la filmografía de Brando, lo cual, viendo la película resulta bastante comprensible. No se puede negar que la historia tiene un punto de partida interesante y que tiene escenas y diálogos bastante logrados. No obstante, la película falla en varios aspectos, que impiden que esta sea redonda. En primer lugar hay que señalar que el desarrollo de la trama se va haciendo más intrincado conforme avanza el film, mezclando una serie de elementos de espionaje, acción, antibelicistas… etc. Pero esta mayor densidad narrativa repercute negativamente en cuanto al interés de la historia, de forma que esta se va haciendo más complicada, a la par que monótona y reiterativa. A mi modo de ver, le falta algo más de pulso narrativo para enganchar al espectador, y sobre todo, para mantener el interés lo largo de sus más de dos horas de metraje, que llegan a hacerse largas.

Por otro lado, el aspecto interpretativo no es todo lo brillante que cabría esperarse. Yul Brynner cumple con corrección en su papel (un tanto arquetípico) de hombre atrapado en el dilema que se plantea entre su sentido del deber y su moralidad, aunque lo hace sin excesivo lucimiento. Marlon Brando, por su parte, estaba en una de las fases más bajas de su carrera interpretativa cuando participó en esta película, y la verdad es que su actuación no pasa de discreta, excesivamente hierática y muy alejada, desde luego, de sus mejores papeles.

En definitiva, “Morituri” se queda en un título correcto, filmado, eso sí, con unos medios bastante importantes. Sin embargo tales medios no ocultan el hecho de que la historia que cuenta, en principio interesante, quede sepultada por la hipertrofia narrativa que atenaza el desarrollo argumental del film. Una película que puede considerarse fallida, aunque posiblemente gustará a los mitómanos seguidores de Brando, pero que no pasa de discreta en cuanto a su calidad cinematográfica.

Calificación: 5,5/10

martes, 3 de marzo de 2009

Bajo diez banderas (Sotto dieci bandiere)

Bajo diez Banderas (1960)

La acción nos sitúa en 1940. El almirantazgo británico se halla desconcertado ante una serie de hundimientos de mercantes sin que se sepa la causa. Tras algunos hundimientos, se descubre que el responsable es un buque de superficie alemán que opera como corsario. Decidido a acabar con la amenaza de este buque, el Almirante Russel (Charles Laughton) moviliza a las unidades disponibles para dar caza al corsario. Sin embargo, el Capitan Rogge (Van Heflin), capitán del crucero auxiliar Atlantis, se muestra como un adversario tremendamente astuto y escurridizo usando todo tipo de argucias para enmascarar su barco haciendolo pasar por una nave mercante.

Durante los primeros meses de la II guerra mundial los buques corsarios alemanes fueron los protagonistas de una corta, pero intensa, campaña marítima contra el tráfico mercante aliado a lo largo de los océanos. Una de las naves corsarias alemanas con más éxito fue el crucero Atlantis, que a lo largo de su singladura logró destruir 22 mercantes aliados, sembrando el terror en las lineas de navegación británicas. Finalmente, enviado a reaprovisionar de combustible al submarino U-126, el Atlantis fue localizado y hundido en el Atlantico Sur el 22 de noviembre de 1941 por el crucero pesado británico Devonshire.

Realizada como coproducción italo-americana, “Bajo diez banderas” se encargó de trasladar a la gran pantalla la historia del Atlantis y de su carismático capitán, Bernhard Rogge. Este era un marino a la vieja usanza, un hombre de honor acrisolado y extremadamente respetuoso con las leyes internacionales, tal y como aparece retratado en el film, personaje, por cierto que puede considerarse uno de los primeros en romper con el tópico de "nazis fanáticos" tan recurrente en las películas bélicas coetaneas. Como era usual en aquella época la producción contó con la presencia de dos actores de Hollywood en un momento bajo de sus carreras, en este caso el gran Charles Laughton (en uno de sus últimos papeles) como almirante británico empeñado en dar caza al Atlantis, y Van Heflin, que encarna en la pantalla al capitán Rogge. Cabe señalar que la película, tanto por su temática argumental como por su desarrollo, entronca directamente con otros títulos similares como “Hundid el Bismarck” y “La Batalla del Rio de la Plata”, si bien en este caso es evidente que la promotora contó con unos medios de producción más bien modestos y que el presupuesto que se manejó para el rodaje no era demasiado holgado.

Pese a ello, no puede negarse que la película está hecha con oficio, y sabe suplir su escasez de presupuesto ofreciendo una historia bien contada y desarrollada con pulso narrativo adecuado. Por lo demás, la película ofrece, además de los elementos típicos de las películas de guerra naval, una subtrama de espionaje, que nos muestra los intentos aliados por hacerse con el mapa secreto del alto mando naval alemán en Paris. Las escenas navales no están mal, sobre todo teniendo en cuenta las limitaciones presupuestarias, que se aprecian especialmente en el uso de imágenes de relleno sacadas de documentales de combates navales reales. En cuanto a las actuaciones de los protagonistas, Van Heflin compone un creible personaje como el capitán Rogge, mientras que la interpretación de Charles Laughton en el papel del Almirante Russel me pareció un poco sobreactuada, y desde luego, lejos de los mejores papeles de este gran actor.

En resumidas cuentas, Bajo diez banderas es una película que seguramente hará pasar un buen rato a los aficionados a los temas navales y al cine de aventuras. Pese a su ausencia de pretensiones, es una película razonablemente entretenida y de aceptable factura pese a su modestia de medios.

Calificación: 6/10

jueves, 19 de junio de 2008

Yamato (Otoko tachi no Yamato)

Yamato (2005)

La acción nos sitúa en el año 2005, en vísperas del 60º aniversario del hundimiento del acorazado Yamato. La joven Makiko Uchida, hija del contraalmirante Uchida, un antiguo tripulante del buque, llega a un puerto del Sur de Japón buscando a alguien que pueda llevarla al lugar del hundimiento. Finalmente lográ convencer a Katsumi Kamio, un viejo marino y camarada de Uchida, para que le muestre el lugar. El viaje de ambos despertará todos los recuerdos de Kamio acerca de su vida a bordo en el poderoso buque y los hechos que rodearon a su hundimiento.

El superacorazado Yamato fue (junto con el Bismarck) el buque de guerra más mítico de la II GM. Construido para ser buque insignia de la Flota Imperial Japonesa, era el acorazado más poderoso de su tiempo. Con 72.000 toneladas de desplazamiento (lo normal para un acorazado estaba en torno a las 34.000) y su armamento principal compuesto por 9 cañones de 460 mm, el Yamato era un auténtico coloso de los mares. Curiosamente el Yamato no llegó a entrar en acción de combate contra ningún otro buque, por lo que su actuación durante la guerra fue más simbólica que efectiva. Finalmente en plena hecatombe japonesa, el abril de 1945, el mando naval japonés lo envió a Okinawa en una misión suicida: enfrentarse en solitario a la flota americana que apoyaba las operaciones contra la isla. El desamparado buque japonés no tuvo opción de combatir. Detectado antes de llegar a Okinawa, fue atacado por centares de aviones norteamericanos que literalmente lo acribillaron a base de bombas y torpedos, por lo que el buque, herido de muerte, se fue a pique.

En cuanto a la película, tiene algunos aspectos destacables y otros mejorables. Entre los primeros cabe destacar la buena ambientación y la recreación del Yamato mediante unos aceptables (aunque no sobresalientes) efectos digitales en tres dimensiones, que logran devolverle la vida al poderoso buque, aunque se echa en falta algún que otro decorado real junto con tomas más amplias del barco. Otro tanto puede decirse de las escenas de combates, bien filmadas y realistas, sin omitir la parte sangrienta de la guerra, aunque sin llegar a la excelencia. Hasta ahí llega lo bueno del film. En cuanto a lo menos bueno, se pueden señalar también varias cosas. En primer lugar, aparece (como una constante en las producciones japonesas) la descarada parcialidad y maniqueismo a la hora de presentar los hechos históricos. En especial me llamó la atención la explicación que se da sobre el ataque a Pearl Harbor: el bloqueo decretado por EEUU obligó a Japón a atacar “para impedir el perjuicio de la economía”, naturalmente, el tema del imperialismo nipón ni se menciona. Tampoco me terminó de convencer como se abordan las historias personales de los protagonistas, con una marcada tendencia a caer en lo melodramático y con ciertas dosis de sensibleria que no conmueven en absoluto, pese a la evidente intención de hacerlo. Eso, unido a más de un momento en que la película cae en un ritmo demasiado plomizo, le resta bastante interés a la historia que nos muestra el film.

En definitiva, “Yamato” es una producción de limitados medios que cumple su objetivo de rendir tributo al famoso acorazado nipón pero que no presenta un mayor interés cinematográfico. Un producto claramente ideado para el consumo interno japonés, aunque no deja de tener su punto de interés para los aficionados a temas navales y a la II GM.

Calificación: 4/10

viernes, 5 de octubre de 2007

Hundid el Bismarck (Sink the Bismarck)

Hundid el Bismarck (1960)

Mayo de 1941. El Alto Mando naval británico sospecha que el poderoso acorazado Bismarck, se dispone abandonar el Báltico para dirigirse al Atlántico con el objetivo de causar estragos en el tráfico mercante. El Capitán Sheppard, nuevo jefe de operaciones del almirantazgo, ve confirmadas sus sospechas cuando le informan de que dos grandes buques alemanes (que resultan ser el Bismarck y el Prinz Eugen), se dirigen al estrecho de Dinamarca rumbo al Atlantico. Desde ese momento, la flota británica se moviliza con un solo objetivo: localizar y hundir al Bismarck.

En un claro tono documental, Hundid el Bismarck, es una película que refleja bastante fielmente los hechos históricos que condujeron al hundimiento del más famoso acorazado de la II GM. Aunque el personaje principal (Capitán Sheppard) es ficticio, se describen bastante bien los acontecimientos que describen la localización del Bismarck, el enfrentamiento en el que resulta hundido el Hood y la posterior destrucción del buque alemán. Eso sí, la película se toma algunas licencias, como la de presentar al jefe de la flotilla alemana, almirante Lutjens, como un déspota e incapaz, cosa que no se ajusta a la realidad, pues Lutjens era un marino competente y cabal. Asimismo, no se muestra la causa real del hundimiento del Bismarck (supongo que porque no se sabía cuando se filmó esta película): que la propia tripulación abrió las válvulas para facilitar su hundimiento, pues pese al intenso cañoneo, el acorazado se mantenía a flote gracias a su fuerte blindaje.

Por lo demás, la película no está mal en el apartado técnico, usando para recrear los barcos una mezcla de imágenes de documental y maquetas artesanales que no quedan mal en pantalla. La típica historia romántica que se introduce en este tipo de películas, en este caso entre el capitán Shepard y su asistente femenina no aporta mucho, pero al menos no entorpece el desarrollo de la historia principal. En cuanto a los actores, quitando al que interpreta a Lutjens, están bien en sus papeles, sin que ninguno destaque especialmente.

En resumidas cuentas una película filmada con oficio y bastante fiel a los hechos reales de la caza del Bismarck.


Calificación: 5,5/10

jueves, 20 de septiembre de 2007

El Final de la Cuenta Atrás (The Final Countdown)

El final de la Cuenta Artás (1980)

La acción comienza en 1980. El moderno portaviones nuclear USS Nimitz se encuentra realizando una navegación rutinaria en aguas de Hawai cuando de pronto se ve atraido hacia lo que parece una extraña tormenta elegtromágnetica. Cuando la atraviesa, la tripulación descubre sorprendida que han efectuado un viaje espacio-temporal, siendo transportados al dia 5 de Diciembre de 1941, dos días antes del ataque japonés contra Pearl Harbor. En esta tesitura el Capitán Yelland (KirK Douglas), al mando del Nimitz, ha de decidir si deja seguir el curso de los acontecimientos o si interviene para evitar el ataque cambiando por completo la historia.

Comenzando por un punto de partida argumental bastante explotado por el cine como es el de los viajes en el tiempo, hay que reconocer que “El final de la cuenta atrás” sabe darle un toque de originalidad al tema al situar a los protagonistas ante un momento crucial de la historia, ante el que deben decidir si intervenir o no. En ese sentido, el arranque de la película es brillante, sabiendo captar rápidamente la atención del espectador. En esa primera parte de la pelicula, el guión va mostrando como los personajes se hacen cargo de su nueva situación y como evolucionan del estupor al pragmatismo de decidir que hacer. Especialmente memorables son las escenas de combates aereos de los modernos F-14 frente a los “Zero” japoneses y las de la tormenta que se “traga” al Nimitz (aunque los efectos visuales resulten mucho menos impresionantes hoy dia).

El problema es que tras el excelente arranque de la trama, pasada la media hora inicial, la historia comienza a flojear un tanto. No se ahonda suficientemente en las posibilidades derivadas de cambiar la historia y tampoco el guión consigue mantener el vuelo dando un poco más de profundidad al argumento. Así la historia se va aproximando inevitablemente a un desenlace que resulta el mas convencional y previsible de todos los posibles (y que no desvelaré por no estropearselo a quien no la haya visto) pese a que hay un giro final que pretende ser sorpresivo, pero no me terminó de convencer.

Pese a ello, “El final de la cuenta atrás” resulta un entretenimiento de primera, que además de su amenidad, cuenta con unos buenos actores como todo un Kirk Douglas, algo veterano pero eficaz, y también un joven Martin Sheen, que está muy bien en su papel. Un pequeño clásico de la ciencia-ficción que merece ser revisado.
Calificación: 6/10

lunes, 17 de septiembre de 2007

No eran imprescindibles (They were expendable)

No eran imprescindibles (1945)

La acción comienza en 1941, poco antes del ataque japonés a Pearl Harbor. Los tenientes de la armada norteamericana Brickely y “RustyRyan son dos comandantes de lanchas rápidas torpederas PT con base en Filipinas. Tanto Brickley como Ryan están empeñados en demostrar la valía en combate de sus pequeñas embarcaciones, pese a la desconfianza del alto mando. Finalmente, tras varias semanas de frustración porque sus lanchas son usadas únicamente en misiones de vigilancia y correo, ambos oficiales tendrán la satisfacción de ver como finalmente reciben el encargo de actuar contra las fuerzas navales japonesas que operan en Filipinas.

El mítico director norteamericano John Ford (que habia filmado varios documentales sobre la actuación de EEUU en la II GM) quiso rendir con esta película un sentido homenaje a los soldados americanos que se sacrificaron en los primeros meses de la contienda. Al igual que “Bataan” la acción se situa en la Campaña de Filipinas, rindiendo tributo a los soldados americanos que cayeron o fueron hechos prisioneros alli. Pero, a diferencia de aquella, “No eran imprescindibles” prescinde de la apelación al heroísmo, para centrarse más en el trabajo gris de la reparación de una lancha dañada, la recuperación de los heridos en el hospital, y la vida cotidiana de los soldados preprandose para la batalla. Las escenas de acción en las que supuestamente las torpederas atacan a un crucero japonés, están bien filmadas, pero teniendo en cuenta las limitaciones técnicas de la época (las máquetas se notan mucho, y resulta inverosímil como los torpedos hacen explotar el crucero) han quedado desfasadas hoy dia. En cualquier caso, dado la intención de la película, el tema de la acción resulta secundario.

Los actores principales, Robert Montgomery (Brickley) y un joven John Wayne (Ryan) están bien en sus respectivos papeles, logrando unas sobrias interpretaciones. Quizás lo malo de esta película es que el tono que usa sería mas apropiado para un documental que para un film bélico. La acción se ralentiza demasiado, se introduce una historia romántica de Ryan con una enfermera que no termina de cuajar, y dado que el guión tampoco es un portento, el metraje (130 minutos) se hace excesivamente largo al espectador.

En cualquier, resulta interesante el enfoque que Ford elige para contar la historia de esos soldados desconocidos y prescindibles cuyo sacrificio, de otro modo, habría quedado sepultado en las neblinas de la historia.
Calificación: 5/10

miércoles, 13 de junio de 2007

La Batalla del Rio de la Plata (The Battle of the River Plate)

La Batalla del Rio de la Plata (1956)


Año 1939, la II GM acaba de estallar y mientras en tierra se desarrollan las primeras batallas, en el mar, el Acorazado de Bolsillo alemán Admiral Graf Von Spee del capitán Langsdorff recorre los oceanos en misión de corsario, hundiendo miles de toneladas de mercantes aliados. Para proteger las rutas navales, el almirantazgo británico destaca a una flotilla de cruceros, el Ajax, el Exeter y el Aquiles, bajo el mando del comodoro Harwood con la misión de localizar y dar caza al Graf Spee.

Como su propio título indica, La Batalla del Rio de la Plata viene a recrear uno de los episodios navales más notables de la II GM, y uno de los escasos enfrentamiento entre buques de superficie alemanes y barcos de la Royal Navy. En este caso, la película recrea la singladura del acorazado de bolsillo alemán Admiral Graf Spee y su posterior hundimiento frente a la costa uruguaya. Tras zarpar de Alemania en Agosto de 1939, el Graf Spee había hundido varios buques mercantes británicos actuando como corsario, de modo que el Almirantazgo decidió darle caza destacando una flotilla de cruceros al efecto, que finalmente, en Diciembre de 1939, lograron hundir el buque alemán.

Esta producción, al viejo estilo de las antiguas películas bélicas, más que un reflejo de los hechos bélicos se centra en el duelo personal entre los protagonistas, el comandante alemán y el británico, que se comportan de una forma elegante y caballerosa, y combaten por sus altos ideales patrióticos, pero con correción y casi deportividad, un poco al estilo de “Duelo en el Atlántico”. No cabe duda que esta película está rodada con una buena factura en cuanto a fotografía y ambientación, aunque la narración resulta algo desapasionada y falta de chispa.

Si bien las limitaciones en cuanto a efectos especiales de la época imponen que los combates navales no resulten especialmente espectaculares, los hechos son presentados con estricto rigor histórico y la figura del capitán Langsdorff (un marino tradicional y caballeroso, que por ejemplo, se negaba a hacer el saludo nazi) es tratada con bastante respeto, sin caer en el maniqueísmo fácil de presentarlo como un fanático. Las interpretaciones de los actores protagonistas resultan igualmente bastante correctas, aunque sin destacar especialmente ninguna de ellas.

En resumen, se trata de una película correcta y entretenida, especialmente recomendada para los aficionados a la historia naval y los barcos.

Calificación: 6/10

lunes, 26 de febrero de 2007

Pearl Harbor

Pearl Harbor (2001)

La acción comienza en 1940. Rafe McCawley (Ben Affleck) y Danny Walker (Josh Harnett) son dos amigos de la infancia que deciden alistarse como pilotos de combate en vísperas de la entrada de EEUU en la II GM. Poco después, Rafe se marcha a a Europa combatir contra los alemanes enrolado en la RAF, siendo dado por desaparecido tras ser derribado su avión en combate aereo. Meses después, surgirá el amor entre su amigo Danny y la enfermera Evelyn Johnson (Kate Beckinsale), novia de Rafe, cuando ambos son enviados a la base de Pearl Harbor, poco antes de que los japoneses desencadenen su ataque.

Tras el arrollador éxito comercial de “Titanic”, el famoso productor Jerry Bruckheimer quiso aprovechar el 60º aniversario del famoso ataque japones sobre la base naval de Pearl Harbor, y repetir taquillazo con una historia que combinaba épica, amor y sucesos históricos, incluyendo en el reparto a un trio de jóvenes actores que sirvieran de gancho para el público. Sin embargo, el resultado no solo no se acercó al de la oscarizada producción de James Cameron, sino que además fue bastante deficiente.

En su primera parte, “Pearl Harbor” resulta un pasteleo, en forma de triangulo amoroso bastante manido entre sus tres protagonistas. Una historia romántica que, además de insustancial, resulta totalmente tópica en sus planteamientos y desarrollo, por lo que no puede decirse que añada demasiado interés a la historia. Y cuando por fin llega la acción, esta se limita a la exhibición de unos abrumadores (y por momentos, excesivos) efectos visuales generados por ordenedor que, pese a su espectacularidad, no dan la impresión de estar bien encajados ni adecuadamente dosificados. No faltan tampoco los guiños políticamente correctos, en forma de la historia del soldado negro que interpeta Cuba Gooding Jr. Al final, en un exceso de maniqueísmo patriotero, se acaba con la incursión de Doolittle sobre Tokio, la venganza de EEUU por el “Dia de la Infamia”, para redondear el "Happy End" patriótico que da entender que los norteamericanos nunca pierden.

Una pena que el derroche de medios técnicos no fuera puesto al servicio de una historia más solida que la que nos cuenta esta película. Los personajes, además de manidos, resultan superficiales; no se muestra por ninguna parte a los japoneses salvo como lejanos pilotos de los aviones; y tampoco se explica nada acerca de los motivos que llevaron a la guerra a EEUU y Japón. Nada que ver con la muy superior e históricamente rigurosa Tora! Tora! Tora!, un auténtico clásico que le da mil vueltas a las clarisimas intenciones comerciales de esta infamia (nunca mejor dicho). En definitiva, Pearl Harbor es un título que contó con muchos medios materiales para su rodaje, pero muy poco recomendable.

Calificación: 3/10