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miércoles, 10 de abril de 2013

Las flores de la guerra (Flowers of War)

Las flores de la guerra (2011)


Nanking, Diciembre de 1937. Mientras las tropas invasoras japonesas entran a sangre y fuego en la antigua capital china, el maquillador de cadáveres John Miller (Christian Bale) llega a una parroquia católica de la ciudad para preparar el funeral del sacerdote de la misma. Sin embargo, a su llegada a la Iglesia, Miller descubre que el cuerpo del sacerdote ha desaparecido a causa de una explosión, y que en el edificio solo queda un grupo de jóvenes estudiantes chinas aterrorizadas por las atrocidades de las tropas japonesas. La situación se complica aún más cuando un grupo de prostitutas procedentes de un barrio cercano busca refugio en la Iglesia, lo cual colocará a Miller en la inesperada posición de protector de ambos grupos de mujeres frente a la brutalidad del ejército japonés.

Resulta llamativo el hecho de que el cine Oriental parece haber descubierto en los últimos años el tema de la guerra Chino – Japonesa, un conflicto que, hasta los últimos años,  -cinematográficamente hablando- había permanecido en un relativo olvido. En ese sentido, Las flores de la guerra vuelve a abordar el tema de dicho conflicto bélico, y lo hace retratando la tristemente célebre Masacre de Nanking, un suceso histórico que solo dos años antes ya había sido llevado al cine en la destacada película “Ciudad de Vida y Muerte” del realizador Lu Chuan.  Con guión basado en una novela titulada “Las 13 mujeres de Nanking” de Yan Geling, y con un presupuesto cercano a los 100 millones de dólares, el realizador Zhang Yimou fue el encargado de trasladar a la pantalla esta historia, en la que ha sido la producción cinematográfica china más cara hasta la fecha.

Entrando a valorar el film, en primer lugar dado que las comparaciones con “Ciudad de Vida y Muerte” son inevitables (tanto por la proximidad temporal entre ambos títulos como por su temática) he de decir que “Las flores de la guerra” es una película bastante estimable, si bien me parece que está un peldaño por debajo de su predecesora. El arranque del film es realmente vibrante, mostrando la entrada de las tropas japonesas en la ciudad por medio de unas espectaculares y realistas secuencias bélicas, filmadas con una excelente factura visual que poco tienen que envidiar a las superproducciones occidentales. El desarrollo de la historia consigue, además, captar el interés del espectador y se ve bien secundado por la labor de los protagonistas, un solvente Christian Bale, y, sobre todo, la bella actriz china Ni Ni.

Sin embargo, y pese a estos aspectos positivos, da la impresión de que los productores han querido hacer un producto más comercial y digerible para el gran público que “Ciudad de Vida y Muerte”; y en cierta medida se echa en falta el descarnado realismo y el sustrato filosófico que estaba presente en aquella. También es cierto que, tras el vigoroso tercio inicial, la narración pierde algo de fuelle en el tramo central del metraje; y por otro lado, peca de demonizar en exceso a los japoneses, en vez de optar por ofrecer un retrato más equilibrado del enemigo. Algo que -con toda probabilidad-  se buscó deliberadamente en aras de hacer la película más vendible para el público chino, principal mercado receptor del film. Finalmente, entre los aspectos menos destacables del film quizás se antoja poco creíble la brusca evolución del personaje interpretado por Christian Bale, quien pasa, casi sin transición, de ser un cínico buscavidas sin demasiados escrúpulos, a un abnegado héroe decidido a salvar a las estudiantes de la parroquia a cualquier precio.  En el apartado interpretativo, cabe decir que las actuaciones son bastante correctas, si bien el personaje de Bale me pareció un poco desdibujado, el resto del reparto chino raya a un buen nivel, sobre todo por parte de la protagonista femenina, la actriz Ni Ni, quien logra dotar a su personaje de toda una gama de matices interpretativos.

En defitiva, “Las flores de la Guerra” es un título más que estimable en sus aspectos técnicos y visuales, con algunas secuencias bélicas bastante potentes, pero que adolece de ser demasiado condescendiente hacia el gran público. Unas concesiones comerciales que posiblemente hacen más accesible la historia, e incluso disfrutable, pero que le restan verosimilitud y carga dramática al relato, el cual adolece de alguna que otra inconsistencia. En resumidas cuentas, se trata un título entretenido pero algo irregular, y desde luego queda por debajo de la estupenda “Ciudad de Vida y Muerte” a la hora de narrar los sucesos que rodearon la infame matanza de Nanking.

Calificación: 6/10

lunes, 31 de diciembre de 2012

My Way (Mai Wei)

My Way (2011)

La historia comienza en la Corea ocupada por los japoneses, en 1928. En la villa de un alto oficial japonés coinciden dos niños que sueñan en convertirse en corredores de Maratón y campeones olímpicos: el coreano Jun Shik y el japonés Tatsuo. Pronto surgirá entre ambos una fuerte rivalidad deportiva que se convertirá en personal cuando Jun Shik derrota a Tatsuo en una carrera pero es descalificado por los jueces japoneses. A consecuencia de la pelea provocada por Jun Shik este es reclutado forzomente como soldado en el ejército japones y destinado junto a otros compatriotas a servir en Manchuria. En ese destino volverá e reencontrarse con Tatsuo, convertido ahora en un implacable oficial del Ejército, y ambos se verán envueltos en la sangrienta batalla de Kalkhin-Gol, siendo capturados por los rusos. Finalmente, tras una serie de peripecias en el duro ambiente del Gulag sovietico, Jun Shik y Tatsuo lograrán escapar, para ser capturados por los alemanes, enrolados en un batallón extranjero de la Werhmacht, y enviados a sevir en Normandia en vísperas del Dia-D.

My Way es una muy reciente película bélica producida por el emergente cine surcoreano, además de ser el segundo film bélico dirigido por el realizador Kang Je-gyu, quien retomaba la dirección tras un parón de siete años que siguió al éxito de su anterior película, la aclamada Lazos de Guerra. La historia de My Way tiene una lejana base real, ya que se inspira en la azarosa experiencia bélica de Yang Kyoungjong un joven coreano que fue sucesivamente enrolado a la fuerza en el ejército japonés, soviético, y alemán, y que terminó siendo capturado por los aliados en las playas de Normandia, siendo el único caso documentado de un soldado que participó con tres ejércitos distintos en la II GM. Sobre este sustrato verídico, Kang Je-Gyu construye una historia de rivalidad nacional, personal y deportiva entre los dos protagonistas, que sirve de Leiv Motiv de la narración. Para recrear la historia del film, el realizador contó con un más que generoso presupuesto de 24 millones de dolares, todo un hito tratandose de una producción coreana, pese a lo cual My Way no terminó de funcionar en taquilla, y su repercursión internacional fue bastante menor que la obtenida por Lazos de Guerra.

Y lo cierto es que viendo la película, se comprende que esta no haya sido un gran éxito. Esto puede achacarse principalmente a que la espectacular recreación de las secuencias bélicas, que incluye una excelente puesta en escena de la Batalla de Kalkhin-Gol en la que vemos un apabullante despliegue de medios técnicos y atrezzo militar (incluyendo carros rusos BT-7) no compensa la flojedad de un guión que abunda demasiado en lugares comunes que parecen entresacados de otras películas. En ese sentido podemos encontrar referencias más o menos cercanas de otros títulos como “Carros de Fuego”, “Gallipoli” o “Camino de la Libertad”. Además, los personajes se antojan excesivamente estereotipados: el noble y abnegado Jun Shik frente al fanático y despiadado Tatsuo, aunque este personaje experimente cierta evolución conforme avanza el metraje. Demasiado poco para sostener una cinta cercana a las dos horas y media de duración que, dicho sea con franqueza, se hacen excesivamente largas.

En ese sentido, hay determinadas partes del film, especialmente el dilatado prólogo y la parte que transcurre en Manchuria, que aportan muy poco a la narración y que podrian haberse acortado. Además falta una mayor dosis de emoción en los diálogos, que no terminan de funcionar en pantalla a la hora de transmitirle al espectador el dramatismo de la historia. Y ello, como apuntaba, se convierte en un pesado lastre que no puede compensar el sobresaliente aspecto técnico del film, que incluye algunas de las escenas bélicas más impresionantes vistas en el cine bélico reciente. Pero las destacadas secuencias de acción, por sí solas, no sirven para que la película termine de remontar el vuelo. Una verdadera pena, porque ciertamente si el despliegue de medios técnicos de la película se hubiera puesto al servicio de una historia algo más pulida, habriamos estado, sin duda, ante una obra maestra del género bélico. Al final, no obstante, My Way se queda en un título simplemente correcto.

Calificación: 5/10

miércoles, 8 de junio de 2011

La Condición Humana (I): No hay amor más grande (Ningen no joken I)

La condición humana (I): No hay amor más grande (1959)

La historia comienza en Manchuria durante los primeros meses de la II GM. El jóven Kaji, empleado de una empresa japonesa dedicada a la explotación de los recursos minerales chinos, acepta ser enviado junto a su esposa Michiko a una remota ciudad del interior del país para mejorar la productividad de los trabajadores chinos, a cambio de evitar la llamada a filas. Una vez alli, los intentos del idealista Kaji por mejorar las penosas condiciones de trabajo de los prisioneros chinos chocarán una y otra vez con la crueldad del supervisor Okazaki, empeñado en hacer trabajar a sus operarios en unas condiciones infrahumanas.

En 1959, solo 14 años después de la finalización de la contienda mundial, el realizador japonés Masaki Kobayashi comenzaba con No hay amor más grande, su trilogía, basada en una novela homónima de Gomikawa Junpei, sobre La Condición Humana, una vasta obra cinematográfica dividida en 6 partes y 3 películas de más de 3 horas de duración, que reflexionaba sobre la actitud nipona ante el conflicto. La obra de Kobayashi puede considerarse todo un hito dentro del cine nipón ya que, lejos de caer en los vicios auto exculpatorios y el maniqueismo típico del cine japonés sobre la II GM, abordó sin contemplaciones y bajo un prisma claramente antimilitarista, la brutalidad de la que hicieron gala los japoneses durante la guerra. No en vano, Kobayashi había servido en el ejército imperial, por lo que conocía de primera mano las atrocidades cometidas por las fuerzas niponas durante el conflicto bélico.

En ese sentido, puede decirse que el aspecto más destacable de la obra de Kobayashi es la total honestidad y realismo que adopta el guión a la hora de abordar la historia. Señas de identidad que ya son claramente perceptibles en esta primera parte, dedicada a la denuncia de los abusos cometidos por los ocupantes japoneses en China. Y ello aderezado con una puesta en escena sobresaliente (atención a escenas como la llegada a la estación ferroviaria de los 600 prisioneros chinos hacinados en vagones de tren), y unas muy buenas interpretaciones de su elenco de actores, destacando especialmente la intensidad que el protagonista Tatsuya Nakadai consigue transmitir a su personaje, el idealista Kaji, en su cruzada contra la crueldad y sinrazón de sus superiores. También es reseñable que, pese al hecho de superar las 3 horas de duración, el ritmo de la narración es bastante intenso, de modo que el interés del espectador nunca llega a decaer, lo cual es bastante meritorio tratandose de una película de tan dilatado metraje.

No obstante, el film también adolece de algunos defectos que impiden que pueda considerarse una auténtica obra maestra. En primer lugar, pese a lo sostenido del ritmo narrativo, a la historia le falta capacidad de elipsis. Hay demasiadas escenas que podrían haberse acortado, y que pierden fuerza dramática precisamente por alargarse en exceso. A esto hay que añadirle el hecho de que el desarrollo de la mayor parte de los personajes secundarios es bastante pobre, pese a que el metraje daba para un mayor juego de estos. De haberse pulido más estos aspectos, indudablemente la trilogía de Kobayashi habría pasado a la historia del Séptimo Arte como una de las grandes obras antibélicas de todos los tiempos.

En cualquier caso, no cabe duda que esta primera parte de La Condición Humana es una de esas películas que en inglés se denominan must see. Un film de obligado visionado que sorprende por su dureza, honestidad y realismo. Una de las mejores películas del cine japonés.

Calificación: 7,5/10

viernes, 3 de diciembre de 2010

John Rabe

John Rabe (2009)

Nanking, China, Noviembre de 1937. Tras una larga estancia en el país asiático, el alemán John Rabe (Ulrich Tukur), jefe de la planta hidroeléctrica que la empresa alemana Siemens tiene en la ciudad, prepara su retorno a Alemania. Sin embargo, cuando las tropas japonesas se acercan a la ciudad con intención de tomarla por asalto, coincidiendo con el día de la despedida oficial de Rabe ante las autoridades locales, los japoneses comienzan sus bombardeos. Ante el cariz de los acontecimientos, Rabe, con la ayuda del médico británico Robert Wilson (Steve Buscemi), la directora de la universidad de Nanking, y el diplomatico alemán Georg Rosen (Daniel Brulh), deciden organizar una “zona de seguridad” en el interior de la ciudad para proteger a los ciudadanos chinos de las atrocidades de los soldados nipones.

Es curioso comprobar como la guerra chino-japonesa, hasta hace poco un conflicto bélico semidesconocido y olvidado por el cine, se ha convertido en los último años en objeto de varias producciones de estimable presupuesto como las muy recientes Los niños de Huang Shi o la magnífica, Ciudad de vida y muerte.

En este caso, John Rabe aborda la reconstrucción de los hechos que rodearon la captura de Nanking por parte de las tropas imperiales japonesas, y la subsiguiente infame masacre, desde la perspectiva de este ciudadano alemán, miembro del partido nazi, que no dudó en arriesgar su propia vida y seguridad para ayudar a la población china frente a la barbarie japonesa. Los esfuerzos de Rabe, junto a los de otros residentes europeos en Nanking, sirvieron para crear una zona de seguridad donde se refugiaron más de 200.000 habitantes de Nanking, que salvaron sus vidas gracias a la existencia de dicha zona. Sin embargo, pese a la hazaña humanitaria conseguida, John Rabe no fue profeta en su tierra. A su vuelta a Alemania, en Febrero de 1938, su denuncia de los crímenes japoneses en Nanking solo le valió para ser arrestado por la Gestapo y ver como sus documentos sobre la masacre eran confiscados. Rabe murió en 1950, sin recibir reconocimiento oficial alguno, y su memoria cayó en el olvido hasta que en 1996 fue publicado su diario personal sobre los hechos acaecidos en Nanking, lo cual finalmente le valió el reconocimiento por parte del gobierno chino y la prensa internacional, que lo bautizó a posteriori como “El Schindler de Nanking”.

Entrando a valorar el film, hay que señalar en primer lugar su esmerado aspecto formal. La ambientación de Nanking (filmada en una zona antigua de Shangai), la puesta en escena y la excelente fotografía realmente introducen al espectador en la época y el ambiente de la china de los años 30. También es igualmente destacable el apartado interpretativo, con un Ulrich Tukur muy creible en su encarnación de Rabe y secundado perfectamente por el resto de los actores incluyendo al siempre eficaz Steve Buscemi. Sin embargo a mi modo de ver, a la película le falta algo más para desarrollar la materia prima que ofrecía la historia real del personaje.

En la primera mitad del metraje, el ritmo de la narración no llega a ser todo lo vigoroso que la historia requería, y en la segunda mitad, pese a ofrecer algunos momentos de intensidad dramática (por ejemplo cuando Rabe asiste a la decapitación de su chofer), a la historia le falta capacidad de conmover al espectador. Además, da la impresión de que la historia adopta deliberadamente un tono excesivamente melodramático, algo que no era necesario pues ya venía dado por la historia real, y en ese sentido la película me pareció que quedaba un peldaño por debajo de la sobriedad narrativa de “Ciudad de vida y muerte”.  Tampoco las historias paralelas de los personajes secundarios, pese a estar bien insertadas en la trama, me terminaron de satisfacer plenamente, porque al final parece que no están del todo desarrolladas.

En cualquier caso, y pese a los aspectos anteriores, hay que reconocer que la película ofrece un muy interesante relato de solidaridad humana, y pese a que le falta un punto mayor de ritmo narrativo, su esmerada factura formal y sus buenas interpretaciones la hacen un título no exento de interés, que sirve de merecido homenaje un hombre bueno que hizo cuanto pudo por ayudar a los demás en un momento de enorme peligro. Recomendable.

Calificación: 6,5/10

viernes, 19 de noviembre de 2010

Los niños de Huang-Shi (The children of Huang Shi)

Los niños de Huang-Shi (2008)

La historia nos sitúa en 1938. El jóven periodista inglés George Hogg (Jonathan Rhys Meyers) llega a China para cubrir la invasión japonesa del país. Ya en China, Hogg presenciará en primera persona la brutalidad del ejército imperial japonés hacia la población civil, por lo que decide quedarse en el país y ayudar a los más desprotegidos. Tras escapar de la muerte gracias a la ayuda de Jack Chen (Chow Yun Fat), uno de los jefes de la resistencia comunista, Hogg se refugia en el orfanato de Huang Shi, donde con la ayuda de la enfermera Lee Pearson (Radha Mitchell) se convertirá en profesor, dando clases a los niños. Con el paso de los meses, y ante la amenaza de que la guerra llegue al orfanato, Hogg decide emprender una increíble marcha de más de 1000 kilómetros atravesando China, a la cabeza de los 60 huérfanos de Huang Shi, para ponerlos a salvo trasladándolos a un remoto refugio en el interior del país.

Los niños de Huang-Shi es una de esas historias basadas en hechos reales que, a priori, tienen todos los elementos necesarios para convertirse en una gran película. En este caso, la historia original ofrecía unos personajes que dan perfectamente el tipo de “héroes reales”, y que protagonizaron una emotiva historia de superación personal y valores humanos; todo ello con el trasfondo de un drama bélico con tintes épicos ambientado en la guerra chino-japonesa. Teniendo en cuenta esto, es bastante elocuente el hecho de que los aspectos más destacables de esta película se reduzcan a la ambientación y los paisajes. Las posibilidades narrativas que ofrecía la historia original no han sido ni remotamente explotadas por el film, y esto se debe a varios motivos. El primero de ellos puede encontrarse en la deficiente elección del reparto. Jonathan Rhys Meyers no parece el actor más adecuado para dar vida al abnegado Hogg, y su interpretación, aparte de envarada e inexpresiva, no resulta nada creíble. Tampoco su compañera de reparto, la actriz Radha Mitchell, consigue transmitir gran cosa con su papel de sacrificada enfermera; y en cuanto al más entonado de los intérpretes, el actor chino Chow Yun Fat, es una pena que su personaje -que podía haber dado más de sí- se quede en un plano bastante esquemático y secundario.

Aparte de lo anterior, lo mínimo que puede pedirse a una película basada en una historia de superación personal y valores humanos emocione, cosa que la película intenta, sin éxito. Falta intensidad dramática en demasiadas escenas, especialmente en el relato de la hazaña de la agotadora marcha a través de las montañas, la cual es contada de una forma tan plana y desapasionada, que al final queda totalmente desdibujada. Y sobre todo, lo peor es que la película apenas llega a conmover al espectador, en lo cual tiene mucho que ver la poco vigorosa realización de la que hace gala el director Roger Spottiswide. Si ellos le unimos que las subtramas que se introducen en la historia resultan del todo insustanciales, sobre todo la que intenta mostrar el triangulo amoroso entre Hogg, Chen y la enfermera, se entiende que tras visionar las dos horas de metraje, el espectador se quede con la sensación de estar ante un título fallido en más de un aspecto.

En definitiva, Los niños de Huang Shi es el típico ejemplo de film poco inspirado que desaprovecha una magnífica historia de base, trasladando a la pantalla una torpe adaptación de la misma. Una pena, porque tales mimbres, en manos de unos guionistas y un director más avezados, podrían haber dado lugar a una gran película. Al final, se queda en un producto pasable y medianamente entretenido, pero que, en lineas generales, decepciona.

Calificación: 4/10

lunes, 19 de abril de 2010

Ciudad de Vida y Muerte (Nanjing, Nanjing!)


Ciudad de vida y muerte (2009)

Nanking, China, Diciembre de 1937. Tras derrotar a los escasos defensores que resisten en la ciudad, el ejército imperial japonés se hace rápidamente con el control de la misma. Casi inmediatamente, los soldados japoneses comienzan a desatar una ola de brutalidad contra los prisioneros chinos y la población civil, cometiendo todo tipo de vejaciones incluyendo asesinatos y violaciones masivas. A través de una serie de personas presentes en Nanking, como el soldado japonés Kadokawa, horrorizado ante la barbarie que contempla; el cónsul alemán John Rabe, empeñado en salvar a los ciudadanos chinos refugiados en su legación; y su secretario, el señor Jiang que intenta por todos los medios garantizar su seguridad y la de su familia; la película desgrana los acontecimiento que se produjeron en Nanking durante esas primeras semanas de ocupación japonesa.

Tras más de 3 años trabajando en el proyecto del film, el realizador chino Lu Chuan pudo finalmente sacar adelante esta película sobre los hechos que rodearon a la infame Masacre de Nanking, uno de los hechos más ominosos de la guerra chino-japonesa. La orgía de violencia y atrocidades cometidas por el ejército japonés en la ciudad se saldó con un balance estimado de 250.000 civiles asesinados y la violación de 20.000 mujeres. A partir de estos hechos, Lu Chuan reconstruye la masacre ofreciendo todo un mosaico narrativo que ofrece los distintos puntos de vista desde los que contemplarla. Y se nota que el realizador chino debe más de un fotograma a Spielberg y su película “La lista de Schindler”, no solo en el aspecto estético, optando por el empleo de una sobria fotografía en B/N, sino también en la forma de abordar la historia, con un estilo semidocumental que huye de todo artificio narrativo y se centra en describir los hechos tal y como estos ocurrieron.

De este modo, la película no cae en la trampa fácil de tratar de demonizar a los japoneses ni de dar una visión maniquea de los acontecimientos, los cuales, por el contrario, son expuestos desde un punto de vista asombrosamente equilibrado y objetivo. En ese sentido el mayor mérito de la película radica, a mi modo de ver, en la fuerza de sus imágenes, desde el vibrante primer tercio del metraje –que contiene unas contundentes y soberbiamente filmadas secuencias bélicas- hasta el dramático desenlace. Sin embargo, bajo mi punto de vista, la película tiene un fallo que le impide terminar de ser redonda, y es que, precisamente por causa de su pretensión de objetividad, en la segunda hora del metraje la historia pierde algo de fuelle. Y es que tras un intenso arranque, a la hora de desarrollar los hechos, la película evita en todo momento ahondar en las motivaciones o sentimientos de los protagonistas, lo cual refuerza sin duda el tono documental de la narración pero, a la vez, deja en el aire un cierto regusto a indefinición. En otras palabras, el film no termina de rematar individualmente el drama colectivo que sirve de hilo conductor a una trama que, por lo demás, carece de una estructura narrativa definida. Esa bajada de ritmo en la segunda mitad del film y la falta de unas mayores dosis de emoción, es lo que impide que estemos ante una Obra Maestra absoluta.

En cualquier caso, Ciudad de Vida y Muerte es una de esas películas que necesariamente hay que ver. No solo por su valor documental e histórico, sino también por la fuerza visual y emotiva de varias de sus escenas –impresionante la del fusilamiento masivo de prisioneros- que sirven como recordatorio del horror que el ser humano es capaz de causar a sus semejantes. Sin duda estamos ante una de la mejores películas del año. Un título altamente recomendable.

Calificación: 7,5/10

jueves, 10 de mayo de 2007

El Imperio del Sol (Empire of the Sun)

El Imperio del Sol (1987)

La acción nos sitúa en Shangai, China, en el año 1941. James Graham (Christian Bale) es un niño británico hijo de un alto cargo diplomático que vive fascinado por los aviones, y cuya cómoda existencia se ve bruscamente truncada por la invasión del ejército japonés en diciembre de 1941. En una desesperada huida de la ciudad en medio de la multitud, James queda separado de sus padres y tras vagar sin rumbo un tiempo, es acogido por Basie (John Malkovich) un buscavidas norteamericanos que sobrevive junto a otro compatriota realizando robos. Tras intentar congraciarse con sus nuevos compañeros ofreciendoles los objetos de valor de su antigua casa, James y los dos pillos acabarán yendo a parar al campo de internamiento japonés para ciudadanos occidentales de Soo Chow. Alli tendrán que luchar por su supervivencia en unas difíciles condiciones, aunque para James tiene la ventaja de que está situado justo al lado de un campo de aviación nipón lo cual le permitirá disfrutar de la contemplación de los aviones japoneses.

Steven Spielberg ha declarado en alguna ocasión que unas veces hace películas pensando con el corazón y otras pensando con el bolsillo. Claramente “El Imperio del Sol” pertenece a la primera categoría, pues con ella Spielberg abordó la adaptación de la novela autobiográfica del escritor J.G. Ballard, publicada en 1984, y en la que el autor rememoraba las experiencias de su niñez, cuando en medio de la evacuación de Shangai quedó separado de sus padres y fue a parar a un campo de prisioneros japonés. Se trataba, por tanto, de un relato de tintes nostálgicos y evocadores de una época, la niñez, y del paso de esta a la madurez adulta, una historia de evidente calado humano que sedujo al realizador norteamericano.

Entrando a valorar la película, hay que señalar en primer lugar que esta -como es habitual en el cine de Spielberg- resulta impecable en el apartado técnico, especialmente en lo tocante a la ambientación, sonido y fotografía, aspectos que están cuidados hasta el mínimo detalle. Sin embargo, es la típica historia sentimental que en algunos casos logra seducir al espectador y gustar mucho, mientras que en otros casos lo hace más bien poco.

Personalmente, la historia del niño rico enfrentado de bruces a la vida no me terminó de enganchar, aunque es justo reconocer que el protagonista, un por aquel entonces adolescente Cristian Bale ("American Psycho"; “Batman”), compone un buen papel, como también lo hace John Malkovich encarnando al cínico buscavidas que acoge a James. También es cierto que la película contiene escenas de muy bella factura visual, pero, en conjunto, la historia destila un tono por momentos excesivamente pasteloso, que impide que los momentos dramáticos transmitan toda su intensidad al espectador. Y las peripecias de los protagonistas en el campo de prisioneros me dejaron más bien frio, supongo que debido a que se aprecia claramente la intención de conmover; cosa que también ocurre con el desenlace de la historia, principalmente porque se recrea en un Happy End bastante prolongado.

En conclusión, lo más memorable de El Imperio del Sol son varias escenas de gran belleza plástica, especialmente las del niño saludando militarmente a un grupo de pilotos kamikazes japoneses que se disponen para salir en su última misión, y el vuelo de los aviones con el sol poniente de fondo. Peor dichas secuencias y la excelente factura del film en el apartado técnico no sirven para la historia termine de funcional en la pantalla. Un título que fue uno de los raros fracasos comerciales que ha cosechado Spielberg a lo largo de su carrera cinematográfica, bajo mi punto de vista de manera justa en este caso, porque se trata de una historia que, de haberse contado en un tono menos sensiblero, habria dado más de sí.

Calificación: 5,5/10