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martes, 4 de octubre de 2011

Acción en el Atlántico Norte (Action in the North Atlantic)

Acción en el Atlántico Norte (1943)

La acción nos sitúa en 1943. El Teniente Joe Rossi (Humphrey Bogart) oficial de la marina mercante y segundo del petrolero North Star verá como su buque es torpedeado por un submarino alemán y hundido en su ruta hacia el puerto de Murmansk, en la URSS. Pese al accidentado naufragio y el rescate tras permanecer varios días en el mar, Rossi no duda en volver a enrolarse en otro barco y repetir el viaje en un buque tipo Liberty que formará parte de un convoy con destino al lejano puerto ruso, al que deberán llegar siguiendo la peligrosa ruta del Atlántico Norte.

Ya hemos comentado en otras ocasiones como durante el periodo comprendido entre 1942 y 1945, los grandes estudios de Hollywood se embarcaron en una intensa campaña propagandística destinada a producir Films que sirvieran para levantar la moral del pueblo estadounidense y ensalzar la causa de los países Aliados en la contienda. Y por supuesto, las grandes estrellas de la industria cinematográfica se prestaron a protagonizar esos films de propaganda. En ese contexto se enmarca Acción en el Atlántico Norte, una película producida por la Warner Bros, y protagonizada por el gran Humphrey Bogart, quien por esas fechas también iba a participar en varios proyectos similares, como Sahara o la mítica Casablanca.

En el caso que nos ocupa, Acción en el Atlantico Norte tiene el interes de ofrecernos una perspectiva de la conocida como Batalla del Atlántico, ofrecida desde el punto de vista de las tripulaciones de la marina mercante. De hecho, el film fue originariamente concebido como un documental, pero finalmente fue producido como película comercial con la finalidad de que actuara como reclamo para estimular el enrolamiento en el servicio de la marina mercante. A tal efecto, la Warner Bros no escatimó medios para lograr que la película fuera creible, construyéndo en sus estudios unas enormes réplicas a escala real de un petrolero y de un buque tipo Liberty, las cuales iban a ser incendiadas durante el rodaje, y dándole el papel protagonista a Bogart, que había sido marino mercante en su juventud, y aceptó encantado el encargo.

En cuanto a la valoración, hay que decir que Acción en el Atlántico Norte acusa bastante el elemento coyuntural que motivó su producción y no puede decirse que haya resistido demasiado bien el paso del tiempo. Lo mejor del film radica, sin duda, en sus escenas bélicas muy bien filmadas para la época, y que combinan una serie de buenas maquetas con imágenes de combate naval sacadas de archivo. En ese sentido, el enfrentamiento del convoy con la Manada de Lobos (grupo de U-Boote que se concentraban para atacar los convoys aliados), y el enfrentamiento final con el submarino alemán condensan los mejores momentos del film. En medio, hay un interludio dedicado al periodo que los marinos pasan en tierra antes de embarcar, y que no presenta mayor interés, más allá de permitir el lucimiento de Bogart, en una secuencia que muestra el peligro de como el hablar en exceso en lugares públicos puede suponer un filón de información para el espionaje enemigo, y en la que Bogey muestra alguno de los tics de “duro” que le hicieron famoso.

En definitiva, Acción en el Atlántico Norte ofrece algunos puntos de interés desde el punto de vista bélico, pero en líneas generales resulta un título simplemente correcto, cuyo principal aliciente reside en abarcar un tema muy poco trillado por el cine de guerra, y en la siempre estimulante presencia escénica de Bogart. Pero no es una película especialmente memorable.

Calificación: 5,5/10

jueves, 28 de abril de 2011

La Señora Miniver (Mrs. Miniver)

La Señora Miniver (1942)

La señora Kay Miniver (Greer Garson), una ama de casa de clase media acomodada residente en un tranquilo pueblo a las afueras de Londres, verá como la apacible vida que lleva junto a su marido Clem (Walter Pidgeon) y sus tres hijos, se ve alterada por el estallido de la guerra mundial. Mientras Clem se alista en el servicio auxiliar de patrullas fluviales, el hijo mayor de la familia se enrola en la RAF, y toda la familia, como el resto de la población de la zona, comienza a verse sometida a los bombardeos alemanes del verano de 1940.

Al hablar sobre La Señora Miniver Winston Churchill afirmó que la película había contribuido más el esfuerzo bélico de Gran Bretaña que una flotilla de destructores. Puede argumentarse que quizás Churchill fue un poco exagerado al hacer tal afirmación, pero ciertamente el éxito de La Señora Miniver entre el público anglosajón (y especialmente en EEUU) supuso un notable espaldarazo propagandístico para la lucha en solitario que Gran Bretaña había mantenido contra el III Reich hasta finales de 1941. El éxito de película entre el público estadounidense –el mismo presidente Roosevelt elogió públicamente el film- le valió para se reconocida con la nominación a 12 Oscars en la edición de 1943, de los cuales ganó 6, incluyendo los de mejor película, dirección, guión, y actriz principal. Un éxito que satisfizo enormemente a su director, William Wyller, ciudadano estadounidense de origen alemán, que admitió abiertamente que había realizado la película con una finalidad propagandística, y especialmente para acercar las simpatías del público estadounidense a la lucha del pueblo británico frente al nazismo. Y desde luego puede decirse que Wyller consiguió plenamente su objetivo. Pero la contribución de Wyller a la causa aliada no terminaría con este film, sino que continuaría desde 1942 hasta el final de la guerra, con la realización de una serie de documentales bélicos de propaganda que Wyller se encargó de filmar en los principales escenarios bélicos de la contienda donde combatian las tropas aliadas.

Entrando a valorar el film, hay que señalar ante todo que La Señora Miniver es, como su propio prólogo aclara, una historia de gente común cuyas vidas se ven de pronto alteradas por la guerra. Un enfoque ciertamente novedoso, al hacer una aproximación al conflicto no desde la perspectiva de los combatientes en el frente, sino desde el espíritu de resistencia y sacrificio de la población civil en la retaguardia. En ese sentido, el mayor mérito de Wyller es el de construir una historia sólida a partir de unos personajes más bien arquetípicos, como la madre de familia ejemplar, el jóven rebelde, la aristócrata engreida…etc. Wyller también supo plasmar en la pantalla una serie de situaciones emotivas que captan la atención del espectador, como la inquietante escena de la Sra. Miniver con el piloto alemán derribado, la de la familia pasando la noche en el refugio antiaéreo mientras en el exterior estallan las bombas, o el sermón del pastor homenajeando a los civiles muertos por los bombardeos en el escenario de la iglesia semiderruida.

Ahora bien, lo anterior tampoco puede ocultar el hecho de que el mensaje del film resulte, valorado en conjunto, bastante de simplista, y que el panorama que la película dibuja acerca de la sociedad británica de la época resulte más que edulcorado y excesivamente idílico. Aunque eso no oscurece los otros aspectos meritorios del film, como la excelente labor de los actores, la cuidada puesta en escena y la elegante fotografía, lo cierto es que el éxito de La Señora Miniver tuvo un importante componente coyuntural, y que claramente estamos ante una de esas películas sobrevaloradas por la Academia de Hollywood. Pese a lo cual, La señora Miniver puede considerarse uno de los títulos clásicos del cine propagandístico, un título de obligado visionado que sirve para redondear la entrada número 300 de este blog.

Calificación: 6/10

sábado, 23 de abril de 2011

Sangre, sudor y lágrimas (In which we serve)

Sangre, sudor y lágrimas (1942)

Tras ser botado en las semanas previas al estallido de la II guerra mundial, el destructor de la Royal Navy HMS Turrin recibe la llegada de su tripulación con su comandante, el Capitán Kinkrass (Noel Coward) al frente. Pronto, el Turrin entrará en acción en aguas de Noruega, para colaborar más tarde en la evacuación de Dunkerke, hasta ser gravemente dañado durante las operaciones navales contra la isla de Creta. Entretanto, el capitán Kinkrass y algunos de sus hombres irán recordando sus experiencias anteriores al estallido de la guerra.

Sangre sudor y lágrimas (traducción que hace referencia a la fámosa frase de Churchill y que poco tiene que ver con el título original, que viene a significar “En la cual servimos”) es una película propagandística británica, producida en el periodo inicial de la contienda, cuyo interés reside más en el trasfondo de su gestación que en la historia que cuenta. El proyecto salió adelante gracias al empeño del comediante Noel Coward, amigo personal de Churchill y de Lord Mountbatten que, deseoso de contribuir al esfuerzo bélico de su país saliéndose del ámbito de la comedia, se inspiró en las experiencias de Mountbatten al frente del destructor HMS Kelly durante los primeros meses de la guerra, las cuales sirvieron de base para elaborar el guión del film. Además, este supuso el primer trabajo en la dirección de uno de los grandes realizadores del siglo XX, David Lean.

Como Coward, que en principio iba a ser el director además del protagonista del film, no tenía experiencia en la dirección le preguntó a un amigo quien podría ayudarle como codirector, y la repuesta que obtuvo fue: “puedes contar con el mejor editor del país: David Lean”. Una vez que este accedió a participar en el proyecto, su diligencia durante los primeros días de rodaje fue tal que Coward decidió dejar enteramente en manos de Lean las labores de dirección, centrándose él en la interpretación. El rodaje pudo concluirse en un plazo relativamente breve gracias al total respaldo que el ministerio de información dio al film, de modo que Coward pudo contar con cientos de marineros reales para que actuaran como extras en la película. Después de su estreno, además, Coward recibió una felicitación oficial del almirantazgo británico por el retrato altamente realista que la película hacia de la guerra en el mar.

En ese sentido, puede decirse que lo mejor de Sangre, sudor y lágrimas es, sin duda, su alto grado de realismo. Se nota que el guión bebe directamente de las experiencias bélicas de un capitán de navío ya que el aspecto bélico de la producción –bastante logrado desde el punto de vista técnico pese a las evidentes limitaciones de la época- resulta bastante realista, especialmente en las secuencias que muestran el hundimiento del destructor en Creta tras ser bombardeado por aviones de la Luftwaffe.

Tampoco está mal la interpretación de Noel Coward en el papel de capitán Kinkrass, sobre todo teniendo en cuenta el cambio de registro que tuvo que hacer el actor, anteriormente encasillado en papeles de comedia. La técnica narrativa puede considerarse igualmente bastante novedosa para la época, ya que la historia está narrada en gran medida mediante una serie de flashbacks, que nos retrotraen a las semanas anteriores al estallido de la guerra, y nos muestran la vida de los protagonistas durante esos días que precedieron al estallido de la contienda. Sin embargo, la película también tiene aspectos mejorables, en especial la falta de ritmo de la que adolecen buena parte de dichos flashbacks –muchos de los cuales se pierden en diálogos y anécdotas más bien insustanciales- y quizás el hecho de que el mensaje propagandístico resulta demasiado poco sútil. Se trata ante todo de resaltar el espíritu de abnegación y sacrificio del pueblo británico ante la guerra, sin introducir mayores matices, por lo que en ese aspecto, la trama resulta bastante plana para el espectador actual.

En cualquier caso, por ser una película más que correcta en el aspecto técnico y por haber supuesto el debut en la dirección del gran David Lean, Sangre, sudor y lágrimas es de esos títulos clásicos que no desmerece un visionado. Pese a no ser de lo mejor dentro del género propagandístico tiene su punto de interés.

Calificación: 5,5/10

viernes, 11 de marzo de 2011

Al filo de la oscuridad (The Edge of Darkness)

Al filo de la oscuridad (1943)

Noruega, Octubre de 1942. El pequeño pueblo costero de Trollness aparece arrasado por un levantamiento que ha acabado con la guarnición alemana, y cuya historia se irá reconstruyendo. La población de apenas 800 habitantes se muestra hostil hacia los ocupantes, con varios cabecillas cercanos al movimiento de la resistencia. El principal es Gunnar Brogge (Errol Flynn), un pescador decidido a combatir a los alemanes a cualquier precio, respaldado incondicionalmente por su novia Karen Stensgard (Ann Sheridan). Sin embargo, en el pueblo también hay partidarios de mantener la paz, especialmente el pacífico Doctor Stensgard, el padre de Karen, y su hermano Johan, el dueño de la fábrica de conservas local, interesado en que no estalle la revuelta para continuar con sus actividades comerciales. Sin embargo, cuando se tienen noticias de que los ingleses están suministrando armas a las poblaciones costeras, la mayor parte de la población se mostrará favorable a preparar un levantamiento contra los ocupantes.

No cabe duda de que 1942 fue un año especialmente prolífico para el realizador Lewis Milestone, ya que durante ese periodo estuvo ocupado en el rodaje de dos películas propagandísticas que iban a estrenarse, con pocas semanas de diferencia, en la primavera de 1943. Y curiosamente, ambas eran historias ambientadas en la Europa ocupada por los nazis. La primera de ellas, “La Estrella del Norte” trataba sobre la lucha partisana en Ucrania durante los primeros dias de la invasión alemana, mientras que la segunda, titulada Al filo de la oscuridad, estaba dedicada a homenajear al movimiento de la resistencia noruega. La película fue producida por la poderosa Warner Bros, de modo que Milestone pudo contar con la participación de las estrellas consagradas del estudio para protagonizarla, principalmente con el mítico Errol Flynn, quien tras ser rechazado para el servicio activo en el ejército, se mostró muy dispuesto a participar en películas de propaganda durante la guerra. Sin embargo, el rodaje no fue sencillo ni para el director ni para su protagonista.

Para empezar, la filmación de los exteriores de la película en la costa de California y la población de Monterey, sufrió varias semanas de retraso debido a unos espesos bancos de niebla que afectaron a la costa californiana en esas fechas, por lo que se hizo necesario buscar nuevas localizaciones. Por su parte, Errol Flynn sufrió durante esos meses una grave crisis personal cuando fue acusado y procesado por la violación de una mujer, lo cual le hizo caer en una depresión que le afectó durante todo el rodaje de la pelicula, además de ver su popularidad seriamente comprometida por causa de dicha acusación. Aunque finalmente el actor fue absuelto de los cargos por un jurado en Febrero de 1943, apenas un mes antes de que se estrenara la película.

En cuanto a la calidad del film, hay que decir que Al filo de la oscuridad puede considerarse una correcta, pero no brillante, muestra del cine propagandístico de la época. La película tiene un arranque bastante sugerente, mostrando como un avión de reconocimiento alemán descubre la población de Trollness arrasada, y la bandera noruega ondeando en uno de sus edificios. A partir de ese momento, mediante el empleo de un prolongado flashback, se iran reconstruyendo los hechos acaecidos en las semanas anteriores al levantamiento, y como este se fue larvando entre la población local. También es interesante como se muestran las diferentes actitudes de los personajes, oscilando entre los que desean mantener la paz, ya sea por idealismo o por intereses propios (los hermanos Stensgard), los que dudan de la viabilidad de un levantamiento, y finalmente los orgullosos patriotas deseosos de combatir abiertamente contra los alemanes. En ese sentido, es digna de mención la escena que muestra reunión de los lugareños en la iglesia, con excusa de celebrar un oficio religioso, y en la que se debate la posibilidad de llevar a la práctica el levantamiento, confrontándose entre los presentes las distintas opiniones al respecto.

Sin embargo, no todos los aspectos de la trama me terminaron de convencer. Para empezar el guión peca del mismo fallo que se aprecia en “La Estrella del Norte”, presentando a los alemanes como los típicos villanos desalmados de turno, lo cual le resta veracidad a la trama. En segundo lugar, el ritmo de la narración no termina de ser del todo sostenido, y algún tramo del metraje se dilata en exceso, perjudicando bastante la agilidad del relato. Finalmente, cabe reseñar que, pese a que las escenas de acción están bien filmadas, mediante el uso extensivo de los travellings laterales que eran “marca de la casa” de Milestone, la parte dedicada al levantamiento de la población y el combate contra las tropas alemanas no termina de resultar verosímil, ya que se nota en demasía la intención propagandística de esas escenas, que adolecen de una carga épica más bien poco creible para el espectador actual.

En definitiva, Al filo de la Oscuridad puede considerarse un título correcto en lineas generales, pero cuya calidad se ve algo deformada por unas intenciones propagandísticas muy poco disimuladas, que de haberse introducido de una manera más sútil muy probablemente habrían mejorado el resultado final. Una película entretenida, que merece la pena ver sobre todo por la participación del gran Errol Flynn, pero que no puede considerarse de las más brillantes dentro del género propagandístico.

Calificación: 5,5/10

lunes, 7 de marzo de 2011

La Estrella del Norte (The North Star)

La Estrella del Norte (1943)

La historia comienza en una aldea de Ucrania llamada “Estrella del Norte”, el 21 de junio de 1941. Mientras los habitantes de la aldea disfrutan de un tranquilo día veraniego, los jóvenes Kolya (Dana Andrews) y Marina Pavlova (Anne Baxter) ultiman los planes para emprender una excursión a pie con destino a Kiev en compañía de otros tres amigos, para celebrar el fin del curso escolar. Sin embargo, al dia siguiente, su tranquilo viaje se ve truncado por la invasión alemana de la URSS. Mientras la Luftwaffe ataca las carreteras, las columnas motorizadas alemanas se dirigen rápidamente a la aldea, por lo que los hombres del lugar deciden escapar a las montañas para formar una guerrilla, mientras Kolya y Marina tratan desesperadamente de regresar a sus casas. Pronto, el pueblo es ocupado por los alemanes, que deciden instalar un hospital militar avanzado en el mismo, bajo las órdenes del Dr. Von Harden (Erich Von Stroheim) usando a los niños del lugar como donantes de sangre forzosos para los soldados alemanes heridos.

Durante el periodo comprendido entre los años 1942 y 1945, la práctica totalidad de los estudios cinematográficos de Hollywood desarrollaron una intensa campaña propagandística en apoyo de la causa aliada. En ese contexto, se produjeron decenas de films dedicados no solo a ensalzar la lucha en el frente de las tropas norteamericanas, sino también la resistencia en Europa frente al invasor nazi. Dentro de esta categoría se encuadra La Estrella del Norte, dirigida por el prestigioso realizador Lewis Milestone, un cineasta que había encontrado en el género bélico su mejor medio de expresión, especialmente desde la realización de la aclamada adaptación cinematográfica de la famosa novela de Erich Maria Remarque Sin novedad en el frente.

Sin embargo, en este caso, puede decirse que Milestone pinchó en hueso. Y desde luego, ello no puede acharcarse precisamente a la falta de medios, ya que el director contó con un reparto plagado de actores de primera fila, incluyendo a la por aquel entonces pareja de moda de Hollywood, Dana Andrews y Anne Baxter, así como al prestigioso Erich Von Stroheim en el papel de médico militar alemán. Sin embargo, las evidentes debilidades del flojo guión que Lillian Hellman escribió para la película, la lastran prácticamente desde el primer minuto de metraje. Para empezar, porque el escenario elegido para presentar a los campesinos soviéticos dispuestos desde el primer día de invasión a luchar contra los ocupantes alemanes resulta totalmente inadadecuado desde el punto de vista histórico.

No en vano, Ucrania era una de las regiones de la URSS que más había sufrido los peores excesos del régimen stalinista, unos excesos materializados en forma de detenciones y deportaciones masivas a Siberia, e incluso la muerte por hambruna de decenas miles de ucranianos debido al programa de expropiaciones agrícolas forzosas ordenado desde Moscú. Por tanto, cuando comenzó la invasión, la mayor parte de la población recibió a los alemanes como libertadores, e incluso miles de ucranianos colaboraron con las fuerzas invasoras en la lucha contra el Ejército Rojo. Por otra parte, la historia está contada más bien con poco ritmo, y la mayor parte de las escenas que transcurren en la idílica granja colectiva antes de la guerra resultan absolutamente pueriles. Tanto es así que, en los años 50 esta película fue marcada por la censura estadounidense como propaganda soviética, al mostrar un retrato demasiado amable e idealizado de la vida en la URSS bajo el régimen comunista.

Dejando de lado lo anterior, al menos hay que reconocer que en las escenas de acción se nota la mano de Milestone. Me gustaron especialmente las secuencias en las que los Stukas bombardean la aldea y en la que un avión ruso ataca una columna de Pz-II alemanes, unas escenas muy bien filmadas, empleando unos efectos visuales notables para la época. Pero aparte de esto, La Estrella del Norte tiene poco más que ofrecer. Una historia propagandística que no ha resistido nada bien el paso del tiempo. Interesante como curiosidad cinéfila, y punto.

Calificación: 4/10

domingo, 13 de febrero de 2011

Esta tierra es mia (This land is mine)


Esta tierra es mia (1943)

La historia nos sitúa en “algún lugar de Europa” (aunque se sobreentiende que es Francia) en 1941. La ocupación alemana somete a la población civil a privaciones de alimentos y a la pérdida de todas las libertades civiles. En medio de ese ambiente, Albert Lory (Charles Laugthon) un maestro de escuela de mediana edad, mediocre, acobardado y con un claro complejo de Edipo debido a la sobreprotección de su madre viuda, se enamora de la atractiva Louise Martin (Maureen O’Hara) una maestra de su misma escuela que además es su vecina. La anodina vida de Lory se verá complicada cuando la Resistencia comete varios actos de sabotaje, implicando a Paul, el hermano de Louise, lo que provocará que el comandante alemán de la zona, el Mayor Von Keller (Walter Slezack), comience a tomar rehenes entre la población, incluyendo al director del colegio, el Profesor Sorel, un convencido opositor antinazi.

Al hablar sobre su carrera cinematográfica en una entrevista concedida en los años 50, el director francés Jean Renoir, reconoció que no se sentía especialmente orgulloso de su película “Esta tierra es mia”, a la cual se refirió como “Mi propia proganda”. No en vano, Renoir, que había escapado de Francia tras la invasión alemana, tenía razones sobradas para dirigir una película propagandística contra la ocupación nazi, proyecto que pudo llevar a cabo en Hollywood, siendo financiado por la productora RKO. El estudió prestó su total respaldo al proyecto, de modo que Renoir pudo contar con dos estrellas consagradas como Charles Laughton y Maureen O´Hara para encarnar los papeles protagonistas. La película se estrenó además masivamente en los cines de EEUU en mayo de 1943, siendo muy bien acogida por un público en plena efervescencia patriótica, y que por aquel entonces se mostraba muy receptivo a este tipo de cine propagandístico.

Entrando a analizar el film, personalmente entiendo que Renoir no sintiera especial predilección por esta película de su filmografía. Y eso que no puede negarse que la película presenta algunos aspectos muy destacables, comenzando por las buenas interpretaciones del reparto, pasando por algunas secuencias memorables (como la de la angustia de Lory durante el bombardeo) y terminando en un emotivo desenlace. Sin embargo, personalmente encuentro que el aspecto evidentemente coyuntural de la trama no ha resistido del todo bien el paso del tiempo. Un aspecto que sí me gustó es el retrato que se hace de los alemanes a través del Mayor Von Keller, un retrato sorprendentemente equilibrado para la época. De este modo, Keller no es el típico oficial malvado y fanático, sino que aparece retratado como un hombre práctico, que incluso trata de evitar represalias innecesarias contra la población civil, una humanización del enemigo que es muy enriquecedora.

No obstante, en líneas generales, al conjunto de la narración le faltan unas mayores dosis de ritmo y de intensidad dramática. Además, hay algunos giros de los personajes que no resultan muy creíbles, especialmente la transmutación final del acobardado profesor Lory en un valiente y decidido opositor a los ocupantes. En ese sentido, suele recordarse de este film el monólogo que Lory pronuncia durante su juicio, en el que además de denunciar la hipocresía de los comerciantes que se enriquecen gracias a la guerra y el mercado negro, pronuncia un apasionado alegato en defensa del sabotaje y de la resistencia activa contra la ocupación. Un monólogo que muchos consideran memorable, pero que a mi me pareció un tanto forzado, amén de poco creible. Personalmente, encuentro mucho más emocionante la escena final, en la que Lory lee a sus alumnos varios artículos de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, antes de ser detenido por los alemanes; una escena que condensa a la perfección el mensaje de la película.

En conclusión, pese a no tratarse de una de las mejores películas propagandísticas made in Hollywood, Esta tierra es mía sí que ofrece varios aspectos cinematográficos dignos de estima, aparte del carisma interpretativo del gran Charles Laughton. Un clásico que, pese a no ser de todo redondo, merece la pena ver.

Calificación: 6/10

jueves, 10 de febrero de 2011

Los verdugos tambien mueren (Hangmen also die)

Los verdugos también mueren (1943)

Praga, mayo de 1942. Tras el asesinato del Reichsprotektor de Bohemia-Moravia, Heydrich, apodado el “El Verdugo”, a manos de la resistencia checa,  el Doctor Svoboda (Brian Donlevy), autor del crimen, trata de huir desesperadamente de la policía alemana, consiguiéndolo finalmente gracias a la ayuda de una desconocida, Nasha Novotny (Anna Lee), quien envía a sus perseguidores en otra dirección. Tras una angustiosa huida, Svoboda se refugia finalmente en casa de la familia Novotny con nombre falso. Mientras la Gestapo, con el inteligente inspector Alois Gruber (Granach Alexander) a la cabeza, busca por toda Praga al autor del asesinato, las fuerzas de ocupación comienzan a tomar rehenes entre la población de la ciudad, incluyendo al padre de Nasha, con la amenaza de fusilarlos si no aparece el responsable de la muerte de Heydrich.

En 1933 Joseph Goebbels, Ministro de propaganda del Reich, le propuso a Fritz Lang, el director de la mítica Metropolis, presidir los estudios de la UFA, la productora estatal alemana. La respuesta de Lang, cuyas ideas eran radicalmente opuestas al nazismo, fue huir precipitadamente de Alemania, primero a Francia, y finalmente con destino a EEUU, a donde llegó en 1936, iniciando en tierras americanas la segunda etapa de su carrera cinematográfica. En este caso, Los verdugos también mueren supuso el séptimo largometraje realizado por Lang en Hollywood, llevando a la pantalla una historia apócrifa basada en la muerte del Reichsprotektor Reinhard Heydrich, mortalmente herido en Praga el 27 de mayo de 1942, tras un atentado ejecutado por agentes checos del Servicio Secreto Británico. Puesto que los detalles del asesinato de Heydrich no se conocían cuando se rodó el film, Lang tomó como punto de partida el mismo para construir una historia ficticia que homenajeara a la resistencia antinazi en Europa. El guión fue elaborador por otro alemán emigrado, el famoso dramaturgo Berltolt Brecht, junto con el guionista John Wexley, en la que supuso la única colaboración acreditada de Bretch en una película de Hollywood.

Los verdugos también mueren puede considerarse una de las mejores películas antinazis producidas durante la contienda. La mano de Lang se nota desde el primer minuto (atención a la secuencia que abre el film, con un Heydrich absolutamente amenazante dirigiéndose a una audiencia de personalidades) y consigue dotar al relato de una atmósfera inquietante y opresiva, construida en torno a unos personajes que se mueven en el filo de la navaja. Además, Lang consigue ir bastante más allá del simple vehículo de propaganda, y en cambio, ofrece un relato que combina elementos típicos de cine negro, thriller policiaco, y denuncia política. El film, además constituye todo un alegato en defensa de las libertades individuales y una sentida reivindicación de la dignidad del pueblo frente a los opresores y las injusticias. Todo ello narrado en pantalla con el indiscutible sello visual de Lang, con el uso de planos y enfoques que muestran las raíces expresionistas del realizador austriaco. Por ponerle algún “pero” quizás podría señalarse el punto relativamente artificioso que adquiere la trama cuando los miembros de la resistencia intentan implicar al traidor Czaka en el asesinato, un aspecto de la trama que no me pareció muy creíble, aunque encaje bien en el posterior desenlace de la misma.

En el apartado interpretativo, destacan por encima de todo las actuaciones de Granach Alexander, encarnando al astuto y avispado inspector de la Gestapo Gruber, (para mi gusto, el mejor personaje de la película) y Gene Lockhart que da vida al empresario cervecero Czaka, el traidor de la resistencia.

En resumidas cuentas, Los verdugos también mueren es una película muy estimable dentro de la filmografia del gran Fritz Lang. Sin llegar a ser una Obra Maestra, ni tampoco uno de los trabajos más sobresalientes de su director, sí es uno de esos títulos cuya maestria visual y narrativa hacen que el paso de los años no le afecten, pudiendo ser disfrutados por espectadores de cualquier época. Una película definitivamente muy recomendable.

Calificación: 7/10

miércoles, 13 de octubre de 2010

Liberacion (Osvobozhdenie). El Último Asalto

Liberacion (1969). Parte V: El Último Asalto.

20 de abril de 1945. Una vez vencida la resistencia de las últimas tropas alemanas que combatían en las afueras de Berlin, las tropas soviéticas se preparan para lanzar el asalto final contra la capital del Reich. Mientras el mando soviético prepara el asalto del Reichstag y las tropas de asalto rusas se acercan al corazón de la ciudad, en el búnker de la cancillería del Reich, Hitler, tras contraer matrimonio con su antigua amante Eva Braun, se prepara para quitarse la vida antes de caer en manos del enemigo.

El Último Asalto es la quinta entrega y el título que cierra la serie de Liberación, amén de ser la continuación cronológica de “La batalla de Berlin”, que completa la recreación de la lucha por la capital alemana. Nuevamente, al igual que ocurría en la cuarta entrega, el tono propagandístico que adopta el film a la hora de abordar la narración de la conquista de Berlin por parte de las fuerzas sovieticas es notablemente acusado. Y por supuesto, se omite del relato cualquier atisbo de criminalidad por parte de las tropas rusas hacia la población civil alemana, hasta el punto de que los soldados soviéticos aparecen retratados de una manera bastante idealizada como protectores de los civiles alemanes, lo cual, desde luego, no es solo poco acorde con la realidad de los hechos históricos, sino que directamente está en las antípodas de estos.

Lo mejor de esta parte, como en las anteriores, radica en la excelente recreación de los escenarios exteriores y la cuidada puesta en escena. Para el rodaje de esta parte se usaron como decorados los edificios semiderruidos de un antiguo barrio berlinés que iba a ser demolido, por lo que la sensación de autenticidad de los escenarios es absoluta. También es muy notable la recreación que se hace del asalto del Reichstag, el antiguo parlamento alemán, que en realidad era una ruina calcinada desde el incendio sufrido por el edificio en 1933, pero cuya conquista tuvo un innegable valor moral y simbólico para el ejército soviético. Y como no podía ser de otro modo, la película escenifica la archifamosa fotografía de la bandera soviética ondeando en lo alto del edificio tras su conquista por las tropas rusas.

Tampoco están mal las escenas que transcurren en el búnker de la Cancillería, que muestran al Hitler de los últimos días de la guerra, físicamente disminuido y moralmente destrozado por la derrota; si bien la secuencia del suicidio resulta demasiado histriónica y poco realista. En la película se da a entender que Hitler asesinó a Eva Braun y luego no se atrevió a suicidarse por su propia mano, lo cual no se ajusta en absoluto a los testimonios de los testigos presenciales acerca de las circunstancias de la muerte de Hitler y su esposa. Dicha escena parece, una vez más, un peaje propagandístico del film, con la obvia finalidad de quitarle cualquier atisbo de heroicidad al suicidio del Führer. Finalmente, la película culmina con la celebración de las tropas rusas a las puertas del Reichstag tras la captura del edificio, y con unas imágenes coetáneas que van mostrando, a modo de homenaje, las cifras de caídos por cada nación en la guerra, finalizando con los millones de muertos sufridos por la URSS en el conflicto.

En resumen, El Último Asalto, mantiene las mismas constantes de los anteriores títulos de la serie. Una más que notable recreación histórica y puesta en escena, que queda empañada por una narración excesivamente lineal, unos personajes planos además de esquemáticos, y una historia que contiene demasiados –y evidentes- elementos propagandísticos. Por ello, no puede negarse que Liberación es, desde el punto de vista estético, un modelo a seguir, pero igualmente, solo puede concluirse que resulta bastante mediocre en su aspecto cinematográfico, y demasiado maniquea históricamente hablando. En cualquier caso, no desmerece un visionado por parte de los buenos aficionados a la historia de la II GM, sobre todo por su lograda recreación de los aspectos militares de la contienda.

Calificación: 4/10

La Pelicula en Youtube (7 Archivos, V.O.S.)

martes, 5 de octubre de 2010

Liberacion (Osvobozhdenie). La Batalla de Berlin

Liberacion. Parte IV: La Batalla de Berlin

Febrero de 1945. Mientras las fuerzas soviéticas, tras atravesar a toda velocidad Polonia, y penetran en territorio alemán, los tres líderes de los aliados se encuentran en Yalta para discutir las futuras operaciones militares. Stalin, desconfiando de las verdaderas intenciones de británicos y américanos al tener conocimiento de las negociaciones secretas de rendición mantenidas en Italia con el general de la SS Karl Wolff, decide preparar una última gran ofensiva con el objetivo de tomar Berlin antes que los ejércitos occidentales se acerquen a la capital alemana.

Aunque esta cuarta entrega de Liberación se titula la “La Batalla de Berlin” lo cierto es que no abarca propiamente la lucha por la capital del Reich, sino más bien los hechos inmediatamente anteriores, es decir, la campaña de la primavera de 1945, que culminó con el cerco de la ciudad por parte de los ejércitos de Zhukov y Konev. Hay que decir que en esta entrega el tono propagandístico de la historia adquiere un mayor protagonismo, siendo mucho más acusado que en las tres partes anteriores. Los hechos son presentados desde una perspectiva totalmente pro-soviética. Por ejemplo, las negociaciones del general de la SS Wolff para rendir Italia a los aliados, que fueron de hecho una iniciativa particular de dicho oficial, con la aquiescencia de Hitler, son presentadas como un complot entre los alemanes y los servicios secretos occidentales para firmar una paz separada. Igualmente, nada se dice del abandono por parte del Ejército Rojo a la resistencia polaca que se había levantado en armas contra los alemanes en Varsovia, y por supuesto, se obvian completamente las atrocidades cometidas por los soldados soviéticos contra la población civil alemana.

Pero la tergiversación histórica de los hechos no se queda ahí, sino que, en un alarde de descarado maniqueísmo, la película muestra a los soldados rusos confraternizando con la población alemana e incluso protegiendo a los civiles que se ven envueltos en los combates. Aunque, curiosamente, también se evita mostrar en el film la realidad que encontraron las tropas rusas en los campos de concentración que liberaron en Polonia, omisión que muy posiblemente respondía a la necesidad de no herir la sensibilidad política de Alemania Oriental, nación que por aquel entonces se hallaba integrada en el bloque Comunista.

Del conjunto del film, exceptuando algunas escenas de combate urbano, como de costumbre muy bien ambientadas, y las secuencias en las que aparece el personaje de Hitler, el resto vale más bien poco la pena. En definitiva, La batalla de Berlin puede considerarse la entrega más propagandística y menos interesante de una ya de por si irregular saga cinematográfica. Posiblemente sea la parte más floja de toda la serie.

Calificación: 3,5/10

La Pelicula en Youtube (8 archivos V.O.S.)

jueves, 14 de enero de 2010

Cinco tumbas al Cairo (Five graves to Cairo)

Cinco Tumbas al Cairo (1943)

Norte de Africa, junio de 1942. Tras la caida de la fortaleza de Tobruk en manos alemanas, el cabo John Brombel (Franchot Tone), el único superviviente de la tripulación de su tanque, se refugia en el Hotel de carretera “Emperatriz de Bretaña” regentado por el simpático Farid, y la camarera francesa Mouche (Anne Baxter). Aunque el sitio parece un lugar seguro, pronto las cosas se complican cuando los alemanes y el Estado Mayor del Afrika Korps, con el mariscal Rommel (Erich von Stroheim) a la cabeza, deciden usar el hotel como cuartel general antes de reemprender el avance sobre Egipto. Para no ser descubierto, Brombel adopta la personalidad del camarero Paul Davos, agente alemán fallecido en un bombardeo antes de la llegada de los alemanes. Inesperadamente colocado en una posición privilegiada, Brombel emprende una arriesgada misión de espionaje, tratando de averiguar donde esconden las fuerzas alemanas los depósitos secretos de suministros con los que Rommel planea reemprender el avance final sobre Egipto.

Cinco tumbas al Cairo fue el tercer largometraje dirigido por el genial realizador norteamericano de origen austriaco, Billy Wilder. El rodaje tuvo lugar durante los primeros meses de 1943 en el desierto de Arizona y en los estudios de la Paramount, con guión basado en la comedia de 1927 "Hotel Imperial", de Lajos Biró. Y como no podía ser de otra manera dada la fecha de su realización, es un título que se enmarca dentro de las decenas de películas de contenido propagandístico realizadas por los estudios de Hollywood  durante la contienda, en apoyo de la causa aliada

A pesar de ello, hay que reconocer que Wilder siempre se las ingeniaba para ofrecer algo distinto e interesante en sus films. En este caso, la película comienza con una secuencia impactante y arrolladora, mostrándonos como un solitario tanque británico vaga a la deriva por las dunas del desierto, mientras todos sus ocupantes yacen inermes en su interior. Luego, a partir de la llegada del único superviviente del carro al hotel de carretera, el relato cambia bruscamente de dirección, para introducirnos en la trama que se desarrolla en el escenario ligeramente claustrofóbico del hotel medio derruido por los bombardeos, a donde van llegando los personajes. Una trama que al principio ofrece los elementos típicos de una comedia de enredo, para luego ir introduciendo de forma gradual la historia de intriga y espionaje que gira alrededor de la figura del mariscal Rommel, y un misterioso mapa que contiene importante información sobre la campaña de Egipto. Todo un ejemplo de “crescendo” narrativo que Wilder sabe administrar a la perfección poniendo de manifiesto sus habilidades como director.

Eso hace que uno pueda olvidar lo poco verosímil de la trama de espionaje, y hasta perdonar algún que otro elemento poco pulido del guión (como por ejemplo, el retrato excesivamente caricaturesco que se hace los italianos, personificados en el torpe general Sebastiani). Otro aspecto que no me terminó de convencer es el retrato que se hace de Rommel. Pese a que la interpretación de Von Stroheim encarnando al famoso mariscal alemán es bastante digna, bajo mi punto de vista aparece retratado como un hombre frío y autoritario, de forma que el personaje responde más al tópico de oficial prusiano estirado, que al perfil carismático del Zorro del Desierto. Aunque esto es desde luego compresible dadas las circunstancias de la contienda.

En definitiva, Cinco tumbas al Cairo, si bien es un título menor dentro de la filmografía de Wilder, ofrece bastantes destellos de buen cine, amén de mostrar las habilidades en la realización de el por aquel entonces joven director. Desde luego, es una película que cumple la máxima enunciada por el propio Wilder de que: “Al público se le agarra por el cuello, se les acelera el corazón, y no se les suelta. Hay que apretar cada vez más. Al final, cuando están casi sin aliento, se les deja, se acabó, y la sangre empieza a circular de nuevo”. Un clásico a descubrir.

Calificación: 6,5/10

lunes, 6 de julio de 2009

Treinta segundos sobre Tokio (Thirty seconds over Tokyo)

Treinta segundos sobre Tokio (1944)

Reconstrucción de la famosa incursión aérea de represalia por el ataque contra Pearl Harbor organizada por el Teniente Coronel James Doolittle contra Tokio. A través de la historia de la tripulación del bombardero B-25 “Ruptured Duck”, y del mayor Ted Lawson, uno de los escogidos para llevar a cabo la misión, la película muestra la preparación, ejecución y resultado del audaz raid realizado sobre la capitál nipona por los B-25 de Doolittle.

Los estudios de Hollywood siempre han sido propensos a reflejar en sus films las hazañas bélicas conseguidas por sus compatriotas, aunque a veces tales hazañas tengan en realidad más contenido épico que real. Y esto no solo puede predicarse de las películas producidas durante la II GM, en un contexto de lógica exaltación patriotica, sino de otras producciones mucho más recientes como por ejemplo “Black Hawk, derribado”. En cualquier caso, el famoso raid llevado a cabo por los hombres de Doolittle, que causó pocos daños y cuya importancia táctica fue casi nula, pero que supuso un gran golpe psicológico para los japoneses y un acicate para la moral estadounidense, es una de esas hazañas que se prestaban a ser llevadas inmediatamente al cine. De hecho, el tema de la incursión de Doolittle ya había sido tratado incidentalmente en otra película bélica anterior: “Destino Tokio” (1943), que narraba las peripecias de submarino estadounidense enviado a reconocer la bahia de Tokio de cara al posterior ataque aéreo contra la capital nipona. Y solo un año después se llevó a la gran pantalla la historia de la incursión propiamente dicha, basándose el relato de los hechos recogido en el libro homónimo escrito por Ted Lawson, uno de los aviadores que había participado en el famoso raid.

Para la realización del film, el director Mervyn Leroy contó con un reparto de lujo que incluia a estrellas como Robert Mitchum o un jóven Spencer Tracy que se encargó de dar vida al Coronel Doolittle. Hay que decir que “Treinta segundos sobre Tokio” fue una de las películas de propaganda más exitosas en la época de su estreno, teniendo una gran aceptación entre el público y ganando un muy merecido oscar a los mejores efectos especiales. En ese sentido hay que decir que el aspecto técnico es lo más destacable del film. Pese al tiempo transcurrido desde su filmación, las tomas aéreas son realmente buenas, y los efectos especiales, especialmente en las escenas del bombardeo de Tokio, aun hoy resultan notables y bastante creíbles, en gran parte gracias a la muy buena fotografía en B/N del film, y al empleo de unas excelentes maquetas de la ciudad japonesa. Por ponerle algún “pero” habría que señalar que los resultados del bombardeo quizás aparecen algo sobredimensionados en el film, haciendo ver que fueron más devastadores de lo que realmente resultaron, pero eso no le quita brillantez al resto del apartado técnico. También es apreciable la parte en la que se nos muestra el difícil entrenamiento al que tuvieron que someterse las tripulaciones para lograr hacer despegar sus bombarderos desde la corta cubierta del portaaviones Hornet.

Pero en otros aspectos, la película acusa bastante el paso del tiempo. El inicio resulta un poco lento, porque incide mucho en la parte romántica del argumento, centrada en la relación del Mayor Lawson con su esposa embarazada y los temores de esta a perder a su marido. Y tras la parte central del film, que contiene las escenas del entrenamiento y la misión, que son lo mejor del film, el ritmo vuelve a decaer con una parte final demasiado dilatada, que muestra los intentos de los supervivientes por ser rescatados con la ayuda de los guerrilleros chinos. Esta parte está claramente dedicada a la propaganda del movimiento de la resistencia china contra los japoneses, algo que por otra parte es comprensible, dado que el gobierno chino de Chiang Kai Shek era por aquel entonces uno de los mas estrechos colaboradores de EEUU. En cualquier caso, estas fallas no impiden que el conjunto resulte apreciable.

En definitiva, “Treinta segundos sobre Tokio” es un film que aun hoy dia, y prescindiendo de su carga propagandística, conserva cierto interés y que seguramente gustará a los aficionados a la historia por su cuidada reconstrucción del raid de Doolittle. Uno de esos films clásicos que merecen la pena verse al menos una vez.

La Crítica de Reisman

Calificación: 6/10

lunes, 25 de mayo de 2009

Naufragos (Lifeboat)

Naufragos (1944)

Tras el hundimiento de un carguero norteamericano que de dirigía a las Islas Bermudas, así como el del submarino alemán responsable del hundimiento, un solitario bote salvavidas acogerá a un grupo de supervivientes. A la única ocupante del bote, la famosa periodista Connie Porter (Tallulah Bankhead), pronto se le unen un variopinto grupo de náufragos rescatados del mar: el rudo marinero Kovac; el telegrafista Stanley, la enfermera Alice, el importante magnate de la industria Charles Rittenhouse; el cándido marinero Gus Smith (herido en una pierna), el camarero negro Joe, la señora Higgins que llega al bote con un recien nacido muerto, y por último, Willi, el capitán del submarino alemán, que ha sido el único superviviente del mismo. Mientras los supervivientes tratan de organizarse y buscar la mejor manera de ser rescatados, irán surgiendo entre ellos una serie de tensiones y enfrentamientos que pondrán en peligro la integridad del grupo.

A mi modo de ver, la grandeza de un cineasta no solo se mide por sus grandes obras, sino también por su capacidad para ofrecer algo diferente cuando se trabaja con una historia más tópica o convencional. No me cabe duda de que el gran Alfred Hitchcock era uno de esos directores tocados con la varita del genio creativo. Así lo demostró en productos, como Naufragos, aparentemente sencillos y que pueden considerarse “menores” dentro de su filmografía, pero que cuando uno los revisa, no puede dejar de admirar el sello inconfundible del mago del suspense. En ese sentido, partiendo de que “Naufragos” fue un film bastante conyuntural, realizado por Hitchcock en plena II GM en el contexto de la ingente labor propagandisitica realizada por los estudios de Hollywood en apoyo de la causa aliada, lo cierto es que es una película que trasciende su mera y superficial motivación propagandística, para convertirse en un intenso relato, a partes iguales, de drama humano y tensión psicológica excelentemente retratados en el celuloide.

Para realizar el guión del film, Hitchcock se basó en un relato del famoso escritor John Steinbeck, modificándolo para adaptarlo a las circunstancias bélicas del momento, mediante la introducción del personaje alemán, que será clave en el devenir de las relaciones entre el grupo de náufragos. Para dotar del mayor realismo posible a la historia, Hitchcock quiso filmar integramente desde el interior del bote (no se muestra ni un solo plano exterior) y aunque la película se rodó integramente en un tanque de agua en el interior de un estudio, sometió a los actores a un duro rodaje, ya que los intérpretes tuvieron que pasar gran parte del tiempo mojados (lo cual le costó a la protagonista sufrir dos pulmonías). Además, abundando en este realismo, el director decidió prescindir por completo de la música de acompañamiento, siendo el sonido de la flauta que toca el personaje del camarero negro la única banda sonora del film. Por otro lado, se planteaba el problema de introducir el ya habitual “cameo” de Hitchcock, quien –como seguro que saben los buenos aficionados al cine- tenía costumbre de aparecer brevemente en todas sus películas. Por razones obvias, en este caso no podía hacerlo como un extra, así que Hitch se sacó de la manga un truco bastante imaginativo para cumplir con su ritual: aparecer retratado en el anuncio de un tratamiento para adelgazar que aparece en el periódico que lee uno de los supervivientes a bordo de la barca.

Es interesante reseñar como Hitchcock, pese a lo reducido del escenario y las limitaciones de la trama, logra crear una inigualable atmósfera opresiva en torno a los personajes, gracias al uso in crescendo de una excelentemente dosificada tensión dramática, especialmente en las escenas que preceden a la desaparición de la madre del bebé muerto o a la amputación de la pierna del marinero herido. También es destacable el como se articulan las relaciones respecto a los personajes principales del film: la periodista con aires de diva, Connie Porter (muy bien interpretada por Tallulah Bankhead), cuya altivez inicial se irá degradando progresivamente conforme va perdiendo todas sus valiosas posesiones materiales; y por otra parte, el astuto, maquiavélico y cruel alemán, Willi, cuya doblez es otro de los aspectos que la película va descubriendo con excelente pulso, hasta el climax final.

Por lo demás, todos los elementos clásicos del cine hitchckoniano están ahí y son fácilmente reconocibles. Aparte de la mencionada carga de suspense y tensión sicológica, encontramos el elemento del erotismo, subrepticio pero latente, que se pone de manifiesto en la relación que se establece entre la periodista Porter y el rudo marinero Kovac. También se hace notar la poco disimulada misoginia del director a la hora de presentar a sus personajes femeninos, amén de su innovador aspecto visual, basado en el empleo casi constante de planos cercanos y medios de los personajes.

En definitiva, Naufragos pertenece a ese grupo de películas de Hitchcock que, aun estando un peldaño por debajo de sus mejores obras, son autenticos clásicos a descubrir o –como en mi caso- redescubrir. Una película que hay que ver y que no defraudará a los seguidores del mago del suspense.

Calificación: 7,5/10

martes, 24 de marzo de 2009

Guadalcanal (Guadalcanal Diary)

Guadalcanal (1943)
La acción nos sitúa en 1942. Un grupo de infantes de la 1ª división de marines es trasladado a bordo un barco con un destino desconocido. Sin embargo, pronto se conoce que el destino es la captura de Guadalcanal, una de las más grandes islas de las Salomón, y de valor estratégico por causa de un aerodromo que los japoneses intentan poner en funcionamiento dentro de la isla. A través de las vivencias de varios de los marines participantes en la batalla, como el recluta hispano Jesús Alvarez (Anthony Quinn), el jovencisimo recluta Johnny Anderson (Richard Jaeckel); o el duro sargento "Taxi" Potts (William Bendix); la película nos narra las vicisitudes de la dura lucha que a lo largo de varios meses tuvo lugar por el control de Guadalcanal.

Durante los años de la contienda, y especialmente a partir de la entrada de Estados Unidos en guerra, todos los grandes estudios de Hollywood desarrollaron una intensa actividad propagandística en apoyo de la causa aliada. Esta labor se tradujo en un buen número de films bélicos en los cuales naturalmente se trataba de ensalzar el valor de los combatientes, aunque también de describir los hechos que se iban produciendo en el campo de batalla. Dentro de este grupo de películas, de entre las cuales pueden mencionarse, por ejemplo, "Bataan" o “30 segundos sobre Tokio”, se encuadra “Guadalcanal”.

El film, basado en el libro “Guadalcanal Diary”, relato periodístico sobre la batalla escrito por corresponsal de guerra Richard Tregaskis, se rodó con una extraordinaria rapidez e inmediatez respecto a los hechos que cuenta. Para hacerse una idea, basta con decir que la batalla de Guadalcanal concluyó en Noviembre de 1942 y la película se estrenó menos de un año después, en Octubre de 1943. Pese a lo apresurado del rodaje y las limitaciones presupuestarias, el apoyo que el ejército y el cuerpo de marines prestaron a la producción posibilitó que esta pudiera llevarse a buen término en ese tiempo record.

Y lo cierto es que “Guadalcanal” es una de esas películas que sorprenden porque dan la impresión de haberse adelantado a su tiempo en más de un aspecto. Y digo esto porque el film refleja bastante bien los hechos reales y las condiciones que rodearon a la lucha en Guadalcanal, desde el desembarco inicial sin oposición, pasando por la fácil captura del aeródromo “Henderson Field”, hasta la dura lucha por derrotar a los japoneses en el interior de la isla. Pero además la película no se queda ahí sino que se preocupa ahondar en los sentimientos y motivaciones de los personajes, lo cual dota a la película de una cierta profundidad argumental normalmente ausente otras producciones similares. El hecho de que la historia esté basada en un relato de primera mano sobre la batalla se nota, y le confiere a la película un tono de veracidad semidocumental muy de agradecer. Por otra parte las escenas de combate, pese al tiempo transcurrido, están bastante bien filmadas, y aun hoy resultan convincentes, algo que no puede decirse de muchos otros films bélicos contemporáneos.

En el aspecto interpretativo, destaca la presencia en uno de los papeles principales de un joven Anthony Quinn, que ya comenzaba a dar muestras de su carisma como actor. El resto de actores del reparto cumplen bien sus papeles, quizás un tanto arquetípicos, pero correctamente dibujados. Sorprende también la crudeza de ciertas escenas teniendo en cuenta la época de su filmacion, especialmente cuando aparecen los primeros prisioneros japoneses, de aspecto famélico y tembloroso, y un marine pregunta: ¿Y contra estos monos luchamos? o el ametrallamiento del francotirador japonés abatido. Otro aspecto que me gustó es que el film no elude en ningún momento contemplar los aspectos más duros de la lucha en la isla, y en especial la ausencia de todo triunfalismo gratuito, optando por un acentuado realismo a la hora de describir las condiciones reales de los combates en Guadalcanal.

En resumidas cuentas, y dejando de lado los aspectos propagandísticos del film y algunas limitaciones impuestas por la época de su filmación, “Guadalcanal” puede considerarse un más que digno film bélico que ha resistido bastante bien el paso del tiempo. En muchos aspectos tiene poco que envidiar a producciones más recientes como “La delgada linea Roja”. Un film que seguró que gustará a los aficionados al cine bélico en general, y un pequeño clásico del género a descubrir.

Calificación: 6,5/10

martes, 17 de marzo de 2009

Tener y no tener (To have and have not)

Tener y no tener (1944)

La acción nos sitúa en la isla francesa de la Martinica, en 1940 poco después del armisticio franco-germano. Harry Morgan (Humphrey Bogart) es un cínico capitan de barco dedicado junto a su amigo Eddie (Walter Brennan) a alquilar su embarcarción con fines de recreo para turistas. Aunque en principio Morgan solo desea cuidar de si mismo y no involucrarse en política, tras iniciar un romance con la atractiva Mary Brown (Lauren Bacall), acepta un peligroso encargo. Tras ser contactado por la resistencia, Morgan aceptará trasladar en a bordo de su barco a la isla a un importante representante de la Francia Libre del general De Gaulle.

Hay ocasiones en las que el trasfondo de la realización de una película es tan o más interesante que la película en sí. En el caso de “Tener y no tener” esto es perfectamente cierto. Primero, por como se gestó el proyecto del film, ya que al parecer tuvo su origen en una apuesta entre Ernest Hemingway y el magnate Howard Hawks, cuando éste le aseguró al escritor a que era capaz de adaptar al cine su peor relato, convirtiendolo en una gran película. Heminghway aceptó el desafio y le vendió los derechos de su novela de ambiente caribeño “To Have and to Have not” a Hawks. Este, que solía hacer siempre las cosas a lo grande, dispuso que una gran estrella como Humphrey Bogart tuviera el papel principal, además de contratar a todo un premio nobel de literatura como William Faulkner para encabezar el equipo de guionistas que iba a elaborar el guión del film. Pero sobre todo, Hawks tuvo la buena vista de contratar a una jovencísima actriz debutante para darle la réplica a Bogart: una chica delgada y de mirada penetrante llamada Lauren Bacall. La química entre los dos protagonistas no solo fue perfecta, sino que además surgió entre ellos un romance durante las primeras semanas de rodaje, y la pasión entre ambos fue tan evidente que Hawks dio ordenes de aprovechar el tirón y reescribir el guión (que se iba preparando prácticamente sobre la marcha) para darle más protagonismo a Bacall.

Además, la trama de la novela original de Heminghway, que se centraba en el tráfico de ron en torno a la isla de Cuba, fue bastante modificada para no ofender al régimen cubano de Batista, por aquel entonces aliado de EEUU. De este modo, y muy oportunamente, se trasladó la acción a la Martinica francesa, con una historia sobre la organización de la Francia Libre como trasfondo. Básicamente, se trataba de repetir el mismo esquema del gran éxito de Bogart en “Casablanca”, con la que “Tener y no tener” presenta más que evidentes paralelismos y similitudes argumentales.

En ese sentido, no puede decirse que “Tener y no tener” brille especialmente por su originalidad en cuanto a sus planteamientos, y creo que incluso resulta reiterativa con respecto a su ilustre predecesora. Bogart repite aquí su papel de hombre aparentemente cínico, egoísta y descreido, pero que acaba luchando por una buena causa, y la acción se sitúa nuevamente en el ambiente colonial de la Francia de Vichy. Sin embargo, personalmente opino que este intento de emular la fórmula de “Casablanca” resulta fallido. La historia no tiene el mismo calado de aquella, ni los personajes desprenden el mismo magnetismo. Es verdad que el carisma interpretativo de Bacall llena la pantalla, y que no faltan algunos diálogos brillantes, especialmente en las escenas que comparte el dúo protagonista. Además el ritmo narrativo es desigual, con algún que otro bajón bastante acusado en la parte central del metraje, el cual se hace un poco largo, pese a lo ajustado de su duración (95 minutos).

En definitiva, y pese a que algunas críticas hablan de “Tener o no tener” como uno de los mejores clásicos, personalmente la encuentro solo correcta, aunque digna de ser recordada por el gran debut que hizo Lauren Bacall. Pero para mi gusto está lejos de los grandes clásicos de la época.

Calificación: 6/10

lunes, 1 de septiembre de 2008

Embajadores en el Infierno

Embajadores en el Infierno (1956)

Un grupo de prisioneros españoles de la División Azul encabezado por el Capitán Adrados es conducido a un campo de reclusión soviético. Alli son obligados a realizar trabajos forzados, aparte de sufrir todo tipo de privaciones y penalidades por negarse a realizar propaganda pro sovietica, gracias a la resistencia moral de Adrados. Este será trasladado a otro campo donde se reecuentra con otros compañeros de armas, que viven en las mismas malas condiciones. Como Adrados se niega a realizar trabajos forzados, es recluido junto a otros compañeros en celdas de castigo. Después de unos años, tras sufrir todo tipo de penalidades y la presión de los captores para que hagan propaganda, se niegan a trabajar en el campo acogiéndose a Convención de Ginebra. Tras ser acusados de agitación política, un tribunal los condena a veinticinco años de trabajos forzados en Siberia. Pese a ello, Adrados y sus compañeros seguirán mostrandose rebeldes frente a sus captores rusos.

En 1954, tras más de una década de cautiverio en la URSS, regresaron a España en barcos de la Cruz Roja los prisioneros españoles integrantes de la División Azul que habían estado retenidos en campos de prisioneros soviéticos desde el final de la contienda. El periodista Torcuato Luca de Tena se propuso entrevistar a varios de estos retornados para documentar sus experiencias durante su reclusión en Rusia. Entre ellos se encontraba el Capitán Palacios, al que los hombres señalaban como un auténtico heroe de cautiverio. La serie de entrevistas que el periodista mantuvo con Palacios le sirvieron a Luca de Tena para escribir el libro “Embajador en el infierno” basándose en los recuerdos de áquel como prisionero de guerra. Gracias al éxito del libro, que fue publicado en 1955, la figura de Palacios fue elevada a la categoria de héroe anticomunista y Tena no tardó en llevar la historia al cine.

Obviamente el personaje del Capitan Adrados es el trasunto de Palacios, cuyas experiencias plasmadas en el libro sirvieron de hilo conductor de la historia. Sin embargo, como había ocurrido con “La Patrulla”, al régimen le interesaba dar una imagen de los divisionarios como cruzados anticomunistas en vez de militantes fascistas. Consecuentemente, en la película, tras varias fricciones con los ministros falangistas, se suprimieron la mayor parte de las referencias a La Falange que contenía el libro, procurando que estas quedaran reducidas al mínimo, lo cual provocó algunas voces airadas dentro de la prensa falangista. Pero lo cierto es que el film, siguiendo el éxito del libro, tuvo una muy buena acogida por parte del público español.

En cualquier caso, “Embajadores en el infierno” es considerada -a mi modo de ver, con razón- el mejor film que se ha hecho sobre la División Azul hasta la fecha. El director Jose María Forqué, aun manejando un presupuesto relativamente reducido para una producción de este tipo, pudo contar con respaldo total del Ejército para la ambientación del film, especialmente apreciable pues le permitió usar material ruso capturado en la Guerra Civil española. La historia, además, se beneficia del realismo que le confiere el estar basada en hechos reales que describen los aspectos más oscuros del régimen sovietico: los maltratos de sus campos de prisioneros, los intentos de obligarlos a realizar propaganda comunista o los juicios farsa a los que someten a algunos prisioneros.

Lo malo del film, como era de esperar, radica en el descarado tono propagandístico que adopta desde un primer momento. Se trata, con poco o ningún disimulo, de demonizar al régimen soviético ensalzando el valor moral de los prisioneros españoles; de forma que el argumento se vuelve demasiado reiterativo en ese aspecto, a la vez que las situaciones que nos va presentando resultan bastante previsibles y monótonas en el mayor de los casos. Además, el personaje central, el Capitán Adrados, es dibujado de una forma tan heroica y perfecta que parece más bien un personaje sobrehumano por lo impasible que se muestra ante todas las penalidades que sufre junto a sus compañeros, lo cual le resta credibilidad (y dramatismo) a lo que el film nos cuenta. No cabe duda de que si la historia hubiese adoptado un tono menos maniqueo y más realista, podría haberse convertido en una gran película.

Con todo, y pese a sus deficiencias, “Embajadores en el Infierno” es una película de una buena factura para los estándares del cine español, con unas actuaciones correctas por parte del elenco de actores, y bien ambientada. Un film interesante porque constituye el unico testimonio cinematográfico dedicado íntegramente a la División Azul.

Calificación: 5,5/10

lunes, 21 de abril de 2008

Por el Valle de las Sombras (The Story of Dr. Wassel)

Isla de Java, 1942. El Doctor Corydon Wassell (Gary Cooper), un antiguo médico rural y misionero en China, es uno de los abnegados médicos de la marina norteamericana. Mientras se produce la invasión de Java por las tropas japonesas, el doctor Wassel se ocupa de aliviarles los sufrimientos a las decenas de heridos norteamericanos que esperan la evacuación. Cuando finalmente llega la orden evacuación, esta solo abarca a los heridos que pueden andar, por lo que Wassel decide quedarse junto con los heridos inmovilizados, aun a riesgo de su propia vida, para evitar que caigan en manos de los japoneses.

El famoso realizador Cecil B. DeMille no pudo sustraerse a los esfuerzos propagándísticos de Hollywood en apoyo de la causa aliada, y puso su granito de arena rodando esta película basada en la historia real del heroico médico Corydon M. Wassel, cuya actuación salvó las vidas de decenas de heridos que fueron dejados atrás durante la evacuación de Java por los aliados en 1942. La acción de Wassel le valió una condecoración y la pública gratitud del presidente Roosevelt en unos de sus discursos radiados.

Como todo el cine de DeMille, el film destaca por una cuidada ambientación y algunas escenas multitudinarias que eran muy del gusto del director. Lo cierto es que el film, hoy dia, ha perdido gran parte de su vigencia, aunque hay que un par de aspectos que lo sacan de la mediocridad. El primero de ellos es la siempre imponente presencia escénica del gran Gary Cooper, encarnando uno de esos papeles de heroe sencillo y abnegado que tan bien se le daban. El segundo, radica en unas escenas de acción, pocas, pero extraordinariamente bien filmadas para la época: tanto las secuencias de la huida de la columna motorizada transportando los heridos atravesando la barrera de artilleria; como el ataque de los aviones japoneses contra el buque norteamericano son bastante buenas y muy realistas tratándose de los años 40.

Por lo demás, el film paga los peajes propios de los filmes de la época, lo que hace que haya resistido mal el paso del tiempo. El ritmo es demasiado lento en la primera hora y media del metraje, la cual está plagada de los típicos interludios románticos tontorrones que se estilaban en esa época. Y por supuesto, el desenlace consiste en el típico “happy end” coronado por el reconocimiento del heroico protagonista.

En definitiva, “Por el Valle de las Sombras” es un título menor dentro de la filmografía de DeMille. Solo memorable por la presencia de Gary Cooper y por sus secuencias de acción, escasas pero muy logradas para la época.

Calificación: 5,5/10

miércoles, 9 de abril de 2008

Dias de Gloria (Days of Glory)

Dias de Gloria (1944)

Finales de 1941. Mientras las tropas alemanas marchan hacia Moscú, en la zona de Tula un grupo de partisanos rusos, dirigido por Vladimir (Gregory Peck) se dedica a realizar actos de sabotaje en la retaguardia de los ejércitos alemanes teniendo como base un antiguo monasterio. La llegada al escondite del grupo de Nina Ivanova, una artista de Ballet refugiada, creará cierto resquemor entre los guerrilleros, mientras estos se preparan para una importante misión contra los invasores en visperas de la contraofensiva rusa de invierno.

En los años 40, dentro de la intensa campaña de propaganda llevada a cabo por los estudios hollywoodienses en apoyo del esfuerzo bélico aliado, el director Jacques Tourneur dirigió esta producción en homenaje al movimiento partisano de la URSS en su lucha contra el invasor alemán.

La verdad es que, para tratarse de un filme de propaganda, “Dias de Gloria” ofrece una calidad superior a la media. La película empieza con un tono ligero, casi de comedia (con número musical incluido), pero a medida que avanza la historia, esta va evolucionando hacia un intenso drama bélico. A la hora de describir la guerra, Tourneur logra crear una atmósfera poética pero realista a la vez, intercalando diálogos bastante notables (como cuando Vladimir le explica a Nina que en la guerra “Adquieres cierta tendencia a destruir”). Otro aspecto que me gustó del film es la más que correcta ambientación de los pantanos, aldeas, y bosques rusos, así como la buena factura de los efectos visuales y de las secuencias de combates en particular, sobre todo teniendo en cuenta la época. Incluso los tanques alemanes que aparecen tienen todas las trazas de ser Panzer IV reales, detalle que en producciones bélicas mucho más modernas suele descuidarse.

En el apartado interpretativo cabe destacar la actuación de un jovencísimo Gregory Peck en su debut en un papel protagonista, logrando componer un sólido personaje como el comandante guerrillero Vladimir. Entre los puntos débiles del film, podría citarse la ingenuidad de algunas escenas (como la no ejecución del soldado alemán capturado) y cierto tono pasteloso en las secuencias de Vladimir con Nina, pero que en cualquier caso son comprensibles dada la época de su rodaje.

En resumen “Dias de Gloria” es algo más que un simple vehículo de propaganda bélica y desde luego, trasciende esta motivación propagandística logrando dibujar momentos de buen cine. Un film intenso y de buena factura que merece ser rescatado del olvido.

Calificación: 6,5/10

La Crítica de Reisman

viernes, 7 de diciembre de 2007

La patrulla del coronel Jackson (Back To Bataan)

La patrulla del coronel Jackson (1945)

Poco antes de la caida de Filipinas, a finales de 1941, el Coronel Madden Jackson (John Wayne) recibe el encargo de organizar una fuerza de guerrilleros filipinos para hostigar a las tropas de ocupación japonesas en las islas. Con la ayuda de un oficial filipino, el capitán Andrés Bonifacio (Anthony Quinn) un hombre atormentado porque su antigua novia se dedica a hablar por la radio como propagandista de los japoneses, (pero que en realidad colabora con los americanos), Jackson organizará un eficiente grupo de guerrillas cuyos golpes de mano lograrán crearles muchas dificultades a las fuerzas japonesas.

A la hora de valorar esta película hay que tener muy en cuenta que se enmarca en plena época de actividad propagandística de la insdustria hollywoodiense a favor del esfuerzo de guerra aliado, en este caso contra el enemigo que aun combatía: Japón. Como no podía ser de otra forma, el tratamiento de los personajes japoneses es descaradamente propagandístico, presentadolos como unos seres absolutamente taimados y retorcidos, lo que a veces hace que los personajes japoneses aparezcan como representaciones caricaturescas del “malvado amarillo”. Especialmente delirantes son las escenas en las que las tropas de Jackson desbaratan una ficticia ceremonia de declaración de independencia de Filipinas por parte de los japoneses.

En cualquier caso, mas alla de su contenido propagandístico, la película tiene algún que otro aspecto reseñable. El más evidente es el de contar en su elenco con dos gigantes de la pantalla como Wayne y Quinn, que sí bien no alcanzan en esta película sus mejores cotas interpretaivas, si que demuestran oficio en sus respectivos papeles. Otra de sus virtudes radica en la ambientación de los escenarios de la selva filipina, que está bastante lograda. Finalmente, hay que reconocer que el film, pese a la relativa escasez de escenas de acción, muestra en las secuencias de combate un alto grado de credibilidad, aunque eso sí, con las limitaciones típicas de la época (muertes no sagrientas), y con algún que otro efecto visual poco logrado.

Por lo demás “La Patrulla del Coronel Jackson” no aporta mucho más al género bélico, y además cae en algunos de los clichés típicos del cine de propaganda (sacrificio de los Filipinos por EEUU, el niño que sacrifica su vida por la causa…) que se ven realzados por el típico “Happy Ending” de este tipo de filmes. En resumen, estamos ante un título medianamente correcto y que se deja ver, pero del que no puede extraerse gran cosa.

Y con esta reseña, por cierto, concluyo este mini ciclo dedicado al gran John Wayne y al frente del Pacífico.
Calificación: 4,5/10

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Arenas Sangrientas (Sands of Iwo Jima)

Arenas Sangrientas (1949)

La película nos narra la historia de un pelotón de marines norteamericanos mandados por el Sargento John Stryker (John Wayne), un hombre amargado que parece pagar su fracaso matrimonial con el alcohol y descargando su furia contra los hombres que tiene bajo su mando. Tras entrenar concienzudamente a su pelotón de marines, Stryker los liderará en los duros y sangrientos combates por la isla de Tarawa y más tarde, en la encarnizada batalla por Iwo Jima.

Pese a ser una película de tintes claramente propagandísticos, “Arenas sangrientas” supuso un espaldarazo en la carrera de John Wayne, pues la película obtuvo un gran éxito comercial, y gracias a ella, “The Duke” recibió la primera nominación al Oscar de su ya dilatada carrera, en 1949. Por cierto, ese fue un año marcado por las nominaciones a películas Bélicas ambientadas en la II GM, pues “Fuego en la Nieve” y “Almas en la hoguera” acapararon varias nominaciones para los premios de la Academia de Hollywood.

Aunque naturalmente tanto reconocimiento por parte de público y crítica parece (y seguramente es) excesivo dada la calidad cinematográfica del film, hay que reconocer que este tiene varios aspectos meritorios, sobre todo teniendo en cuenta la época en que se rodó. Principalmente la película está bien hecha en su primera parte, donde muestra el entrenamiento de los marines y sobre todo, el asalto a Tarawa. Esta pequeña isla, fue escenario de duros combates entre americanos y japoneses que son muy bien reflejados en la película. Las escenas del desembarco, cuando los marines quedan clavados en la playa debido al fuego procedente de los blocaos japoneses está muy lograda y resulta bastante realista para la época, si bien con la limitación de se muestran las muertes “dulces” o no sangrientas de los soldados que caen en combate. El otro gran acierto de la película es que, gracias al apoyo del ejército a la producción, contó con armamento real de la II GM, por lo que la recreación del material de los marines es perfecta, desde los tanques a las armas portátiles, todo el atrezzo militar es rigurosamente realista.

Pero por lo demás, la película cojea en varios aspectos. El guión es un tanto irregular, mezclando elementos de drama romántico un poco pasteloso, con los típicos enfrentamientos del “padrazo” Stryker con sus subordinados díscolos. A ello se le unen las escenas de acción épico-heroicas, con soldados que mueren exhalando frases pretendidamente emotivas… demasiados tópicos al uso. Y como no podía ser menos, también se recrea el mítico plano de la Bandera de EEUU plantandose en la cima del Monte Suribachi, el icono fotográfico por excelencia de la batalla de Iwo Jima y una de las imágenes mas conocidas de la II GM.

En cuanto a los actores, Wayne muestra oficio en el papel de “American Hero” duro pero sensible a la vez, valiente, pero imperfecto, en el que tan a gusto se sentía, en un personaje muy parecido al que interpretaria en varias películas. Aunque, eso sí, no considero que su interpretación fuera merecedora del Oscar (el cual, por cierto, no ganó). De los secundarios, no hubo ninguno que me llamara especialmente la atención.

En definitiva “Arenas Sangrientas” no es precisamente una joya del Séptimo Arte, y mas allá de su éxito coyuntural, se puede decir que no ha resistido demasiado bien el paso del tiempo, aunque sí hay que reconocerle que el filme debió resultar bastante realista cuando se estrenó. Recomendable como precedente de otros títulos más recientes como “Banderas de nuestros Padres”.

Califiación: 5,5/10