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miércoles, 25 de febrero de 2009

Escarlata y Negro (The Escarlet and the Black)

Escarlata y negro (1983)

La acción nos sitúa en Roma, tras la ocupación de la ciudad por tropas alemanas en 1943. El coronel de la SS Herbert Kappler (Christopher Plummer) recien nombrado nuevo jefe de la Gestapo en la ciudad, decidido a acabar con las actividades de la Resistencia en la capital italiana. Por su parte, Monseñor Hugh O’Flaherty (Gregory Peck), es un sacerdote irlandés perteneciente al Santo Oficio del Vaticano, que dedica todos sus esfuerzos a ocultar soldados aliados evadidos y familiares de la resistencia italiana para ayudarles a escapar de los alemanes. Pronto, Kappler comenzará a sospechar de O´Flaherty, trabándose entre ambos hombres una intensa rivalidad.

Puede decirse que el caso de Escarlata y Negro es ciertamente atípico, ya que, pese a ser una producción hecha para la televisión, tanto por su despliegue de medios de producción como por su calidad artística, estamos ante un telefilm perfectamente equiparable a cualquier producción hecha para la gran pantalla. La historia que nos cuenta se basa en una novela publicada en 1967 por el escritor J. P. Gallagher titulada The Scarlet Pimpernel of the Vatican (La pimpinela escarlata del Vaticano). En dicha novela se narraba la historia real de Monseñor O´Flaherty, cuyas actividades clandestinas durante la guerra habían sido de mucho valor para rescatar a decenas de personas en peligro de ser detenidas por los alemanes. Por tanto, era una historia que claramente se prestaba para ser llevada al cine.

Como apuntaba antes, pese a tratarse de un telefilm (ganador, por cierto, de 3 premios Emmy), “Escarlata y Negro” tiene toda la apariencia de una gran producción convencional. Destaca en primer lugar, la presencia de dos grandes intérpretes como Gregory Peck y Christopher Plummer, que bordan sus respectivos papeles de luchador sacedorte y cruel oficial de la Gestapo respectivamente. También llama la atención la cuidada ambientación de los escenarios y exteriores, con muchas escenas filmadas en las localizaciones reales de Roma y el Vaticano. Pero por encima de todo, el film destaca por el sobresaliente duelo interpretativo entre Peck y Plummer, que llena la pantalla de una manera abrumadora, especialmente en las escenas que comparten. Un mano a mano actoral que por momentos recuerda al no menos memorable de Laurence Olivier y Michael Caine en “La Huella”. De entre todas las escenas que comparten los dos grandes actores me quedaría especialmente con dos: el primer encuentro de Kappler y O´Flaherty a la salida del teatro de la Ópera, y la parte del desenlace, con el duelo dialéctico entre los protagonistas, en la que Kappler termina apelando a los sentimientos cristianos de su acérrimo rival para conseguir su ayuda.

Además, la película ofrece una buena visión general de la situación en Roma durante los meses de ocupación alemana, y de las actividades clandestinas de la Resistencia durante ese periodo. Todo ello muy bien aderezado con la banda sonora compuesta por el siempre eficaz Ennio Morricone, que acompaña muy bien a la historia. Por ponerle algún “pero” quizás se le puede achacar algún que otro pequeño bajón de ritmo, y que, debido a la extensión de su metraje (casi 140 minutos) puede hacerse un poco larga, pese a que el ritmo narrativo es sostenido, por lo que la historia no llega a aburrir en ningún momento. Otro aspecto a su favor es el de que la mayoria de personajes reales que aparecen como Kappler, el Papa Pio XII, el General Wolf (jefe de la SS en Italia aunque aparece en el film con otro nombre) o el mismo Himmler son retratados de una manera bastante creíble y fidedigna.

En definitiva “Escarlata y Negro” es un telefilm que supera ampliamente a otras producciones de su estilo, quizás no especialmente sobresaliente en ningún aspecto, pero hecho con mucho oficio. Un título que no viene mal revisar de vez en cuando y que sobre todo merece ser recordado por la brillante actuación de su dúo protagonista.

Calificación: 7/10

viernes, 20 de febrero de 2009

Camarada (Paisà)

Camarada (1946)

A lo largo de seis historias, narradas en forma de episodios independientes, la película nos muestra distintos hechos sucedidos durante la campaña en el frente Italiano, desde el desembarco en Sicilia hasta la lucha en el Valle del Po, y las peripecias de una serie de personajes anónimos involucrados de una u otra manera en los sucesos históricos de dicha campaña.

Después de rodar “Roma, ciudad abiertaRoberto Rossellini continuó con “Paisà” la trilogía “de guerra” que había iniciado con aquel film. El éxito inesperado y la muy buena acogida entre la crítica que había tenido en EEUU “Roma, ciudad abierta” hizo que varios estudios de Hollywood se interesasen por el siguiente proyecto del director italiano. De ese modo, Rossellini pudo contar en esta ocasión con el apoyo de la poderosa productora norteamericana MGM, para realizar un film que, a modo de fresco cinematográfico, cubriera los hechos más importantes de la campaña italiana y como la guerra había afectado a la población local. Como curiosidad, apuntar que el primer título que se le dió la película (seguramente como tributo al apoyo financiero norteamericano) fue el de "Sette Americani" o "Seven from the U.S." (Siete Americanos), ya que en principio iba a contener siete episodios relatando la lucha de los aliados y la resistencia en suelo italiano. Sin embargo, cuando los episodios se redujeron a seis, se eligió el título de Paisà (camarada), por ser esta la palabra la usada por la población italiana para saludar o dirigirse a los soldados aliados cuando se los encontraban.

En ese sentido, puede considerarse que “Camarada” fue una película de un contenido mucho más “comercial” que el de Roma ciudad abierta; y en general, aunque recibió algún que otro reconocimiento en forma de galardón cinematográfico, tuvo una fría acogida entre la crítica y el público italiano. Y entrando a valorar el film, la verdad es que no es de extrañar que este no fuera un éxito en la época de su estreno. Porque lo cierto es que, a pesar de que Rossellini vuelve a ofrecernos una nueva muestra de su capacidad para presentar situaciones que rezuman naturalidad y realismo, amén de estar muy bien recreadas por los actores (no profesionales en su mayor parte), la película falla en varios aspectos.

No puede negarse que la idea original de la película es buena: combinar una visión general de la guerra en Italia, narrada mediante fragmentos de documentales, con las historias cotidianas de la gente corriente para ofrecer un completo tapiz narrativo de la época de la contienda. Sin embargo, a mi modo de ver la naturaleza episódica de la historia hubiera exigido algo más de elaboración en lo tocante al guión y las sucesivas tramas que se van presentando. Aunque hay algún episodio destacable (especialmente el segundo, con la historia del policía militar negro desvalijado por el niño pobre en Nápoles); en general, el contenido de las historias se queda en el terreno de lo anecdótico, y se echa en falta algo más de trascendencia argumental. Otro aspecto que no me terminó de convencer es el idiomático. En el film, los personajes de las distintas nacionalidades hablan en sus respectivos idiomas, con lo que en bastantes escenas vemos como se cruzan diálogos en italiano (o castellano en la versión doblada) con respuestas en inglés o alemán, lo cual resulta sin duda muy verídico, pero redunda en contra de la inteligibilidad de aquellos.

En resumidas cuentas “Camarada” vuelve a ofrecer un ejercicio de estilo artístico de su realizador, quien nos ofrece una película caracterizada por la naturalidad y verosimilitud de las distintas historias que relata. Ahora bien, dicha naturalidad no basta por sí misma para que la película sea redonda, y aunque es de agradecer la visión general que el film nos ofrece acerca de la campaña italiana, da la impresión de que los elementos narrativos están poco pulidos. Por ello, aunque Camarada es un trabajo estimable en varios aspectos, posiblemente sea la más floja de las tres películas que componen la trilogía bélica de Rossellini. Un film recomendable desde el punto de vista histórico, aunque algo fallido en cuanto a sus planteamientos y desarrollo, pese a lo cual no desmerece un visionado.

Calificación: 6/10

viernes, 13 de febrero de 2009

El general de La Rovere (Il generale della Rovere)

El general de La Rovere (1959)

La acción de la película nos sitúa en Génova en algún momento de 1944. Victorio Emanuele Bertone (Vittorio de Sica) es un buscavidas y pequeño estafador que aparenta tener contactos con las altas esferas de las autoridades alemanas. De este modo, con el seudónimo de Coronel Grimaldi y haciéndose pasar como mediador con influencia ante los alemanes, finge realizar gestiones que le permiten liberar a ciudadanos italianos retenidos a cambio de importantes sumas de dinero, que luego dilapida en el juego. Sin embargo, una serie de peripecias conducirán a Bertone a ser descubierto y detenido por la policia. Una vez bajo custodia, un oficial de la SS, el coronel Mueller, le ofrecerá a Bertone la libertad a cambio de que se encargue de suplantar en prisión la identidad del general de la Rovere, un importante líder de la resistencia fallecido, con la misión de descubrir sus contactos en Génova, lo que le acarreará una serie de consecuencias insospechadas.

Si hubo algo que caracterizó la carrera cinematográfica del realizador italiano Roberto Rosselini fue el indudable compromiso de su cine con los aspectos sociales y humanistas del arte, como demostró en su Obra Maestra, “Roma, ciudad abierta”. En este caso, Rosselini retomó el tema de la II GM, basándose en una hecho real recogido en sus escritos por el periodista Indro Montanelli, quien había conocido la historia acerca De la Rovere durante su reclusión en una cárcel por sus posturas antifascistas, historia que sirvió de inspiración para el guión del film. Curiosamente, Rossellini solo aceptó el proyecto por encargo expreso de su productora, ya que en principio no sintió especial interés en realizar una nueva película sobre la resistencia, un tema que ya había abordado en varias ocasiones en sus films anteriores. Pero finalmente accedió a dirigirla, lo que supuso una de las últimas incursiones cinematográficas del fundador del movimiento neorrealista, antes de volcarse en las producciones televisivas. Y puede decirse que, a la postre, fue su última gran película.

El relato de Montanelli nos traslada de lleno a los últimos meses de gobierno fascista y ocupación alemana en el Norte de Italia. La película retrata con maestría dicha época, marcada por la lucha de la resistencia italiana contra los fascistas y fuerzas alemanas, y las represalias emprendidas por estos contra los partisanos en forma de ejecuciones y encarcelamientos. Es en este ambiente donde el pícaro aprovechado de turno, magistralmente interpretado por un enorme Vittorio de Sica, intenta sacar el máximo provecho posible de las desgracias ajenas. Al igual que en “Roma ciudad abierta”, Rosselini, siempre fiel a sus postulados neorralistas nos ofrece una ambientación muy cuidada, realzada por una elegante fotografía en B/N que acompaña perfectamente a la historia y la sitúa apropiadamente en su contexto temporal.

Aparte de la ambientación, lo mejor del film a mi modo de ver es el cuidado con el que se retrata a los distintos personajes, y la forma tan creíble en la que se presentan las situaciones cotidianas en las que se desenvuelve el protagonista. Y es ahí donde la soberbia interpretación de Vittorio de Sica cobra especial relevancia, ya que el actor compone un papel inolvidable, dotando a su personaje de una profundidad y riqueza de matices pocas veces vista en el cine. Y el otro aspecto inolvidable de este film es su mensaje. La bella parábola que nos transmite la historia, acerca de cómo incluso el aparentemente más vil de los seres humanos puede ser capaz de albergar una tremenda dignidad y efectuar el máximo sacrificio por un ideal, destila una tremenda humanidad que realmente cala en el espectador, a la vez que consigue emocionar con un desenlace brillantemente filmado y tremendamente emotivo.

El ritmo narrativo del film no decae gracias a un guión muy bien elaborado que sabe dosificar a la perfección los distintos elementos de la historia. Y pese a que el desarrollo argumental se basa casi en su totalidad en diálogos, la película va creciendo en interés y dramatismo hasta el mencionado desenlace. A esto hay que añadir varias escenas memorables, que ponen de manifiesto la maestria de Rosselini como realizador. De entre ellas destacaria el momento en el que de La Rovere lee en su celda los mensajes escritos por los jóvenes que minutos después iban a ser fusilados y el momento en que el coronel Muller le intima a revelar la identidad del lider de la resistencia, y Bertone, totalmente imbuido de su papel, le escribe una breve carta a la verdadera esposa del general.

En resumen, “El general de la Rovere” es para mi uno de los pequeños grandes clásicos a descubrir sobre la II GM. Sin llegar a alcanzar la maestría de “Roma, Ciudad Abierta”, Rosselini obsequió al público con una gran película y, sobre todo, con un mensaje de optimismo y humanidad que aun hoy consigue emocionar al espectador. Y de paso, el gran Vittorio de Sica logró la que probablemente supuso la mejor interpretación de toda su carrera como intérprete. Una película que verdaderamente merece la pena verse y que sirve de excelente colofón para redondear con esta reseña la entrada nº 200 del blog.

Calificación: 8/10

viernes, 6 de febrero de 2009

Alemania, año cero (Germania anno zero)

Alemania, año cero (1948)

Berlin, 1947. En el periodo más duro de la posguerra, millones de personas se afanan entre las ruinas de la capital alemana por sobrevivir como pueden en medio de la destrucción causada por la guerra. Entre ellas se encuentra Edmund Moeschke, un niño de 12 años, cuya familia se encuentra en una difícil situación. Acogidos de mala gana en una casa ajena, con su padre gravemente enfermo, el hermano mayor veterano de la Werhmacht ocultandose de la policía, y su hermana alternando con soldados aliados, Edmund deberá asumir responsabilidades de adulto para ayudar a sus parientes. En sus andanzas en busca de comida por la ciudad Edmund volverá a encontrarse con un antiguo profesor, el Señor Enning, quien le inculcará ideas nazis, precipitando una serie de trágicos acontecimientos.

Con Alemania año cero, el director italiano Roberto Rosselini cerraba su trilogía neorralista dedicada a la II GM. Una trilogia que Rosselini habia iniciado con “Roma ciudad abierta” y continuado con “Paisà”. En esta ocasión Rossellini abandona el ambiente italiano para retratar las ruinas de la Alemania devastada por la guerra, tanto material como moralmente. Fiel a su estilo hiperrealista, Rossellini vuelve a ofrecernos las mismas constantes estilísticas de sus anteriores trabajos. Esto se aprecia principalmente en el uso de escenarios y decorados reales (es destacable el largo plano secuencia inicial mostrando las ruinas de Berlin), la iluminación natural, y el empleo de actores no profesionales que más que interpretar, se relacionan entre sí con una naturalidad que traspasa la pantalla.

Sin embargo, pese a que Rossellini no se apartó ni un ápice de su manual de estilo habitual, en mi opinión el resultado final está muy lejos de igualar la calidad de su magnífica “Roma, ciudad abierta”. En esta ocasión, la mirada del cineasta italiano se dirige hacia la desolación que acompaña a los perdedores de la guerra, pero también hacia los causantes de la devastación de Europa, y eso se nota. El cuidado dibujo de las situaciones y de los personajes de los films anteriores del director está aquí totalmente ausente; y su lugar lo ocupa una fría y descarnada visión de la sociedad alemana de la posguerra. Cualquier atisbo de humanidad u optimismo brilla por su ausencia, y en lugar de ello asistimos, a través de la historia del protagonista, a una visceral y descendente espiral de horror, rematada con un trágico desenlace. Una historia que muestra bien a las claras la poca esperanza de redención que Rosselini expresa hacia Alemania en su conjunto, lo cual deja en el espectador cierta sensación de revanchismo latente en forma de testimonio cinematográfico.

En ese aspecto opino que “Alemania año cero” es una película que no ha envejecido bien. Aun reconociendo que las situaciones cotidianas que plantea, mostrando todas las penurias de la posguerra, son muy creíbles, el conjunto de la historia resulta extremadamente desolador. En ese sentido, creo que este film se deja llevar demasiado por los excesos dramáticos e incluso en algún momento (sobre todo en el tramo final del film) bordea el efectismo puro y duro. Contemplada desde un punto de vista meramente documental no puede negarse que el film ofrece un testimonio tremendamente aleccionador sobre las consecuencias de la guerra, pero desde el punto de vista cinematográfico opino que está bastante lejos de ser uno de los mejores trabajos de Rossellini. En mi opinión, una película que es mejor por su forma que por su fondo, aunque indudablemente nos cuenta una historia que impacta por su crudeza y que es difícil de olvidar, a mi no me terminó de convencer en términos cinematográficos.

Calificación: 6,5/10

lunes, 2 de febrero de 2009

Valkiria (Valkyrie)

Valkiria (2008)

Mientras Hitler arrastra a Alemania hacia el abismo en los campos de batalla, un grupo de conspiradores se prepara en la sombra para atentar contra la vida del Führer y deponer el régimen nazi. Los conspiradores, liderados por el general Beck preparan un atentado con bomba en el Cuartel General de Hitler en Prusia Oriental, y el subsiguiente golpe de Estado que habrá de salvar a Alemania de la destrucción. El hombre encargado de ser el ejecutor material del atentado y dar así comienzo a la denominada “Operación Valkiria” para derrocar el régimen nazi, es el Coronel Claus Von Stauffenberg (Tom Cruise) un oficial de estado mayor lisiado a consecuencia de las heridas recibidas en el Norte de Africa, de cuyo éxito depende el éxito de la conspiración.

Tras varios meses de retraso (en principio el estreno se había fijado para Ocubre de 2008) y alguna que otra polémica debida a un rodaje accidentado, y a los rumores sobre los problemas de la productora con las autoridades alemanas, debido las creencias cienciológicas de Cruise, por fin ha llegado a la cartelera española “Valkiria”. La verdad es que era extraño que los hechos que rodearon a la Operación Valkiria y el golpe de estado contra Hitler solo hubieran sido objeto de un par de modestas producciones alemanas hasta la fecha. La primera, una película de los años 50 titulada “Sucedió el 20 de julio”; y un telefilm mucho más reciente, titulado “Operación Valkiria”. Pero ciertamente se echaba en falta una gran producción como esta sobre uno de los hechos más importantes de la II GM. Eso, unido a la gran expectación despertada por un estreno que ha sido publicitado hasta la saciedad, ha hecho que muchos de los aficionados al cine histórico hayamos esperado su estreno con inusitada avidez.

En cualquier caso yo me apresté a ver la película con dudas. Porque, pese a estar de por medio un director quizás no brillante pero sí bastante competente como Brian Singer, tratandose de un producto “made in Hollywood” y con Tom Cruise metido de lleno en la película, no solo como actor principal, sino también en tareas de producción, habia motivos sobrados para recelar de “Valkiria”. Y he de decir que mis sospechas se han visto justificadas, al menos en parte. Vayamos primero con lo que me ha gustado del film.

La película arranca bien, con un trepidante prólogo en el Norte de Africa que nos muestra como Stauffemberg resulta gravemente herido en un ataque aereo. Seguidamente evoluciona hacia el thriller, con la reconstrucción histórica de los hechos referentes a la preparación de Valkiria, comenzando con el fallido atentado de las botellas de coñac explosivas, que logra enlazar muy bien con la subsiguiente trama del atentado del 20 de julio. Sin embargo, a partir de ahí es cuando la película comienza a flojear en algún que otro aspecto. El desarrollo de los hechos que rodearon a la preparación del atentado se hace de una forma mucho más convencional, y quizás confusa, ya que no se explica bien el papel de los distintos personajes secundarios que intervinieron. Pese a lo cual considero que el film, para no confundir demasiado al espectador, acierta a centrarse en los principales colaboradores de Stauffenberg: los generales Olbrich y Ludwig Beck.

Lo que menos me gustó, no obstante, es como se narra la ejecución del atentado, la cual me pareció demasiado apresurada y carente de tensión dramática. Además, hay un fallo grande, la pata de la mesa de reuniones (la que salvó la vida de Hitler) era de un grosor considerable, de manera que amortiguó la explosión cuando el coronel Brandt puso la cartera de Stauffenberg al otro lado de la misma. En cambio, la que sale en el film es una pata normal y bastante delgada, de modo que si hubiera sido así, a buen seguro la bomba habría matado a Hitler. Igualmente, la descripción de los sucesos en el Cuartel General del ejército en Berlin no me terminó de llenar, aunque ciertamente se hace de manera bastante fidedigna respecto a los hechos históricos. También eché en falta que se ahondara algo más en los dilemas morales del protagonista, y en sus motivaciones internas, aspectos que en mi opinión quedan un tanto desdibujados en el film.

Sobre la interpretación de Cruise en el papel de Stauffenberg se puede decir aquello de “ni frio ni calor”. Dejando de lado el hecho de que el actor no da el típo físico del personaje (Stauffemberg era un hombre fornido, que medía 1,85) no puede decirse que su interpretación sea mala, pero sí que tiene ese punto de inexpresividad que caracteriza últimamente los papeles que interpreta Cruise. En cambio, sí que me gustó bastante la interpretación de los actores secundarios, en general muy bien caracterizados, especialmente los que encarnaban a Olbricht (Bill Nighy) y Beck (Terence Stamp).

En resumidas cuentas, “Valkiria” resulta un producto de buena factura visual, además de contar con una excelente ambientación y puesta en escena, pero no aporta nada especialmente destacable a la historia que cuenta. Y aunque en lineas generales es muy fiel a los hechos históricos, se echa en falta algo más de brio a la hora de describirlos, y sobre todo, al presentar a los principales personajes. Se nota que es un producto destinado al consumo del gran público y eso redunda muy probablemente en contra de su calidad, quedándose en una producción estimable pero muy convencional. Como suele ocurrir, aunque había mimbres para ofrecer algo más, “This is Hollywood”. Pese a ello, no desagradará a los aficionados a este tipo de films históricos.

Calificación: 6/10

viernes, 23 de enero de 2009

El niño con el pijama de rayas (The Boy in the Striped Pyjamas)

El niño con el pijama de rayas (2008)

La plácida infancia berlinesa de Bruno (Asa Buttefield), un niño de 8 años de caracter inquieto, se ve alterada cuando su padre, un oficial de la SS, es trasladado a un nuevo puesto en el campo, lejos de la capital y de sus amigos. En su nueva residencia, Bruno, privado de sus compañeros de juegos se aburre mortalmente hasta que un día, explorando los alrededores de su casa descubre la existencia del campo de concentración que dirige su padre. Alli se encuentra casualmente con Shmuel (Jack Scanlon), un niño judio de su misma edad, internado en el campo junto con su familia. Mientras la amistad entre ambos niños va creciendo, Bruno irá descubriendo que la vida de su amigo y de los judios prisioneros en el campo está bastante lejos de ser normal, sin que él entienda los motivos por los que son tratados de esa manera.

El tristemente célebre tema de Holocausto judío se ha convertido, especialmente a lo largo de las dos últimas décadas, en un filón casi inagotable de inspiración para artículos de prensa, novelas, libros y, por supuesto, películas. Para describir este fenómeno, resulta especialmente apropiada la frase que en una ocasión lei entre las declaraciones de un afamado escritor: “Basta inventar una historia, ponerle una esvástica… y ya tenemos un best seller”. Algo parecido debió pensar el joven escritor irlandés John Boyne cuando alumbró la idea de la historia de su novela “El niño del pijama de Rayas”. Un libro que como el mismo autor reconoce, tuvo terminado en apenas tres días y que se convirtió casi inmediatamente en un enorme éxito de ventas internacional, siendo traducido a veinte idiomas. No es de extrañar, por tanto, que aprovechando el tirón comercial del libro de Boyne, se haya realizado la adaptación cinematográfica del mismo en un lapso de tiempo bastante breve desde la aparición de la novela.

En cuanto a la valoración del film, si hay una palabra que puede predicarse de “El niño con el pijama de rayas” es la corrección. Una corrección que abarca prácticamente todos los ámbitos de la película, incluyendo una adecuada puesta en escena, un ritmo narrativo pausado pero no lento, y unas interpretaciones (especialmente por parte del dúo de niños protagonistas) no sobresalientes pero sí bastante creíbles. El problema, como suele suceder con la mayoría de adaptaciones de textos literarios, estriba en que la historia, pese a ser bastante fiel a la novela, elimina ciertos matices de la narración literaria que son importantes en el libro; y sobre todo, acorta determinadas escenas, con el resultado de que estas quedan un poco deslavazadas al verse reflejadas en el film. Quizás algunos minutos más de metraje no habrían venido mal para explicar mejor determinados pasajes de la historia, especialmente en lo tocante a como se traba la fuerte amistad entre Bruno y Shmuel, algo que en la película se narra de manera un tanto brusca.

En cualquier caso, hay que reconocer que la historia de “El niño del pijama de Rayas” tiene gancho y sabe captar el interés del lector o espectador. La perspectiva que ofrece la inocencia infantil de un niño enfrentado a los horrores del holocausto y a una crueldad que no comprende resulta ciertamente conmovedora. Pero en mi opinión a la película le falta más fuerza para desarrollar el tema, el cual no termina de ser desarrollado con eficacia. Se nota el afán de los guionistas por huir de la truculencia, buscando un punto de equilibrio entre crudeza y sensiblería, pero quedándose a medias en el camino. Esto se hace especialmente patente en la forma en como se narra el desenlace, quizás un tanto inverosímil, pero que en la novela resulta mucho más devastador a como se retrata en el film, en el que el final –al menos para mi gusto- resulta demasiado sobrio a la vez que excesivamente contenido. En ese sentido, el film peca más por defecto que por exceso.

En definitiva, “El niño del pijama de rayas” parte de una buena idea original que no termina de ser del todo bien desarrollada, aunque hay que reconocerle su innegable capacidad de conectar con la sensibilidad del espectador, si bien el fondo de la historia no ofrece nada especialmente novedoso ni impactante. Por otro lado, como apuntaba antes, opino que el film se ha quedado algo corto a la hora de trasvasar ciertos detalles y matices que eran importantes en la novela, con el resultado de que la historia resulta menos emotiva en la pantalla que en el libro. Por ello, aunque no podemos decir que sea una mala película (de hecho, he de reconocer que me la esperaba peor), esta se queda en un film simplemente correcto y sin excesivos alardes. Pero opino sinceramente que la historia daba para bastante más, de haberse contando con más brio y sobre todo, corazón.

Calificación: 5,5/10

lunes, 19 de enero de 2009

Flame y Citron (Flammen og Citronen)

Flame y Citronen (2008)

La historia comienza en 1944, en la Dinamarca ocupada por los nazis. Flame (cuyo nombre real es Bent) y Citronen (Jorgen) son dos de los más activos miembros de la resistencia danesa, encargados de ejecutar a colaboracionistas y miembros de las organizaciones nazis. Sin embargo, todo empieza a complicarse para ellos cuando el jefe de su célula de la resistencia, Aksel Winther, les ordena asesinar a dos funcionarios de la organización del Abwehr, y Flame fracasa en su misión. Las represalias alemanas se intensifican y varios miembros de la resistencia son ejecutados lo que hace sospechar que hay un infiltrado en la resistencia. Las sospechas apuntan a Ketty Sedner, una enigmática agente doble con la que Flame vive un peligroso romance.

Con un presupuesto cercano a los 10 millones de Euros “Flame y Citron” es una de las producciónes danesas más caras de la historia. Dirigida por realizador danés Ole Christian Madsen, la pelicula se basa en la historia real de esos resistentes daneses, muy populares en su pais. Al parecer, Madsen había leido de niño un libro que relataba la historia de Flame y Citron, quedando muy impresionado por la misma. Años más tarde, charlando con el guionista Lars Andersen, Madsen descubrió que éste también había leído sobre los personajes y que ambos compartian el interés por su historia, por lo que decidieron llevarla al cine. Aunque conseguir la financiación para el proyecto les llevó varios años, finalmente, gracias a la colaboración de varios productores alemanes, pudo llevarse a buen término.

Como no podía ser de otra forma, la historia gira en torno a los dos personajes centrales, que son el centro de la narración. Es de agradecer, no obstante, que la película no se quede en ofrecernos la típica historia de heroicos y abnegados resistentes enfrentados a los alemanes “malos”. En vez de ello, el film ahonda en la sicología de los personajes y relativiza la moralidad de unos y otros, de forma que la historia deja claro que no todos los resistentes eran heroes ni sus motivaciones siempre fueron altruistas. Una historia que, por lo demás, sigue las claves típicas de los films de espionaje y cine negro con sus traiciones, giros argumentales e intrigas, un poco en la linea de la también reciente “El Libro Negro” de Paul Verhoeven. Un aspecto muy logrado del film radica en su excelente fotografia, ambientación y localizaciones, que logran trasladarnos efectivamente al Copenhague de 1944, que aparece soberbiamente recreado. Asimismo, la sólida interpretación de los dos actores principales Thure Lhindhard y Mads Mikkelsen resulta muy creible, dotando a los personajes de una innegable aura de veracidad muy de agradecer.

Sin embargo, pese a todos estos aspectos positivos, la película no termina de resultar redonda. Y ello pese a que la historia arranca con fuerza, mostrando directamente a Flame en acción, a la vez que explica sus motivaciones y dudas, que le llevan a actuar de ese modo. No obstante, el desarrollo del argumento se hace un poco plano, con varias lineas argumentales que no terminan de estar del todo bien hilvanadas, y que avanzan de manera un tanto deslavazada a la vez que difusa. Los giros argumentales están bien construidos, pero no llegan a impactar al espectador, quizás porque en el fondo suenan a ya vistos con anterioridad. Además, los 130 minutos de metraje, sin llegar a hacerse aburridos, sí que se hacen un poco largos debido a algún que otro bajón de ritmo en la parte central del film. En resumidas cuentas, todo lo que el film tiene de meritorio en cuanto a su aspecto visual y estilístico no alcanza el mismo nivel en el plano narrativo, al que le falta algo más de imaginación y originalidad a la hora de desarrollar lo que apunta.

Pese a ello, “Flame y Citron” es de esas película que merece al menos un visionado, por su muy buena factura formal, y por que nos ofrece una perspectiva relativamente novedosa sobre las motivaciones y la significación del movimiento de Resistencia. Y es que, como el mismo director declaró al hablar sobre los personajes: “Tanto Flame como Citron fueron personajes extraordinarios en una situación extraordinaria”.

Calificación: 6,5/10

lunes, 12 de enero de 2009

Resistencia (Defiance)

Resistencia (2008)

La historia comienza en el verano de 1941. Tras la invasión de Bielorrusia por las fuerzas alemanas, los padres de los hermanos Bielski, una familia judía, son asesinados por colaboracionistas nazis. Tras descubrir el asesinato de sus progenitores, los cuatro hijos de la familia se esconderán en los bosques de la zona tratando de sobrevivir. El hermano mayor Tuvia (Daniel Craig) se convertirá sin proponérselo en el lider de un grupo de judios que huyen de los nazis, a los que se van sumando nuevos fugitivos. Con la ayuda de sus hermanos Zus (Liev Schereiber) y Aaron (Jaime Bell), los Bielski organizan una partida armada decidida a luchar contra los ocupantes por su supervivencia, además de proteger a decenas de judios fugitivos que irán encontrando por los bosques.

Si algo ha demostrado el director Edward Zwick a lo largo de su carrera es su predilección por las películas de tono épico con trasfondo bélico, como por ejemplo en “Dias de Gloria”, “El último Samurai” o la mas reciente “Diamante de sangre”. En este caso, Zwick ha optado nuevamente por ofrecernos un film de estas características, ambientado esta vez en la II GM, y basado en hechos reales, concretamente en la lucha de un grupo armado de partisanos judíos contra las fuerzas ocupantes alemanas en la URSS. La historia se basa en la biografía de los hermanos Bielski, cuya unidad partisana se convirtió en una de las más grandes de Bielorrusia, protagonizando decenas de actos de sabotaje contra las fuerzas invasoras, llegando a contar al final de la guerra con más de 1.200 miembros. La historia de los Bielski ha sido recientemente recogida en algunas fuentes bibliográficas y ha servido de interesante punto de partida para este film.

En cuanto a la valoración de la película, la verdad es que estamos ante un film bastante irregular. No puede negarse la buena factura general de la película, incluyendo una excelente fotografia de exteriores filmada en las localizaciones reales donde se desarrollaron los hechos; unas buenas interpretaciones de Daniel Craig, y sobre todo de Liev Schreiber como el rebelde hermano Zus; y también unas escenas de acción bélica bien filmadas. Sin embargo, a "Resistencia" le faltan bastantes puntos para llegar a la excelencia. Y esto se debe al toque innegablemente hollywoodiense que enmarca el fondo de la historia. En otras palabras, la película resulta demasiado comercial tanto en su fondo como en la forma. Para empezar, la historia se presenta de una manera bastante edulcorada, ya que el comportamiento de los integrantes de la auténtica brigada Bielski distó mucho de la casi idílica conducta de nobles guerrilleros que aparece reflejada en el film. La realidad -como suele suceder- fue bastante más prosaica, y los miembros de esta brigada estuvieron implicados en varios crímenes de guerra, ademas de participar en robos y todo tipo de abusos contra la población civil en su área de operaciones. Tampoco la personalidad de Tuvia Bielski aparece retratada demasiado fidedignamente, ya que los hechos históricos apuntan a que el personaje real era mucho más oscuro que el que retrata el film.

Pero, veracidad histórica aparte, a la película le falta fuerza porque todo lo que cuenta resulta en general bastante predecible, y por la citada “blandura” a la hora de presentar incluso las escenas más duras (como por ejemplo, el linchamiento del prisionero alemán). En este sentido, la película no nos muestra nada que no hayamos visto antes, ni mejora otras películas anteriores de temática similar, (En especial, la excelente “Masacre, ven y mira”) que han mostrado de forma bastante más realista y fidedigna el grado de crueldad superlativa que llegó a alcanzar la guerra partisana en la URSS. En vez de eso, la película de Zwick opta por centrarse en los aspectos más heroicos y políticamente correctos de la historia real de los hermanos Bielski, realzados con la típica hazaña épica que remarca la valentía de los abnegado resistentes, dejando de lado los aspectos más controvertidos (y menos comerciales) de la guerra partisana en la URSS.

En definitiva, “Resistencia” se queda en un típico producto “Made in Hollywood”, cuidado en la forma y edulcorado en el fondo, que resulta aceptablemente entretenido para el espectador medio. No obstante, no refleja con suficiente contundencia los hechos en que se basa, ni aporta nada especialmente novedoso al género. Recomendable para los que busquen un poco de entretenimiento, pero no por su rigor histórico ni por calidad cinematográfica. Y es una pena porque esta historia, contada de otra manera, habría podido dar mucho más de sí.

Calificación: 5,5/10

viernes, 2 de enero de 2009

Australia

Australia (2008)

La historia comienza en 1939, cuando la aristocrata inglesa Sara Ashley (Nicole Kidman) emprende un viaje hacia Australia en busca de su marido, que está intentando vender al ejército las reses de su hacienda Faraway Down. Cuando lady Ashley llega alli, guiada por el rudo vaquero Drover (Hugh Jackman), descubre que su marido ha sido asesinado aparentemente por un aborigen. Sin embargo, cuando lady Ashley descubre que el capataz de su esposo estaba robando ganado para pasarselo al ganadero rival, decide hacerse cargo de la hacienda y llevar a cabo la venta de las reses en la ciudad de Darwin. Con la ayuda de Drover y del niño mestizo Nullah, Lady Ashley se embarcará en un accidentado viaje para guiar el ganado a lo largo del desierto norte australiano. Al mismo tiempo, el estallido de la guerra en el Pacífico pondrá a Darwin en el punto de mira de los ataques aereos japoneses.

Creo que no es ninguna exageración afirmar que el cine reciente se está viendo afectado por una preocupante atrofia creativa, la cual parece responder a dos causas principales. Una de ellas, la fuga de los mejores talentos guionistas a la TV (dando lugar a series de gran calidad); y por otra parte, que todo está muy trillado a estas alturas. En otras palabras, la originalidad es cada vez más difícil de conseguir. Este preámbulo puede servir de magnifica explicación para describir los defectos que lastran a "Australia". En este caso, el director Baz Luhrman ha optado por ofrecernos un espectáculo épico, con la típica historia de amor en tiempos de guerra, y rendir algo más que un homenaje al gran clásico “Lo que el viento se llevó”. Los guiños hacia esta gran película van desde las más que evidentes similitudes argumentales, hasta alguna que otra escena directamente trasvasada de aquella (por ejemplo, el baile de Drover con lady Ashley o el incendio de la ciudad de Darwin). Pero, más allá de esto, el parecido en cuanto a calidad cinematográfica entre una y otra película es escaso.

Y es que el mayor problema de “Australia” radica en que, a diferencia del gran clásico protagonizado por Clark Gable y Vivien Leigh, la historia que nos cuenta apenas transmite intensidad dramática. El argumento transcurre de un modo que se antoja artificioso, y pese a contener algunas secuencias trepidantes y bien filmadas, como la estampida de las reses o el ataque aereo japonés sobre Darwin, la película no consigue emocionar. La pareja protagonista, Hugh Jackman y Nicole Kidman, hace un trabajo correcto, pero se les nota encorsetados en unos personajes que resultan demasiado planos y predecibles. Ello deriva en un ritmo narrativo, que sin llegar a ser plomizo, sí que resulta un tanto cansino, de forma que los 145 minutos de metraje se hacen un poco largos para el espectador.

No falta, como guiño a la correción política tan de moda en la época actual, la típica historia de denuncia social contra la segregación racial, protagonizada en este caso por el personaje del niño mestizo, ni por supuesto las típicas escenas románticas de rigor. Pero en general a “Australia” le falta concretar lo que propone, y sobre todo, llegar al espectador con lo que cuenta. Si Lurhman pretendia con este film hacer una nueva gran película épica como “Lo que el viento se llevó” desde luego el resultado dista de ser satisfactorio. Hay que destacar, no obstante, un aspecto muy logrado: el de la magnifica fotografia de exteriores y unas soberbias secuencias paisajísticas que captan a la perfección la belleza y vastedad de los parajes naturales australianos.

En definitiva, “Australia” es una producción ambiciosa pero que se queda en un título correcto, sin más. Una película más interesante por su aspecto visual que por la historia que cuenta, y que supondrá sin duda una cierta decepción para quien espere encontrar algo más.

Calificación: 5,5/10

martes, 23 de diciembre de 2008

Los mejores años de nuestra vida (The best years of our lives)

Los mejores años de nuestra vida (1946)

Recien terminada la contienda mundial, 3 veteranos se conocen en el avión que los lleva de vuelta a sus casas, en Boone City, una pequeña ciudad del Medio Oeste de EEUU. Durante el viaje de regreso los tres hombres traban amistad y comparten sus inquietudes de cara a la reincoporación a la vida civil. Aunque los tres son muy bien recibidos a su llegada por sus respectivas familias, pronto cada uno se enfrentará a sus propias dificultades. Al Stephenson (Frederich March), un sargento de infantería, de posición acomodada y directivo de banca se ve superado por como la sociedad que conocía ha cambiado durante su ausencia. Homer Parrish (Harold Russell), es un marinero que ha perdido sus dos manos, sustituidas por prótesis metálicas, que se enfrenta a retomar su vida como lisiado de guerra y a su miedo al rechazo. Por último, Fred Derry (Dana Andrews), es un heroe de guerra y antiguo piloto de bombarderos, que sufre de estrés postraumático y que, tras verse imposibilitado para conseguir un nuevo empleo, ha de volver a su antiguo puesto como dependiente en unos almacenes.

En agosto de 1944, un reportaje gráfico aparecido en la revista Time, describiendo las dificultades para la readaptación a la vida civil de los veteranos de guerra llamó la atención del productor Samuel Goldwin. Ese mismo artículo serviría de inspiración para la novela titulada “Glory for me” ("Gloria para mi"), escrita por MacKinlay Kantor, cuyos derechos fueron adquiridos inmediatamente por Goldwin, de cara a su adaptación para la gran pantalla. El elegido por el productor para dirigir el proyecto fue William Willer, quien durante la contienda habia filmado varios documentales bélicos, destacando entre ellos el titulado “Memphis Belle”, a la vez que encargaba al prestigioso guionista Robert E. Sherwood la adaptación del texto de Kantor para el guión del film.

Ya desde su mismo título (el cual sugiere con ironía que “Los mejores años de nuestra vida” fueron los de la guerra) la película apunta todo lo que desarrolla con posterioridad. Porque, lejos de cualquier atisbo de triunfalismo inducido por la victoria obtenida por EEUU en la II GM, (y de la que salía, además, convertida en superpotencia), la película se ocupa de mostrar los dramas humanos particulares que se esconden detrás de las victorias en los frentes de batalla. Porque el triunfo de una nación no se logra sin los sacrificios individuales de miles de hombres, cuyas vidas se ven indefectiblemente alteradas por la guerra. Una realidad que se plasmaría en otros films del periodo inmediatamente posterior al fin de la contienda (por ejemplo, "Almas en la hoguera", o incluso en "Objetivo: Birmania") hasta que, a comienzos de la década de los 50, el inicio de la Guerra Fria y el McArtismo se encargaran de borrar este impulso autocrítico, dándole un nuevo giro patriotero al cine bélico; el cual volvería a centrarse en gran medida en loar la épica de las hazañas militares y la exaltación de las virtudes castrenses de las Fuerzas Armadas de EEUU.

Volviendo a la película, creo que el mayor mérito de esta consiste en mostrar no ya solo con realismo, sino con absoluta naturalidad, la realidad cotidiana de la vuelta a la vida civil de los veteranos de guerra. Así, a través de la historia, asistimos junto a los personajes a las dificultades de la reinserción laboral, sus cuitas domésticas, el desarraigo producido por la larga ausencia del hogar, y los problemas familiares derivados de ésta. Todo ello apoyado en un sólido guión que es desarrollado con pulso, haciendo muy llevaderas las casi tres horas de duración del film. Por ponerle algun “pero” a la historia, bajo mi punto de vista, podría haberse evitado la deriva excesivamente melodramática que adquiere la parte en que se narra el romance de Fred Derry con Peggy, la hija de Al Stephenson; de lejos lo más flojo del film.

Otro punto fuerte de la película radica en el trabajo de sus actores, dentro de un reparto en el que no se encontraba ninguna gran estrella de Hollywood, pero pese a lo cual –o quizás precisamente por ello- todos los actores brillan a gran altura con unas interpretaciones que rezuman naturalidad. Se da la circunstancia de que Harold Russel, el actor que interpreta al marinero de las manos amputadas, era realmente un lisiado de guerra, descubierto durante el rodaje de un documental sobre la rehabilitación de soldados mutilados. Pese a no aparecer siquiera en los principales créditos de la película la actuación de Russel marcó un hito, al ser el único actor que ha ganado dos Oscars por un mismo papel: uno por su actuación, y otro honorífico, que la Academia le concedió por servir ejemplo de coraje y superación para los veteranos. Además de los dos oscars de Russel, la película se alzó con otras 5 merecidas estatuillas en la edición de ese año, convirtiéndose además en gran éxito comercial, uno de los mayores de su época.

Para concluir, no puede dejar de reseñarse la mejor secuencia del film, y una de esas secuencias memorables de la historia del Cine. Me estoy refiriendo, naturalmente, a los planos que nos muestran el paseo del ex capitán de las Fuerzas Aereas Fred Derry por el desolado cementerio de aviones listos para desguazar; una poderosa metáfora visual que resume a la perfección el contenido de toda la cinta.

En resumidas cuentas, “Los mejores años de nuestra vida” es una historia que sorprende y seduce a la vez por su tremenda sinceridad y realismo, sobre todo teniendo en cuenta que se estrenó en plena década de los 40. Ciertamente es un título que aun hoy en dia no ha perdido un ápice de su vigencia, lo cual es la mejor muestra de su calidad y que sirve para comprender que estamos ante un clásico atemporal cuyo mensaje no pasa de moda. Imprescindible.

La Crítica de Reisman

Calificación: 8/10

viernes, 19 de diciembre de 2008

Europa (Zentropa)

Europa (1991)

Año 1945. El joven norteamericano de origen alemán Leo Kessler (Jean-Marc Barr) llega a Alemania para trabajar, por mediación de su tio, como revisor en uno de los trenes de la empresa de ferrocarriles Zentropa. A través de sus viajes a lo ancho de un país devastado por la guerra, Leo pronto comprobará la fractura moral que ha producido la contienda entre la población alemana, que conocerá de primera mano gracias a su relacion sentimental con Katharina Hartmann, hija del poderoso magnate del ferrocarril Max Hartmann. Pese a que Leo procura no involucrarse políticamente, la implicación de Katharina con la “Werewolf” o movimiento de resistencia nazi frente a la ocupación aliada lo conducirá a un trágico final.

Antes de que la carrera del famoso realizador danés Lars Von Trier (auténtico enfant terrible del cine europeo reciente) evolucionara definitivamente hacia la búsqueda de la libertad absoluta creativa encarnada por el movimiento cinematográfico de vanguardia llamado “Dogma”, este nos dejó algunos títulos de una factura más convencional. En ese sentido, Europa (la tercera película de una trilogía dedicada a reflexionar sobre la historia de este continente) supone una de las obras cumbres del cine Europeo reciente, a la vez que una de los títulos más accesibles de Von Trier. Entre otros premios, la película se llevó el del jurado del festival de Cannes, consagrando a su director como uno de los grandes realizadores Europeos de las últimas décadas.

La verdad es que personalmente he de decir que la película me atrapó casi desde el primer momento, una vez superada la confusión inicial que supone la introducción de la historia mediante una serie de imágenes de tipo onírico y la voz en off (que en VO era la del actor Max Von Sydow) que dicta órdenes hipnóticas para el espectador. A partir de ese momento, la película envuelve al espectador mediante el desarrollo de la aparentemente simple historia del inocente personaje de Leo Kessler, la película desgrana todo un conjunto de complejas realidades y sensaciones a los que se enfrenta el protagonista. Así asistimos a situaciones que denuncian la dobleza moral de la población alemana y sus ocupantes, el drama de las víctimas del nazismo o el fanatismo que es capaz de mostrar el ser humano.

Todo ello se ve realzado de una manera más que estudiada, mediante el uso de una fotografía predominantemente en B/N que combina el uso del color en determinadas situaciones importantes para el personaje. De este modo, el dirctor construye un universo visual propio, cargado de imágenes sugerentes y simbólicas a la vez. Pero lo más importante, como señalaba antes, es que el aspecto formalmente innovador del film no se usa en tono de pedantería, sino que por el contrario, se pone al servicio de una historia muy bien contada y de la que pueden extraerse múltiples lecturas para el espectador.

No es exagerado afirmar que, con su película, Trier hace un auténtico viaje al corazon de Europa, personificada en la ruinosa Alemania de 1945, logrando mostrar con toda su crudeza las miserias de una sociedad cínica y moralmente destruida por la guerra mundial. Ahora bien, también es de recibo señalar algunas deficiencias que –para mi gusto- empañan los méritos innegables del film. Y es la deriva un tanto semionírica que adquiere la historia conforme se va acercando el desenlace, algo que, a mi modo de ver, viene a romper de alguna mantera el tono adecuadamente equilibrado entre realista y subjetivo que mantiene el film a lo largo de casi todo su metraje. Aparte de esto es inevitable que algunos espectadores encuentren dificilmente accesible el universo visual y narrativo que plantea Von Trier, pese a lo cual hay que insistir en que “Europa” no es especialmente complicada de entender, y, al menos en sus aspectos más convencionales puede ser apreciada por el espectador medio.

En definitiva, considero que “Europa” es uno de esos títulos imprescindibles dentro del cine Europeo, a la vez que constituye una de las reflexiones más descarnadas, pero a la par interesantes y reveladoras, sobre la posguerra Europea y las consecuencias de la II GM. Un título imprescindible para cualquier amante del buen cine.

Calificacion: 8/10

viernes, 12 de diciembre de 2008

El Buen Alemán (The Good German)

El buen alemán (2006)

Berlín, 1945. El corresponsal de guerra norteamericano, capitán Jake Geismer (George Clooney), llega a la derruida capital alemana para cubrir la información relativa a la Conferencia de Potsdam, donde los mandatarios aliados van a terminar de dar forma a la Europa de la posguerra. A su llegada a Berlin, y guiado por su chofer, el cabo Tully (Tobey McGuire), un personaje con oscuros manejos en el mercado negro, Geismer se reecuentra con un antiguo amor, Lena Brandt (Cate Blanchett), con quien se había relacionado antes de la guerra. Lena es ahora la viuda de un oficial alemán que sobrevive alternando con Tully y otros soldados norteamericanos, pese a lo cual Geismer tratará de convencerla para que abandone Berlin junto con él. Las cosas se complican cuando Tully aparece muerto flotando en un rio, con una importante cantidad de dinero en el bolsillo. A partir de ese momento Geismer tratará de esclarecer la muerte de su chofer, pero descubrirá que las autoridades americanas y rusas no están interesadas en remover el caso y que un importante secreto relacionado con Lena se esconde detrás del asesinato de Tully.

Para bien o para mal, hay que reconocerle al director Steven Sordebergh el mérito de intentar ofrecer siempre algo novedoso con cada una de sus películas, tendencia apreciable desde sus primeros títulos cercanos al cine independiente, hasta en los más recientes y comerciales como Ocean´s Eleven. En este caso, el realizador nos ofrece en plena era digital, una obra formalmente rompedora. Empleando una magnífica fotografía en B/N que recrea las técnicas tradicionales de los films de los años 40 y 50, la película consigue trasladar al espectador a la atmósfera del Berlin de la inmediata posguerra, magníficamente recreado mediante el uso de imágenes documentales de época y escenarios reconstruidos. También hay que reconocer que en su primer tercio de metraje la película sabe captar la atención del espectador mediante una acertada introducción de la trama y los personajes, una presentación que bebe nuevamente de las fuentes de los grandes clásicos del cine negro. También es reseñable el buen hacer del trio protagonista, que cumplen con bastante oficio en sus respectivos papeles, especialmente en el caso de Cate Blanchett. Sin embargo, resulta evidente que una vez transcurrida la primera media hora del film, el interes del mismo comienza a decaer de una forma bastante apreciable.

En mi opinión, Sordebergh debió darse cuenta de que la excelencia técnica unida a una buena idea de partida no es suficiente por sí sola para lograr una gran película. A medida que avanza la historia, uno tiene la sensación de que el guionista ha cogido los argumentos de grandes películas como “Casablanca”, “Vencedores o Vencidos” y “El Tercer Hombre”, los ha metido en una coctelera y removido para sacar una mezcla de esos tres clásicos, dándoles un barniz de modernidad. Pero el resultado dista de ser satisfactorio, ya que el desarrollo de la trama se ve entorpecido por un ritmo narrativo deficiente, lo que, unido a la progresiva complicación de la trama sin que esta se explique adecuadamente, hace que el conjunto aparezca excesivamente confuso para el espectador. Da la impresión de que la historia se fuerza hasta el límite para abarcar todos esos elementos argumentales, y a la vez rendir tributo a los títulos mencionados con anteriorioridad, resultando de ello un galimatías escasamente inteligible. Por esta razón, conforme avanza la trama el interés de la misma decrece para el espectador, hasta el punto de que el desenlace (casi calcado, por cierto, de “El Tercer Hombre”) no causa la más mínima impresión, y en mi caso particular, me dejó frio.

Es una pena que el buen hacer en el apartado técnico del film no se vea respaldado por el mismo oficio en el aspecto narrativo, pues había mimbres para hacer una gran película. En vez de ello, al final, “El Buen Alemán” se queda en un film correcto pero fallido, aunque por su fotografía, su recreación del Berlin de la posguerra, y por el regusto del mejor cine negro clásico, no desmerece un visionado por el buen aficionado al género.

Calificación: 5,5/10

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Los Falsificadores (Die Fälscher)

Los Falsificadores (2007)

La historia comienza en Berlin, en 1936, cuando Salomon Sorowitsch (Karl Markovics), judío y uno de los mejores falsificadores de moneda de Europa es detenido e internado en un campo de concentración de Sachsenhausen. Tras unos meses en los que Sorowitsch se las ingenia para sobrevivir realizando trabajos para los guardianes alemanes, será reclutado junto con otros expertos en la falsificación de documentos para una misión secreta. Bajo la atenta supervisión del oficial de la SS Friedrich Herzog, Sorowitsch y sus compañeros tendrán el objetivo de lograr falsificaciones perfectas de las libras esterlinas británicas, que los nazis planean usar para colapsar la economía británica. Los éxitos de Sorowitsch con la falsificación de la libra toparán, no obstante, con la oposición de uno de los miembros del equipo de falsificadores judíos, Adolf Burger, quien se opone a colaborar con los nazis e intenta sabotear la fabricación de moneda falsa por todos los medios.

A estas alturas, resultaba extraño que los hechos que rodearon a la “Operación Bernhard” una de la más extraordinarias operaciones secretas de la II GM, no hubieran sido llevados al cine. Finalmente ha sido esta producción austriaca, inesperada ganadora del Oscar de 2008 a la mejor película extranjera, la que se ha encargado de hacerlo. Bajo la dirección de Stefan Ruzowitzky, y basándose en las memorias escritas por el propio Adolf Burger, la película desgrana los hechos reales que dieron lugar a una de las mayores falsificaciones monetarias de la historia, a la vez que describe el drama personal de los judíos empleados en tales tareas.

He de reconocer que “Los Falsificadores” ha supuesto una relativa sorpresa para mi, ya que tanto por tratarse de una producción austriaca, como por algunas críticas que habia leido antes de visionarla, me esperaba un film mucho más aburrido, de estructura plana y desarrollo gris. Pero en vez de ello, me he encontrado con una pelicula que ofrece una una historia bien contada y desarrollada con pulso, asi como con una notable ambientación y puesta en escena. Además se apunta con acierto la cuestión del dilema moral que atormenta a los protagonistas ¿colaboración o supervivencia?, ¿pragmatismo o integridad moral?; dilema que es desarrollado eficazmente a lo largo de la pelicula, mediante la contraposición de los caracteres de Burger y Sorowitsch. Todo ello sustentado, además, en unas muy buenas actuaciones del elenco de actores, especialmente por parte del protagonista Karl Markovics, que compone un sólido papel como el falsificador, tahur y oportunista Sorowitsch.

También es cierto que, pese a sus virtudes, “Los Falsificadores” no destaca especialmente en cuanto a planteamiento, estructura argumental (que se ciñe a los hechos) u originalidad, y que gran parte de lo que cuenta ya ha sido mostrado antes con mayor maestria en otros títulos sobre el Holocausto. En otras palabras: “Los Falsificadores” es un interesante testimonio histórico-cinematográfico, aunque no llega a la talla de gran película. En cualquier caso, merece la pena verse.

Calificación: 6,5/10

miércoles, 26 de noviembre de 2008

El Arpa Birmana (Biruma no Tategoto)

El Arpa Birmana (1956)

Birmania, Julio de 1945. Mientras la guerra agoniza y las tropas japonesas se baten en retirada por todas partes, un pequeño destacamento japonés trata de alcanzar la frontera con Tailandia. La unidad, mandada por el capitán Inoyue (Rentaro Mikuni) se encuentra en malas condiciones, pero los hombres mantienen el espíritu gracias a los cantos que Inouye les ha enseñado y al virtuosismo con el que toca el arpa birmana uno de sus hombres, el sargento Mizushima, quien se destaca por su habilidad con ese instrumento. Pocos días más tarde la compañía de Inouye es rodeada por tropas británicas y los japoneses optan por deponer las armas al ser informados de que Japón ha presentado la rendición ante los aliados. Mizushima y sus compañeros son enviados a un campo de prisioneros británico, donde se enteran de que un grupo de soldados japoneses aun resiste en una colina cercana, negándose a aceptar la rendición. Mizushima se ofrece como mediador para convencer a sus compatriotas de que no sigan resistiendo, pero fracasa en su misión y está a punto de morir por el bombardeo británico. Tras salvar la vida de milagro, Mizushima vivirá una serie de peripecias, y tras hacerse con un atuendo de monje budista, hará todo lo posible por dar sepultura a los cuerpos de sus compatriotas caidos en combate.

En 1947, el escritor japonés Michio Takeyama comenzó a publicar por entregas en una revista su novela “El Arpa Birmana”, de claro transfondo antimilitarista, y muy seguramente inspirada por el ambiente de derrota y devastación moral que se vivía en el pais nipón en los meses inmediatamente posteriores al fin de la contienda. La historia pronto despertó el interés del director Kon Ichiwaka, quien ya había adaptado para la gran pantalla algunos clásicos de la literatura japonesa, y que se encargó de hacer lo propio con el texto de Takeyama. La película se convirtió en un éxito internacional y obtuvo varios premios en festivales cinematográficos extranjeros, dando a conocer al director fuera de sus fronteras. El éxito del film animaría al propio Ichikawa a realizar una nueva versión en color del mismo en 1985, que supuso un nuevo éxito para el ya veterano realizador.

Respecto a la valoración de la película, dice el diccionario de la RAE que “maniqueísmo” es la “Tendencia a interpretar la realidad sobre la base de una valoración dicotómica”. Personalmente opino que esta definición constituye una síntesis perfecta de esta película. No puede negarse que el mensaje de tintes pacifistas y antibelicistas, materializado en el símbolo del arpa birmana como emblema de la paz, es efectivamente desarrollado tanto a nivel estético como argumental. También hay que resaltar la calidad de una excelente fotografía en B/N, y las buenas interpretaciones del elenco de actores, además de la plasticidad de muchas de las imágenes del film.

Sin embargo, cuando uno reflexiona sobre el trasfondo de la historia que nos cuenta la película lo cierto es que la bondad del mensaje superficial queda diluida por ese maniqueísmo al que hacía referencia antes. Y digo esto porque al final, el poso que queda es que los japoneses no fueron otra cosa que víctimas como los demás, y desde luego, los soldados japoneses están lejos de ser retratados de una forma realista. Excepto el fanatismo de los defensores de la colina (brevemente esbozado) no se dice nada de la brutalidad japonesa contra la población autóctona (birmana en este caso) ni se denigra la guerra imperialista emprendida por Japón para sojuzgar a todos los pueblos asiáticos. Además hay más de una escena que roza la sensiblería más empalagosa, cuando no cae directamente en ella (por ejemplo, cuando los japoneses acaban cantado a coro con sus captores británicos). Todo ello conduce a pensar que lo que subyace en el fondo del film es más un alegato catártico y auto exculpatorio antes que un auténtico mensaje universalmente antibelicista. Este aspecto “tramposo” del film, unido a algún pasaje realmente aburrido, y a las escenas poco creíbles (por sensibleras) que trufan en gran medida las partes musicales del film oscurecen en gran medida sus otras virtudes, que radican sobre todo en el aspecto visual.

En mi opinión, Ichikawa se quedó a medio camino a la hora de denunciar la actitud japonesa ante el conflicto bélico. El retrato demasiado amable que hace de los soldados japoneses le resta contundencia a la historia, al centrar el drama de la historia en una sola de las partes implicadas, obviando el sufrimiento de las otras. Aunque hay que agradecer que por una vez una producción japonesa se apartara de la justificación de la guerra, lo cierto es que este film ofrece una nueva visión manipuladora de la intervención del ejército japonés en los paises ocupados. En resumidas cuentas, la película de Ichikawa es medianamente interesante desde el punto de vista artístico pero moralmente más que discutible.

La Crítica de Reisman

Calificación: 5,5/10

lunes, 10 de noviembre de 2008

Hasta donde los pies me lleven (So weit die füsse tragen)

Hasta donde los pies me lleven (2001)

En 1945 el prisionero de guerra alemán, teniente Clemens Forell (Bernhard Bettermann) es enviado junto con otros miles de compatriotas a un Gulag o campo de reclusión en Siberia. Alli habrá de enfrentarse no solo a las duras condiciones climáticas, sino también a la brutalidad del jefe del campo, el capitán Kamenev, decidido a no concederle ni un respiro a los prisioneros alemanes, haciendolos trabajar hasta la extenuación. Ello reforzará la determinación de Forell para, con la ayuda del médico alemán del campo, intentar un arriesgado plan de fuga que le llevará a recorrer miles de kilómetros por territorio de la URSS en busca de la libertad.

En 1955, un novelista alemán relativamente desconocido Josef M. Bauer publicó el relato So weit die Füsse tragen, (“Hasta donde los pies me lleven”) basado en una larga serie de entrevistas que el autor mantuvo con un antiguo soldado alemán, uno de los pocos que pudo evadirse de su reclusión en Rusia y regresar a Alemania años después del fin de la guerra. El libro de Bauer pronto alcanzó gran popularidad y se convirtió en un éxito de ventas siendo traducido a 15 idiomas. En él se describía la increíble odisea del protagonista, designado en el relato con el nombre ficticio de Clemens Forell, durante el largo trayecto de huida desde Siberia hasta la frontera de Irán, en busca de la libertad. Bauer aclaró que el verdadero protagonista de su relato deseaba permanecer en el anonimato por miedo a las represalias sovieticas, pero que lo que se contaba en su libro se basaba en hechos reales. El éxito del libro fue tal que en 1959, la historia de Forell fue adaptada para la TV en forma de miniserie de seis capítulos, logrando un importante éxito de audiencia y convirtiéndose en uno de los grandes eventos televisivos de la época en Alemania.

Sin embargo, tuvieron que pasar otros cuarenta años para que la historia fuera adaptada al cine, tratándose, como no podía ser de otro modo, de una producción alemana que se encargó de ofrecer una nueva revisión de la historia de Bauer. En cuanto a la valoración de la película, cuando me enfrento a un film de procedencia alemana, siempre me espero luces y sombras. Las primeras, sobre todo en el aspecto visual y formal (normalmente impecables) y las segundas, en el aspecto narrativo (generalmente muy plano y academicista). En este caso, he de decir que “Hasta donde los pies me lleven" no ha supuesto una excepción a la regla anteriormente expuesta.

Destacando en primer lugar lo positivo, me quedaría con la buena interpretación de Forell que logra el para mi desconocido actor alemán Bernhard Betterman, junto con la destacable ambientación de los paisajes naturales de Siberia y la URSS muy bien retratados con una más que cuidada fotografía de exteriores. Pero por lo demás, la película incide en los vicios propios del cine alemán, con algún ramalazo que podriamos denominar Hollywoodiense. Y digo esto por la persistencia del guión en mostrarnos el duelo casi de Western entre Forell y el oficial ruso que le persigue, Kamenev, quien se empeña en aparecer en todos los lugares por donde deambula el alemán. Por otra parte, la película tiene algún que otro bajón de ritmo a lo largo de sus casi dos horas y media de metraje, aunque en lineas generales se deja ver bien. Con un desarrollo argumental muy propio del cine de aventuras, la película desgrana las variadas peripecias de Forell en su huida a lo largo y ancho de Rusia, con un ritmo narrativo relativamente ágil pero también de una forma bastante previsible que no deja demasiado lugar para la emoción.

Si a lo anterior unimos el tipico mensaje de fondo autoexculpatorio sobre la culpabilidad alemana en los crímenes de la II GM y algún que otro pasaje poco creible (como por ejemplo, el desenlace, que me pareció un poco forzado y poco coherente), el resultado es que estamos ante un título tan atractivo en principio como fácilmente olvidable después de su visionado. Pese a ello, por su más que correcta factura y por los otros méritos mencionados antes, creo que no está de más que se vea por los aficionados a este tipo de films. Pero no me cabe duda de que este historia podría haber sido mejor contada con una producción más imaginativa.

Calificación: 5,5/10

martes, 28 de octubre de 2008

La Hora 25 (La Vingt-cinquième heure)

La Hora 25 (1967)

La Acción comienza en Rumania, en Marzo de 1939. La apacible vida del matrimonio formado por Johann Moritz (Anthony Quinn), un pacífico y bonachon campesino rumano, y su esposa Suzanna se verá alterado cuando el sargento Dobresco, jefe de la policia local, comienza a acosar a esta última. Con el fin de librarse de Johan, Dobresco lo cataloga falsamente como judio y lo envía a realizar trabajos forzados junto con miles de prisioneros hebreos para la construcción de un canal. Tras evadirse, intentando volver a reunirse con su mujer, una serie de peripecias conduciran a Moritz a ser elevado por los alemanes a la categoría de modelo del perfecto ario lo cual le acarreará su reclusión por los aliados una vez terminada la guerra.

He de admitir que “La hora 25” era una de mis grandes asignaturas pendientes sobre el cine de la II GM, ya que hasta este momento no había tenido oportunidad de verla, supongo que debido al hecho de que se trata de una película relativamente desconocida. La historia se basa en una obra del escritor rumano C. Virgil Gheorghiu quien, pese a haber servido en el cuerpo diplomático rumano durante la etapa del régimen dictatorial del general Antonescu, escribió, durante su cautividad de posguerra la novela “Ora 25”, en la que criticaba duramente la actitud colaboracionista del gobierno rumano con los nazis, y la persecución de los judios en Rumania. La novela, publicada en 1949, se convirtió en un Best Seller, que sin embargo, no libró a Gheorghiu de la polémica, al descubrirse unos escritos suyos que databan del periodo de la guerra, y en los que expresaba sus convicciones antisemitas, lo que dió lugar una polémica que persiguió al escritor hasta el final de sus dias. En cualquier caso, la historia tiene bastante interés por ser una de las escasas aproximaciones literarias que se han hecho sobre la participación de los paises satélites de Alemania en la persecución de los judios durante la II GM, un tema apenas tratado hasta la fecha.

Cuando finalmente el famoso productor italiano Carlo Ponti decidió llevar al cine la novela de Gheorgiou en los años 60, ciertamente lo hizo a lo grande. Ponti logró montar una coproducción multinacional en la que se involucraron estudios de Francia, Italia y Yugoslavia, por lo que el film pudo contar con una riqueza de medios inusuales en las producciones europeas; incluyendo un reparto internacional en el que destacaba una estrella de Hollywood como Anthony Quinn.

Todo ello ayudó a que “La Hora 25” se convirtiera en una película de factura formal hollywoodiense, pero con alma netamente europea. La película se apoya sobre todo en la colosal actuación de Quinn como Moritz, en el que supuso uno de los más brillantes papeles en la carrera cinematográfica del gran actor mejicano. Quinn llena la pantalla en cada uno de los planos en que aparece, y dota de credibilidad y de una tremenda humanidad a un personaje nada sencillo de interpretar. Además, la película cuenta con un excelente plantel de secundarios, que cumplen a la perfección en sus papeles; asi como una brillante puesta en escena y ambientación que redondean la excelente factura del film.

Posiblemente, lo único que le resta brillantez al conjunto, e impide que esta película pueda ser considerada una obra sobresaliente es el aspecto narrativo del film. Tras una primera hora bastante buena, en la que asistimos a la presentación de los personajes y la injusta reclusión de Moritz en el campo de trabajo para judios, la segunda mitad de la historia no logra mantener el nivel de la primera. Da la impresión de que por rázones de síntesis argumental el guión tuvo que recortar sustancialmente importantes partes de la novela, de forma que los hechos que presenta en esa parte aparecen demasiado esquemáticos. Pasan muchas cosas en poco tiempo, de modo que el hilo argumental principal queda un poco desdibujado en esa parte. Pese a lo cual, el film vuelve a retomar el pulso en el último tramo de la historia, con el juicio a Moritz por sus labores de propaganda en favor de los alemanes, y el desenlace, un final semitrágico que sobrecoge por la carga emotiva que transmite al espectador, y que supone un excelente colofón a una buena película.

En definitiva, “La hora 25” es una pequeña joya cinematográfica que merece ser descubierta por todo buen aficionado al cine que no haya tenido ocasión de verla. Una película muy recomendable.

Calificación: 7/10

miércoles, 22 de octubre de 2008

El Secreto de Santa Vittoria (The Secret of Santa Vittoria)

El Secreto de Santa Vittoria (1969)

La caida del gobierno fascista de Mussolinni viene a alterar la tranquila vida del pequeño pueblo vinícola de Santa Vittoria. Por aclamación, los habitantes eligen como nuevo alcade a Italo Bombolini (Anthony Quinn), uno de los mayores borrachos del lugar, cuya principal preocupación será poner a buen recaudo la reserva de botellas de vino del pueblo, para evitar que caigan en manos de las fuerzas alemanas que se dirigen a Santa Vittoria. De este modo Bombolini, con la ayuda de Fabio y de su sufrida esposa Rosa (Ana Magnani) lograrán involucrar a toda la población local para engañar al destacamento alemán mandado por el capitán Von Proum (Hardy Kruger) acerca del destino del vino.

Basándose en el best seller homónimo de Robert Crichton, el director Stanley Kramer adaptó para la gran pantalla esta historia de ambiente Italiano. Como la acción de la novela se desarrolla en el pueblo real de Santta Vitoria, la idea inicial de Kramer fue filmar alli mismo las localizaciones de exteriores. Sin embargo, para sorpresa del equipo de producción, el pueblecito descrito en el libro resultó ser una moderna ciudad de gran extensión, por lo que no hubo otro remedio que buscar un sitio alternativo para el rodaje, que recreara la apacible villa vinícola descrita en el libro, siendo finalmente elegido el pequeño pueblo de Anticoli Corrado, que reunía todas las características necesarias para servir de ambientación a la película.

La película se apoya sobre todo en el carisma del duo protagonista, un Anthony Quinn que dota a su personaje de un punto histriónico (pero adecuado), y la siempre eficaz Ana Magnani en el papel de sufrida esposa. Hay que decir, por cierto, que la relación entre Quinn y Magnani fue bastante tensa, ya que no se soportaban mutuamente, lo cual vino bien para el rodaje dado que ambos actores interpretaban a un matrimonio separado y enfrentado por las aficiones alcohólicas del marido.

Desde el punto de vista cinematográfico, puede decirse que “El Secreto de Santta Vittoria” es un film de humor costumbrista italiano made in Hollywood. La película va subiendo el tono desde la comedia ligera inicial, hacia una mayor intensidad dramatica conforme se va acercando el desenlace, el cual es, posiblemente, lo mejor del film. Personalmente no he encontrado que la parte cómica resulte excesivamente interesante, pese a la buena interpretación de Quinn como el borracho alcade del pueblo. A mi modo de ver lo mejor del film es como muestra el juego del gato y el ratón que se establece entre Bombolini y el resto de la población con el capitán alemán por cuenta de descubrir donde se esconde el preciado vino, lo que se convierte en una cuestión de orgullo para ambos. No obstante, como digo, la parte cómica del film no acaba de convencer; y por otro lado, el desarrollo de la historia resulta algo plano y falto de ritmo, por lo que el film se deja ver con agrado aunque sin excesivo interés. Todo ello sin menoscabo de la más que cuidada ambientación y producción del film, que logra retratar bastante bien los lugares y personajes de la campiña italiana de la época, presentando a toda una galería de simpáticos personajes mediterraneos.

En resumen, “El Secreto de Santa Vittoria” es un film medianamente entretenido, de más que correcta factura, pero al que le falta algo más –especialmente en su parte cómica- para llegar a ser una gran película. Con todo, aunque solo sea por ver al gran Anthony Quinn en uno de sus personajes más característicos, merece la pena verse. Un film simpático y sin pretensiones que se deja ver con agrado.

Calificación: 5,5/10

martes, 14 de octubre de 2008

El Tren de la Vida (Train de Vie)

El tren de la vida (1998)

La acción nos sitúa en 1941, en una pequeña aldea judia de Europa central, cuyos habitantes comienzan a sentirse inquietos ante las noticias que les llegan acerca de las deportaciones masivas de judios que están llevando a cabo los nazis. Para escapar de ellas, Shlomo, el loco del pueblo, propone huir a Palestina con todos los habitantes usando un tren falso de deportación como tapadera para encubrir su huida. Tras ser aceptada la idea de Shlomo por parte del Rabino de la aldea, todos los habitantes del pueblo se pondrán manos a la obra para conseguir engañar a los alemanes y llegar a Palestina en tren para comenzar una nueva vida alli.

Pocos meses antes de que Roberto Begnini comenzara a rodar su brillante “La vida es bella” fue tentado por el director de origen franco-rumano Radu Mihaileanu para participar en su proyecto que iba a ser precisamente una aproximación al tema del holocausto en tono de comedia. La negativa del italiano a participar en el proyecto no sentó nada bien al Mihaileanu quien no dudó en alegar que Begnini se había inspirado en la idea de su film para escribir la historia de “La vida es bella”.

Sea como fuere, lo cierto es que ambas películas tienen ciertas similitudes, pero en esencia son dos films bastante distintos. La película de Mihaileanu adopta un tono narrativo próximo al “realismo mágico” del cine de Kusturica, manteniendo en todo momento un tono cómico pero con un trasfondo poblado de matices dramáticos acordes con la transcedencia del tema que se retrata. Lo mejor del film es, en mi opinión, la idea que sirve de punto partida al argumento y la delicadeza del humor del que hace gala, al tratar un tema de enorme sensibilidad como el del Holocausto. Sin embargo, a la película le falta algo más de gancho a la hora de contar la historia de la huida del tren y, en especial, le falta inspiración para crear unos gags más originales u ocurrentes. Aunque las situaciones estrambóticas se hilvanan con agilidad, en el mejor de los casos resultan más simpáticas que graciosas. Las reiteradas bromas a costa de la facción del grupo de judios comunistas, por poner un ejemplo, no resultan especialmente cómicas, sino más bien pueriles. Y aunque hay momentos en los que los diálogos destilan chispazos de fina ironía, en general la parte cómica del film resulta bastante convencional y previsible.

Pese a ello, hay que reconocer que la película está contada con cierta imaginación y ritmo, y que se apoya en unas buenas interpretaciones de su elenco de actores, lo cual hace que se vea sin especial emoción aunque con agrado. En resumidas cuentas, “El Tren de la Vida” es una comedia agradable, narrada con tacto y que se deja ver bastante bien, pero está muy lejos de la genial inspiración –tanto cómica como narrativa- de la que hizo gala Begnigni con “La Vida es Bella”. Pese a ello, es un film estimable y merece la pena verse.

Calificación: 5,5/10

miércoles, 1 de octubre de 2008

1941

1941 (1979)

Diciembre de 1941. La declaración de guerra de Japón a EEUU provoca que la fiebre bélica se extienda por todo el país. Mientras tanto, en la zona de Los Angeles una serie de personajes se verá afectado por la psicosis colectiva provocada por la posibilidad de que se produzca un ataque japonés. De este modo, el piloto de caza Wild Bill Kelso (John Belushi) perseguirá aviones japoneses por todas partes, mientras que Ned Beatty (Rick Moranis) un pacífico ciudadano verá instalada una bateria antiaerea en el jardin de su casa, y un coronel desquiciado trata de descubrir agentes infiltrados japoneses. Todo ello al mismo tiempo que un submarino japonés que lleva a bordo un oficial alemán merodea la costa californiana.

A finales de la década de los 70, la carrera de Steven Spielberg estaba en la cresta de la ola. El joven pero consagrado realizador ya se había hecho acreedor del título de “Rey Midas de Hollywood” tras lograr de manera consecutiva dos éxitos arrolladores en taquilla con sus films “Tiburón” y “Encuentros en la Tercera Fase”, logrando unas cifras de recaudación apabullantes y ganándose el favor del gran público. Reforzado por estos éxitos, Spielberg decidió experimentar en su siguiente proyecto en el terreno de la comedia, con el que iba a suponer su cuarto largometraje. La escritura del guión se encargó a Robert Zemeckis un prometedor guionista y realizador a quien Spielberg había apadrinado dentro de la industria de Hollywood y que era uno de sus mas estrechos colaboradores en aquella época. El guión de Zemeckis trataba de parodiar, inspirándose lejanamente en una serie incidentes reales acaecidos en la Costa Oeste norteamericana al comienzo de la guerra, la fiebre bélica que se había apoderado de buena parte de los habitantes de la zona durante las primeras semanas del conflicto.

El hecho de que 1941 se convirtiera en un relativo fracaso comercial (el primer revés de Spielberg en taquilla) ha hecho que esta película sea una de las menos recordadas de Spielberg, y que incluso algunos la hayan calificado como su obra “maldita”. La verdad es que este film es uno de los menos brillantes de Spielberg. A pesar de lograr algún gag acertado (como la autoparodia de “Tiburón”, en este caso con el submarino japones haciendo las veces de escualo) el cambio de registro radical respecto a sus películas anteriores no le sentó nada bien a Spielberg. Se nota que este domina a la perfección los aspectos técnicos de su oficio porque en la película hace un espectacular uso de los efectos especiales, manejo de cámara y planos, al tiempo que ofrece una generosa muestra de secuencias espectaculares y multitudinarias, pero tratándose de una comedia, a la parte cómica le falta mucha sustancia y se nota que en este terreno a Spielberg le faltaba la inspiración artística de la que habia hecho gala en sus anteriores films.

Viendo la película se nota que Zemeckis y Spielberg estaban influenciados en esta época por el tipo de comedia alocada de boga en los 70 (por ejemplo, “Desmadre a la americana”) y que era del gusto del público en aquella época. El problema es que ni el realizador ni el guionista fueron capaces de trasvasar dicha comicidad a la historia de 1941. Y, pese al hecho de que Spielberg pudo manejar la producción contando con muchos medios y un reparto plagado de actores cómicos de renombre como John Belushi (genial en su papel de desquiciado piloto de P 40) o Dan Aykroid, lo cierto es que el resultado fue decepcionante. La intención evidentemente paródica del film queda deformadada por la hipertrofia de gags, a veces demasiados forzados. El ritmo que imprime Spielberg a su obra es tan frenético y alocado como un sketch de dibujos animados, cosa que no permite desarrollar adecuadamente ninguno de los ejes argumentales, y no digamos ya los personajes. La acelerada sucesión de escenas alocadas, explosiones, efectos visuales deslumbrantes (como por ejemplo la secuencia de destrucción de la noria), más que ayudar a crear comicidad lo que causa es un efecto de saturación en el espectador, por lo que la parte humorística resulta en general fallida. Y ello pese a dibujar algún que otro gag acertado (como el P-40 repostando en la estación de servicio) pero demasiado aislado en el conjunto de una comedia tremendamente irregular. El mismo Spielberg admitió, años mas tarde que “Comprendí que nos habiamos pasado cuando en los pases previos vi que gran parte de público pasaba mucho tiempo tapándose los oidos”.

Por ello personalmente opino que 1941, fue un merecido varapalo comercial para Spielberg. Una comedia excesiva en muchos aspectos, aunque por su puesta en escena, y algún que otro gag desternillante no desmerece un visionado por el aficionado al cine en general.

Calificación: 5,5/10