Roma, Ciudad abierta (1945)La acción se situa en Roma a comienzos de 1944. La GESTAPO busca acabar con uno de los jefes del Comité de Liberación Nacional, el ingeniero Manfredi, quien logra escapar por poco a la captura. Huyendo de sus perseguidores, Manfredi se refugia en casa de la viuda Pina, novia de otro de los miembros de la resistencia, el tipógrafo Francesco. Con la ayuda del Padre Pietro, un cura que colabora con la resistencia, Manfredi intenta continuar sus actividades, pero resultará localizado por los alemanes y detenido, muriendo en el curso del arresto la viuda Pina. Aunque Francesco y Manfredi son liberados por la resistencia cuando los trasladan, Marina, antigua novia de Manfredi, delatará a este, dando lugar a una serie de trágicos acontecimientos.
En plena época de posguerra, con las heridas morales de la contienda aun sangrantes y los destrozos físicos aun presentes, el director italiano Roberto Rosselini marcó un hito en la historia del cine con este título, considerado justamente como el que sentó las bases del Neorrealismo (el precursor del moderno “Movimiento Dogma” que propugna un acercamiento del cine a la realidad huyendo de todo artificio técnico y argumental). Partiendo de un hecho real acaecido en los últimos meses de ocupación alemana, en concreto el fusilamiento de un cura por colaborar con la resistencia, Rosselini construyó una historia sencilla y sin alardes, con un estilo que muchas veces parece semidocumental por el realismo que rezuma cada plano. Especialmente destacable -y memorable, por ser un autentico icono del septimo arte- es la secuencia de la detención de Francesco y la muerte de Pina. Unas escenas magistralmente construidas, que impactan por su sobrio verismo y que ponen un nudo en la garganta por el intenso dramatismo que transmiten al espectador en cada fotograma. Puede decirse sin temor a exagerar que los gritos de Pina llamando a Francesco mientras corre tras el camión que se lleva a los detenidos saltan del celuloide y se atraviesan en el alma.
Otro aspecto destacable del film es como va mostrando el entramado de relaciones y actividades que se tejen entre los protagonistas y como se van desenvolviendo estas hacia el trágico final. A ello contribuyen unas actuaciones sobresalientes de la mayor parte del elenco de actores, que logran expresar una naturalidad pocas veces vista en pantalla, lo cual contribuye a reforzar el aspecto semidocumental del film.
En cuanto a los aspectos negativos, hay que reseñar las bastante evidentes limitaciones técnicas de que adolece el film, especialmente las deficiencias en cuanto a iluminación y fotografia, impuestas tanto por las circunstancias (prácticamente todos los estudios de Roma habían quedado destruidos, por lo que había que filmar en exteriores con luz natural) como por las limitaciones presupuestarias. Sin embargo, estos defectos, lejos de restarle calidad al film, redundan en una mayor coherencia con estilo que Rosselini imprime a su obra.
En pocas palabras, “Roma, Ciudad Abierta” constituye un título fundamental para entender una época y la misma esencia del cine. Con esta película se abrieron nuevas vías narrativas y se creó un lenguaje cinematográfico propio que inauguró una corriente cinematográfica que influyó notablemente al cine posterior, además de dejar para la posteridad algunas de las secuencias más memorables del Séptimo Arte. Un clásico imprescindible para todo buen aficionado al Cine.
Calificación: 8/10


















