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lunes, 7 de marzo de 2011

La Estrella del Norte (The North Star)

La Estrella del Norte (1943)

La historia comienza en una aldea de Ucrania llamada “Estrella del Norte”, el 21 de junio de 1941. Mientras los habitantes de la aldea disfrutan de un tranquilo día veraniego, los jóvenes Kolya (Dana Andrews) y Marina Pavlova (Anne Baxter) ultiman los planes para emprender una excursión a pie con destino a Kiev en compañía de otros tres amigos, para celebrar el fin del curso escolar. Sin embargo, al dia siguiente, su tranquilo viaje se ve truncado por la invasión alemana de la URSS. Mientras la Luftwaffe ataca las carreteras, las columnas motorizadas alemanas se dirigen rápidamente a la aldea, por lo que los hombres del lugar deciden escapar a las montañas para formar una guerrilla, mientras Kolya y Marina tratan desesperadamente de regresar a sus casas. Pronto, el pueblo es ocupado por los alemanes, que deciden instalar un hospital militar avanzado en el mismo, bajo las órdenes del Dr. Von Harden (Erich Von Stroheim) usando a los niños del lugar como donantes de sangre forzosos para los soldados alemanes heridos.

Durante el periodo comprendido entre los años 1942 y 1945, la práctica totalidad de los estudios cinematográficos de Hollywood desarrollaron una intensa campaña propagandística en apoyo de la causa aliada. En ese contexto, se produjeron decenas de films dedicados no solo a ensalzar la lucha en el frente de las tropas norteamericanas, sino también la resistencia en Europa frente al invasor nazi. Dentro de esta categoría se encuadra La Estrella del Norte, dirigida por el prestigioso realizador Lewis Milestone, un cineasta que había encontrado en el género bélico su mejor medio de expresión, especialmente desde la realización de la aclamada adaptación cinematográfica de la famosa novela de Erich Maria Remarque Sin novedad en el frente.

Sin embargo, en este caso, puede decirse que Milestone pinchó en hueso. Y desde luego, ello no puede acharcarse precisamente a la falta de medios, ya que el director contó con un reparto plagado de actores de primera fila, incluyendo a la por aquel entonces pareja de moda de Hollywood, Dana Andrews y Anne Baxter, así como al prestigioso Erich Von Stroheim en el papel de médico militar alemán. Sin embargo, las evidentes debilidades del flojo guión que Lillian Hellman escribió para la película, la lastran prácticamente desde el primer minuto de metraje. Para empezar, porque el escenario elegido para presentar a los campesinos soviéticos dispuestos desde el primer día de invasión a luchar contra los ocupantes alemanes resulta totalmente inadadecuado desde el punto de vista histórico.

No en vano, Ucrania era una de las regiones de la URSS que más había sufrido los peores excesos del régimen stalinista, unos excesos materializados en forma de detenciones y deportaciones masivas a Siberia, e incluso la muerte por hambruna de decenas miles de ucranianos debido al programa de expropiaciones agrícolas forzosas ordenado desde Moscú. Por tanto, cuando comenzó la invasión, la mayor parte de la población recibió a los alemanes como libertadores, e incluso miles de ucranianos colaboraron con las fuerzas invasoras en la lucha contra el Ejército Rojo. Por otra parte, la historia está contada más bien con poco ritmo, y la mayor parte de las escenas que transcurren en la idílica granja colectiva antes de la guerra resultan absolutamente pueriles. Tanto es así que, en los años 50 esta película fue marcada por la censura estadounidense como propaganda soviética, al mostrar un retrato demasiado amable e idealizado de la vida en la URSS bajo el régimen comunista.

Dejando de lado lo anterior, al menos hay que reconocer que en las escenas de acción se nota la mano de Milestone. Me gustaron especialmente las secuencias en las que los Stukas bombardean la aldea y en la que un avión ruso ataca una columna de Pz-II alemanes, unas escenas muy bien filmadas, empleando unos efectos visuales notables para la época. Pero aparte de esto, La Estrella del Norte tiene poco más que ofrecer. Una historia propagandística que no ha resistido nada bien el paso del tiempo. Interesante como curiosidad cinéfila, y punto.

Calificación: 4/10

12 comentarios:

Rebelde dijo...

Oh, el cine de propaganda debe ser visualizado según sus propias reglas, como el rómantico o el musical.

Me explico. Por definición es imposible reclamarle rigor histórico. (Se trata precisamente de no tenerlo) pero debe de motivar, sugestionar, entusiasmar al espectador y ganarlo para la idea que quiere vender. Si lo logra es buen cine de propaganda. No importa que defectos tenga. Si no...fracasa. Y aquí es claro que falla.

De todos modos, la historia de Ucrania se prestaba para filmes de lo más truculento, ya que los ucranianos recibieron a los nazis como libertadores... hasta que estos saquearon y oprimieron más todavía que los stalinistas y se logro el milagro de una ucrania pro sóvietica. Una historia real interesantísima y que en otro director habría dado mucho más. Lástima por partida doble.

De todos modos en Quemado por el Sol también hay muchas escenas bucólicas e ídilicas sobre la era stalinista y han sido celebradas en vez de criticadas, claro, la época no es exactamente la misma: otra reflexión interesante: como pueden cambiar las cosas en muy poco tiempo...

Von Kleist dijo...

Buenas Rebelde

Sin duda, el cine de propaganda tiene sus propias reglas, es cierto. Pero tampoco se puede "vender la burra". Porque los ucranianos colaboraron con los alemanes hasta el punto de ser guardianes de campos de concentración y ejecutar físicamente a miles de judios. Además, hay que darle un poco de equilibrio al retrato de unos y otros. En Casablanca, por ejemplo, vemos al acomodaticio funcionario de Vichy; en Esta tierra es mia, no todos los colaboracionistas son unos traidores sin moral, y ni siquiera el oficial alemán es un malvado fritz.

Eso aquí brilla por su ausencia: los ucranianos son unos patriotas sovieticos decididos a batirse el cobre desde el minuto uno. Los alemanes son unos "chupasangres" (literalmente) y asesinos de niños, aspecto este que tiene su base histórica, pero que la película desde luego no sabe hacer creible.

En cuanto a la vida en la época stalinista, puede aceptarse la existencia de cierta felicidad (no todo iban a ser gulags) pero de ahí al "paraiso proletario" que aparece en el film, media un abismo. Seguro que Stalin debió sentirse muy halagado si vio esta película.

Saludos

Rebelde dijo...

Ja, muy cierto. Pero no creo que Stalin se haya sentido halagado (tenía una piel tan dura para los halagos como para los insultos, que ya es decir) sino desconcertado al ver que los occidentales realmente se creían esa versión de la vida en Rusia.

De todos modos, insisto en que el cine de propaganda debe precisamente de "vender la burra". Comparemos con El Triunfo de la Voluntad o El Acorazado Potemkin: Se dedican precisamente a eso. Y son Obras Maestras. De las de verdad.

Otra reflexión interesante para considerar: ¿Porque en Quemado por el Sol las escenas ídilicas no desentonan y aquí chocan tanto? (Un buen ejercicio para todo buen aficionado al cine es preguntarse porqué el mismo tipo de escena que sienta tan bien en una peli puede caer tan mal en otra).

Me parece muy interesante su reflexión sobre hasta que punto un poco de veracidad puede sentarle bien este tipo de cine. Si mezclas la verdad y la mentira de una manera hábil logras que el espectador no termine de entender donde termina la una y donde empieza la otra, pero creo que en este caso la mejor arma del director es la mentira por omisión: enfatizar de forma requetecargada una parte de la realidad e ignorar (o pasar de puntillas con dos o tres escenitas ligeras) sobre la otra...

Anónimo dijo...

Hum...muy interesante la pregunta con respecto a la comparación con Quemado por el Sol. Allí las escenas se agradecen tanto como aquí molestan.

Hechando mi cuarto a espadas, yo diría que la razón estriba en que en Quemado por el Sol estamos ante el habitual recurso de mostrarnos la felicidad amenazada...intuimos de entrada que la película va a terminar mal, que al prota lo están acechando por la espalda, que esto no puede durar así, y allí es donde le econtramos el (un poco morboso, todo hay que decirlo) gusto a las escenas bonitas: porque sabemos que la historia va a terminar trágicamente.

De todos modos, hay como una ley no escrita sobre el stalinismo en todas las pelis que lo mencionan en sus orígines: que debemos partir de la supcisición de que nadie sabía lo que iva a pasar después y todo el mundo quedo sorprendido. En realidad, para todos los que conocían superficialmente el pasado político de Stalin era relativamente fácil adivinar lo que venía, y esa es la falla más gorda que le veo a Quemado por el Sol: es anacrónico pretender que la gente estuviera tan desprevenida como nos la pintan.

Von Kleist dijo...

Buenas Rebelde

Como diria el destripador, vayamos por partes. En primer lugar, buena parte de los guionistas de Hollywood de los años 40 pertenecia a lo que podriamos denominar "intelectuales de izquierda", de modo que no es de extrañar que miraran con simpatía a la URSS. E incluso que se tragaran lo del paraiso del trabajador.

La comparación con El Acorazado Potemkim no es del todo extrapolable, ya que esta era una visión heroica sobre una revolución -a priori, justa- contra un régimen despótico. Digamos que hay más "verdad" en ella. En cuanto a El Triunfo de la Voluntad, es un documental político, no lo olvidemos. No es una historia de ficción como en este caso.

De todas formas, el problema de esta película es de un guión bastante flojo. Los personajes son planos, los diálogos bastante previsibles, y el desarrollo de la trama es forzadamente épico. Milestone era un buen director, pero no estaba a la altura de Eisenstein o Riefenhstal, no nos engañemos.

Respecto a Quemado por el sol, el comentario de anónimo ha puesto el dedo en la llaga. La aparente apacible existencia del protagonista está acechada por la incertidumbre del stalinismo. Y ese es el gran mérito de la película, el de saber transmitir como bajo el régimen de Stalin, cualquiera podía ver como su suerte cambiaba de la noche a la mañana, y no precisamente para bien. Por eso tampoco admite comparación con esta película, donde todos los ucranianos son fervientes patriotas, la URSS el paraiso, y los alemanes, los malos malísimos de turno.

Saludos

miquel zueras dijo...

Vi esa película en un lugar curioso: el cine de mi cuartel en Regulares de Ceuta durante la mili. Viendo aquella cinta en blanco y negro rodeado de tíos vestidos de caqui casi me hizo sentir "transportado" a la Segunda Guerra Mundial.
La película acusa mucho el paso del tiempo. Lo mejor son los secundarios: Von Stroheim, claro, y Brennan, Walter Houston y un jovencísimo Farley Granger que trabajó con Hitchcock en "La soga" y "Extraños en un tren". Saludos. Borgo.

Von Kleist dijo...

Vaya, respecto a la audiencia del cine en el que viste la película, realmente puede decirse eso de "meterse en situación".

Muy cierto lo que dices respecto a los secundarios. Milestone pudo contar con varios de los más ilustres de la época. Fijaté que yo vi por primera vez esta película cuando la pusieron en un pase de hace unos 15 años en La 2, y el único recuerdo que tenía de ella era el de Von Stroheim en el papel de médico militar alemán, y su conversación con el patólogo ruso acerca de la ética en la medicina.

Por lo demás, veo que coincidimos. Es un título que ha envejecido mucho, y mal.

Saludos

Reblede dijo...

Pues es muy curiosa la infuencia de los intelectuales de izquierda en el cine americano. Es interesante considerar que según la ortodoxia marxista debería ser una industria dedicada a cantar las loas al capitualismo más puro y duro, ya que en definitiva eso es precisamente lo que es. En la práctica, es curioso que muchas películas se alejen de ese patrón:Ciudadano Kane, Caballero sin espada, El Candidato, Cortina de Humo, Leones por Corderos, Pelotón,y un larguisímo etc. (Incluso un republicano de línea dura como Clint hizo Banderas de Nuestros Padres). Hasta se ha criticado cruelmente a sí mismo como en El Crepúsculo de los Dioses o El Aviador entre otras. En teoría, algo que se supone que no debería de pasar en un star-system.

En esta peli una vez mas asistimos a la consecuencia de encargar un material interesante a un director capaz que no sabe aprovecharlo al máximo; porque efectivamente, Milestone era un buen director, pero no estaba a la altura de Eisenstein o Riefenhstal, para explotar propagandísticamente un caso tan problemático como el de Ucrania hacía falta alguien más grande, y sobre todo un mejor guión. La razón porque no logra vender la burra es porque le da un tratamiento muy convencional: chicos buenos contra malos sin más. Otra cosa sería si hubiera reconocido los errores del stalinismo y los hubiera contrastado con los horrores del nazismo para mostrar a los ucranianos luchando contra los nazis después de conocerlos...sería un planteamineto menos convencional pero más interesate de tratar, pero también una apuesta arriesgada que el director no quiso aceptar. Lástima, porque el tema prometía.

Anónimo dijo...

De todos modos, siempre es interesante preguntarse porque lo que funciona bien en un filme no lo hace en otro aunque los dos casos no sean comparables; suele ser el tema más interesante del cine.

Personalmente comparto la opinión de que el cine de propaganda debe ser capaz de vender la idea de turno. Ahora bien, el tratamiento convencional de ucranianos patriotas, paraíso proletario y nazis malísimos no es el camino, es claro. Se trata de un cine ya superado que además ya en aquel momento estaba quedando caduco, no digamos ahora; es inevitable que haya envejecido mal, como bien ha dicho miguel, aunque verlo en un cine lleno de uniformados es interesante.

Muy interesante lo dicho por Rebelde sobre El Crepúsculo de los Dioses e incluso El Aviador. El cine ruso (y el cine de izquierdas en general) ha hecho Grandes Obras con todas las de la ley, pero siempre ha sido totalmente incapaz de autocriticarse a sí mismo de un modo comprable a como lo ha hecho el supercapitalista star-system. Y eso que Hollywood no es la clase de industria en que se supone que deberían de desarrollarse muchos ideales de izquierda, ni mucho menos. De todos modos el cine sobre el cine (como El Aviador o El Crepúsculo) ya es un género aparte que no tiene que ver ni con el bélico ni con la propaganda. Pero me gustaría saber cuántas veces el bélico ha explotado el recurso de cine dentro del cine. ¿Sabe usted de algún caso, Herr Kleist?

Rossellini dijo...

Bueno, yo creo que El Crepúsculo le da mil vueltas a El Aviador, pero la comparación me parece justa en el contexto que se hace: porque entre las dos media la mitad de un siglo y las dos son igualmente duras con la visión que Hollywood hace de sí mismo a pesar del tiempo que ha pasado entre una y otra. No me imagino a los grandes cineastas de izquierda haciendo películas de autocrítica semejantes en donde se muestren sin piedad sus propios defectos a sí mismos y a los espectadores de una manera comparable en dureza y precisión. ¿Hay en el cine de izquierda una contraparte a filmes como esos? Sería muy interesante saberlo...

De todos modos, el cine de propaganda debe evitar el caer en planteos convencionales ya trillados si quiere vender la burra. Porque se nota el truco. Y eso es independiente de cuál sea la idea de turno que se quiera vender. Vale que puedes saltarte el rigor histórico, pero no puedes saltarte más allá de ciertos límites.

Ahora bien: hay películas que lo alteran mucho y no se nota tanto, como en Banderas de Nuestros Padres se saltan a la torera que los EUA eran casi la única nación mas o menos autosuficiente de la IIGM en cuanto a acceso a materias primas para sus insutrias, ya que no estaban ni con mucho tan quebrados como lo dicen en el principio del film y además en ese entonces no tenía importancia todavía el petróleo árabe. (anacronismos que el espectador no nota mucho).

Von Kleist dijo...

Buenas Rebelde

Yo creo que el problema casi en el 90% de los casos, es del guión. Un buen guión y unos personajes sólidos hacen mucho. Y aqui eso brilla por su ausencia. E insisto en que ambientar la historia en Ucrania me parece el peor escenario posible. Mucho más verídica era la ambientación de otra película similar producida en Hollywood, "Dias de Gloria" que describía la resistencia rusa frente a los carros de Guderian en el sector de la ciudad de Tula, al sur de Moscú. No habría estado mal lo que dices de la lucha contra los alemanes en 1942 o 43, pero en 1941resulta bastante poco creible.

Anónimo, la respuesta a porque lo que funciona en unas películas no lo hace en otras, es la que apuntaba antes. Un buen guión es la clave. Si tienes unos buenos personajes, diálogos interesantes, y una historia contada con ritmo, tienes más de la mitad del trabajo hecho. Verbigracia: Casablanca. Un fallo muy común en el cine propagandístico es demonizar al bando contrario, lo cual hace que el mensaje de propaganda sea muy evidente, y por tanto, suele conseguir el efecto contrario al que busca. Es mucho mejor ser más sútil en ese aspecto. Sobre el cine dentro del cine en el género bélico... la verdad es que no recuerdo ningún ejemplo ambientado en la II GM.

Rosselini, estoy muy de acuerdo contigo, cuando el cine de propaganda cae en los trucos fáciles de enaltecer al bando propio y demonizar al contrario, se autodestruye. Es lo que comentaba antes, mejor ser sutil en la crítica que descarado, porque entonces el mensaje propagandístico es demasiado evidente y el espectador, digamos que se "rebela", a no ser que esté muy fanatizado.

En cuando a "Banderas de nuestros padres" creo que, efectivamente, a Eastwood se le fue la mano melodramática, y desde luego exageró la mala situación de EEUU... de hecho, fueron ellos los más beneficiados por el impulso industrial que la guerra le dio a su economía.

Saludos

Reblde dijo...

Anónimo, creo que la que mas se podría acercar sería Por los Muchachos de James Caan y Bette Midler pero no es de cine sobre el cine exactamente.