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lunes, 24 de octubre de 2011

Los Jóvenes Leones (Il Grande Atacco)

Los Jóvenes Leones (1978)

La historia comienza en Berlin, en una cena celebrada con motivo de los Juegos Olímpicos de la capital alemana en 1936. A dicha cena acuden delegados de distintos países, entre los que se encuentran el estadounidense General Foster (Henry Fonda), el corresponsal de prensa británico Sean O´Hara (John Huston), y el Mayor alemán Manfred Roland (Stacy Keach). Años después, con el estallido de la guerra, los destinos de estos personajes y de sus familiares se verán progresivamente entrecruzados cuando los avatares de la contienda hacen que un hijo del general Foster, el Mayor Roland, y el corresponsal O´Hara se encuentren en Tunez durante las últimas semanas de la campaña en el Norte de África.

Los Jóvenes Leones es uno de esos films que se encuadran dentro del género que podríamos denominar Spaguetti-War, y que engloba una serie de películas bélicas producidas por los estudios italianos especialmente en la década de los años 60 y 70 del siglo pasado, al rebufo de los grandes éxitos bélicos de Hollywood. En el caso de esta película, normalmente debería haber caido en el más completo olvido, de no ser por el hecho de contar en su reparto con una curiosa mezcla de actores semidesconocidos, y estrellas de Hollywood en pleno declive, como Henry Fonda, e incluso con el mítico director John Huston, quien se puso en esta ocasión delante de las cámaras para interpretar a un veterano corresponsal de guerra, de carácter arrojado y díscolo, decidido por encima de todo a buscar la acción del campo de batalla. Un papel, por otra parte, que Huston interpreta con bastante convicción, y que es de hecho de lo mejor que ofrece este film. Además, para potenciar más el aspecto internacional del reparto, incluso se contrató a Orson Welles para que hiciera de narrador de la voz en off de la versión en inglés del film.

En cualquier caso, se nota que el presupuesto debió agotarse en pagar el caché de las viejas glorias hollywoodienses, porque lo cierto es que Los Jóvenes Leones resulta un bodrio casi absoluto. Partiendo de las historias paralelas de los personajes que se presentan en la introducción de la historia, la película va desgranando el destino de estos, a partir de una serie de “saltos” espacio-temporales, a la vez que plantea una serie de diálogos y situaciones plagados de clichés y lugares comunes. El problema es que prácticamente, no hay historia. Los constantes saltos de una línea narrativa a otra hacen que el desarrollo de los personajes resulte totalmente esquemático, y que la atención del espectador se vea muy perjudicada por esa falta de profundidad argumental. La película levanta algo el vuelo en el tercio final del metraje, cuando la acción se traslada al Norte de África, y la narración se desarrolla de una manera más continua, insertándose algunas escenas bélicas que dotan de algo de ritmo al relato. Respecto a esa parte de acción, hay que decir que las secuencias de combate son medianamente correctas, aunque el uso de abundante material moderno para recrear las batallas de blindados chirría al espectador mínimamente avezado en cuestiones técnicas. Aparte de eso, y de ocuparse de recrear la fase final de la Campaña de Tunez en 1943, la película ofrece bastante poco de interés.

En resumidas cuentas, Los Jóvenes Leones, es el típico film italiano de ciertas pretensiones, pero cuyo escaso presupuesto y deficiente guión lastran casi desde el principio. Una película cuyo principal interés radica en la curiosidad de ver a algunas estrellas de Hollywood participando en una producción europea que roza la serie B. Por lo demás es un título completamente a olvidar.

Calificación: 3/10


lunes, 17 de octubre de 2011

El Zorro de los Océanos (The Sea Chase)

El Zorro de los Océanos (1955)

La historia comienza en el puerto de Sydney, Australia, pocos días antes del estallido de la II GM. El Capitán Karl Ehrlich (John Wayne), un veterano lobo de mar de ideas antinazis, planea zarpar con su barco, el vetusto carguero Ergenstrasse, con rumbo a Alemania antes del comienzo de las hostilidades, para evitar el internamiento. A la tripulación se le unirá un inesperado pasajero, la atractiva agente del servicio secreto Elsa Keller (Lana Turner), que se había prometido al oficial británico Jeff Napier, amigo personal de Ehrlich, quien será el encargado de encabezar la búsqueda y captura del Ergenstrasse.

El Zorro de los Océanos supuso la adaptación para la gran pantalla de la novela The Sea Chase ("Persecución Marítima") del escritor Andrew Geer, la cual apareció publicada por primera vez en 1948. Sin embargo, al preparar el libreto del film, en vez de atenerse fielmente al original literario, los guionistas decidieron introducir varias modificaciones sustanciales, que perjudicaron en buena medida la esencia de la historia original. Para empezar, modificaron el personaje central, que en el libro era un duro lobo mar y un nazi convencido, convirtiéndolo en el film en un hombre de convicciones monárquicas y opuesto al régimen, sin duda para hacerlo más simpático de cara al público norteamericano, sobre todo teniendo en cuenta que el papel iba a ser encarnado por John Wayne, el american hero por excelencia de Hollywood. Además, también alteraron el personaje de la coprotagonista, la espía Elsa Keller, que en el libro era descrita de una manera mucho menos dulce de lo que aparece en el film, de modo que el peso de este personaje en la narración quedó bastante devaluado.

Pero, dejando de lado los cambios introducidos respecto a la novela de Geer, el principal problema de la película es que ninguno de los tres ejes narrativos que plantea, a saber, la acción naval, el romance y el enfrentamiento de Erlich con sus perseguidores, consigue realmente enganchar al espectador. En el apartado puramente bélico, hay que señalar que las escenas de acción son escasas, y están resueltas con unos efectos visuales más bien pobres, incluyendo un cierto abuso del recurso de mostrar la trayectoria del buque que aparece sobre impresionada en un mapa marítimo. Por otro lado, el aspecto romántico de la trama resulta bastante simplón y trillado, amén de que se nota a la legua de no existía química entre John Wayne y Lana Turner, por lo que su romance se antoja más bien forzado e inverosímil.

Y, finalmente, el aspecto dedicado a la persecución que sufre el buque de Ehrlich por parte de la Royal Navy, el típico juego del gato y el ratón que tan buenos resultados suele ofrecer en este tipo de Films, está resuelto en este caso con muy poco nervio narrativo. Tampoco la parte más típica del cine de aventuras, dedicada a la prolongada escala que hace el Ergenstrasse en la isla tropical para aprovisionarse de madera, y que ocupa bastantes minutos de la parte central de la narración, ofrece nada realmente estimulante para el espectador. Es por estas razones que la película se contempla con cierto agrado, pero también con un evidente punto de indiferencia hacia lo que ocurre en la pantalla.

En definitiva, El Zorro de los Océanos es un correcto título de aventuras marinas, que cuenta con un buen reparto, pero que resulta a todas luces bastante discreto en el aspecto narrativo. Por ello, puede considerarse como una de las películas menos memorables del gran John Wayne y una de esas historias que, sin duda, podrían haber dado mucho más de sí de haber contado con una realización más vigorosa.

Calificación: 5/10

lunes, 10 de octubre de 2011

Primera Victoria (In Harms Way)

Primera Victoria (1965)

Tras ser apartado del mando por ver como tras el ataque japonés contra Pearl Harbor su crucero era torpedeado y hundido por un submarino enemigo, el capitán Rockwell Torrey (John Wayne) es rehabilitado y ascendido a vicealmirante, recibiendo el encargo de organizar una importante operación para conquistar un grupo de islas ocupadas por los japoneses cuya captura es vital para las futuras operaciones en el Pacífico. De forma paralela, el hijo de Torrey, su novia, y el capitán Paul Eddington (Kirk Douglas) jefe de estado mayor del vicealmirante, se verán envueltos en un triángulo amoroso que traerá trágicas consecuencias para todos ellos.

El caso de Primera Victoria es el mejor ejemplo de cómo el hecho de contar para la producción de un film con un realizador de reconocido prestigio -en este caso Otto Preminger- y un reparto estelar, con actores de la talla de John Wayne, Kirk Douglas y Henry Fonda, no siempre garantiza el que se vaya a obtener una buena película. El film, que supuso la primera colaboración en pantalla de dos gigantes de la interpretación como Wayne y Douglas, se basaba en la novela homónima del escritor James Basset publicada en 1962, la cual describía una serie de operaciones en el Pacífico, que aunque eran ficticias, estaban lejanamente basadas en la Campaña de Guadalcanal y de las Salomon, que tuvo lugar entre finales de 1942 y principios de 1943. Seguramente, Basset prefirió usar elementos ficticios a la hora de describir las operaciones militares que aparecían en su libro para que estas no dejaran en segundo plano el aspecto humano de la novela, centrada en describir el perfil sicológico de sus personajes.

Al preparar el guión del film, Preminger respetó dicho aspecto del libro, sin embargo, afirmó su intención de hacer un film épico y contar una historia patriótica, que se opusiera al antibelicismo imperante en el Hollywood de la época, que Preminger calificó de “derrotismo”. Y desde luego, si esa era la intención del director, hay que decir que el resultado no fue nada satisfactorio. Wayne, aquejado de una grave enfermedad respiratoria que le hacía toser sangre, no dio lo mejor de sí mismo en el papel de Torrey, mientras que Douglas, por su parte, no simpatizó en absoluto con Preminger, cuyas maneras despóticas de dirigir a los actores no compartía. Pero el problema principal reside en un guión bastante flojo que deriva en una historia más bien folletinesca, en la que todos los personajes se ven envueltos en una madeja de relaciones personales y/o amorosas cruzadas poco creíbles.

Además, el aspecto técnico de la producción resulta asombrosamente pobre. Para recrear las escenas de acción naval se emplearon una serie de maquetas bastante burdas, combinadas con unos efectos visuales de saldo, impropios de una producción de altos vuelos, lo cual deja una inexcusable sensación de producto poco pulido para el espectador. En el apartado histórico, dejando de lado la deliberada inexactitud de los hechos que se narran, es reseñable la aparición en pantalla del superacorazado japonés Yamato, un buque que, por otra parte, nunca entró en combate naval directo contra unidades de la US Navy como aparece en el film. Además, el combate final contra el Yamato y la flota nipona, que supuestamente constituye el autentico climax narrativo del film, decepciona no solo por la pobreza de los efectos especiales, sino también por la forma brusca y chapucera en la que se resuelve la batalla naval con los navios norteamericanos.

En definitiva, entre lo poco rescatable que puede sacarse de este film, habría que mencionar la buena fotografía en B/N, el reparto, y el hecho de que, pese al carácter folletinesco de la narración, no sea una película excesivamente aburrida, si bien se hace algo larga debido a su dilatado metraje. En cualquier caso, está claro que se trata de un título a todas luces decepcionante.

Calificación: 4/10


martes, 4 de octubre de 2011

Acción en el Atlántico Norte (Action in the North Atlantic)

Acción en el Atlántico Norte (1943)

La acción nos sitúa en 1943. El Teniente Joe Rossi (Humphrey Bogart) oficial de la marina mercante y segundo del petrolero North Star verá como su buque es torpedeado por un submarino alemán y hundido en su ruta hacia el puerto de Murmansk, en la URSS. Pese al accidentado naufragio y el rescate tras permanecer varios días en el mar, Rossi no duda en volver a enrolarse en otro barco y repetir el viaje en un buque tipo Liberty que formará parte de un convoy con destino al lejano puerto ruso, al que deberán llegar siguiendo la peligrosa ruta del Atlántico Norte.

Ya hemos comentado en otras ocasiones como durante el periodo comprendido entre 1942 y 1945, los grandes estudios de Hollywood se embarcaron en una intensa campaña propagandística destinada a producir Films que sirvieran para levantar la moral del pueblo estadounidense y ensalzar la causa de los países Aliados en la contienda. Y por supuesto, las grandes estrellas de la industria cinematográfica se prestaron a protagonizar esos films de propaganda. En ese contexto se enmarca Acción en el Atlántico Norte, una película producida por la Warner Bros, y protagonizada por el gran Humphrey Bogart, quien por esas fechas también iba a participar en varios proyectos similares, como Sahara o la mítica Casablanca.

En el caso que nos ocupa, Acción en el Atlantico Norte tiene el interes de ofrecernos una perspectiva de la conocida como Batalla del Atlántico, ofrecida desde el punto de vista de las tripulaciones de la marina mercante. De hecho, el film fue originariamente concebido como un documental, pero finalmente fue producido como película comercial con la finalidad de que actuara como reclamo para estimular el enrolamiento en el servicio de la marina mercante. A tal efecto, la Warner Bros no escatimó medios para lograr que la película fuera creible, construyéndo en sus estudios unas enormes réplicas a escala real de un petrolero y de un buque tipo Liberty, las cuales iban a ser incendiadas durante el rodaje, y dándole el papel protagonista a Bogart, que había sido marino mercante en su juventud, y aceptó encantado el encargo.

En cuanto a la valoración, hay que decir que Acción en el Atlántico Norte acusa bastante el elemento coyuntural que motivó su producción y no puede decirse que haya resistido demasiado bien el paso del tiempo. Lo mejor del film radica, sin duda, en sus escenas bélicas muy bien filmadas para la época, y que combinan una serie de buenas maquetas con imágenes de combate naval sacadas de archivo. En ese sentido, el enfrentamiento del convoy con la Manada de Lobos (grupo de U-Boote que se concentraban para atacar los convoys aliados), y el enfrentamiento final con el submarino alemán condensan los mejores momentos del film. En medio, hay un interludio dedicado al periodo que los marinos pasan en tierra antes de embarcar, y que no presenta mayor interés, más allá de permitir el lucimiento de Bogart, en una secuencia que muestra el peligro de como el hablar en exceso en lugares públicos puede suponer un filón de información para el espionaje enemigo, y en la que Bogey muestra alguno de los tics de “duro” que le hicieron famoso.

En definitiva, Acción en el Atlántico Norte ofrece algunos puntos de interés desde el punto de vista bélico, pero en líneas generales resulta un título simplemente correcto, cuyo principal aliciente reside en abarcar un tema muy poco trillado por el cine de guerra, y en la siempre estimulante presencia escénica de Bogart. Pero no es una película especialmente memorable.

Calificación: 5,5/10

lunes, 26 de septiembre de 2011

El Motin del Caine (The Caine Mutinity)

El Motin del Caine (1954)

La historia nos sitúa en 1944. El dragaminas norteamericano USS Caine recibe a su nuevo comandante, el capitán Phillip Queeg (Humphrey Bogart) un hombre apegado al estricto cumplimiento de las ordenanzas navales, que pronto se granjeará la enemistad de la tripulación por su exagerado sentido de la disciplina. La actitud neurótica de Queeg llevará a uno de los oficiales del Caine, el Teniente Keefer a convencer al segundo oficial, el Teniente Maryk, de que Queeg puede padecer algún tipo de trastorno sicológico que le incapacita para ostentar el mando del buque. Por esta razón, cuando en medio de un violento tifón el capitán Queeg pierde los nervios, Maryk decide relevarlo y tomar el control del barco, lo cual le acarreará ser juzgado en un consejo de guerra por amotinamiento, siendo defendido en el curso del mismo por el Teniente Greenwald (José Ferrer).

Hay varias razones por las cuales El Motin del Caine tiene ganado un pequeño hueco en la historia dorada del Hollywood clásico. Esta película supuso la vuelta a la dirección del brillante realizador canadiense Edward Dmytryck, tras varios años apartado de la industria cinematográfica debido a su implicación en la tristemente célebre Caza de Brujas del Comité de Actividades Antiamericanas del senador McArthy. Tras su vuelta a Hollywood, Dmytryck fue llamado por el afamado productor Stanley Kramer, en la que iba a ser la última gran producción de este antes de pasarse a las tareas de dirección. Kramer había adquirido los derechos de la novela del escritor Herman Wouk titulada “The Caine Mutinity” publicada en 1951, la cual se habia alzado con el premio Pulitzer tras convertirse en un arrollador best-seller en EEUU, e inmediatamente pensó en Dmytryck para dirigir la adaptación cinematográfica, cuyo rodaje iba a tardar más de un año en comenzar debido a las reticencias del Departamento de Defensa de EEUU para respaldar la producción, aspecto que era esencial para sacar adelante el proyecto.

Finalmente, Kramer pudo convencer a los responsables de la Armada para que le prestasen su colaboración, recalcando en los títulos de crédito iniciales que la historia era ficticia y que nunca se había producido un motín en un buque de la marina estadounidense. La película se convirtió desde su estreno en un arrollador éxito en taquilla, siendo uno de los mayores éxitos comerciales de la productora Columbia, e incluso recibió 7 nominaciones a los oscars de 1955, aunque finalmente no se alzó con ninguna estatuilla. Entre los entusiastas espectadores del film se encontraba un por aquel entonces jóven británico llamado Maurice Joseph Micklewhite, quien decidió adoptar el nombre del barco como su apellido artístico, haciéndose llamar en lo sucesivo Michael Caine.

Pese a no ser una película bélica al uso -ya que las escenas de acción brillan totalmente por su ausencia- El Motin del Caine constituye un intenso ejercicio cinematográfico de crescendo narrativo hasta llegar al climax final del juicio, que supone un brillante desenlace y punto culminante de la narración. Una narración que gravita en torno a la mayestática interpretación de Humphrey Bogart como el paranoico y despótico Capitan Queeg que en una de sus más memorables citas afirma: "En este barco hay cuatro maneras de hacer las cosas: la buena, la mala, la de la Marina y la mia". En medio de ello, la película nos ofrece una interesante reflexión acerca de temas como el deber, el sentido de la obediencia o el honor, temas que se condensan a la perfección en el tercio final del metraje, dedicado a la corte marcial, y en el que brilla con luz propia la interpretación de José Ferrer en el papel de enérgico abogado de la defensa, que logra poner finalmente en evidencia a Queeg, en una secuencia memorable que, por cierto, parece que inspiró en bastante medida la también memorable secuencia de Jack Nicholson en el tribunal de Algunos hombres buenos.

Con tantos aspectos brillantes en su haber, es una pena que El Motín del Caine no llegara a la categoria de Obra Maestra, lo cual puede achacarse a varios factores. Como el propio Dymitryk reconoció años después, la primera versión del guión contemplaba un metraje de tres horas de duración en el que se desarrollaban más a fondo los personajes. Sin embargo, Kramer entendió que esta versión del libreto no era la más conveniente desde el punto de vista comercial, así que decidió acortar sensiblemente la duración e introducir una subtrama romántica que no aporta nada de interés a la historia, y que resulta más bien cargante para el espectador. Otro aspecto que le resta puntos al film radica en el tono forzadamente patriotero de algunas de las escenas, asi como un monólogo metido con calzador que pronuncia el personaje de José Ferrer tras el juicio, y la dedicatoria del film, que fue –como no podía ser de otro modo- para la US Navy. Está claro que esto puede considerarse como el peaje que hubo que pagar para contar con la colaboración de la Armada en la producción del film. 

En definitiva, El Motin del Caine es un título clásico de obligado visionado que nos regala una de las mejores interpretaciones del gran Humphrey Bogart, en la que iba a ser una de sus últimas películas. Una gran película lastrada por algunos aspectos coyunturales, pero sin duda, uno de esos Films que hay que ver al menos una vez.

Calificación: 7/10

martes, 20 de septiembre de 2011

Holocausto (Holocaust)

Holocausto (1978)

La historia comienza en Berlin en 1935, con la boda de Karl Weiss, miembro de una acaudalada familia judía de origen polaco, encabezada por el prestigioso doctor Josef Weiss, con Inga (Meryl Streep), una joven alemana de origen no hebreo. A partir de ese momento, el progresivo endurecimiento de las leyes raciales alemanas contra los ciudadanos judíos irá haciendo el ambiente cada vez más opresivo en torno a los Weiss, cuyos miembros iran viviendo en primera persona la persecución racial del gobierno de Hitler. De forma paralela, Erik Dorff (Michael Moriarty), un joven abogado en paro, de ideas apolíticas, ingresa en la SS en busca de un empleo, pero, impulsado por su ambiciosa esposa Marta, irá subiendo progresivamente en la jerarquía nazi, hasta convertirse en un colaborador directo del despiadado Heydrich en su política de exterminio del pueblo judío.

Existen varias razones por las que Holocausto puede considerarse todo un clásico dentro de las series televisivas ambientadas en la II GM. Esta miniserie, de sólo 4 capítulos, alcanzó un rotundo éxito de audiencia en EEUU cuando la cadena nacional NBC la emitió por primera vez en 1978, siendo inmediatamente exportada a decenas de países extranjeros, donde también fue muy bien recibida por el público y la crítica. Además, fue una producción ampliamente galardonada, que se hizo acreedora, entre otros premios, de 2 Globos de Oro y 8 Premios Emmy, además de lanzar al estrellato a una por aquel entonces joven Meryl Streep, en un papel de sufrida esposa que le valió para hacerse con el Emmy a la mejor interpretación femenina. Por su parte, el protagonista masculino, Michael Moriarty, se hizo con el Globo de Oro como mejor actor televisivo.

Sin duda, Holocausto es una serie que atesora no pocos méritos en su haber. Comenzando por una muy buena labor de ambientación y puesta en escena, continuando con unas interpretaciones que rayan a un alto nivel, y terminando en el ágil desarrollo de una trama argumental que abarca un dilatado periodo de tiempo, concretamente, una década. También tiene a su favor el hecho de contar el holocausto desde ambos puntos de vista, tanto el de los verdugos como el de las víctimas, lo cual resulta indudablemente enriquecedor a nivel histórico. En ese sentido, me parece especialmente fascinante el desarrollo del personaje de Erik Dorff, y como asistimos al proceso de transformación de un pacífico abogado sin ideas políticas, en un sanguinario asesino sin escrúpulos. La evolución de este personaje, que en principio ingresa en la SS únicamente movido por la necesidad de encontrar un empleo pero que poco a poco, en parte por inercia jerárquica y en parte por ambición personal, se convierte en un genocida, me parece una metáfora perfecta sobre el ascenso del nazismo en Alemania y como explicar el que una nación culta y civilizada como la alemana se viera inmersa en los horripilantes crímenes nazis.

Por otro lado, también es de recibo destacar el amplio periodo histórico que abarca la serie, comenzando por el inicio del acoso racial contra los judíos, y que abarca la violencia de la Noche de los Cristales Rotos, el inicio de las deportaciones masivas, los campos de concentración, matanzas organizadas como la de Babi Yar en Ucrania, o la gestación de la denominada “Solución Final”, hasta el final de la guerra. Sin duda, es una serie a tener en cuenta por su amplitud de miras, que quizás se traduce en una cierta concisión a la hora de abordar algunos hechos, pero que sin duda merece la pena ver y recordar, tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta. Una producción muy esmerada, de esas que merece la pena volver a ver cada cierto tiempo.

Calificación: 7,5/10


miércoles, 14 de septiembre de 2011

Doce del Patíbulo, la Serie (Dirty Dozen - The Series)

Doce del Patibulo - Serie TV (1988)

El Teniente Danko, un duro oficial especializado en operaciones especiales, recibe el encargo de adiestrar a un grupo de díscolos soldados sancionados por motivos disciplinarios para realizar misiones de alto riesgo tras las lineas alemanas. Cada uno de estos hombres es un especialista en distintos campos, el experto en demoliciones Lebec, el actor Farrell, el espía Zeke, o el falsificador Dylan Leeds. Al frente de su equipo, Danko realizará una serie de peligrosas misiones en distintos puntos de Europa, de vital importancia para el curso de la guerra.

Dos décadas después del estreno de la exitosa Doce del Patíbulo, la división televisiva de la productora MGM quiso retomar la historia original del film, para producir una serie de televisión que desarrollara las distintas misiones encomendadas al comando de “The Dirty Dozen”. En principio, iba a tratarse de una serie de varias temporadas, cada una de las cuales debía constar de 13 capítulos de una hora de duración. Sin embargo, el estreno de la serie no consiguió la cuota de pantalla esperada, y como los índices de audiencia de los siguientes capítulos fueron bastante malos, la serie fue cancelada tras haberse emitido únicamente 8 episodios de la primera temporada.

Y lo cierto es que esta versión de Doce del Patíbulo es el mejor ejemplo de cómo una buena película no siempre sirve de inspiración para crear una buena serie. En el caso que nos ocupa, el primer gran fallo reside en los personajes, cuyas identidades se cambiaron respecto a la película, (imagino que para evitar comparaciones con el fabuloso reparto de esta) y que en la serie quedaron bastante desdibujados, de forma que los miembros del comando quedan reducidos a un grupo de soldados especialistas en distintas materias, pero sin que ninguno de ellos destile, ni de lejos, el carisma de los personajes originales del film de 1967, lo cual constituyó, sin duda, un serio handicap de la serie respecto a la película.

Además, el hecho de que se eligieran para los papeles protagonistas a toda una serie de actores desconocidos de segunda y tercera fila tampoco ayudó mucho a elevar el interés del público potencial. Pero, aparte de esto, el otro gran problema de la serie radica en unos guiones tópicos, que desarrollaban unas tramas excesivamente trilladas y más bien inverosímiles. En otros casos, los episodios de la serie plagiaban descaradamente éxitos del cine bélico como Ha llegado el Águila, cuyo argumento es calcado en el capítulo en que un comando de paracaidistas alemanes es lanzado sobre Irlanda para asesinar a Eisenhower durante un permiso de Ike. El único capítulo que me causó buena impresión es el que muestra como un falso Montgomery suplanta al famoso mariscal británico para dar caza a un comando de asesinos del servicio secreto alemán. Pero por lo demás, y quitando la correcta ambientación y aseada puesta en escena, lo cierto es que esta versión televisiva de Doce del Patíbulo no pasa de mediocre, en el mejor de los casos.

En definitiva, hay que concluir que la versión televisiva de Doce del Patíbulo, es un producto fallido que solo merece la pena recordar como curiosidad y poco más. Para los fans de la película original que esperaban encontrar en la serie parte de la magia del film supuso sin duda una gran decepción, y el público en general se encargó pronto de darle la espalda. Una serie sin duda decepcionante.

Calificación: 4/10

viernes, 9 de septiembre de 2011

Allo, Allo

Allo, Allo (1982-1992)

En el pequeño pueblo de Nouvion, en la Francia ocupada, el modesto Café Rene, regentado por René Artois (Gorden Kaye) se convierte en el centro de una intensa actividad. Mientras que René intenta contemporizar con los alemanes, convertidos en sus mejores clientes tras la ocupación, y la Resistencia, el Coronel Von Shtrom, comandante de la guarnición alemana, le obliga a ocultar en su local un tesoro artístico buscado tanto por los ocupantes como por la Resistencia, el cuadro de Van Clomp "La Virgen Caída" que se convertirá en el centro de una serie de tramas e intrigas cómicas. Todo se complicará aun más con la llegada de dos pilotos británicos derribados, que la resistencia ocultará en el establecimiento de René, y la del agente de la Gestapo Otto Flick, enviado especialmente desde Berlin para localizar el cuadro de Van Clomp.

Allo, Allo fue una exitosa comedia de situación británica, ambientada en la Francia ocupada durante la II GM, que fue emitida por la BBC a lo largo de 9 temporadas, entre 1982 y 1992. Cada temporada contaba con entre 6 y 8 episodios, de unos 30 minutos de duración, a excepción de la 5ª que contó con 13, y la 7ª que constó de 10 capitulos. El origen de esta telecomedia es un tanto curioso, puesto que Allo, Allo vino a ser una especie de “spin off” o derivación cómica de Secret Army ("Ejercito Secreto") una serie emitida por la BBC entre 1977 y 1979, ambientada en un café regentado por un miembro de la resistencia belga. De hecho, algunos de los interpretes de Secret Army, también iban a aparecer (si bien en un rol cómico) en Allo, Allo.

En cuanto a la valoración, hay que decir que Allo, Allo puede considerarse una de las mejores sitcom británicas del siglo pasado. Con unas tramas tremendamente entretenidas, que mezclaban a la perfección los elementos narrativos típicos de las sitcom, con gags cómicos en la mejor tradición del vodevil, e incluso algunas gotas del cine de espionaje clásico, por supuesto, en clave de comedía, la serie mantuvo un nivel de amenidad y calidad bastante alto a lo largo de sus cinco primeras temporadas en pantalla. A partir de la sexta temporada, sin embargo, cambió el equipo de guionistas y el productor de la serie, resultando que la calidad de los capítulos de las sucesivas temporadas comenzó a decaer de manera bastante acusada, algo que vino dado también por el hecho de que, tras cinco años de emisión, era inevitable que se produjera cierto agotamiento en las tramas y personajes. Pese a ello, la serie aguantó otras tres temporadas más en antena, hasta su finalización en 1992.

De entre los mejores aspectos de Allo, Allo, yo citaría principalmente tres. En primer lugar, el excelente trabajo de los actores del reparto, encabezados por Gorden Kaye, que realmente borda el papel de acomodaticio, mujeriego y oportunista dueño del Café, René Artois, muy bien secundado por unos actores secundarios con gran vis cómica como Richard Gibson, inolvidable en su papel de arquetípico agente de la Gestapo, Otto Flick; o el veterano Jack Haig, el entrañable Monsieur Leclerc, cuyo fallecimiento, en 1989 hizo bajar muchos enteros la serie. También es reseñable la innegable comicidad de muchas situaciones repetidas, como por ejemplo, las torpezas linguísticas del falso gendarme francés Crabtree (especialmente graciosas en la V.O. en inglés), las explicaciones de René a su sufrida mujer Fanny, cuando esta le descubre repetidamente flirteando con las camareras, o los equívocos escarceos amorosos del homosexual teniente Gruber con René. Finalmente, hay que reseñar la buena labor de puesta en escena y ambientación de la serie, que le da un cierto aire intemporal, realzado por la melancólica melodía que, a modo de banda sonora, abría y cerraba cada episodio.

En definitiva, Allo, Allo es una de esas telecomedias que no importa volver a ver una vez pasados los años desde su primera emisión ya que mantiene intacta su comicidad y el encanto original de sus personajes. Muy recomendable para todo aquel que tenga curiosidad por descubrirla o por volverla a rememorar.

Calificación: 7,5/10

jueves, 1 de septiembre de 2011

La Fuga de Colditz (Colditz)

La Fuga de Colditz (1972-74)

La historia comienza en 1940, tras la evacuación de Dunkerke. Tras ser señalados como problemáticos por sus repetidos intentos de fuga, varios prisioneros aliados son enviados al campo Oflag IVC, más conocido como la Fortaleza de Colditz, considerada por los alemanes a prueba de evasiones. Alli llegan, entre otros, el Capitán Pat Grant, uno de los primeros oficiales británicos capturados en Dunkerke, el teniente de la RAF Simon Carter, El teniente de la Marina Real Dick Player, y el norteamericano enrolado en la RAF Phil Carrington. Poco después se les une el inteligente y reflexivo Coronel Preston, el oficial de mayor graduación del campo, que será el encargado de coordinar los distintos planes de fuga que los prisioneros van ideando para escapar de Colditz. Mientras tanto, el comandante alemán del campo, el comandante Karl, y su segundo, el eficiente capitán Franz Ulmann, tratarán de adelantarse a las intenciones y planes de sus escurridizos prisioneros.

La Fuga de Colditz fue una serie para la televisión producida conjuntamente por la BBC británica en colaboración con los estudios Universal, basada en las memorias del Mayor Pat Reid, un prisionero de guerra británico que logró fugarse de Colditz. La historia ya había sido llevada a la gran pantalla en 1955 con un film titulado The Colditz Story (La historia de Colditz) pero dada la densidad argumental que ofrecían las memorias de Reid, la BBC se animó a realizar una serie que recreara las experiencias de los prisioneros aliados recluidos en Colditz, que abarcara desde su captura hasta el final de la guerra. La serie, emitida por la BBC a lo largo de dos temporadas entre 1972 y 1974, constaba de 28 episodios de unos 50 minutos de duración, y fue emitida en España a mediados de los años 80 logrando unos muy buenos índices de audiencia. Además, fue una de las primeras series televisivas en explotar el fenómeno de la mercadotecnia, ya que dio lugar a un juego de tablero, que logró una gran difusión por aquella época en España y en el mercado anglosajón.

En cuanto a la valoración, no es aventurado afirmar que La Fuga de Colditz es una de las mejores series que se han hecho ambientadas en la II GM. Tras dedicar los 4 primeros episodios a la presentación de los principales personajes: El Capitán Grant (personaje basado en Pat Reid, que actuó además como asesor técnico de la serie), el Teniente Cole, el teniente Player y el norteamericano Carrington, la serie nos sumerge de lleno en una densa trama de intentos de fuga, todos los cuales serán cuidadosamente planeados, pero que siempre se verán enfrentados a las dificultades, imprevistos y a la astucia del capitán Ulmann. Además, la serie tiene el mérito añadido de no solo quedarse en describir los planes de evasión, sino que ahonda inteligentemente en el perfil sicólogico de los distintos personajes. En ese aspecto es igualmente de agradecer el retrato bastante equilibrado que se ofrece de los alemanes y en especial del comandante del campo, un hombre defensor de los valores morales, justo y equilibrado en sus juicios, y que incluso tratará de proteger a los prisioneros frente a los intentos de la Gestapo por hacerse con el control de Colditz.

En el apartado narrativo, el ritmo de todos los episodios es bastante alto y logra captar la atención del espectador gracias al ágil desarrollo de unas tramas en las que no faltan elementos de tensión, suspense e incluso algunas notas de humor, por lo cual, valorada en su conjunto tenemos una serie muy estimable. Otro aspecto reseñable es el las interpretaciones, que resultan muy creibles gracias al buen hacer de los actores principales del reparto, formado por un conjunto de intérpretes con una sólida trayectoria en el cine y la TV, que logran componer unos personajes muy sólidos y creibles en sus respectivos papeles.

Entre los aspectos menos pulidos de la producción yo destacaría dos. Por un lado, pese a que se nota la esmerada labor de producción y ambientación para reflejar la época de la II GM, los decorados interiores de Colditz resultan un poco acartonados vistos hoy día; y en segundo lugar, hay algunas transiciones entre los intentos de fuga y la captura de los fugados que resultan algo bruscas, echándose en falta en algunos momentos un punto mayor de continuidad en la narración, y también entre los distintos capítulos.

Pese a lo anterior, solo cabe concluir que La Fuga de Colditz es una muy estimable -y por momentos, brillante- serie que logra meter al espectador de lleno en sus tramas y realmente consigue entretener mostrando el desarrollo de los distintos intentos de evasión de los prisioneros y las vicisitudes que estos viven durante su reclusión en Colditz. Una serie con el típico sello de calidad de las producciones televisivas británicas de la época, cuyo visionado o revisionado recomiendo a todo aquel amante de las buenas series.

Calificación: 7,5/10

lunes, 22 de agosto de 2011

Age of Heroes

Age of Heroes (2011)

Tras ser enviado a una prision militar por enfrentarse a un superior durante la campaña de Francia, el Sargento Rains logra escapar del presidio uniéndose a una unidad de comandos. Dicha unidad, mandada por el comandante Ian Fleming, recibe el encargo de adiestrarse para una peligrosa misión denominada en clave Operación Grendel. Esta tiene como objetivo lanzar al comando en paracaídas sobre territorio noruego para atacar una estación de radar alemana y hacerse con la tecnología de un nuevo tipo de radar enemigo. La misión pronto se complica cuando, poco después del aterrizaje del grupo de Rains en Noruega, un despiadado pelotón de la SS comienza a seguir muy de cerca los pasos del comando británico.

Age of Heroes es una muy reciente producción independiente británica de bajo presupuesto, con un guión lejanamente basado en las experiencias del famoso escritor Ian Fleming (el autor de los libros de la saga James Bond) como comandante del servicio de inteligencia británico durante la guerra. Y digo lejanamente porque, más que inspirarse en una operación real, la película es un refrito construido sobre la base de los hechos que rodearon a la Operación Biting, (una operación de comandos en la costa francesa que tuvo como objetivo apoderarse del radar Wurzburg aleman) junto con bastantes referencias tomadas de las películas clásicas de comandos como Doce del Patíbulo, El Desafio de las Águilas…etc. También en este caso tenemos la típica historia de “Comando formado por hombres intrépidos enviados a una peligrosa misión tras las líneas enemigas, cuyo éxito es vital para el curso de la guerra”, y los personajes de rigor: el suboficial díscolo pero valiente, el miembro del comando patoso, el veterano y duro jefe del grupo, etc. Tampoco falta, para completar la trama, el grupo de nazis sádicos y fanáticos de la SS dispuestos a dar caza al comando enemigo al precio que sea.

Pero si la veracidad histórica de la película es bastante tenue, tampoco la mejora el desarrollo de la trama. Como apuntaba, esta es básicamente un refrito de títulos anteriores, desarrollada de una forma totalmente lineal y tópica, con unos diálogos que suenan a mil veces oidos con anterioridad, y unos personajes que se antojan planos y trillados. En el apartado interpretativo hay que decir que el reparto, formado en su totalidad por actores de segunda fila, como era de esperar, no brilla en absoluto ni logra que alguno de los personajes destaque, aunque esto es más debido a las evidentes limitaciones del guión que a cuestiones interpretativas. Entre los aspectos que se pueden salvar de la quema, yo destacaría por encima de todos la correcta ambientación y puesta en escena, si bien esto es lo mínimo que puede pedírsele a una producción tan reciente.

En definitiva, Age of Heroes puede suponer un entretenimiento pasable para los aficionados al cine bélico en general y a las películas de comandos en particular, pero la verdad es que flojea en demasiados aspectos como para darle el aprobado. Un film que acusa excesivamente sus limitaciones presupuestarias y una historia demasiado tópica como para aportar algo nuevo a estas alturas.

Calificación: 3,5/10

viernes, 29 de julio de 2011

Los Juicios de Nuremberg (Nuremberg)

Los Juicios de Nuremberg (2000)

Tras el fin de la II GM y la derrota de la Alemania Nazi, los principales dirigentes del III Reich, con Hermann Goering (Brian Cox) a la cabeza son capturados por los aliados y enviados a la prisión de Nuremberg, para ser sometidos a juicio por crímenes de guerra y contra la humanidad. El fiscal jefe del proceso, el norteamericano Robert Jackson (Alec Baldwin), ayudado por su asistente Elsie Douglas y el psicólogo Gustav Gilbert (Matt Craven) serán los encargados de encabezar la acusación contra los procesados, y en especial contra la astuta defensa adoptada por Göring frente a las acusaciones.

Esta producción televisiva, coproducida entre estudios de EEUU y Canada, reconstruye -mediante un formato a medio camino entre el telefilm y el docudrama-, el episodio histórico de los célebres Procesos de Nuremberg, un conjunto de juicios que se siguieron en dicha ciudad alemana contra los integrantes de la cúpula dirigente del III Reich entre 1945 y 1946. Con un guión basado en un libro de John E. Persico titulado “Nuremberg Infamy on Trial” ("Nuremberg: La infamia procesada"), el film reconstruye los principales episodios que rodearon el juicio seguido contra los principales responsables de la mayor destrucción sufrida por Europa y el mundo en toda la Historia de la humanidad. Un tema, por cierto, que ya había sido abordado en el clásico de 1961 Vencedores o Vencidos, si bien esta última no trataba sobre el proceso principal contra los dirigentes nazis.

En el caso que nos ocupa, Los Juicios de Nuremberg tiene varios elementos bastante atractivos para el espectador. En primer lugar es destacable la buena labor de ambientación y puesta en escena, así como la fidelidad histórica con la que se reproducen las sesionas del juicio. También acierta el guión al centrarse en el duelo dialéctico y de personalidades que se establece entre el fiscal Jackson y Hermann Goering, quien pronto se erige en el principal cabecilla de los acusados, y el más peligroso de ellos, tanto por su inteligencia y como por su ascendiente moral sobre el resto de encausados. Eso, únido a la brillante actuación de un Brian Cox, (de lejos, el más entonado del reparto) metido de lleno en el personaje del Reichsmarshall alemán, Göring, condesan los aspectos más destacables del film. Una interpretación, por cierto, que le valió al actor para hacerse con un merecido Premio Emmy a la mejor interpretación masculina en un papel secundario en la edicion de dichos premios correspondiente al año 2001.

Por lo demás, Los Juicios de Nuremberg no ofrece nada especialmente novedoso o destacable. Se limita a contar la historia del juicio desde una perspectiva más bien lineal, que no llega a transcender más allá de los hechos históricos ya sobradamente conocidos por el público mínimamente instruido en ellos. Quizás en ese sentido se echa de menos algo más de profundidad a la hora de analizar las motivaciones de los dirigentes nazis y las causas que llevaron a una nación civilizada como Alemania a ir directa a la hecatombe.

En definitiva, Los Juicios de Nuremberg es una pulcra producción televisiva, con elementos típicos del thriller judicial, que se sigue con interés por parte del espectador aficionado a los temas históricos. Quizás en el plano narrativo podría haber ofrecido algún aspecto más estimulante, pero en lineas generales entretiene contando con fidelidad los hechos que relata. Un telefilm no especialmente brillante, pero sí recomendable.

Calificación: 6/10

miércoles, 20 de julio de 2011

Dos mujeres (La Ciociara)

Dos mujeres (1960)

Italia, 1943. Ante el recrudecimiento de los bombardeos aliados sobre Roma, la atractiva Cesira (Sophia Loren) decide abandonar el pequeño comercio que regenta y emigrar al sur del país en compañía de su hija adolescente Rosetta para proteger a esta de los peligros de la guerra. Tras un largo viaje, madre e hija van a refugiarse en la casa de campo de unos parientes residentes en Santa Eufemia, un pequeño pueblo de los montes de la Ciociaria. Alli, Cesira trabará amistad con Michele (Jean Paul Belmondo), un joven intelectual antifascista que quiere unirse a los partisanos y que tratará de hacer partícipe a Cesira de sus ideas. Pese a que en principio la vida en el campo resulta plácida y tranquila, el avance de los frentes de batalla colocará a madre e hija en el centro de los combates.

Dos mujeres supuso el decimocuarto largometraje del famoso realizador italiano Vittorio de Sica, asi como una de sus más exitosas colaboraciones con la actriz Sophia Loren, que por aquel entonces contaba con 25 años de edad, pero que ya era una de las grandes estrellas del cine italiano. Curiosamente, la primera elección para el papel protagonista recayó sobre Ana Magnani, pero cuando esta declinó aceptarlo debido a una enfermedad, el productor Carlo Ponti, a la sazón pareja sentimental de Loren, logró que le dieran el papel a esta. El guión del film adaptaba el texto la novela “La ciociara” publicada en 1957, y que narraba una historia de tintes autobiográficos basada en las experiencias personales del escritor italiano Alberto Moravia durante la guerra. La película supuso el salto definitivo al estrellato internacional de Sophia Loren, quien se hizo acreedora del Oscar a la mejor actriz por su papel en la película, siendo esta la única vez que la estrella italiana lo conseguiría en su carrera, y la única ocasión en que se ha obtenido dicha estatuilla por un papel no interpretado en inglés en su V.O.

Siguiendo la línea marcada por el cine neorralista de Rosselini, Dos mujeres aborda el relato desde un prisma altamente realista, centrando la narración en las visicitudes y penalidades que sufre la población civil (italiana en este caso) atrapada entre los bandos contendientes en el conflicto. El tono empleado por De Sica para contar la historia es claramente costumbrista, presentando una serie de personajes y situaciones arquetípicos que se articulan para denunciar la crueldad y el dolor que lleva aparejados toda guerra. Es de agradecer, no obstante, que la película no caiga en el recurso del dramatismo fácil ni en la demonización de uno de los bandos. Antes al contrario, los personajes (incluidos los alemanes) son presentados desde una perspectiva bastante equilibrada, que escapa de los tópicos de rigor y que evita en todo moemento la contraposición de los "buenos" frente a los "malos". Tanto es asi que este film es uno de los escasos testimonios cinematográficos existentes sobre un crimen de guerra cometido por tropas aliadas contra la población civil, concretamente la oleada de violaciones que desataron los soldados coloniales franceses (los Goumiers) entre las mujeres italianas que cayeron en sus manos. Episodio este, el de la violación, que opera como intenso climax dramático de la narración, a la vez que sirve para poner de manifiesto la desolación y desprotección de los seres más débiles (la mujer y su hija) enfrentados al sinsentido de una guerra que no hace distinciones a la hora de esparcir la destrucción y el dolor allá por donde pasa. Todo ello realzado por el sobrio realismo de una elegante fotografía en B/N que contribuye a dotar de un mayor grado de veracidad a la narración.

Pero por encima de todo, la película se apoya, además de en unos diálogos ágiles e interesantes, en la notable interpretación de su pareja protagonista. En ese sentido, Sophia Loren ofrece una de sus mejores interpretaciones en el papel de Cesira, una mujer sensual, pero a la vez racial y de carácter, empeñada en proteger a su hija por encima de todas las adversidades, que finalmente se verá desbordada por los acontecimientos. Por su parte, un jóven Jean Paul Belmondo ofrece igualmente una sólida interpretación dando vida al joven de altos ideales e inconformista, que se verá irresistiblemente atraído por la sensualidad de Cesira.

En definitiva, Dos mujeres ofrece un más que interesante relato sobre la vida y visicitudes de la población civil en tiempos de guerra, a la vez que dibuja un contundente alegato antibélico que denuncia la sinrazón de todo conflicto bélico. Una película de personajes y con matices apreciables, ágilmente narrada, que construye una historia sobria, honesta y sincera, quizás algo falta de ritmo en alguno de sus tramos, pero bastante interesante en líneas generales. Una de esas películas que decididamente merece al menos un visionado.

Calificación: 7/10

martes, 5 de julio de 2011

La Condición Humana (III): La Plegaria del Soldado (Ningen no joken III)

La condicion humana (III). La plegaria del soldado (1961)

Tras ver como su unidad era aniquilada por los tanques rusos, Kaji en compañía de los otros dos únicos supervivientes, emprende un largo camino a pie a través de Manchuria para tratar de volver a territorio amigo. En su andadura, Kaji será testigo de toda una serie de desastres de la guerra, encontrándose por el camino a civiles desplazados y hambrientos, mujeres violadas por los rusos y aldeas devastadas por la guerra. Pero, a pesar de las dificultades, el hambre y las privaciones, el deseo de Kaji por reunirse con su mujer le impulsará a seguir adelante.

Con La Plegaria del Soldado Masaki Kobayashi ponía el broche final a su trilogía sobre La Condicion Humana, contando en esta ocasión una historia centrada en describir las penalidades materiales y humanas que toda guerra lleva aparejadas, y en especial para los individuos del bando derrotado. En muchos sentidos, puede afirmarse que esta tercera entrega es la película más completa de la trilogía, estando dividida en dos partes claramente diferenciadas. La primera, que narra los desesperados intentos de Kaji por volver a territorio amigo para buscar a su esposa, se caracteriza por el uso de unos encuadres inusuales, los monólogos interiores explicitados a través de una voz en off que nos narra los pensamientos de los protagonistas, e incluso algunos flashbacks que nos retrotraen a las dos primeras entregas de la trilogía. En el curso de su larga caminata, Kaji se verá obligado a matar y robar para sobrevivir, además de enfrentarse a los soldados rusos, los guerrilleros chinos e incluso a sus propios compañeros japoneses. En ese sentido, la película pinta un cuadro absolutamente realista, a la vez que desolador, sobre las secuelas de la guerra y como esta es capaz de avivar los peores sentimientos de los seres humanos.

De este modo, el viaje de Kaji se convierte en un auténtico proceso de desengaño moral para el protagonista, obligado a renunciar a sus propias convicciones pacifistas, y a enfrentarse a su pérdida de fe en los ideales comunistas (cuando descubre que los soldados del Ejército Rojo están violando a las mujeres japonesas) y en la propia naturaleza humana en general. Esta primera parte, narrada con notable ritmo y plena de matices narrativos, condensa a mi modo de ver lo mejor de las tres películas, logrando que el espectador realmente se haga partícipe de la bajada a los infiernos del protagonista. Sin embargo, en su segunda mitad, la que nos muestra las vivencias de Kaji como prisionero de guerra, el relato vira hacia esquemas más clásicos y trillados, mostrando en cierta medida como el protagonista vive en primera persona las penalidades que él mismo había tratado de evitar para los prisioneros chinos en la primera entrega de la trilogía. Pero en esa parte el relato adolece nuevamente de mostrar unas situaciones y diálogos redundantes y que se alargan en exceso, con lo que el ritmo narrativo decae bastante en ese tramo del metraje, sin que levante el vuelo hasta muy el final, cuando la historia enlaza con el trágico desenlace del periplo de Kaji en busca de su esposa Michiko.

En cualquier caso, hay que concluir que La Plegaria del Soldado es en muchos aspectos la mejor entrega de la trilogía de Kobayashi, y un dignísimo cierre de la misma. Una película indispensable, sobre todo por su excelente primera parte, que supone toda una lección de cine, con mayúsculas. Un título que pone el mejor broche posible a una trilogía de excelente ambientación, montaje y guión, y que sin duda es de indispensable visionado para los buenos aficionados al cine.

Calificación: 7,5/10

jueves, 16 de junio de 2011

La Condición Humana (II): El Camino a la Eternidad (Ningen no joken II)

La condicion humana (II): El Camino a la Eternidad (1959)

Tras verse expulsado de la empresa minera donde trabajaba por haber intentado proteger a los prisioneros chinos, Kaji es reclutado por el ejército y enviado a un campo de entrenamiento para recibir la instrucción como soldado de infantería. Pese a sus ideas pacifistas, Kaji se mostrará como un recluta ejemplar, si bien pronto chocará con sus superiores debido a la brutalidad del trato que de los veteranos reciben muchos de los reclutas, en especial el soldado más débil del grupo, que acabará suicidándose por los continuos desprecios que recibe. Esto hará que Kaji, ya ascendido a cabo, se enfrente decididamente a los métodos de adiestramiento empleados por los suboficiales con los reclutas novatos.

Tras denunciar en No hay amor más grande la brutalidad de ocupación japonesa de Manchuria, Masaki Kobayashi dedicó esta segunda parte de su trilogía sobre La condición humana, a la crítica del militarismo, los abusos de poder dentro del ejército, y el deliberado proceso de deshumanización al que se ve sometido el recluta por parte de sus superiores. Algunos críticos han señalado –bastante atinadamente, a mi modo de ver- que muchas de las escenas de este film fueron aprovechadas por Stanley Kubrick para recrear las escenas que transcurren en el campo de entrenamiento de La Chaqueta Metálica. Y lo cierto es que las similitudes son bastante acusadas, especialmente en lo tocante al destino del “recluta patoso” de turno.

En cualquier caso, esta segunda parte de la trilogía mantiene el tono claramente humanista y antibelicista de la primera entrega, centrándose ahora en la denuncia de las maldades del ejército como una organización inhumana, brutal, y cruel, donde la dignidad de las personas es dejada de lado con demasiada frecuencia. En ese sentido, lo mejor del film radica en sus primer tercio de metraje, que muestra el adiestramiento de Kaji, sus problemas con los compañeros que sospechan de sus ideales pacifistas, y las humillaciones que reciben los reclutas de parte de los veteranos. Sin embargo, la película peca del mismo gran defecto de la primera parte: le falta capacidad de síntesis, y en demasiadas ocasiones ofrece secuencias reiterativas. En ese aspecto, hay que decir que el ritmo de la narración resulta menos sostenido que en No hay amor más grande, lo cual redunda en que la parte central de la narración se haga especialmente lenta para el espectador. Afortunadamente, la historia remonta el vuelo al llegar a la parte bélica, que se condensa en la última media hora del film, y que muestra el enfrentamiento de los japoneses con las divisiones blindadas rusas en la frontera de Manchuria y como la unidad de Kaji es aniquilada por los tanques soviéticos. Unas escenas de acción no especialmente espectaculares, pero filmadas con solvencia, que sirven para cerrar esta segunda entrega de la trilogía.

En definitiva El Camino a la Eternidad, ofrece nuevamente bastantes destellos de buen cine, si bien resulta algo inferior –especialmente en cuanto ritmo narrativo- a No hay amor más grande. Pese a ello, es una más que digna continuación de la trilogía, que sirve además para abordar un escenario bélico muy poco tratado en el cine como es el de la Ofensiva sovietica en Manchuria en 1945. Un interesante alegato antibélico que claramente sirvió de inspiración para bastantes de las secuencias de La Chaqueta Metálica.

Calificación: 7/10

miércoles, 8 de junio de 2011

La Condición Humana (I): No hay amor más grande (Ningen no joken I)

La condición humana (I): No hay amor más grande (1959)

La historia comienza en Manchuria durante los primeros meses de la II GM. El jóven Kaji, empleado de una empresa japonesa dedicada a la explotación de los recursos minerales chinos, acepta ser enviado junto a su esposa Michiko a una remota ciudad del interior del país para mejorar la productividad de los trabajadores chinos, a cambio de evitar la llamada a filas. Una vez alli, los intentos del idealista Kaji por mejorar las penosas condiciones de trabajo de los prisioneros chinos chocarán una y otra vez con la crueldad del supervisor Okazaki, empeñado en hacer trabajar a sus operarios en unas condiciones infrahumanas.

En 1959, solo 14 años después de la finalización de la contienda mundial, el realizador japonés Masaki Kobayashi comenzaba con No hay amor más grande, su trilogía, basada en una novela homónima de Gomikawa Junpei, sobre La Condición Humana, una vasta obra cinematográfica dividida en 6 partes y 3 películas de más de 3 horas de duración, que reflexionaba sobre la actitud nipona ante el conflicto. La obra de Kobayashi puede considerarse todo un hito dentro del cine nipón ya que, lejos de caer en los vicios auto exculpatorios y el maniqueismo típico del cine japonés sobre la II GM, abordó sin contemplaciones y bajo un prisma claramente antimilitarista, la brutalidad de la que hicieron gala los japoneses durante la guerra. No en vano, Kobayashi había servido en el ejército imperial, por lo que conocía de primera mano las atrocidades cometidas por las fuerzas niponas durante el conflicto bélico.

En ese sentido, puede decirse que el aspecto más destacable de la obra de Kobayashi es la total honestidad y realismo que adopta el guión a la hora de abordar la historia. Señas de identidad que ya son claramente perceptibles en esta primera parte, dedicada a la denuncia de los abusos cometidos por los ocupantes japoneses en China. Y ello aderezado con una puesta en escena sobresaliente (atención a escenas como la llegada a la estación ferroviaria de los 600 prisioneros chinos hacinados en vagones de tren), y unas muy buenas interpretaciones de su elenco de actores, destacando especialmente la intensidad que el protagonista Tatsuya Nakadai consigue transmitir a su personaje, el idealista Kaji, en su cruzada contra la crueldad y sinrazón de sus superiores. También es reseñable que, pese al hecho de superar las 3 horas de duración, el ritmo de la narración es bastante intenso, de modo que el interés del espectador nunca llega a decaer, lo cual es bastante meritorio tratandose de una película de tan dilatado metraje.

No obstante, el film también adolece de algunos defectos que impiden que pueda considerarse una auténtica obra maestra. En primer lugar, pese a lo sostenido del ritmo narrativo, a la historia le falta capacidad de elipsis. Hay demasiadas escenas que podrían haberse acortado, y que pierden fuerza dramática precisamente por alargarse en exceso. A esto hay que añadirle el hecho de que el desarrollo de la mayor parte de los personajes secundarios es bastante pobre, pese a que el metraje daba para un mayor juego de estos. De haberse pulido más estos aspectos, indudablemente la trilogía de Kobayashi habría pasado a la historia del Séptimo Arte como una de las grandes obras antibélicas de todos los tiempos.

En cualquier caso, no cabe duda que esta primera parte de La Condición Humana es una de esas películas que en inglés se denominan must see. Un film de obligado visionado que sorprende por su dureza, honestidad y realismo. Una de las mejores películas del cine japonés.

Calificación: 7,5/10

lunes, 23 de mayo de 2011

Ispansi (Españoles)

Ispansi (Españoles) (2011)

La historia comienza en Moscú en el invierno de 1941. Mientras los alemanes avanzan sobre la capital rusa, en un tren encargado de evacuar de la ciudad a un grupo de niños y refugiados españoles coinciden Paula (Esther Regina), hija de una acaudalada familia madrileña conservadora, huida a Moscú para acompañar a su hijo ilégitimo tras robar la identidad de una republicana muerta; y Pablo (Carlos Iglesias) comunista y antiguo comisario político exiliado tras la derrota republicana. Tras varias peripecias en su largo viaje hacia zonas del interior de la URSS, surgirá entre Paula y Pablo un apasionado romance.

Tras el éxito comercial obtenido con su primera película como director, Un Franco, catorce pesetas, el cineasta español Carlos Iglesias quiso tratar en su segundo film detrás de las cámaras otra historia relacionada con el pasado reciente de la historia de España. Concretamente, en este segundo film, Iglesias abordó la historia de los denominados “Niños de la Guerra”, unos 3.000 niños españoles que, entre 1937 y 1938 fueron evacuados de la zona republicana y enviados a la Unión Soviética para garantizar su seguridad mientras durara la contienda civil. Y lo cierto es que, a priori, la película tenia bastantes aspectos atractivos en su haber, especialmente por el hecho de tratar un tema poco trillado en el cine patrio, además de contar con un generoso presupuesto –para los estándares de las producciones españolas- de 4 millones de Euros.

Sin embargo, una vez visionado el film, hay que concluir que el resultado final de Ispansi resulta mediocre en el mejor de los casos, y ello por varias razones. En primer lugar, porque desde el primer momento queda en evidencia que el tema de los Niños de la Guerra es una mera excusa argumental que el guionista usa para hablar de la génesis de la Guerra Civil y del enfrentamiento entre las “Dos Españas”, personificadas en sus protagonistas. En ese sentido, da la impresión de que el guión pretende abarcar demasiados temas, sin desarrollar adecuadamente ninguno, por lo que el desarrollo de la historia resulta más bien insulso, y lastrado además por el recurso de una cansina voz en off que introduce las reflexiones del protagonista. De este modo, las experiencias y penalidades que viven los protagonistas en su largo y accidentado viaje a lo ancho de la URSS, pasan por la pantalla con más pena que gloria, sin que la película logre nunca emocionar al espectador, ni levantar realmente el vuelo a lo largo de sus casi dos horas de duración.

Otro aspecto claramente deficiente radica en la elección del reparto. La interpretación de Carlos Iglesias en el papel de Álvaro resulta demasiado sobreactuada y poco creíble, mientras que la de la protagonista femenina Esther Regina no pasa de discreta en un personaje que requería unas mayores dotes interpretativas. Con todo no pueden negarse algunos méritos (sobre todo técnicos) del film, en especial en lo tocante a la más que correcta ambientación y a la notable fotografía. Sin embargo, ello no es suficiente para salvar a la película del naufragio, no solo artístico sino también comercial, ya que la recaudación de Ispansi en taquilla apenas dio para recuperar una ínfima parte de su presupuesto.

En resumidas cuentas Ispansi es el típìco ejemplo de una película que no sabe desarrollar la buena historia de base que toma como punto de partida. Sin duda hay que agradecerle a Carlos Iglesias su interés en abordar un tema histórico bastante relevante y su esfuerzo por ofrecer una producción española de factura visual más que digna. Sin embargo, al realizador español le ha faltado pulir bastante más los otros aspectos de la película, por lo que al final la historia se queda en agua de borrajas. Una película que tiene su punto de interés para los aficionados al cine histórico pero que en general, decepciona en cuanto a calidad cinematográfica.

Calificación 4/10

lunes, 16 de mayo de 2011

Esperanza y Gloria (Hope and Glory)

Esperanza y Gloria (1987)

Inglaterra, 1940. La tranquila vida del niño Bill Rowan (Sebastian Rice Edwards), hijo de una familia de clase media residente en un suburbio de Londres, se verá radicalmente alterada por el estallido de la guerra y el posterior el inicio de los bombardeos alemanes contra la ciudad. Mientras el padre de la familia se alista en el ejército, para Bill, la ciudad semiderruida se convierte en un apasionante mundo de aventuras y novedades que explorar con sus ojos de niño.

Diecinueve años después de haberse encargado de la dirección de Infierno en el Pacifico, el realizador británico John Boorman retomó el tema de la II GM para abordar este relato, de tintes semibiográficos basados en la infancia del director, sobre las vivencias de una familia inglesa de clase media durante el blitz de bombardeos alemanes de 1940. La película tuvo un notable éxito de público y crítica en la época de su estreno, recibiendo nada menos que 6 nominaciones a los Oscars, si bien finalmente no logró alzarse con ninguna de las estatuillas para las que había sido nominada.

Y ciertamente, visionando el film da la impresión de que Esperanza y Gloria estuvo un punto sobrevalorada en su momento. Se nota que Boorman quiso hacer una especie de remake actualizado de La Señora Miniver, con algunas escenas prácticamente plagiadas del clásico de William Wyller (por ejemplo, la del piloto alemán derribado) aportando otras sacadas de su cosecha personal. Tampoco falta el tono de comedia ligera que impregna buena parte de la narración, salpicada con una variedad de anécdotas que vive el protagonista en sus andanzas por los barrios londinenses, resueltas con irregular pulso y desigual fortuna. Pero el mayor problema de la película radica en el hecho de que la historia que nos cuenta resulta, en demasiados aspectos, insustancial y por momentos aburrida. Además, al contrario de lo que ocurría con La Señora Miniver, la película carece de la motivación propagandística y de la emotividad de algunas de sus escenas, por lo cual el conjunto resulta bastante desangelado. Con todo, hay que reconocer que tiene algún momento inspirado, especialmente la secuencia en la que los niños del barrio estallan en vítores al comprobar que su escuela ha sido destruida por un bombardeo. Pero, como apuntaba antes, en líneas generales la historia se diluye en contar una serie de anécdotas sin demasiada sustancia, y se echa claramente en falta la presencia un mayor calado dramático en más de un momento de la narración.

Entre los aspectos a destacar, pueden citarse la correcta ambientación de los escenarios londinenses de la época, la banda sonora y la buena interpretación del niño protagonista. Por lo demás, Esperanza y Gloria se queda en agua de borrajas. Un relato que, como recuerdo nostálgico de la niñez en tiempos de guerra, está muy lejos de títulos similares como Adios, muchachos; y que como comedia con tintes trágicos no termina de carburar en ningún momento. En definitiva, Esperanza y Gloria es una de esas películas de correcta factura que pueden verse una vez, pero que no invitan a repetir visionado.

Calificación: 5,5/10

martes, 10 de mayo de 2011

En el límite del amor (The edge of love)

En el limite del Amor (2008)

Londres, 1940. Mientras los bombardeos alemanes arrasan la ciudad, el poeta Dylan Thomas (Matthew Rhys), se reencuentra casualmente con Vera Phillips (Keira Knightley) su novia de la adolescencia. El reencuentro hará que renazca la atracción entre ambos, pero su relación se hace imposible cuando Caitlin (Sienna Miller), la esposa de Dylan, acude a Londres para reunirse con su marido, lo cual no impedirá que ambas mujeres se hagan amigas y compartan una intensa relación emotiva con el poeta. Cuando los bombardeos alemanes sobre la ciudad arrecian, los tres deciden mudarse a vivir juntos a la finca que Dylan posee en Gales, donde inevitablemente surgirán las tensiones entre ellos.

En el límite del amor supuso un acercamiento biográfico a la figura del famoso poeta galés Dylan Thomas, uno de los dramaturgos británicos más celebres del S. XX, que durante los años de la contienda se convirtió en una de las voces más populares de la BBC gracias a sus intervenciones radiadas para la nación. Basándose en este personaje, el film nos ofrece una narración centrada en su trayectoria vital durante los años de la guerra, así como en su tormentosa vida personal y amorosa. Lo mas atractivo del film radica en su reparto, especialmente en sus protagonistas femeninas, Keira Knightley interpretando nuevamente un papel de época, en un registro muy parecido al ya ofrecido por la actriz en Expiación, compartiendo el protagonismo con una convincente Sienna Miller, que da vida a la alocada esposa de Thomas. Ambas ofrecen lo mejor de un relato que comienza con fuerza en sus veinte primeros minutos de metraje, mostrando el reencuentro de Vera con su amor de adolescencia, y la bohemia personalidad del poeta, que lleva una existencia desordenada y plagada de excesos alcohólicos. Lamentablemente, prácticamente en esos aspectos se acaban las cualidades del film.

El resto de la película ofrece mayormente una amalgama de pretenciosas citas poéticas que el personaje de Thomas pronuncia a veces sin venir a cuento, junto con una desvaida y tópica a más no poder historia del triangulo amoroso que se establece entre los tres personajes protagonistas, sazonada con algunas escenas bélicas sin sustancia. El resultado final es que las dos horas de metraje no solo no logran transmitir el lirismo que pretenden, sino que además aburren mortalmente en más de un momento. Y eso es algo que ni el buen trabajo de las actrices principales, ni los destacables aspectos técnicos del film –en especial, la ambientación y la fotografía- puden compensar.

En definitiva, En el límite del amor constituye un notable ejercicio técnico y visual por parte de su realizador, John Marbury, pero es un título que finalmente ofrece muy poco debido a las debilidades de un guión muy poco consistente, y a una historia pretendidamente profunda, que al final peca de ser excesivamente superficial. Una pena que el talento de sus protagonistas se haya desperdiciado de esta manera, porque se trataba de una historia que podría haber ofrecido mucho más. Una película pasable, en el mejor de los casos.

Calificación: 4/10

martes, 3 de mayo de 2011

El hombre que nunca existió (The man who never was)

El hombre que nunca existió (1956)

La historia comienza en el verano de 1943. Tras la caida del norte de Africa en manos aliadas, el alto mando planea la invasión de Sicilia. Paralelamente los servicios de inteligencia británicos tratan de engañar al espionaje alemán acerca de las futuras operaciones militares en el Mediterraneo. Entre los planes propuestos, el Comandante Montagu (Clifton Webb) de la inteligencia naval, idea hacer llegar a los alemanes unos planes falsos de invasión de Grecia y Cerdeña, usando un hombre muerto arrojado al mar, un plan que recibirá el nombre clave de Operación Mincemeat.

En 1953 aparecia publicado en Gran Bretaña un libro titulado The man who never was, escrito por el antiguo oficial de la inteligencia naval Ewen Montagu. En dicho libro, Montagu describía los hechos históricos que rodearon a la Operación Mincemeat (“carne picada”), una de las más estrambóticas operaciones de engaño estratégico organizadas por el servicio secreto británico durante la guerra. El comandante Montagu pensó certeramente que si el cuerpo de un falso oficial británico, portando documentos de alto secreto, aparecía en las costas de Huelva, los agentes locales del Abwerh alemán se harían con una copia de los mismos y los trasladarian al Alto Mando, así que se hizo todo lo posible por dotar de credibilidad a la historia del cadáver. A tal efecto, se creó una identidad ficticia, la del Mayor William Martin, dotándolo de documentos de identidad, cartas de alto secreto, recibos de lavandería e incluso una carta de amor de una falsa prometida. El plan fue todo un éxito, y tras recibir la información falsa proporcionada por Mincemeat, Hitler ordenó el desvío de importantes contingentes navales y terrestres a Grecia, asegurando de este modo el éxito de la Operación Husky.

Naturalmente, esta era una de esas historias de espionaje que se prestaba a ser llevada al cine. En lineas generales la película respetó lo esencial de los hechos históricos, si bien se tomaron algunas licencias. En la película se muestra que el cadáver usado fue el de un hombre escocés al que vela su padre tras morir de neumonía, pero en realidad la identidad del cuerpo era la de un vagabundo galés llamado Glydwr Michael, huerfano de padre y madre, que se había suicidado a principios de 1943.

Además, los guionistas también optaron por dotar de mayor dramatismo a la historia real, incluyendo la historia ficticia de un espía alemán enviado a Londres para comprobar la veracidad de la identidad y de la historia del Mayor Martin. Aunque realmente es de agradecer que se hiciera así, ya que esa parte de la trama contribuye a levantar el vuelo de una narración que peca de ser excesivamente académica y quizás algo plana en su primera mitad de metraje. Por lo demás, la película presenta la típica corrección formal y visual del cine británico, un guión que consigue crear un aceptable ritmo narrativo, y unas buenas interpretaciones de los actores protagonistas, Clifton Webb y Stephen Boyd.

En resumidas cuentas, El hombre que nunca existió ofrece un interesante relato de espionaje, además de describir con fidelidad histórica una de las operaciones de engaño estratégico más existosas de la II GM. Pese a tratarse de una historia a la que quizás podría habersele sacado más jugo con una realización más vigorosa, es uno de esos relatos que a buen seguro agradarán a los aficionados a este tipo de cine. Un título que merece la pena visionar.

Calificación: 6/10