The Brest Fortress (2010)
La historia comienza el 21 de junio de 1941. Una calurosa tarde de verano, el joven cadete Alexander Afimov, integrante de la banda de música militar de la guarnición de Brest, disfruta de la apacible vida del acuartelamiento. Sin embargo, solo un día más tarde, los alemanes atacan por sorpresa, cercando la ciudadela de Brest, e iniciando un intenso asalto que choca con la encarnizada defensa de los soldados rusos. Durante los días siguientes, Afimov será testigo de excepción de la heroica resistencia de la posición frente al ataque enemigo, una defensa liderada por tres oficiales: el comandante Pyotr Gavrilov, el comisario Efim Fomin, y el teniente Andrey Kizhevatov, decididos a enfrentarse a los alemanes hasta el último aliento.
El cerco de la fortaleza de Brest fue uno de los combates más encarnizados de los que se libraron durante la fase inicial de la Operación Barbarroja, la invasión de la URSS por parte de la Werhmacht alemana. La ciudadela de Brest era una antigua fortificación rusa del S. XIX situada a orillas del Rio Bug, que ya había sido ocupada por los alemanes tras la invasión de Polonia en 1939, pero que volvió a manos rusas en virtud de los términos del pacto Molotov – Ribbentrop para la partición del territorio polaco. En 1941, dicha posición, situada en el eje de avance del Grupo de Ejércitos Centro, era uno de los objetivos fronterizos claves de Barbarroja. Al comienzo de la invasión alemana, la guarnición de la ciudadela ascendía a unos 3.500 hombres entre soldados, guardias fronterizos y miembros del NKVD.
Los alemanes pensaron que podrían capturar la posición rápidamente, pero el asalto inicial fue rechazado por la encarnizada resistencia de los defensores, bien atrincherados tras los espesos muros de las fortificaciones. Al final, la ciudadela resistió durante 8 días el asedio (del 22 al 30 de junio de 1941) y su captura le costó a la Werhmacht unas 1.500 bajas entre muertos y heridos, amén de tener que recurrir al apoyo intensivo de la Luftwaffe para reducir a los tenaces defensores rusos. De este modo, el asedio de Brest se convirtió en paradigma de la resistencia del Ejército Rojo durante las primeras semanas de la guerra, razon por la que en 1965 el gobierno soviético decidió otorgarle a la ciudadela el nombre honorífico de “Fortaleza Heroica”, creando en el lugar un museo memorial dedicado a los defensores de Brest. El proyecto de llevar la historia del cerco de Brest al cine ha contado con un presupuesto de 7 millones de dólares, y se ha financiado gracias a la coproducción entre estudios de Rusia y Bielorrusia, con una importante participación de la televisión pública bielorrusa, que aportó la mayor parte del dinero necesario para el rodaje.
Los alemanes pensaron que podrían capturar la posición rápidamente, pero el asalto inicial fue rechazado por la encarnizada resistencia de los defensores, bien atrincherados tras los espesos muros de las fortificaciones. Al final, la ciudadela resistió durante 8 días el asedio (del 22 al 30 de junio de 1941) y su captura le costó a la Werhmacht unas 1.500 bajas entre muertos y heridos, amén de tener que recurrir al apoyo intensivo de la Luftwaffe para reducir a los tenaces defensores rusos. De este modo, el asedio de Brest se convirtió en paradigma de la resistencia del Ejército Rojo durante las primeras semanas de la guerra, razon por la que en 1965 el gobierno soviético decidió otorgarle a la ciudadela el nombre honorífico de “Fortaleza Heroica”, creando en el lugar un museo memorial dedicado a los defensores de Brest. El proyecto de llevar la historia del cerco de Brest al cine ha contado con un presupuesto de 7 millones de dólares, y se ha financiado gracias a la coproducción entre estudios de Rusia y Bielorrusia, con una importante participación de la televisión pública bielorrusa, que aportó la mayor parte del dinero necesario para el rodaje.
Naturalmente, The Brest Fortress viene a rescatar la memoria y a rendir homenaje al valor de los defensores de la fortaleza, la mayoría de los cuales murieron en combate o fueron capturados por los nazis tras la rendición de la misma. La película arranca mostrando una excelente puesta en escena, en la que destaca la esmerada reconstrucción de los escenarios tanto exteriores como interiores, una muy cuidada ambientación, y un perfecto atrezzo militar, que incluye la aparición de varios carros alemanes Panzer III que parecen auténticos tanques de la II GM. Además, también hay que reseñar la soberbia calidad de la fotografía, que viene redondear el sobresaliente nivel del apartado técnico del film.
Sin embargo, entrando a valorar el aspecto narrativo, no puede decirse que el desarrollo de la historia raye al mismo nivel que los aspectos técnicos. Y ello porque la película adopta desde el primer momento un tono clara e inequívocamente patriótico a la hora de relatar los hechos, dejando poco lugar a la interpretación del espectador: esta es una historia de “buenos” (los rusos) frente a los malos (los alemanes). Personalmente eché en falta alguna mención de la perspectiva de la batalla desde el otro bando, aun cuando fuera con carácter secundario, pero que viniera a completar el punto de vista soviético sobre la batalla.
Por otra parte, la película desde luego no adolece de falta de acción, ya que más de tres cuartas partes de su metraje se dedican a mostrar escenas de acción y combates, con breves interludios entre ellas. Pero por esa misma razón, la parte discursiva queda en un muy segundo plano, y el desarrollo de los personajes centrales resulta más bien esquemático. En cuanto a las actuaciones, hay que decir que los intérpretes cumplen sin grandes alardes en sus respectivos papeles, que por otra parte, son más bien estereotipados y tampoco dejaban demasiado lugar al lucimiento de los actores. No obstante, hay que reconocer que la escenas de acción están en general muy bien filmadas, con el sello visual hiperrealista que viene siendo habitual en las más recientes producciones bélicas, lo cual compensa en parte el tono excesivamente patriotero de la historia y la falta de equilibrio existente entre la parte discursiva y la parte bélica del film.
En conclusión, The Brest Fortress es un título que ofrece unas muy interesantes escenas bélicas de notable factura visual. Sin embargo, desde el punto de vista narrativo, recurre a fórmulas y posiciones ya muy superadas en la actualidad. Pese a ello, a buen seguro agradará a los aficionados al cine bélico por su buen hacer en el apartado técnico y por rememorar una de las grandes batallas de la II GM.

















