BIENVENIDO

Gracias por visitar este Blog.

Se pueden publicar comentarios en cualquier reseña. Para consultar reseñas antiguas, solo tienes que pinchar en "Listado Alfábetico de las películas del Blog".

Todos los comentarios serán contestados. Para plantear dudas, sugerencias o cuestiones puedes enviar un e-mail a: sgmcine@hotmail.com

Actualmente hay 375 reseñas publicadas.

viernes, 25 de febrero de 2011

Un condenado a muerte se ha escapado (Un condamné à mort s'est échappé)

Un condenado a muerte se ha escapado (1956)

La historia comienza en abril de 1943. El jóven teniente Fontaine (François Letterier), miembro de la Resistencia, es capturado por los alemanes y, tras un fallido intento de fuga, queda recluido en la prisión de Fort Montluc. Desde el momento de su llegada a la prisión, encerrado en una minúscula celda, Fontaine comienza a planear su fuga, plan que se ve favorecido cuando es trasladado de celda a una situada en un piso superior de la prisión, cuya puerta de madera Fontaine comienza a perforar poco a poco, calculando minuciosamente a partir de ese momento todos sus pasos para consumar su huida de la prisión.

Al igual que hicieron otros cineastas franceses tras la finalización de la contienda mundial, el director Robert Bresson, dedicó un film al movimiento clandestino de la Resistencia contra la ocupación. Bresson elaboró el guión de la película a partir del relato autobiográfico homónimo de Andre Devigny, un miembro de la Resistencia capturado por los alemanes en abril de 1943, que tras ser enviado a la prisión de Montluc y sufrir torturas a manos del tristemente famoso jefe de la Gestapo Klaus Barbie, logró evadirse en compañía de otro recluso antes de que se ejecutara su condena a muerte, prevista para unos días más tarde. La historia de esta audaz y exitosa evasión atrajo la atención de Bresson, y decidió llevarla a la gran pantalla, siendo el segundo título dentro de su denominada “Trilogía de la Soledad”. Fiel a su manual de estilo, el realizador insistió en lograr el mayor realismo posible. De este modo, el rodaje tuvo lugar en la misma prisión de Montcluc donde se desarrollaron los hechos, y el propio Devigny le prestó al director los utensilios reales que había empleado en su fuga. Además, para conseguir una mayor veracidad, y como era norma habitual en sus películas, a la hora de elegir el reparto, Bresson recurrió a un casting de actores desconocidos, unos intérpretes anónimos que reforzaran la sensación de realismo de la historia.

En cuanto a la valoración, hay que decir que Un condenado a muerte se ha escapado, supone todo un brillante ejercicio de estilo visual y narrativo por parte de Bresson. Estamos ante la historia de, lisa y llanamente, un plan de fuga. Una idea de partida sencilla que Bresson sabe llevar mucho más allá gracias a su maestría visual, que nos muestra la minuciosa concepción y preparación del plan de fuga que Fontaine pretende llevar a cabo. A la vez, y gracias al uso de unos muy estudiados planos cortos y cerrados, el film logra trasladarle al espectador la claustrofóbica sensación de soledad que el protagonista experimenta encerrado en su celda.

Una sensación perfectamente narrada a lo largo de unos ajustados 95 minutos de metraje, que en conjunción con el uso que el director hace de las elipsis visuales, y los efectos de sonido, (que incluyen conversaciones a media voz, pisadas que se alejan, y ruidos en la galeria de celdas) logran meter al espectador en situación. Todo ello contribuye a crear un crescendo narrativo que alcanza su climax en unos veinte minutos finales plenos de intensidad dramática que muestran la ejecución de la fuga y que realmente mantienen en vilo al espectador, gracias a la maestria con la que Bresson combina tensión y angustia, sensaciones que se transmiten en gran medida al espectador gracias al inteligente uso de la acción y los sonidos que ocurren fuera de plano.

Entre los aspectos menos positivos, personalmente eché en falta algo más de desarrollo del personaje de Fontaine; así como cierta tendencia al esquematismo en los diálogos y los personajes secundarios, aunque sea comprensible que el director optara por esto,  dada la deliberada sobriedad que adopta la narración. En cualquier caso, hay que concluir que “Un condenado a muerte se ha escapado” es una película visualmente soberbia y muy intensa en el plano narrativo. Una buena historia de base, muy bien contada, y que recomiendo ver a todo el que no haya tenido la oportunidad de hacerlo.

Calificación: 7/10

viernes, 18 de febrero de 2011

Calle Madeleine número 13 (13 Rue Madeleine)

Calle Madeleine, número 13 (1947)

El oficial del OSS Bob Sharkey (James Cagney) recibe el encargo de adiestrar a un nuevo grupo de aspirantes a espías, el grupo 077. Cuando los aspirantes llegan al centro de entrenamiento, Sharkey recibe el aviso de sus superiores que uno de ellos es un agente alemán infiltrado. Pronto Sharkey descubre que este es Bill O´Connel (Richard Conte), en realidad un agente del Abwerh llamado Kuncel, pero decide seguir adelante con su entrenamiento para suministrarle a los alemanes información falsa a través de el. Sin embargo, cuando Lassiter es lanzado en paracaídas sobre Europa, mata a un agente y logra evadirse, poniendo en peligro toda la misión de espionaje organizada por el OSS en la costa francesa antes del Dia D.

Calle Madeleine número 13 es una película un tanto atípica, ya que rinde homenaje a los combatientes invisibles de la contienda mundial, los agentes de espionaje. En este caso, el director Henry Hathaway se inspiró parcialmente en la historia del director del OSS William Donovan, y del agente de inteligencia Peter Ortiz, que actuó como asesor histórico de la producción, para crear este intenso thriller de espionaje, ambientado en los meses anteriores al desembarco en Normandia. Como por aquel entonces las actividades e incluso la existencia de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) seguían siendo materia reservada, la productora recibió el aviso del gobierno de EEUU de que no mencionara al OSS en la película, omisión que se cumplió a la hora de preparar el guión del film, que en ningún momento menciona dichas siglas.

Entrado a valorar la película, hay que decir en primer lugar que se nota que se trata de un relato que bebe de fuentes muy cercanas a los hechos que narra. El realismo del film es absoluto, hasta el punto de que describe con un tono que por momentos parece casi documental, el entrenamiento de los agentes, su preparación para todo tipo de misiones secretas y las interioridades del mundo del espionaje. Un realismo que se ve reforzado por el hecho de que, como el mismo prólogo indica, la filmación tuvo lugar en las localizaciones reales que aparecen en la película. Con un ritmo bastante vivo, la película desgrana el doble juego entre los servicios de espionaje, cuando descubren que Lassiter es en realidad un agente enemigo, y como tratan de utilizarlo para desinformar al servicio de inteligencia alemán.

Me gustó especialmente el personaje de Sharkey, muy bien interpretado por James Cagney, y como este insiste en la necesidad de dejar de lado las consideraciones morales, afirmando que “En el espionaje, la única lealtad consiste en cumplir la misión, al precio que sea necesario”. Además las secuencias del entrenamiento, las peleas, e incluso los diálogos rezuman realismo, y por supuesto huyen de la heroicidad gratuita. De este modo, los espías son entrenados para mentir, robar y matar cuanto sea necesario, y se enfrentan al enemigo en una lucha a vida o muerte donde cualquier error se paga con la propia vida.

En conclusión, Calle Madeleine número 13, ofrece un más interesante relato acerca de las operaciones secretas del OSS durante la II GM. Es un título relativamente desconocido, pero que sorprende por sus elevadas dosis de realismo, su intenso ritmo narrativo, y la muy creíble atmósfera que logra crear para que el espectador se introduzca en la trama. De las mejores películas de espionaje que he visto.

Calificación: 7/10

domingo, 13 de febrero de 2011

Esta tierra es mia (This land is mine)


Esta tierra es mia (1943)

La historia nos sitúa en “algún lugar de Europa” (aunque se sobreentiende que es Francia) en 1941. La ocupación alemana somete a la población civil a privaciones de alimentos y a la pérdida de todas las libertades civiles. En medio de ese ambiente, Albert Lory (Charles Laugthon) un maestro de escuela de mediana edad, mediocre, acobardado y con un claro complejo de Edipo debido a la sobreprotección de su madre viuda, se enamora de la atractiva Louise Martin (Maureen O’Hara) una maestra de su misma escuela que además es su vecina. La anodina vida de Lory se verá complicada cuando la Resistencia comete varios actos de sabotaje, implicando a Paul, el hermano de Louise, lo que provocará que el comandante alemán de la zona, el Mayor Von Keller (Walter Slezack), comience a tomar rehenes entre la población, incluyendo al director del colegio, el Profesor Sorel, un convencido opositor antinazi.

Al hablar sobre su carrera cinematográfica en una entrevista concedida en los años 50, el director francés Jean Renoir, reconoció que no se sentía especialmente orgulloso de su película “Esta tierra es mia”, a la cual se refirió como “Mi propia proganda”. No en vano, Renoir, que había escapado de Francia tras la invasión alemana, tenía razones sobradas para dirigir una película propagandística contra la ocupación nazi, proyecto que pudo llevar a cabo en Hollywood, siendo financiado por la productora RKO. El estudió prestó su total respaldo al proyecto, de modo que Renoir pudo contar con dos estrellas consagradas como Charles Laughton y Maureen O´Hara para encarnar los papeles protagonistas. La película se estrenó además masivamente en los cines de EEUU en mayo de 1943, siendo muy bien acogida por un público en plena efervescencia patriótica, y que por aquel entonces se mostraba muy receptivo a este tipo de cine propagandístico.

Entrando a analizar el film, personalmente entiendo que Renoir no sintiera especial predilección por esta película de su filmografía. Y eso que no puede negarse que la película presenta algunos aspectos muy destacables, comenzando por las buenas interpretaciones del reparto, pasando por algunas secuencias memorables (como la de la angustia de Lory durante el bombardeo) y terminando en un emotivo desenlace. Sin embargo, personalmente encuentro que el aspecto evidentemente coyuntural de la trama no ha resistido del todo bien el paso del tiempo. Un aspecto que sí me gustó es el retrato que se hace de los alemanes a través del Mayor Von Keller, un retrato sorprendentemente equilibrado para la época. De este modo, Keller no es el típico oficial malvado y fanático, sino que aparece retratado como un hombre práctico, que incluso trata de evitar represalias innecesarias contra la población civil, una humanización del enemigo que es muy enriquecedora.

No obstante, en líneas generales, al conjunto de la narración le faltan unas mayores dosis de ritmo y de intensidad dramática. Además, hay algunos giros de los personajes que no resultan muy creíbles, especialmente la transmutación final del acobardado profesor Lory en un valiente y decidido opositor a los ocupantes. En ese sentido, suele recordarse de este film el monólogo que Lory pronuncia durante su juicio, en el que además de denunciar la hipocresía de los comerciantes que se enriquecen gracias a la guerra y el mercado negro, pronuncia un apasionado alegato en defensa del sabotaje y de la resistencia activa contra la ocupación. Un monólogo que muchos consideran memorable, pero que a mi me pareció un tanto forzado, amén de poco creible. Personalmente, encuentro mucho más emocionante la escena final, en la que Lory lee a sus alumnos varios artículos de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, antes de ser detenido por los alemanes; una escena que condensa a la perfección el mensaje de la película.

En conclusión, pese a no tratarse de una de las mejores películas propagandísticas made in Hollywood, Esta tierra es mía sí que ofrece varios aspectos cinematográficos dignos de estima, aparte del carisma interpretativo del gran Charles Laughton. Un clásico que, pese a no ser de todo redondo, merece la pena ver.

Calificación: 6/10

jueves, 10 de febrero de 2011

Los verdugos tambien mueren (Hangmen also die)

Los verdugos también mueren (1943)

Praga, mayo de 1942. Tras el asesinato del Reichsprotektor de Bohemia-Moravia, Heydrich, apodado el “El Verdugo”, a manos de la resistencia checa,  el Doctor Svoboda (Brian Donlevy), autor del crimen, trata de huir desesperadamente de la policía alemana, consiguiéndolo finalmente gracias a la ayuda de una desconocida, Nasha Novotny (Anna Lee), quien envía a sus perseguidores en otra dirección. Tras una angustiosa huida, Svoboda se refugia finalmente en casa de la familia Novotny con nombre falso. Mientras la Gestapo, con el inteligente inspector Alois Gruber (Granach Alexander) a la cabeza, busca por toda Praga al autor del asesinato, las fuerzas de ocupación comienzan a tomar rehenes entre la población de la ciudad, incluyendo al padre de Nasha, con la amenaza de fusilarlos si no aparece el responsable de la muerte de Heydrich.

En 1933 Joseph Goebbels, Ministro de propaganda del Reich, le propuso a Fritz Lang, el director de la mítica Metropolis, presidir los estudios de la UFA, la productora estatal alemana. La respuesta de Lang, cuyas ideas eran radicalmente opuestas al nazismo, fue huir precipitadamente de Alemania, primero a Francia, y finalmente con destino a EEUU, a donde llegó en 1936, iniciando en tierras americanas la segunda etapa de su carrera cinematográfica. En este caso, Los verdugos también mueren supuso el séptimo largometraje realizado por Lang en Hollywood, llevando a la pantalla una historia apócrifa basada en la muerte del Reichsprotektor Reinhard Heydrich, mortalmente herido en Praga el 27 de mayo de 1942, tras un atentado ejecutado por agentes checos del Servicio Secreto Británico. Puesto que los detalles del asesinato de Heydrich no se conocían cuando se rodó el film, Lang tomó como punto de partida el mismo para construir una historia ficticia que homenajeara a la resistencia antinazi en Europa. El guión fue elaborador por otro alemán emigrado, el famoso dramaturgo Berltolt Brecht, junto con el guionista John Wexley, en la que supuso la única colaboración acreditada de Bretch en una película de Hollywood.

Los verdugos también mueren puede considerarse una de las mejores películas antinazis producidas durante la contienda. La mano de Lang se nota desde el primer minuto (atención a la secuencia que abre el film, con un Heydrich absolutamente amenazante dirigiéndose a una audiencia de personalidades) y consigue dotar al relato de una atmósfera inquietante y opresiva, construida en torno a unos personajes que se mueven en el filo de la navaja. Además, Lang consigue ir bastante más allá del simple vehículo de propaganda, y en cambio, ofrece un relato que combina elementos típicos de cine negro, thriller policiaco, y denuncia política. El film, además constituye todo un alegato en defensa de las libertades individuales y una sentida reivindicación de la dignidad del pueblo frente a los opresores y las injusticias. Todo ello narrado en pantalla con el indiscutible sello visual de Lang, con el uso de planos y enfoques que muestran las raíces expresionistas del realizador austriaco. Por ponerle algún “pero” quizás podría señalarse el punto relativamente artificioso que adquiere la trama cuando los miembros de la resistencia intentan implicar al traidor Czaka en el asesinato, un aspecto de la trama que no me pareció muy creíble, aunque encaje bien en el posterior desenlace de la misma.

En el apartado interpretativo, destacan por encima de todo las actuaciones de Granach Alexander, encarnando al astuto y avispado inspector de la Gestapo Gruber, (para mi gusto, el mejor personaje de la película) y Gene Lockhart que da vida al empresario cervecero Czaka, el traidor de la resistencia.

En resumidas cuentas, Los verdugos también mueren es una película muy estimable dentro de la filmografia del gran Fritz Lang. Sin llegar a ser una Obra Maestra, ni tampoco uno de los trabajos más sobresalientes de su director, sí es uno de esos títulos cuya maestria visual y narrativa hacen que el paso de los años no le afecten, pudiendo ser disfrutados por espectadores de cualquier época. Una película definitivamente muy recomendable.

Calificación: 7/10

lunes, 7 de febrero de 2011

Kukushka

Kukushka (2002)

La historia comienza en el frente de Laponia, en Septiembre de 1944. En castigo por su intento de deserción, el soldado finés Vekjo es abandonado y encadenado en una colina, armado con un fusil y con algunas provisiones para que actúe como francotirador suicida. Poco después llega casualmente al mismo lugar Ivan, un capitán ruso arrestado por supuestas actitudes anticomunistas, que ve como el jeep que lo traslada es atacado por aviones enemigos, quedando herido. Ambos serán acogidos por Anni, una campesina lapona viuda, que vive en una solitaria granja cerca del lugar. A partir de ese momento se establecerán una serie de peculiares relaciones entre los tres personajes, incapacitados para comunicarse entre sí por hablar distintos idiomas, y obligados a convivir en ese remoto paraje.

Kukushka es una reciente producción rusa, dirigida por el realizador Aleksandr Rogozhkin, que fue además el encargado de escribir el guión del film. El título Kukushka (“El Cuco”) hace referencia a la forma en que los rusos llamaban a las posiciones de los francotiradores fineses, además de referirse támbien al apodo familiar que el personaje de Anni, la campesina lapona, afirma llevar.

La historia de Kukushka es la de un relato de claros tintes antibelicistas, reuniendo a unos personajes en principio antagónicos en un remoto y aislado paraje, imposibilitados para comunicarse entre sí por la barrera idiomática y obligados a entenderse. Un punto de partida argumental que recuerda mucho al del film de John BoormanInfierno en el Pacífico”, si bien en este caso el personaje femenino de Anni viene a añadir un punto de vista neutral a los dos hombres en principio enemigos. Lo mejor del film se encuentra, bajo mi punto de vista, en la primera media hora de metraje, en la que, con un ritmo pausado pero con acierto, el director nos va presentando a los personajes a la vez que muestra las inhóspitas condiciones climáticas del lugar, mediante un sugerente uso de las imágenes que suple la ausencia de diálogos. Sin embargo, una vez que los tres personajes se reúnen, la película no termina de encontrar el hilo adecuado para desarrollar los temas que plantea en profundidad.

Y esto se debe principalmente a que, al final todo se queda en una colección de situaciones un tanto deslavazadas, y algunos diálogos no exentos de cierta comicidad, provocados por la incapacidad de los personajes para entenderse mutuamente. Pero el aspecto humano y antibélico que, a priori, ofrecía la historia no acaba de desarrollarse y da la sensación de que podía haberse sacado mucho más jugo a la misma. Y ello pese al más que correcto trabajo interpretativo del trio de actores protagonistas, todos ellos desconocidos, pero que cumplen con solvencia en sus respectivos papeles, pese a las limitaciones de un guión al que le falta un punto mayor de imaginación.

Pese a ello, no puede negarse que Kukushka ofrece una historia no totalmente novedosa, pero sí con un punto de originalidad que hacen que no esté exenta de interés. Un título que agradará a los amantes del cine europeo, aunque ofrezca una historia que hubiera podido dar más de sí de haberse narrado con mayor maestría.

Calificación: 5,5/10

jueves, 3 de febrero de 2011

Camino a la libertad (The Way Back)

Camino a la libertad (2010)

La acción comienza en Polonia, en 1940. El oficial del ejército polaco Janusz (Jim Sturgess), prisionero de los sovieticos, es condenado por actividades de espionaje tras ser falsamente denunciado por su mujer. Semanas después, Janusz es enviado a un Gulag en Siberia junto con  otros cientos de prisioneros considerados peligrosos por el régimen de Stalin. Allí, en medio de un entorno hostil, Janusz conocerá a otros compañeros como el peligroso criminal Valka (Colin Farrel) o Smith (Ed Harris), un norteamericano retenido también sin motivos reales para ello. Todos ellos, en compañía de otros prisioneros planearán una arriesgada fuga y una huida hacia extremo oriente cruzando a pie una vasta extensión de la URRS.

Siete años después de haber filmado su último trabajo con la estimable “Master and Commander”, el realizador australiano Peter Weir ha retomado la dirección con este relato de tintes épicos ambientado en el siniestro sistema de prisiones (o Gulags) de URSS. Con un guión basado en distintas fuentes, pero que bebe principalmente del relato autobiográfico del escritor polaco Slavomir Rawicz, titulado The Long Walk: The True Story of a Trek to Freedom (“La increíble caminata, la verdadera historia de una expedición hacia la libertad”), la película aborda un tema –el de los prisioneros de guerra en la URSS y su épica huida- que recuerda mucho al de la producción alemana “Hasta donde los pies me lleven”, si bien Weir ha contado con unos medios de producción mucho más lujosos que los de su predecesora. Es reseñable que se ha cuestionado la veracidad de la historia que Rawicz cuenta en su libro, e incluso se ha llegado a especular con que el autor en realidad fue liberado por los sovieticos tras la invasión alemana, y se limitó a plasmar en su obra las historias oídas de otros prisioneros que efectivamente lograron escapar del Gulag. En cualquier caso, el mismo Weir ha afirmado que su película aborda “Una historia ficticia basada en hechos reales”.

Entrando a valorar el film, la verdad es que en sus aspectos formales, Camino a la libertad ofrece el toque artesanal propio de las producciones de Weir. En ese aspecto, la fotografía, la ambientación y las secuencias filmadas en unos espectaculares paisajes exteriores son de primer nivel. Sin embargo, en el plano narrativo, bajo mi punto de vista esta película no alcanza los mismos niveles de intensidad dramática que sí conseguía transmitir Master and Commander. La primera parte del film, que muestra el ambiente del Gulag, condensa para mi gusto lo mejor de la narración, combinando una inteligente presentación de los personajes con una muy realista descripción de las atroces condiciones de los campos de reclusión stalinistas.

Sin embargo a partir del momento de la fuga –filmado, por cierto, con poco dramatismo- la película se vuelve mucho más convencional, mostrando una serie de peripecias que viven los protagonistas a lo largo de su extenso recorrido que se antojan un tanto lineales y faltas de capacidad para sorprender al espectador, más alla de las espectaculares secuencias panorámicas de turno. Y ello pese a la introducción de escenas de acción que están muy bien filmadas, y también pese al buen hacer interpretativo de los actores principales entre los que destacan el siempre eficaz Ed Harris, y Jim Sturgess; pese a lo cual a la película le falta un “plus” para emocionar al espectador.

En definitiva, “Camino a la Libertad” se queda en un correcto relato de tintes épicos, con un aspecto formal y visual muy pulido, pero algo falto de nervio en el apartado narrativo. Pese a ello, es una historia interesante y bien filmada, que no desmerece un visionado.

Calificación: 6/10

viernes, 28 de enero de 2011

El médico de Stalingrado (Der Artz von Stalingrad)

El médico de Stalingrado (1958)

La historia comienza en 1943. Tras la derrota de Stalingrado, el médico militar Fritz Böhler (O.E. Hasse) es capturado por los rusos junto con cientos de soldados, siendo enviados a un campo de prisioneros. Años después del final de la guerra, ya en 1949, Böhler y sus compañeros de reclusión, aun en manos de sus captores, tratan de sobrevivir a las duras condiciones de su cautiverio. Cuando uno de los prisioneros alemanes sufre un ataque de apendicitis, Böhler, pese a la prohibición de los rusos, decide arriesgarse a operarlo, lo cual complicará aun más la situación de los alemanes, expuestos a nuevas represalias de sus captores.

En 1956 aparecía publicada en Alemania la novela titulada Der Artz Von Stalingrad, del escritor alemán Heinz G. Konsalik, antiguo corresponsal de guerra alemán, que en los años posteriores a la contienda se dedicó a escribir una serie de relatos literarios basados en sucesos ocurridos en los frentes de batalla. En este caso, Konsalik se basó en la experiencia personal de un médico militar alemán capturado por los rusos en Stalingrado, el Doctor Ottmar Kohler, quien había sido repatriado a Alemania en 1953, tras diez años de cautiverio en la URSS. El libro pronto se convirtió en un arrollador éxito de ventas, siendo traducido a varios idiomas y alcanzando una gran difusión en Europa Occidental. No es de extrañar, por tanto, que las productoras cinematográficas alemanas se apresuraran a trasladar la historia de la novela al cine. La dirección del film recayó sobre el realizador húngaro Géza von Radványi, mientras que para el papel protagonista del doctor Böhler se eligió al solvente actor alemán O.E. Hasse, quien cuatro años antes, había ofrecido una muy buena actuación en Almirante Canaris, encarnando al famoso jefe del Abwerh.

Entrando a analizar el film, hay que decir que “El médico de Stalingrado” aborda un conjunto de temas interesantes a la hora de narrar la historia. Me gustó especialmente como la película desgrana el complejo entramado de relaciones humanas que se establecen entre los guardianes rusos y sus cautivos alemanes; unas relaciones que oscilan entre la desconfianza y el odio mutuos, pasando por el pragmatismo de unos y otros a la hora de sacar provecho de las circunstancias, e incluso los romances que surgen entre los prisioneros alemanes y las mujeres rusas destinadas en el campo. Igualmente, es interesante señalar que, pese a tratarse de una película de los años 50, tanto por el lenguaje que usan los personajes como por la forma de abordar los temas que se tratan, dan la sensación de que fue un film adelantado a su tiempo en más de un aspecto. También hay diálogos que son muy buenos, como cuando Böhler, ante las quejas de un subordinado por el trato que les dan los rusos, le recuerda que “Somos huéspedes aquí… de hecho, vinimos sin que nadie nos invitara”. En el apartado interpretativo, brilla especialmente O.E. Hasse, estando bien secundado por el resto de actores, entre los que se cuentan varios secundarios ilustres del cine alemán de la época, como Johannes Messemer y Eva Bartok.

Por ponerle algunos “peros” a la película habría que señalar que no termina de ahondar en los temas controvertidos respecto a los sentimientos de culpabilidad por la destrucción causada en la URSS o el odio entre los bandos antagonistas; así como la impresión que transmite de cierta idealización de algunas situaciones y del comportamiento de los personajes principales. Pese a ello, hay que concluir que El médico de Stalingrado, es un film de muy esmerada factura, buen guión y que cuenta con oficio una historia no exenta de interés. Sin llegar a ser una película muy destacada, sí que deja un buen sabor de boca al espectador. Recomendable.

Calificación: 6/10

domingo, 23 de enero de 2011

In Tranzit

In Tranzit (2008)

La historia comienza a principios de 1946, unos meses después del fin de la contienda. Un grupo de prisioneros de guerra alemanes llega a un campo de tránsito femenino situado a las afueras de Leningrado. Pese a tratarse de un campo para mujeres, el coronel Pavlov (John Malkovich), jefe del NKVD de la zona, ordena que los prisioneros alemanes permanezcan allí con un fin oculto. Con la ayuda de la doctora del campo Natalia (Vera Farmiga), Pavlov quiere localizar a los oficiales de la SS que se esconden con nombre falso entre los prisioneros alemanes, amenazando a Natalia con deportar a Siberia a su marido Andrei, mentalmente incapacitado a consecuencia de las heridas sufridas durante la guerra. Sin embargo, la situación se complica cuando surge un atisbo de romance entre la doctora y uno de los prisioneros alemanes, Max.

In Tranzit es el típico caso en el que un guión con una muy interesante idea de base, se desaprovecha al no saber desarrollarla adecuadamente. Porque lo cierto es que la historia, basada en hechos reales, de los prisioneros alemanes enviados al campo de Leningrado, a ser custodiados por las mujeres que habían vivido en primera persona el asedio de la ciudad y cuyos familiares y amigos habían muerto durante la guerra, ofrecía mucho margen para dar lugar a una buena película. Cosa que confirma el arranque de la película, mostrando la tensa llegada de los prisioneros alemanes al campo, así como el desprecio y la violencia física que sufren a cargo de sus antiguas víctimas, convertidas ahora en verdugos.

No obtante, transcurridos los primeros veinte minutos de metraje, la historia se va diluyendo inevitablemente, a la par que el director pierde el pulso de la narración. Ello es debido principalmente a que el tono de la narración, adecuadamente oscuro y opresivo en el primer tramo de la historia, evoluciona conforme avanza esta, hasta el punto de llegar a hacerse extrañamente almibarado –con la inclusión de varias tramas románticas muy mal desarrolladas– e incluso un tanto inverosímil. A esto hay que sumarle el hecho de que las líneas narrativas que se intentan abarcar (drama carcelario, la historia de espionaje, y la trama romántica), resultan más bien planas, de modo que ninguna de las historias que se intercalan resulta plenamente satisfactoria para el espectador. Y esto es algo que ni la decente ambientación, ni el correcto trabajo interpretativo del reparto, en especial de los protagonistas John Malkovich y Vera Farmiga, puede solucionar. En todo momento, da la sensación de que la película, quitando sus primeros minutos, no termina de encontrar el tono adecuado, y al final se queda en un producto fallido, que malbarata el buen punto de partida argumental, al que podría habérsele sacado un mayor jugo dramático.

En definitiva, In Tranzit, ofrece cierto interés por abordar un tema interesante historícamente hablando, y además, poco trillado desde el punto de vista cinematográfico. Pero aparte de eso, y quitando el oficio interpretativo de su buen reparto, no ofrece demasiados aspectos de interés. Una película pasable, pero que decepciona en más de un sentido.

Calificación: 5/10

domingo, 16 de enero de 2011

The Brest Fortress (Brestskaya krepost)

The Brest Fortress (2010)

La historia comienza el 21 de junio de 1941. Una calurosa tarde de verano, el joven cadete Alexander Afimov, integrante de la banda de música militar de la guarnición de Brest, disfruta de la apacible vida del acuartelamiento. Sin embargo, solo un día más tarde, los alemanes atacan por sorpresa, cercando la ciudadela de Brest, e iniciando un intenso asalto que choca con la encarnizada defensa de los soldados rusos. Durante los días siguientes, Afimov será testigo de excepción de la heroica resistencia de la posición frente al ataque enemigo, una defensa liderada por tres oficiales: el comandante Pyotr Gavrilov, el comisario Efim Fomin, y el teniente Andrey Kizhevatov, decididos a enfrentarse a los alemanes hasta el último aliento.

El cerco de la fortaleza de Brest fue uno de los combates más encarnizados de los que se libraron durante la fase inicial de la Operación Barbarroja, la invasión de la URSS por parte de la Werhmacht alemana. La ciudadela de Brest era una antigua fortificación rusa del S. XIX situada a orillas del Rio Bug, que ya había sido ocupada por los alemanes tras la invasión de Polonia en 1939, pero que volvió a manos rusas en virtud de los términos del pacto Molotov – Ribbentrop para la partición del territorio polaco. En 1941, dicha posición, situada en el eje de avance del Grupo de Ejércitos Centro, era uno de los objetivos fronterizos claves de Barbarroja. Al comienzo de la invasión alemana, la guarnición de la ciudadela ascendía a unos 3.500 hombres entre soldados, guardias fronterizos y miembros del NKVD.

Los alemanes pensaron que podrían capturar la posición rápidamente, pero el asalto inicial fue rechazado por la encarnizada resistencia de los defensores, bien atrincherados tras los espesos muros de las fortificaciones. Al final, la ciudadela resistió durante 8 días el asedio (del 22 al 30 de junio de 1941) y su captura le costó a la Werhmacht  unas 1.500 bajas entre muertos y heridos, amén de tener que recurrir al apoyo intensivo de la Luftwaffe para reducir a los tenaces defensores rusos. De este modo, el asedio de Brest se convirtió en paradigma de la resistencia del Ejército Rojo durante las primeras semanas de la guerra, razon por la que en 1965 el gobierno soviético decidió otorgarle a la ciudadela el nombre honorífico de “Fortaleza Heroica”, creando en el lugar un museo memorial dedicado a los defensores de Brest. El proyecto de llevar la historia del cerco de Brest al cine ha contado con un presupuesto de 7 millones de dólares, y se ha financiado gracias a la coproducción entre estudios de Rusia y Bielorrusia, con una importante participación de la televisión pública bielorrusa, que aportó la mayor parte del dinero necesario para el rodaje.

Naturalmente, The Brest Fortress viene a rescatar la memoria y a rendir homenaje al valor de los defensores de la fortaleza, la mayoría de los cuales murieron en combate o fueron capturados por los nazis tras la rendición de la misma. La película arranca mostrando una excelente puesta en escena, en la que destaca la esmerada reconstrucción de los escenarios tanto exteriores como interiores, una muy cuidada ambientación, y un perfecto atrezzo militar, que incluye la aparición de varios carros alemanes Panzer III que parecen auténticos tanques de la II GM. Además, también hay que reseñar la soberbia calidad de la fotografía, que viene redondear el sobresaliente nivel del apartado técnico del film.

Sin embargo, entrando a valorar el aspecto narrativo, no puede decirse que el desarrollo de la historia raye al mismo nivel que los aspectos técnicos. Y ello porque la película adopta desde el primer momento un tono clara e inequívocamente patriótico a la hora de relatar los hechos, dejando poco lugar a la interpretación del espectador: esta es una historia de “buenos” (los rusos) frente a los malos (los alemanes). Personalmente eché en falta alguna mención de la perspectiva de la batalla desde el otro bando, aun cuando fuera con carácter secundario, pero que viniera a completar el punto de vista soviético sobre la batalla.

Por otra parte, la película desde luego no adolece de falta de acción, ya que más de tres cuartas partes de su metraje se dedican a mostrar escenas de acción y combates, con breves interludios entre ellas. Pero por esa misma razón, la parte discursiva queda en un muy segundo plano, y el desarrollo de los personajes centrales resulta más bien esquemático. En cuanto a las actuaciones, hay que decir que los intérpretes cumplen sin grandes alardes en sus respectivos papeles, que por otra parte, son más bien estereotipados y tampoco dejaban demasiado lugar al lucimiento de los actores. No obstante, hay que reconocer que la escenas de acción están en general muy bien filmadas, con el sello visual hiperrealista que viene siendo habitual en las más recientes producciones bélicas, lo cual compensa en parte el tono excesivamente patriotero de la historia y la falta de equilibrio existente entre la parte discursiva y la parte bélica del film.

En conclusión, The Brest Fortress es un título que ofrece unas muy interesantes escenas bélicas de notable factura visual. Sin embargo, desde el punto de vista narrativo, recurre a fórmulas y posiciones ya muy superadas en la actualidad. Pese a ello, a buen seguro agradará a los aficionados al cine bélico por su buen hacer en el apartado técnico y por rememorar una de las grandes batallas de la II GM.

Calificación: 6/10

La Pelicula en You Tube (9 Archivos, V.O. con subtitulos en inglés)

lunes, 10 de enero de 2011

Los amanereces son aquí mas apacibles (A zori zdes tikhie)

Los amaneceres son aqui mas apacibles (1972)

La historia nos sitúa en Karelia, en la frontera entre Finlandia y Rusia, en 1941. En una diminuta aldea situada en la retaguardia de un tranquilo sector del frente, el Sargento Mayor Vaskov recibe el encargo de establecer una posición de batería antiaérea. Poco después, y ante la sorpresa de Vaskov, el mando de la zona le envía un pelotón de mujeres que serán las encargadas de servir los cañones antiaéreos. Pese a las reticencias iniciales del sargento, pronto la camaradería ira surgiendo entre el y sus subordinadas, cuyas historias personales se irán poniendo gradualmente de manifiesto. Un día, la idílica tranquilidad del frente se ve alterada cuando una de las mujeres descubre en el bosque la presencia de dos paracaidistas alemanes, lo que hará que Vaskov, junto con cinco de sus combatientes, salgan en su búsqueda.

Los amaneceres son aquí más apacibles supuso la adaptación cinematográfica del libro homónimo del escritor ruso Boris Vasilyev, autor de varias novelas bélicas inspiradas en los hechos acaecidos durante la guerra contra el invasor alemán. Tras su estreno, la película tuvo una buena acogida en la URSS e incluso llegó a ser nominada para el Oscar a la mejor película extranjera en la edición de 1973, todo un hito en una época en la que las relaciones diplomáticas e internacionales entre la URSS y EEUU aun no se habían normalizado. Pero después de recibir tales reconocimientos, el film cayó en un injusto olvido, hasta que en 2004 apareció nuevamente editado en formato DVD, lo cual permitió que la película volviera a tener cierta difusión en el mercado occidental.

Y es una suerte que haya sido asi, porque lo cierto es que Los amaneceres son aquí mas apacibles puede considerarse una de las mejores películas soviéticas sobre la II GM. Lejos de recrearse en los aspectos épicos o propagandísticos, el film nos ofrece una historia poética, de hondo calado humano, acerca del drama de la guerra y el sacrifio personal que todo conflicto implica, amén de constituir un sentido homenaje a las mujeres que lucharon y murieron en el frente de batalla. En la primera mitad del film -que, bajo mi punto de vista, condensa lo mejor del mismo- asistimos a la presentación de los personajes y al desarrollo de sus respectivas historias, de modo que con un ritmo pausado, vamos conociendo a las protagonistas, sus motivaciones y sus vidas anteriores al estallido de la guerra, narradas mediante una serie de flashbacks de tono ligeramente onírico.

No faltan tampoco unas bien dosificadas notas de humor a la hora de describir el inevitable choque de mentalidades entre el puntilloso sargento Vaskov y sus subordinadas, pese a lo cual irá surgiendo gradualmente entre ellos un inevitable sentimiento de camaradería. También me gustó la forma en que son descritas las protagonistas de la historia, de una manera muy humana, como mujeres embarcadas en una guerra, pero que no por ello renuncian a las inclinaciones propias de su feminidad. Tras esa primera parte, la segunda mitad del film, que contiene la parte estrictamente bélica del relato, nos muestra como Vaskov y sus combatientes se enfrentan de manera dramática a un grupo de paracaidistas alemanes en un duelo desigual. Quizás esta parte resulta más convencional en su desarrollo y en algunos momentos, se hace algo lenta, pero es bastante realista y sirve adecuadamente para construir un crescendo narrativo que conduce al trágico desenlace y emotivo epílogo del film, además de contener algunos elementos antibelicistas que recuerdan a títulos anteriores como "Sin novedad en el frente".

En el apartado interpretativo, y pese a que el reparto no contó con ninguna cara conocida, hay que reconocer que el protagonista, Andrei Martinov, compone un muy buen personaje encarnando al abnegado Sargento Vaskov, y está muy bien respaldado por las intérpretes femeninas, todas las cuales resultan muy creíbles en sus respectivos papeles.

En conclusión, Los amaneceres son aqui más apacibles constituye una magnífica muestra del cine bélico soviético en lo que a calidad artística se refiere. Es un título que ofrece una muy emotiva historia humana, desprovista de ínfulas épicas o propagandísticas, y narrada de forma un tanto pausada, pero que logra conmover al espectador en más de un momento. Un título a descubrir, cuyo visionado recomiendo a todo aquel que aprecie el cine de calidad y rico en matices narrativos.

Calificación: 7/10

miércoles, 5 de enero de 2011

Kamikaze: moriremos por los que amamos (Ore wa, kimi no tame ni koso shini ni iku)

Kamikaze: moriremos por los que amamos (2007)

La historia comienza en 1944. Ante la cada vez más desesperada situación militar de las fuerzas japonesas en el Pacífico, el vicealmirante Onishi decide crear un cuerpo de pilotos suicidas, denominados Kamikazes, para atacar los buques de la flota norteamericana estrellando contra ellos sus aviones cargados de bombas. La historia se centra en el jefe de una de estas unidades kamikaze, el alférez Tabata, y la señora Tome, la encargada de un restaurante junto a la base aérea de Chira, donde se preparan los pilotos suicidas, que irá narrando la historia y las preocupaciones de estos jóvenes durante las semanas anteriores a ser enviados al combate.

Kamikaze, moriremos por los que amamos es una reciente producción japonesa dirigida por Taku Shinjo con guión basado en el libro de Shintaro Ishishara, antiguo gobernador de Tokyo, quien recopiló los testimonios de varios pilotos kamikaze gracias a la colaboración de Tome Torihama. Esta mujer era la antigua encargada un restaurante cercano a base aerea de Chira, desde donde partieron cientos de pilotos suicidas con destino a Okinawa durante las últimas semanas de la guerra, gracias a lo cual tuvo la oportunidad de tratar personalmente a muchos de esos jóvenes pilotos kamikaze, y conocer sus historias personales, que sirvieron de base para el libro de Ishishara y que inspiraron las historias que aparecen en el film.

De este modo, inspirandose directamente en los relatos del libro, Kamikaze moriremos por los que amamos ofrece una perspectiva que podemos considerar novedosa a la hora de describir las motivaciones de los jóvenes pilotos japoneses que aceptaron inmolarse en un acto de sacrificio ya inútil a esas alturas de la guerra. En ese sentido, la película ofrece un retrato de los kamikazes que se aparta diametralmente del tópico de fanáticos combatientes, deshumanizados y sin sentimientos, para mostrar una semblanza mucho más humana de ellos. Apartándose del estereotipo, el film nos muestra a un conjunto de jóvenes recien salidos de la adolescencia, con inquietudes artísticas, enamorados e inquietos por la suerte de sus familiares, que fueron coaccionados moralmente e incluso obligados por sus superiores a realizar misiones suicididas. Un enfoque ciertamente novedoso, y que resulta bastante enriquecedor desde el punto de vista histórico.

No obstante, a la hora de desarrollar el tema, bajo mi punto de vista la historia no termina de conectar totalmente con el espectador. Y ello es principalmente debido a que la parte dramática de la narración, que ocupa dos tercios del total del metraje, resulta bastante irregular. Aunque hay algunas escenas de diálogo bastante logradas (por ejemplo, cuando el hermano menor de uno de los kamikaze pregunta ingenuamente a este: “Si tu mueres…¿Japón gana?"), en general, la película abusa de secuencias discursivas que resultan más bien planas y reiterativas. En cuanto a la parte bélica, es destacable la aparición de varios aviones que parecen auténticos cazas Ki-43 Oscar, y la recreación de los ataques contra la flota norteamericana, mediante unos excelentes efectos visuales generados por ordenador que dotan de espectacularidad a la parte bélica del relato, pese a que esta queda finalmente un tanto encorsetada, entre la parte dramática y el dilatado epílogo de la historia, al que claramente le sobran varios minutos de metraje.

En resumen, Kamikaze, moriremos por los que amamos es una interesante muestra del cine bélico japonés, cuyo principal aliciente es el de ofrecernos la versión japonesa del conflicto desde una nueva perspectiva. No es un film del todo redondo en el plano cinematográfico, pero sí que es un título de correcta factura y bastante logrado en el plano visual. Agradará sin duda a los aficionados al cine de la II GM.

Calificación: 6/10

sábado, 1 de enero de 2011

Almirante Yamamoto (Rengo kantai shirei chôkan: Yamamoto Isoroku)

Almirante Yamamoto (1968)

La historia comienza en 1939. Mientras la guerra en Europa hace que muchos altos mandos militares japoneses presionen al gobierno para establecer una alianza con Alemania, el Almirante Isoroku Yamamoto (Toshiro Mifune) se muestra contrario a la guerra contra los Estados Unidos, advirtiendo al estado mayor del poder industrial norteamericano, lo cual le granjeará la enemistad de los comandantes del ejército. No obstante, cuando el gobierno japonés decide entrar finalmente en la guerra atacando Pearl Harbor, Yamamoto se pondrá al frente de la Flota Combinada de la Marina Imperial para dirigir las operaciones navales a lo ancho del Pacífico.

Rengo kantai shirei chôkan: Yamamoto Isoroku (“El Almirante de la flota combinada: Isoroku Yamamoto”), es una producción nipona de finales de la década de los 60, dedicada al que probablemente es el militar japonés más famoso del S. XX, el almirante Yamamoto. Al estallar la II GM, Yamamoto, que había participado como alferez en la Batalla de Tsushima en 1905, ya era uno de los militares japoneses más respetados y prestigiosos, y su temprana muerte en combate aéreo en 1943, hizo que su figura fuera elevada a la categoría de héroe legendario para el pueblo japonés. En este caso, la narración abarca el periodo comprendido entre 1939, y la muerte del almirante, acaecida el 18 de Abril de 1943, tras ser derribado el bombardero en que viajaba por una escuadrilla de cazas P-38, especialmente enviada a interceptar el avión de Yamamoto, al tener conocimiento la inteligencia aliada de la ruta que iba a seguir el mismo, gracias a la intercepción de los mensajes cifrados japoneses.

En ese sentido, el film ofrece una correcta síntesis de los principales hechos políticos y militares del periodo que relata, además de ofrecer un retrato bastante elogioso –y a veces, casi hagiográfico- del personaje. Personalmente me gustó especialmente la parte que muestra la posición cauta de Yamamoto respecto a las posibilidades reales de Japón de vencer en una guerra contra los aliados occidentales, y la preparación del ataque a Pearl Harbor. Tampoco está mal como se relata la derrota japonesa en Midway, reflejando con fidelidad las circunstancias que determinaron la destrucción de la escuadra de portaaviones del almirante Nagumo en dicha decisiva batalla naval, que cambió definitivamente la suerte de la guerra en el Pacífico.

Ahora bien, la película también tiene aspectos mucho menos logrados, aparte del ya mencionado retrato enteramente benigno de Yamamoto. En primer lugar, para recrear las escenas de combates aéreos y navales, quitando algunos planos filmados y de material de archivo que están bien insertados, se emplearon una serie de maquetas bastante evidentes y burdas, de modo que los efectos visuales resultan bastante deficientes incluso para los cánones de la época. No en vano, la realización de los efectos especiales correspondió a Eiji Tsuburaya, conocido mundialmente en aquella época por ser el responsable de los efectos visuales de las películas de la serie “Godzilla”, que eran producciones de pura serie B.

Además, la película adolece de otro defecto muy común a las producciones bélicas japonesas: su absoluto maniqueísmo a la hora de presentar las motivaciones japonesas para entrar en la guerra, que fueron de carácter puramente imperialista e incluso racista. Aunque al menos, hay que reconocer que contiene cierto atisbo de autocrítica al mostrar la insidiosa influencia del patriotismo exaltado de los jefes del ejército de tierra, impacientes por entrar en la guerra del lado del Eje. Igualmente, el retrato que se hace de los políticos y militares japoneses en general, resulta bastante amable, mostrando una galería de personajes más bien planos y esquemáticos. En cualquier caso, es destacable el enorme carisma interpretativo del que hace gala el actor Toshiro Mifune encarnando a Yamamoto, un papel que repetiría ocho años más tarde, volviéndose a poner en la piel del famoso almirante en “La Batalla de Midway”.

En resumidas cuentas, Almirante Yamamoto ofrece un correcto relato histórico-biográfico sobre el personaje. Pero desde el punto de vista cinematográfico, la película es bastante mediocre en el aspecto visual y narrativo. Merece la pena verse sobre todo por la interpretación de Mifune, y agradará al aficionado a la historia de la II GM, pero es un título que, en cuanto a calidad artística, no pasa de discreto.

Calificación: 4/10

viernes, 17 de diciembre de 2010

Into the Storm

Into the Storm (2009)

La acción comienza en julio de 1945. Mientras Winston Churchill descansa en la costa francesa esperando a conocer el resultado de las elecciones legislativas británicas, el primer ministro irá recordando los difíciles momentos vividos al frente del gobierno británico durante la guerra, desde su nombramiento como Primer Ministro en mayo de 1940, pasando por la derrota de Francia, la retirada de Dunkerke, y su lucha en solitario para enfrentarse a Hitler, hasta la derrota final de la Alemania Nazi.

Into the Storm, Churchill at War ("En la Tormenta, Churchill en guerra"), es un telefilm que viene a ser la segunda parte del relato biográfico sobre la figura de Winston Churchill, iniciado por la productora HBO con la estupenda “Amenaza de Tormenta”, la cual narraba los principales hechos acaecidos en la vida del futuro primer ministro en los años inmediatamente anteriores al estallido de la II GM. Por tanto, Into the Storm nos ofrece la continuación cronológica de dicho relato, centrándose ahora en la narración de los años de Churchill al frente del gobierno del Reino Unido, durante el curso de la II GM.

En cuanto a la valoración del film, hay que empezar diciendo que este mantiene el sello de las producciones HBO en cuanto a la calidad de la ambientación, la recreación histórica y la puesta en escena, que son excelentes. En el plano interpretativo, las actuaciones son igualmente bastante buenas, con el actor irlandés Brendan Gleeson sustituyendo a Albert Finney en el papel de Churchill, un papel que le valió para ganar el Emmy a la mejor interpretación masculina, aunque, comparando ambas actuaciones, personalmente me convenció más la de Finney. La película también reproduce algunos de los más famosos y emotivos discursos de Churchill incitando a continuar la lucha, como el celebérrimo “Lucharemos en los mares y océanos, lucharemos en las playas, en las colinas…”. Además, siguiendo la linea de Amenaza de Tormenta el relato no evita abordar los aspectos menos amables de la personalidad de Churchill: su carácter irritable, sus prejuicios clasistas, y sus problemas personales y afectivos, lo cual viene a completar en el plano personal el retrato político e histórico del personaje.

Sin embargo, la película también tiene falla en algunos aspectos importantes, especialmente en el plano narrativo. La idea de comprimir los principales sucesos de seis años de guerra en un telefilm de hora y media de duración no termina de funcionar bien, ya que demasiados hechos importantes son narrados de forma esquemática, y además los saltos temporales no quedan del todo bien explicados. De esta manera, el espectador que no conozca bien los hechos históricos de la II GM puede perderse en más de un momento de la narración. Es indudable que para abarcar con la debida amplitud los años de Churchill al frente del gobierno, habría sido mucho más apropiado el formato de una miniserie de varios capítulos, que hubiera permitido desarrollar con una mayor coherencia y detalle el relato del conjunto de hechos políticos y militares acaecidos entre 1940 y 1945.

En cualquier caso, Into the Storm es uno de esos títulos que será apreciado por los aficionados al cine histórico, no solo por lo esmerado de su factura formal, sino también por ofrecer una más que correcta semblanza de uno de los personajes claves del siglo XX. Aunque bajo mi punto de vista “Amenaza de Tormenta” estaba un peldaño por encima de esta, no cabe duda que Into the Storm viene a completar de una manera bastante digna el relato biográfico de Churchill, aceptando el hecho de que se queda algo corta en el plano narrativo. Un título recomendable que agradará a los aficionados al cine histórico en general.

Calificación: 6/10

viernes, 3 de diciembre de 2010

John Rabe

John Rabe (2009)

Nanking, China, Noviembre de 1937. Tras una larga estancia en el país asiático, el alemán John Rabe (Ulrich Tukur), jefe de la planta hidroeléctrica que la empresa alemana Siemens tiene en la ciudad, prepara su retorno a Alemania. Sin embargo, cuando las tropas japonesas se acercan a la ciudad con intención de tomarla por asalto, coincidiendo con el día de la despedida oficial de Rabe ante las autoridades locales, los japoneses comienzan sus bombardeos. Ante el cariz de los acontecimientos, Rabe, con la ayuda del médico británico Robert Wilson (Steve Buscemi), la directora de la universidad de Nanking, y el diplomatico alemán Georg Rosen (Daniel Brulh), deciden organizar una “zona de seguridad” en el interior de la ciudad para proteger a los ciudadanos chinos de las atrocidades de los soldados nipones.

Es curioso comprobar como la guerra chino-japonesa, hasta hace poco un conflicto bélico semidesconocido y olvidado por el cine, se ha convertido en los último años en objeto de varias producciones de estimable presupuesto como las muy recientes Los niños de Huang Shi o la magnífica, Ciudad de vida y muerte.

En este caso, John Rabe aborda la reconstrucción de los hechos que rodearon la captura de Nanking por parte de las tropas imperiales japonesas, y la subsiguiente infame masacre, desde la perspectiva de este ciudadano alemán, miembro del partido nazi, que no dudó en arriesgar su propia vida y seguridad para ayudar a la población china frente a la barbarie japonesa. Los esfuerzos de Rabe, junto a los de otros residentes europeos en Nanking, sirvieron para crear una zona de seguridad donde se refugiaron más de 200.000 habitantes de Nanking, que salvaron sus vidas gracias a la existencia de dicha zona. Sin embargo, pese a la hazaña humanitaria conseguida, John Rabe no fue profeta en su tierra. A su vuelta a Alemania, en Febrero de 1938, su denuncia de los crímenes japoneses en Nanking solo le valió para ser arrestado por la Gestapo y ver como sus documentos sobre la masacre eran confiscados. Rabe murió en 1950, sin recibir reconocimiento oficial alguno, y su memoria cayó en el olvido hasta que en 1996 fue publicado su diario personal sobre los hechos acaecidos en Nanking, lo cual finalmente le valió el reconocimiento por parte del gobierno chino y la prensa internacional, que lo bautizó a posteriori como “El Schindler de Nanking”.

Entrando a valorar el film, hay que señalar en primer lugar su esmerado aspecto formal. La ambientación de Nanking (filmada en una zona antigua de Shangai), la puesta en escena y la excelente fotografía realmente introducen al espectador en la época y el ambiente de la china de los años 30. También es igualmente destacable el apartado interpretativo, con un Ulrich Tukur muy creible en su encarnación de Rabe y secundado perfectamente por el resto de los actores incluyendo al siempre eficaz Steve Buscemi. Sin embargo a mi modo de ver, a la película le falta algo más para desarrollar la materia prima que ofrecía la historia real del personaje.

En la primera mitad del metraje, el ritmo de la narración no llega a ser todo lo vigoroso que la historia requería, y en la segunda mitad, pese a ofrecer algunos momentos de intensidad dramática (por ejemplo cuando Rabe asiste a la decapitación de su chofer), a la historia le falta capacidad de conmover al espectador. Además, da la impresión de que la historia adopta deliberadamente un tono excesivamente melodramático, algo que no era necesario pues ya venía dado por la historia real, y en ese sentido la película me pareció que quedaba un peldaño por debajo de la sobriedad narrativa de “Ciudad de vida y muerte”.  Tampoco las historias paralelas de los personajes secundarios, pese a estar bien insertadas en la trama, me terminaron de satisfacer plenamente, porque al final parece que no están del todo desarrolladas.

En cualquier caso, y pese a los aspectos anteriores, hay que reconocer que la película ofrece un muy interesante relato de solidaridad humana, y pese a que le falta un punto mayor de ritmo narrativo, su esmerada factura formal y sus buenas interpretaciones la hacen un título no exento de interés, que sirve de merecido homenaje un hombre bueno que hizo cuanto pudo por ayudar a los demás en un momento de enorme peligro. Recomendable.

Calificación: 6,5/10

viernes, 19 de noviembre de 2010

Los niños de Huang-Shi (The children of Huang Shi)

Los niños de Huang-Shi (2008)

La historia nos sitúa en 1938. El jóven periodista inglés George Hogg (Jonathan Rhys Meyers) llega a China para cubrir la invasión japonesa del país. Ya en China, Hogg presenciará en primera persona la brutalidad del ejército imperial japonés hacia la población civil, por lo que decide quedarse en el país y ayudar a los más desprotegidos. Tras escapar de la muerte gracias a la ayuda de Jack Chen (Chow Yun Fat), uno de los jefes de la resistencia comunista, Hogg se refugia en el orfanato de Huang Shi, donde con la ayuda de la enfermera Lee Pearson (Radha Mitchell) se convertirá en profesor, dando clases a los niños. Con el paso de los meses, y ante la amenaza de que la guerra llegue al orfanato, Hogg decide emprender una increíble marcha de más de 1000 kilómetros atravesando China, a la cabeza de los 60 huérfanos de Huang Shi, para ponerlos a salvo trasladándolos a un remoto refugio en el interior del país.

Los niños de Huang-Shi es una de esas historias basadas en hechos reales que, a priori, tienen todos los elementos necesarios para convertirse en una gran película. En este caso, la historia original ofrecía unos personajes que dan perfectamente el tipo de “héroes reales”, y que protagonizaron una emotiva historia de superación personal y valores humanos; todo ello con el trasfondo de un drama bélico con tintes épicos ambientado en la guerra chino-japonesa. Teniendo en cuenta esto, es bastante elocuente el hecho de que los aspectos más destacables de esta película se reduzcan a la ambientación y los paisajes. Las posibilidades narrativas que ofrecía la historia original no han sido ni remotamente explotadas por el film, y esto se debe a varios motivos. El primero de ellos puede encontrarse en la deficiente elección del reparto. Jonathan Rhys Meyers no parece el actor más adecuado para dar vida al abnegado Hogg, y su interpretación, aparte de envarada e inexpresiva, no resulta nada creíble. Tampoco su compañera de reparto, la actriz Radha Mitchell, consigue transmitir gran cosa con su papel de sacrificada enfermera; y en cuanto al más entonado de los intérpretes, el actor chino Chow Yun Fat, es una pena que su personaje -que podía haber dado más de sí- se quede en un plano bastante esquemático y secundario.

Aparte de lo anterior, lo mínimo que puede pedirse a una película basada en una historia de superación personal y valores humanos emocione, cosa que la película intenta, sin éxito. Falta intensidad dramática en demasiadas escenas, especialmente en el relato de la hazaña de la agotadora marcha a través de las montañas, la cual es contada de una forma tan plana y desapasionada, que al final queda totalmente desdibujada. Y sobre todo, lo peor es que la película apenas llega a conmover al espectador, en lo cual tiene mucho que ver la poco vigorosa realización de la que hace gala el director Roger Spottiswide. Si ellos le unimos que las subtramas que se introducen en la historia resultan del todo insustanciales, sobre todo la que intenta mostrar el triangulo amoroso entre Hogg, Chen y la enfermera, se entiende que tras visionar las dos horas de metraje, el espectador se quede con la sensación de estar ante un título fallido en más de un aspecto.

En definitiva, Los niños de Huang Shi es el típico ejemplo de film poco inspirado que desaprovecha una magnífica historia de base, trasladando a la pantalla una torpe adaptación de la misma. Una pena, porque tales mimbres, en manos de unos guionistas y un director más avezados, podrían haber dado lugar a una gran película. Al final, se queda en un producto pasable y medianamente entretenido, pero que, en lineas generales, decepciona.

Calificación: 4/10

lunes, 15 de noviembre de 2010

The Dam Busters

The Dam Busters (1955)

La acción nos sitúa en 1943. El ingeniero Barnes Wallis (Michael Redgrave), empleado del ministerio de armamento, concibe la idea de fabricar una bomba especialmente diseñada para destruir las presas alemanas del Ruhr, con el objetivo de causar grandes daños a la industria bélica de la zona. Tras convencer al mando de bombarderos de la RAF de la viabilidad de la operación, la ejecución de la misma le será asignada al escuadrón de bombarderos 617, unidad equipada con bombarderos Lancaster, bajo el mando del capitán Guy Gibson (Richard Todd), quien inmediatamente comienza a prepararse junto a sus hombres para llevar a cabo la peligrosa incursión.

Ya hemos comentado en anteriores reseñas como el cine británico de la década de los 50 fue especialmente prolífico a la hora de producir títulos que recrearan las hazañas bélicas patrias durante la II GM. Este es el caso de The Dam Busters (cuya traducción en español sería “Los Revientapresas”), una película estrenada en Reino Unido en mayo de 1955, coincidiendo con el duodécimo aniversario de la Operación Chastise, una incursion de bombarderos de la RAF destinada a destruir las presas del Ruhr empleando las novedosas bombas rebotadoras diseñadas por el ingeniero Barnes Wallis. Como el dispositivo de dichas bombas seguía siendo secreto en la época del estreno, la película no muestra ninguna verdadera bomba rebotadora, y para las escenas de los proyectiles rebotando en el agua se usaron imágenes de archivo sacadas de las pruebas experimentales que se hicieron durante la guerra con dichas bombas. Pese a ello, la RAF colaboró con la productora y cedió 4 bombarderos Lancaster supervivientes de la contienda para el rodaje de las escenas aéreas. Su estreno tuvo una buena acogida entre el público británico, que lógicamente aun tenia frescos los recuerdos de la guerra, pero curiosamente, y a diferencia de otras producciones similares de la época que sí llegaron a nuestras pantallas, la película no llegó a estrenarse en España.

En cuanto a la calidad del film, cabe señalar que estamos ante un título que acusa en algunos aspectos las más de cinco décadas transcurridas desde su estreno. The Dam Busters es el típico film de hazañas bélicas que nos narra primero las dificultades que tiene que vencer el impulsor de un audaz plan para convencer a sus superiores de las posibilidades del mismo, para enlazar luego con la preparación de la peligrosa misión a cargo del oficial carismático de turno. En ese aspecto la película no es demasiado original, aunque sí que desgrana con bastante fidelidad a los hechos históricos, las dificultades técnicas y materiales que entrañaba realizar un tipo de ataque aéreo que nunca se había llevado a la práctica con anterioridad. En ese sentido la película logra entretener razonablemente al espectador y se apoya además en unas buenas actuaciones de su duo protagonista, amén de contar con una adecuada banda sonora, que es considerada una de las BSO clásicas del género bélico. Es en la parte dedicada a la ejecución misión donde más se acusa el aspecto cronólogico que apuntaba antes, ya que los efectos especiales -que sin duda eran muy buenos para la época- han quedado bastante desfasados respecto a los estándares actuales. Las secuencias que muestran la destrucción de las presas combinan maquetas un tanto burdas con el uso de unas transparencias bastante evidentes que recrean la explosiones bajo el agua, aunque hay que reconocer que dada la época, tampoco cabia esperar mucho más en el aspecto visual.

En conclusión, “The Dam Busters” es una muy buena muestra con sello artesanal del cine bélico británico de los años 50, contando una historia bélica con un acentuado rigor formal e histórico que la hacen apreciable para el buen aficionado al género, por más que en el aspecto visual se trate de un título ampliamente superado por otras producciones posteriores. No desmerece un visionado.

Calificación: 6/10

martes, 9 de noviembre de 2010

El infierno de los heroes (The Cockleshell Heroes)

El infierno de los heroes (1955)

Marzo de 1942. El mayor Stringer (José Ferrer) llega a la base de los Royal Marines en Portsmouth, para elegir a los soldados participantes en una peligrosa misión secreta cuyo objetivo es el de atacar el fuertemente defendido puerto de Burdeos mediante una incursión en canoas. Pronto, los métodos extravagantes de Stringer chocan con la actitud del capitán Hugh Thompson (Trevor Howard), un oficial de la vieja escuela designado para actuar bajo las órdenes del mayor, lo cual, unido a la actitud díscola de los hombres seleccionados para llevar a cabo la misión, creará dificultades durante la preparación de la misma.

El cine bélico británico de la década de los 50 fue especialmente prolífico a la hora de producir títulos que recordaran las más espectaculares y audaces acciones de sus fuerzas especiales durante la II GM (como por ejemplo, Operación Tirpitz o The Dam Busters). Siguiendo esta corriente temática, El infierno de los heroes se encargó de recrear los hechos históricos que rodearon la Operación Frankton, una audaz incursión en la costa francesa, destinada a atacar la base naval de Burdeos, que era un enclave vital para las comunicaciones marítimas alemanas. Dicha incursión fue la primera acción de combate de una unidad especial de los marines británicos denominada Royal Marines Boom Patrol Detachment, especialmente entrenada para realizar misiones en canoa. El relato del raid contra el puerto Burdeos fue posteriormente recogido en el libro The Cockleshell Heroes, (cuya traducción aproximada sería “Los heroes del cascarón”) que a su vez, sirvió de base para elaborar el guión del film.

Un guión cuya preparación no estuvo exenta de polémica, ya que el actor José Ferrer,-que además de ejercer la dirección del film, se reservó para sí mismo el papel protagonista- encargó a otro guionista la tarea de revisar la versión original del guión para potenciar su personaje. Sin embargo, cuando el productor Irving Allen revisó la versión definitiva del libreto, estimó que este resultaba demasiado serio, y decidió añadir nuevas escenas que dotaran de mayor comicidad a la historia, cosa que hizo sin avisar a Ferrer. Este, enfurecido por los cambios que se habian introducido en la historia sin su consentimiento, optó por abandonar la producción. Pese a todo, el hecho de que la película manejara un presupuesto bastante estimable para la época, gracias a la coproducción de los estudios británicos Warwick con la productora norteamericana Columbia; asi como que el rodaje contara con la plena colaboración del cuerpo de Royal Marines, se tradujo en que el aspecto formal e histórico de la producción sea impecable, siendo este el apartado más logrado del film.

Lamentablemente, la película no raya a la misma altura en lo que a calidad cinematográfica se refiere. A pesar de que el punto de partida argumental es bastante interesante, presentando a un atípico oficial al frente de un grupo de soldados problemáticos a los que se les va destinar a una peligrosa misión (lo que casi puede considerarse un precedente de Doce del Patíbulo) la historia no termina de carburar por varios motivos. En primer lugar da la sensación de que José Ferrer no era el actor más adecuado para interpretar al Mayor Stringer, principalmente porque a su interpretación le falta un punto de carisma, y personalmente encontré más convincente la actuación de su compañero de reparto Trevor Howard. En segundo lugar, la parte dedicada a la preparación de la misión y al entrenamiento de los hombres se alarga en exceso, sin ofrecer a cambio demasiadas escenas de interés al espectador, por lo que temina haciendose pesada. Y finalmente, el tramo del metraje dedicado a la ejecución de la misión, tampoco puede decirse que sea un dechado de espectacularidad e intensidad narrativa. Por ello, el resultado final se queda en un producto correcto, de buena factura visual, pero algo fallido en el plano narrativo.

En conclusión, “El infierno de los heroes” no es una mala muestra del cine bélico de comandos, pero está igualmente muy lejos de ser uno de sus títulos cumbre, aunque al menos tiene un punto original en su temática y planteamiento.

Calificación: 5,5/10

jueves, 4 de noviembre de 2010

Operación Tirpitz (Above us the waves)

Operacion Tirpitz (1955)

La acción nos sitúa en 1943. La plana mayor de la Royal Navy, decidida a eliminar la amenaza que supone para el tráfico maritimo británico  la presencia del poderoso acorazado alemán Tirpitz en un fiordo de la costa noruega, decide organizar una operación secreta con el objetivo de destruir el buque enemigo. Para ello, deciden utilizar los submarinos enanos Mark I, un arma experimental que va a emplearse por primera vez en esa arriesgada misión.

Operación Tirpitz es una producción británica de los años 50 que reconstruye los hechos que rodearon a la denominada Operación Source, una audaz incursión de submarinos enanos en la costa noruega con el objetivo de destruir el acorazado Tirpitz, el poderoso acorazado gemelo del Bismarck. La historia del film se basó en el libro titulado Above us the Waves (cuya traducción sería “Por encima de nosotros, las olas”), escrito por Charles Warren, uno de los participantes en la misión real. La eliminación del Tirpitz, agazapado desde 1942 en el refugio seguro de su casi impenetrable base noruega, se convirtió en una auténtica obsesión para el almirantazgo británico, empeñado en destruir a toda costa el peligroso buque alemán. Cuando los bombardeos aereos se mostraron infructuosos, se decidió emplear los experimentales submarinos de bolsillo para infiltrarse en el fuertemente protegido fiordo donde se refugiaba el Tirpitz, lanzando desde submarinos nodriza a poca distancia de la costa seis minisubmarinos de la clase X. Hay que decir que la Operación Source se saldó con un éxito relativo pero nada desdeñable: ya que pese a que se perdieron todos los minisubmarinos, el estallido de dos cargas explosivas bajo la linea de flotación del Tirpitz dejó fuera de combate al acorazado alemán por un largo periodo de 6 meses, hasta que finalmente, en Noviembre de 1944 la RAF lo destruyó definitivamente empleando bombas especiales Tallboy de 5 toneladas.

Naturalmente, el film rinde homenaje a las valientes tripulaciones de los submarinos enanos británicos que lograron atacar con éxito al Tirpitz. La producción, que contó con el asesoramiento histórico y técnico del comandante de submarinos Donald Fraser, lo cual redundó en el realismo de las escenas subacuaticas, bastante logradas para la época. Igualmente el material usado era igual al original que se empleó en la II GM, por lo que el grado de realismo que transmite el film es muy alto. Por lo demás, la película ofrece los elementos típicos del subgénero submarino, con momentos de tensión, cargas de profundidad, y una lucha contra el reloj para atacar el buque enemigo. No es que la película ofrezca nada especialmente novedoso, y la verdad es que en su primer tercio de metraje se hace algo lenta, pero en líneas generales es un título que ofrece unas apreciables dosis de acción submarina, además de reconstruir con fidelidad los hechos históricos que recrea.

En definitiva, Operación Tirpitz es una típica producción británica con regusto artesanal, sin demasiados alardes cinematográficos, pero que sin duda agradará a los aficionados a los temas navales y a la historia de la II GM.

Calificación: 5,5/10