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viernes, 28 de enero de 2011

El médico de Stalingrado (Der Artz von Stalingrad)

El médico de Stalingrado (1958)

La historia comienza en 1943. Tras la derrota de Stalingrado, el médico militar Fritz Böhler (O.E. Hasse) es capturado por los rusos junto con cientos de soldados, siendo enviados a un campo de prisioneros. Años después del final de la guerra, ya en 1949, Böhler y sus compañeros de reclusión, aun en manos de sus captores, tratan de sobrevivir a las duras condiciones de su cautiverio. Cuando uno de los prisioneros alemanes sufre un ataque de apendicitis, Böhler, pese a la prohibición de los rusos, decide arriesgarse a operarlo, lo cual complicará aun más la situación de los alemanes, expuestos a nuevas represalias de sus captores.

En 1956 aparecía publicada en Alemania la novela titulada Der Artz Von Stalingrad, del escritor alemán Heinz G. Konsalik, antiguo corresponsal de guerra alemán, que en los años posteriores a la contienda se dedicó a escribir una serie de relatos literarios basados en sucesos ocurridos en los frentes de batalla. En este caso, Konsalik se basó en la experiencia personal de un médico militar alemán capturado por los rusos en Stalingrado, el Doctor Ottmar Kohler, quien había sido repatriado a Alemania en 1953, tras diez años de cautiverio en la URSS. El libro pronto se convirtió en un arrollador éxito de ventas, siendo traducido a varios idiomas y alcanzando una gran difusión en Europa Occidental. No es de extrañar, por tanto, que las productoras cinematográficas alemanas se apresuraran a trasladar la historia de la novela al cine. La dirección del film recayó sobre el realizador húngaro Géza von Radványi, mientras que para el papel protagonista del doctor Böhler se eligió al solvente actor alemán O.E. Hasse, quien cuatro años antes, había ofrecido una muy buena actuación en Almirante Canaris, encarnando al famoso jefe del Abwerh.

Entrando a analizar el film, hay que decir que “El médico de Stalingrado” aborda un conjunto de temas interesantes a la hora de narrar la historia. Me gustó especialmente como la película desgrana el complejo entramado de relaciones humanas que se establecen entre los guardianes rusos y sus cautivos alemanes; unas relaciones que oscilan entre la desconfianza y el odio mutuos, pasando por el pragmatismo de unos y otros a la hora de sacar provecho de las circunstancias, e incluso los romances que surgen entre los prisioneros alemanes y las mujeres rusas destinadas en el campo. Igualmente, es interesante señalar que, pese a tratarse de una película de los años 50, tanto por el lenguaje que usan los personajes como por la forma de abordar los temas que se tratan, dan la sensación de que fue un film adelantado a su tiempo en más de un aspecto. También hay diálogos que son muy buenos, como cuando Böhler, ante las quejas de un subordinado por el trato que les dan los rusos, le recuerda que “Somos huéspedes aquí… de hecho, vinimos sin que nadie nos invitara”. En el apartado interpretativo, brilla especialmente O.E. Hasse, estando bien secundado por el resto de actores, entre los que se cuentan varios secundarios ilustres del cine alemán de la época, como Johannes Messemer y Eva Bartok.

Por ponerle algunos “peros” a la película habría que señalar que no termina de ahondar en los temas controvertidos respecto a los sentimientos de culpabilidad por la destrucción causada en la URSS o el odio entre los bandos antagonistas; así como la impresión que transmite de cierta idealización de algunas situaciones y del comportamiento de los personajes principales. Pese a ello, hay que concluir que El médico de Stalingrado, es un film de muy esmerada factura, buen guión y que cuenta con oficio una historia no exenta de interés. Sin llegar a ser una película muy destacada, sí que deja un buen sabor de boca al espectador. Recomendable.

Calificación: 6/10

domingo, 23 de enero de 2011

In Tranzit

In Tranzit (2008)

La historia comienza a principios de 1946, unos meses después del fin de la contienda. Un grupo de prisioneros de guerra alemanes llega a un campo de tránsito femenino situado a las afueras de Leningrado. Pese a tratarse de un campo para mujeres, el coronel Pavlov (John Malkovich), jefe del NKVD de la zona, ordena que los prisioneros alemanes permanezcan allí con un fin oculto. Con la ayuda de la doctora del campo Natalia (Vera Farmiga), Pavlov quiere localizar a los oficiales de la SS que se esconden con nombre falso entre los prisioneros alemanes, amenazando a Natalia con deportar a Siberia a su marido Andrei, mentalmente incapacitado a consecuencia de las heridas sufridas durante la guerra. Sin embargo, la situación se complica cuando surge un atisbo de romance entre la doctora y uno de los prisioneros alemanes, Max.

In Tranzit es el típico caso en el que un guión con una muy interesante idea de base, se desaprovecha al no saber desarrollarla adecuadamente. Porque lo cierto es que la historia, basada en hechos reales, de los prisioneros alemanes enviados al campo de Leningrado, a ser custodiados por las mujeres que habían vivido en primera persona el asedio de la ciudad y cuyos familiares y amigos habían muerto durante la guerra, ofrecía mucho margen para dar lugar a una buena película. Cosa que confirma el arranque de la película, mostrando la tensa llegada de los prisioneros alemanes al campo, así como el desprecio y la violencia física que sufren a cargo de sus antiguas víctimas, convertidas ahora en verdugos.

No obtante, transcurridos los primeros veinte minutos de metraje, la historia se va diluyendo inevitablemente, a la par que el director pierde el pulso de la narración. Ello es debido principalmente a que el tono de la narración, adecuadamente oscuro y opresivo en el primer tramo de la historia, evoluciona conforme avanza esta, hasta el punto de llegar a hacerse extrañamente almibarado –con la inclusión de varias tramas románticas muy mal desarrolladas– e incluso un tanto inverosímil. A esto hay que sumarle el hecho de que las líneas narrativas que se intentan abarcar (drama carcelario, la historia de espionaje, y la trama romántica), resultan más bien planas, de modo que ninguna de las historias que se intercalan resulta plenamente satisfactoria para el espectador. Y esto es algo que ni la decente ambientación, ni el correcto trabajo interpretativo del reparto, en especial de los protagonistas John Malkovich y Vera Farmiga, puede solucionar. En todo momento, da la sensación de que la película, quitando sus primeros minutos, no termina de encontrar el tono adecuado, y al final se queda en un producto fallido, que malbarata el buen punto de partida argumental, al que podría habérsele sacado un mayor jugo dramático.

En definitiva, In Tranzit, ofrece cierto interés por abordar un tema interesante historícamente hablando, y además, poco trillado desde el punto de vista cinematográfico. Pero aparte de eso, y quitando el oficio interpretativo de su buen reparto, no ofrece demasiados aspectos de interés. Una película pasable, pero que decepciona en más de un sentido.

Calificación: 5/10

domingo, 16 de enero de 2011

The Brest Fortress (Brestskaya krepost)

The Brest Fortress (2010)

La historia comienza el 21 de junio de 1941. Una calurosa tarde de verano, el joven cadete Alexander Afimov, integrante de la banda de música militar de la guarnición de Brest, disfruta de la apacible vida del acuartelamiento. Sin embargo, solo un día más tarde, los alemanes atacan por sorpresa, cercando la ciudadela de Brest, e iniciando un intenso asalto que choca con la encarnizada defensa de los soldados rusos. Durante los días siguientes, Afimov será testigo de excepción de la heroica resistencia de la posición frente al ataque enemigo, una defensa liderada por tres oficiales: el comandante Pyotr Gavrilov, el comisario Efim Fomin, y el teniente Andrey Kizhevatov, decididos a enfrentarse a los alemanes hasta el último aliento.

El cerco de la fortaleza de Brest fue uno de los combates más encarnizados de los que se libraron durante la fase inicial de la Operación Barbarroja, la invasión de la URSS por parte de la Werhmacht alemana. La ciudadela de Brest era una antigua fortificación rusa del S. XIX situada a orillas del Rio Bug, que ya había sido ocupada por los alemanes tras la invasión de Polonia en 1939, pero que volvió a manos rusas en virtud de los términos del pacto Molotov – Ribbentrop para la partición del territorio polaco. En 1941, dicha posición, situada en el eje de avance del Grupo de Ejércitos Centro, era uno de los objetivos fronterizos claves de Barbarroja. Al comienzo de la invasión alemana, la guarnición de la ciudadela ascendía a unos 3.500 hombres entre soldados, guardias fronterizos y miembros del NKVD.

Los alemanes pensaron que podrían capturar la posición rápidamente, pero el asalto inicial fue rechazado por la encarnizada resistencia de los defensores, bien atrincherados tras los espesos muros de las fortificaciones. Al final, la ciudadela resistió durante 8 días el asedio (del 22 al 30 de junio de 1941) y su captura le costó a la Werhmacht  unas 1.500 bajas entre muertos y heridos, amén de tener que recurrir al apoyo intensivo de la Luftwaffe para reducir a los tenaces defensores rusos. De este modo, el asedio de Brest se convirtió en paradigma de la resistencia del Ejército Rojo durante las primeras semanas de la guerra, razon por la que en 1965 el gobierno soviético decidió otorgarle a la ciudadela el nombre honorífico de “Fortaleza Heroica”, creando en el lugar un museo memorial dedicado a los defensores de Brest. El proyecto de llevar la historia del cerco de Brest al cine ha contado con un presupuesto de 7 millones de dólares, y se ha financiado gracias a la coproducción entre estudios de Rusia y Bielorrusia, con una importante participación de la televisión pública bielorrusa, que aportó la mayor parte del dinero necesario para el rodaje.

Naturalmente, The Brest Fortress viene a rescatar la memoria y a rendir homenaje al valor de los defensores de la fortaleza, la mayoría de los cuales murieron en combate o fueron capturados por los nazis tras la rendición de la misma. La película arranca mostrando una excelente puesta en escena, en la que destaca la esmerada reconstrucción de los escenarios tanto exteriores como interiores, una muy cuidada ambientación, y un perfecto atrezzo militar, que incluye la aparición de varios carros alemanes Panzer III que parecen auténticos tanques de la II GM. Además, también hay que reseñar la soberbia calidad de la fotografía, que viene redondear el sobresaliente nivel del apartado técnico del film.

Sin embargo, entrando a valorar el aspecto narrativo, no puede decirse que el desarrollo de la historia raye al mismo nivel que los aspectos técnicos. Y ello porque la película adopta desde el primer momento un tono clara e inequívocamente patriótico a la hora de relatar los hechos, dejando poco lugar a la interpretación del espectador: esta es una historia de “buenos” (los rusos) frente a los malos (los alemanes). Personalmente eché en falta alguna mención de la perspectiva de la batalla desde el otro bando, aun cuando fuera con carácter secundario, pero que viniera a completar el punto de vista soviético sobre la batalla.

Por otra parte, la película desde luego no adolece de falta de acción, ya que más de tres cuartas partes de su metraje se dedican a mostrar escenas de acción y combates, con breves interludios entre ellas. Pero por esa misma razón, la parte discursiva queda en un muy segundo plano, y el desarrollo de los personajes centrales resulta más bien esquemático. En cuanto a las actuaciones, hay que decir que los intérpretes cumplen sin grandes alardes en sus respectivos papeles, que por otra parte, son más bien estereotipados y tampoco dejaban demasiado lugar al lucimiento de los actores. No obstante, hay que reconocer que la escenas de acción están en general muy bien filmadas, con el sello visual hiperrealista que viene siendo habitual en las más recientes producciones bélicas, lo cual compensa en parte el tono excesivamente patriotero de la historia y la falta de equilibrio existente entre la parte discursiva y la parte bélica del film.

En conclusión, The Brest Fortress es un título que ofrece unas muy interesantes escenas bélicas de notable factura visual. Sin embargo, desde el punto de vista narrativo, recurre a fórmulas y posiciones ya muy superadas en la actualidad. Pese a ello, a buen seguro agradará a los aficionados al cine bélico por su buen hacer en el apartado técnico y por rememorar una de las grandes batallas de la II GM.

Calificación: 6/10

La Pelicula en You Tube (9 Archivos, V.O. con subtitulos en inglés)

lunes, 10 de enero de 2011

Los amanereces son aquí mas apacibles (A zori zdes tikhie)

Los amaneceres son aqui mas apacibles (1972)

La historia nos sitúa en Karelia, en la frontera entre Finlandia y Rusia, en 1941. En una diminuta aldea situada en la retaguardia de un tranquilo sector del frente, el Sargento Mayor Vaskov recibe el encargo de establecer una posición de batería antiaérea. Poco después, y ante la sorpresa de Vaskov, el mando de la zona le envía un pelotón de mujeres que serán las encargadas de servir los cañones antiaéreos. Pese a las reticencias iniciales del sargento, pronto la camaradería ira surgiendo entre el y sus subordinadas, cuyas historias personales se irán poniendo gradualmente de manifiesto. Un día, la idílica tranquilidad del frente se ve alterada cuando una de las mujeres descubre en el bosque la presencia de dos paracaidistas alemanes, lo que hará que Vaskov, junto con cinco de sus combatientes, salgan en su búsqueda.

Los amaneceres son aquí más apacibles supuso la adaptación cinematográfica del libro homónimo del escritor ruso Boris Vasilyev, autor de varias novelas bélicas inspiradas en los hechos acaecidos durante la guerra contra el invasor alemán. Tras su estreno, la película tuvo una buena acogida en la URSS e incluso llegó a ser nominada para el Oscar a la mejor película extranjera en la edición de 1973, todo un hito en una época en la que las relaciones diplomáticas e internacionales entre la URSS y EEUU aun no se habían normalizado. Pero después de recibir tales reconocimientos, el film cayó en un injusto olvido, hasta que en 2004 apareció nuevamente editado en formato DVD, lo cual permitió que la película volviera a tener cierta difusión en el mercado occidental.

Y es una suerte que haya sido asi, porque lo cierto es que Los amaneceres son aquí mas apacibles puede considerarse una de las mejores películas soviéticas sobre la II GM. Lejos de recrearse en los aspectos épicos o propagandísticos, el film nos ofrece una historia poética, de hondo calado humano, acerca del drama de la guerra y el sacrifio personal que todo conflicto implica, amén de constituir un sentido homenaje a las mujeres que lucharon y murieron en el frente de batalla. En la primera mitad del film -que, bajo mi punto de vista, condensa lo mejor del mismo- asistimos a la presentación de los personajes y al desarrollo de sus respectivas historias, de modo que con un ritmo pausado, vamos conociendo a las protagonistas, sus motivaciones y sus vidas anteriores al estallido de la guerra, narradas mediante una serie de flashbacks de tono ligeramente onírico.

No faltan tampoco unas bien dosificadas notas de humor a la hora de describir el inevitable choque de mentalidades entre el puntilloso sargento Vaskov y sus subordinadas, pese a lo cual irá surgiendo gradualmente entre ellos un inevitable sentimiento de camaradería. También me gustó la forma en que son descritas las protagonistas de la historia, de una manera muy humana, como mujeres embarcadas en una guerra, pero que no por ello renuncian a las inclinaciones propias de su feminidad. Tras esa primera parte, la segunda mitad del film, que contiene la parte estrictamente bélica del relato, nos muestra como Vaskov y sus combatientes se enfrentan de manera dramática a un grupo de paracaidistas alemanes en un duelo desigual. Quizás esta parte resulta más convencional en su desarrollo y en algunos momentos, se hace algo lenta, pero es bastante realista y sirve adecuadamente para construir un crescendo narrativo que conduce al trágico desenlace y emotivo epílogo del film, además de contener algunos elementos antibelicistas que recuerdan a títulos anteriores como "Sin novedad en el frente".

En el apartado interpretativo, y pese a que el reparto no contó con ninguna cara conocida, hay que reconocer que el protagonista, Andrei Martinov, compone un muy buen personaje encarnando al abnegado Sargento Vaskov, y está muy bien respaldado por las intérpretes femeninas, todas las cuales resultan muy creíbles en sus respectivos papeles.

En conclusión, Los amaneceres son aqui más apacibles constituye una magnífica muestra del cine bélico soviético en lo que a calidad artística se refiere. Es un título que ofrece una muy emotiva historia humana, desprovista de ínfulas épicas o propagandísticas, y narrada de forma un tanto pausada, pero que logra conmover al espectador en más de un momento. Un título a descubrir, cuyo visionado recomiendo a todo aquel que aprecie el cine de calidad y rico en matices narrativos.

Calificación: 7/10

miércoles, 5 de enero de 2011

Kamikaze: moriremos por los que amamos (Ore wa, kimi no tame ni koso shini ni iku)

Kamikaze: moriremos por los que amamos (2007)

La historia comienza en 1944. Ante la cada vez más desesperada situación militar de las fuerzas japonesas en el Pacífico, el vicealmirante Onishi decide crear un cuerpo de pilotos suicidas, denominados Kamikazes, para atacar los buques de la flota norteamericana estrellando contra ellos sus aviones cargados de bombas. La historia se centra en el jefe de una de estas unidades kamikaze, el alférez Tabata, y la señora Tome, la encargada de un restaurante junto a la base aérea de Chira, donde se preparan los pilotos suicidas, que irá narrando la historia y las preocupaciones de estos jóvenes durante las semanas anteriores a ser enviados al combate.

Kamikaze, moriremos por los que amamos es una reciente producción japonesa dirigida por Taku Shinjo con guión basado en el libro de Shintaro Ishishara, antiguo gobernador de Tokyo, quien recopiló los testimonios de varios pilotos kamikaze gracias a la colaboración de Tome Torihama. Esta mujer era la antigua encargada un restaurante cercano a base aerea de Chira, desde donde partieron cientos de pilotos suicidas con destino a Okinawa durante las últimas semanas de la guerra, gracias a lo cual tuvo la oportunidad de tratar personalmente a muchos de esos jóvenes pilotos kamikaze, y conocer sus historias personales, que sirvieron de base para el libro de Ishishara y que inspiraron las historias que aparecen en el film.

De este modo, inspirandose directamente en los relatos del libro, Kamikaze moriremos por los que amamos ofrece una perspectiva que podemos considerar novedosa a la hora de describir las motivaciones de los jóvenes pilotos japoneses que aceptaron inmolarse en un acto de sacrificio ya inútil a esas alturas de la guerra. En ese sentido, la película ofrece un retrato de los kamikazes que se aparta diametralmente del tópico de fanáticos combatientes, deshumanizados y sin sentimientos, para mostrar una semblanza mucho más humana de ellos. Apartándose del estereotipo, el film nos muestra a un conjunto de jóvenes recien salidos de la adolescencia, con inquietudes artísticas, enamorados e inquietos por la suerte de sus familiares, que fueron coaccionados moralmente e incluso obligados por sus superiores a realizar misiones suicididas. Un enfoque ciertamente novedoso, y que resulta bastante enriquecedor desde el punto de vista histórico.

No obstante, a la hora de desarrollar el tema, bajo mi punto de vista la historia no termina de conectar totalmente con el espectador. Y ello es principalmente debido a que la parte dramática de la narración, que ocupa dos tercios del total del metraje, resulta bastante irregular. Aunque hay algunas escenas de diálogo bastante logradas (por ejemplo, cuando el hermano menor de uno de los kamikaze pregunta ingenuamente a este: “Si tu mueres…¿Japón gana?"), en general, la película abusa de secuencias discursivas que resultan más bien planas y reiterativas. En cuanto a la parte bélica, es destacable la aparición de varios aviones que parecen auténticos cazas Ki-43 Oscar, y la recreación de los ataques contra la flota norteamericana, mediante unos excelentes efectos visuales generados por ordenador que dotan de espectacularidad a la parte bélica del relato, pese a que esta queda finalmente un tanto encorsetada, entre la parte dramática y el dilatado epílogo de la historia, al que claramente le sobran varios minutos de metraje.

En resumen, Kamikaze, moriremos por los que amamos es una interesante muestra del cine bélico japonés, cuyo principal aliciente es el de ofrecernos la versión japonesa del conflicto desde una nueva perspectiva. No es un film del todo redondo en el plano cinematográfico, pero sí que es un título de correcta factura y bastante logrado en el plano visual. Agradará sin duda a los aficionados al cine de la II GM.

Calificación: 6/10

sábado, 1 de enero de 2011

Almirante Yamamoto (Rengo kantai shirei chôkan: Yamamoto Isoroku)

Almirante Yamamoto (1968)

La historia comienza en 1939. Mientras la guerra en Europa hace que muchos altos mandos militares japoneses presionen al gobierno para establecer una alianza con Alemania, el Almirante Isoroku Yamamoto (Toshiro Mifune) se muestra contrario a la guerra contra los Estados Unidos, advirtiendo al estado mayor del poder industrial norteamericano, lo cual le granjeará la enemistad de los comandantes del ejército. No obstante, cuando el gobierno japonés decide entrar finalmente en la guerra atacando Pearl Harbor, Yamamoto se pondrá al frente de la Flota Combinada de la Marina Imperial para dirigir las operaciones navales a lo ancho del Pacífico.

Rengo kantai shirei chôkan: Yamamoto Isoroku (“El Almirante de la flota combinada: Isoroku Yamamoto”), es una producción nipona de finales de la década de los 60, dedicada al que probablemente es el militar japonés más famoso del S. XX, el almirante Yamamoto. Al estallar la II GM, Yamamoto, que había participado como alferez en la Batalla de Tsushima en 1905, ya era uno de los militares japoneses más respetados y prestigiosos, y su temprana muerte en combate aéreo en 1943, hizo que su figura fuera elevada a la categoría de héroe legendario para el pueblo japonés. En este caso, la narración abarca el periodo comprendido entre 1939, y la muerte del almirante, acaecida el 18 de Abril de 1943, tras ser derribado el bombardero en que viajaba por una escuadrilla de cazas P-38, especialmente enviada a interceptar el avión de Yamamoto, al tener conocimiento la inteligencia aliada de la ruta que iba a seguir el mismo, gracias a la intercepción de los mensajes cifrados japoneses.

En ese sentido, el film ofrece una correcta síntesis de los principales hechos políticos y militares del periodo que relata, además de ofrecer un retrato bastante elogioso –y a veces, casi hagiográfico- del personaje. Personalmente me gustó especialmente la parte que muestra la posición cauta de Yamamoto respecto a las posibilidades reales de Japón de vencer en una guerra contra los aliados occidentales, y la preparación del ataque a Pearl Harbor. Tampoco está mal como se relata la derrota japonesa en Midway, reflejando con fidelidad las circunstancias que determinaron la destrucción de la escuadra de portaaviones del almirante Nagumo en dicha decisiva batalla naval, que cambió definitivamente la suerte de la guerra en el Pacífico.

Ahora bien, la película también tiene aspectos mucho menos logrados, aparte del ya mencionado retrato enteramente benigno de Yamamoto. En primer lugar, para recrear las escenas de combates aéreos y navales, quitando algunos planos filmados y de material de archivo que están bien insertados, se emplearon una serie de maquetas bastante evidentes y burdas, de modo que los efectos visuales resultan bastante deficientes incluso para los cánones de la época. No en vano, la realización de los efectos especiales correspondió a Eiji Tsuburaya, conocido mundialmente en aquella época por ser el responsable de los efectos visuales de las películas de la serie “Godzilla”, que eran producciones de pura serie B.

Además, la película adolece de otro defecto muy común a las producciones bélicas japonesas: su absoluto maniqueísmo a la hora de presentar las motivaciones japonesas para entrar en la guerra, que fueron de carácter puramente imperialista e incluso racista. Aunque al menos, hay que reconocer que contiene cierto atisbo de autocrítica al mostrar la insidiosa influencia del patriotismo exaltado de los jefes del ejército de tierra, impacientes por entrar en la guerra del lado del Eje. Igualmente, el retrato que se hace de los políticos y militares japoneses en general, resulta bastante amable, mostrando una galería de personajes más bien planos y esquemáticos. En cualquier caso, es destacable el enorme carisma interpretativo del que hace gala el actor Toshiro Mifune encarnando a Yamamoto, un papel que repetiría ocho años más tarde, volviéndose a poner en la piel del famoso almirante en “La Batalla de Midway”.

En resumidas cuentas, Almirante Yamamoto ofrece un correcto relato histórico-biográfico sobre el personaje. Pero desde el punto de vista cinematográfico, la película es bastante mediocre en el aspecto visual y narrativo. Merece la pena verse sobre todo por la interpretación de Mifune, y agradará al aficionado a la historia de la II GM, pero es un título que, en cuanto a calidad artística, no pasa de discreto.

Calificación: 4/10