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miércoles, 23 de mayo de 2007

El Gran Dictador (The Great Dictator)

El Gran Dictador (1940)

La película comienza en la Primera Guerra Mundial, cuando un soldado de Tomania salva la vida de un oficial llamado Schultz que lleva unos importantes documentos que pueden cambiar el curso de la guerra, pero que llegan demasiado tarde porque el avión que lo transporta se estrella. La guerra termina y después de un tiempo en el hospital el soldado de origen judio vuelve a su barbería en el guetto. Sin embargo, Tomaína ha caido en manos de un cruel dictador Astolfo Hínkel, quien ha empredido una despiadada campaña contra los judios apoyado en sus ministros Herring (trasunto de Goering) y Garbitshc (trasunto de Goebbels). Pese a ello el barbero es protegido por Schultz, ahora un importante cargo, y puede seguir su vida y su romance con una judía llamada Hannah, hasta que una serie de peripecias y su parecido con Hynkel le harán verse envuelto en los planes de conquista del dictador y su aliado Napoloni (alter ego de Mussolini).

Es dificil contar algo nuevo de una de las películas míticas del cine como es el “El Gran Dictador”. Esta feroz y lucida crítica del totalitarismo (fascista en ese caso, pero aplicable a cualquier dictadura) ha perdurado justamente por la absoluta vigencia del mensaje que nos transmite, aun hoy, casi setenta años después de su estreno. Sin ser la mejor película de Chaplin (ese mérito se le suele atribuir a “Tiempos Modernos”) lo cierto es que el genial Charlot compuso uno de los alegatos mas contundentes que el septimo arte haya contemplado en favor de la libertad del ser humano. Y este film cobra un valor añadido si tenemos en cuenta que apunta con asombrosa clarividencia todos los horrores del régimen nazi que en la fecha de su estreno (1940) apenas podían vislumbrarse.

Si de enumerar escenas se tratara, apenas tendría espacio, pero por resaltar algunas me quedaría con las siguientes:

- El histérico discurso inicial de Astolfo Hinkel, toda una denuncia del histrionismo de Hitler y de la vaciedad de la parafernalia nazi.

- Las escenas de Hínkel con Napoloni, absolutamente magistrales en su finalidad paródica. Destacaria de entre estas escenas cuando contemplan el desfile de tropas (“Esos son mis aviones” dice Hinkel; y cuando uno se estrella, Napoloni añade, “Sí, son los suyos); o la hilarante escena de las sillas hidraulicas que ambos dictadores accionan para quedar por encima del otro.

- Por supuesto, la escena de Hinkel jugando embelesado con el globo del mundo. Auténtico icono de la historia del cine.

- El profundo, desgarrador y emotivo discurso final del barbero suplantando a Hynkel, imposible de ver sin que se te haga un nudo en la garganta.

Por ello, podemos considerar “El Gran Dictador” como una de esas raras películas inmortales que podemos ver una y otra vez sin cansarnos de ellas.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Acierto del autor del blog...
PD: Ve Vd,querido Mayor Reisman,lo que es una obra maestra?.Pues esta lo es...sencillamente genial...

Paulus dijo...

Hola Kleist.

En este caso estamos ante una película propagandista, lo cual no empece lo más mínimo el calificativo de gran película.

Personalmente me quedo con la escena, supongo que muy al uso en aquel tiempo, del debate armamentístico de Hinkel y el dictador Napoli, en el instante en que empiezan a divagar sobre armas que imaginarias. Aunque dan una imagen cómica en exceso es una escena francamente buena.

Por lo demás, dado que nos situamos en 1940, no comparto el contenido del discurso final dado que, aunque pueda parecer emotivo, creo que el propio Chaplin, si viese el mundo que los Aliados han regalado al mundo, se arrepentiría de haber pronunciado. "Ahora, unámonos para liberar el mundo, para terminar con las barreras nacionales, para terminar con la codicia, con el odio y con la intolerancia. Luchemos por un mundo de la razón, un mundo en el que la ciencia y el progreso lleven la felicidad a todos nosotros". Las democracias liberales no han demostrado nada sino todo lo contrario, han mostrado lo peor cara del hombre a base de millones de muertos, porque lo único cierto es que el malo, el genocida, el asesino, Hitler, murió en 1945.

Lamento la disgresión política.

Un saludo, von Kleist.

Von Kleist dijo...

Buenas Paulus

Sí, la escena del paracaidas que se ponia en la cabeza es bastante cómica.

En cuanto a las ideas políticas de cada uno, son perfectamente respetables. Pero yo prefiero creer aquello de "Es mejor una mala democracia que una buena dictadura".

Saludos

Anónimo dijo...

Claro....es cierto.... Jajajajjaja hoy día vivimos en una dictadura gracias a los aliados. ( esta de moda ser anti EEUU) Que pena que las tropas del eje no invadieron el mundo.... Aquello si que debería de ser una "mala democracia" no? Pffff pues espero que entonces no fueses ni judio, ni negro, ni nada de nada menos rubio alto atlético y no uses ningún otro idioma que no fuese alemán....por qué la llevarias clara. Es más.... No creo ni que pudieses tener un blog... (la globalización e Internet son el diablo)