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martes, 10 de mayo de 2011

En el límite del amor (The edge of love)

En el limite del Amor (2008)

Londres, 1940. Mientras los bombardeos alemanes arrasan la ciudad, el poeta Dylan Thomas (Matthew Rhys), se reencuentra casualmente con Vera Phillips (Keira Knightley) su novia de la adolescencia. El reencuentro hará que renazca la atracción entre ambos, pero su relación se hace imposible cuando Caitlin (Sienna Miller), la esposa de Dylan, acude a Londres para reunirse con su marido, lo cual no impedirá que ambas mujeres se hagan amigas y compartan una intensa relación emotiva con el poeta. Cuando los bombardeos alemanes sobre la ciudad arrecian, los tres deciden mudarse a vivir juntos a la finca que Dylan posee en Gales, donde inevitablemente surgirán las tensiones entre ellos.

En el límite del amor supuso un acercamiento biográfico a la figura del famoso poeta galés Dylan Thomas, uno de los dramaturgos británicos más celebres del S. XX, que durante los años de la contienda se convirtió en una de las voces más populares de la BBC gracias a sus intervenciones radiadas para la nación. Basándose en este personaje, el film nos ofrece una narración centrada en su trayectoria vital durante los años de la guerra, así como en su tormentosa vida personal y amorosa. Lo mas atractivo del film radica en su reparto, especialmente en sus protagonistas femeninas, Keira Knightley interpretando nuevamente un papel de época, en un registro muy parecido al ya ofrecido por la actriz en Expiación, compartiendo el protagonismo con una convincente Sienna Miller, que da vida a la alocada esposa de Thomas. Ambas ofrecen lo mejor de un relato que comienza con fuerza en sus veinte primeros minutos de metraje, mostrando el reencuentro de Vera con su amor de adolescencia, y la bohemia personalidad del poeta, que lleva una existencia desordenada y plagada de excesos alcohólicos. Lamentablemente, prácticamente en esos aspectos se acaban las cualidades del film.

El resto de la película ofrece mayormente una amalgama de pretenciosas citas poéticas que el personaje de Thomas pronuncia a veces sin venir a cuento, junto con una desvaida y tópica a más no poder historia del triangulo amoroso que se establece entre los tres personajes protagonistas, sazonada con algunas escenas bélicas sin sustancia. El resultado final es que las dos horas de metraje no solo no logran transmitir el lirismo que pretenden, sino que además aburren mortalmente en más de un momento. Y eso es algo que ni el buen trabajo de las actrices principales, ni los destacables aspectos técnicos del film –en especial, la ambientación y la fotografía- puden compensar.

En definitiva, En el límite del amor constituye un notable ejercicio técnico y visual por parte de su realizador, John Marbury, pero es un título que finalmente ofrece muy poco debido a las debilidades de un guión muy poco consistente, y a una historia pretendidamente profunda, que al final peca de ser excesivamente superficial. Una pena que el talento de sus protagonistas se haya desperdiciado de esta manera, porque se trataba de una historia que podría haber ofrecido mucho más. Una película pasable, en el mejor de los casos.

Calificación: 4/10

martes, 3 de mayo de 2011

El hombre que nunca existió (The man who never was)

El hombre que nunca existió (1956)

La historia comienza en el verano de 1943. Tras la caida del norte de Africa en manos aliadas, el alto mando planea la invasión de Sicilia. Paralelamente los servicios de inteligencia británicos tratan de engañar al espionaje alemán acerca de las futuras operaciones militares en el Mediterraneo. Entre los planes propuestos, el Comandante Montagu (Clifton Webb) de la inteligencia naval, idea hacer llegar a los alemanes unos planes falsos de invasión de Grecia y Cerdeña, usando un hombre muerto arrojado al mar, un plan que recibirá el nombre clave de Operación Mincemeat.

En 1953 aparecia publicado en Gran Bretaña un libro titulado The man who never was, escrito por el antiguo oficial de la inteligencia naval Ewen Montagu. En dicho libro, Montagu describía los hechos históricos que rodearon a la Operación Mincemeat (“carne picada”), una de las más estrambóticas operaciones de engaño estratégico organizadas por el servicio secreto británico durante la guerra. El comandante Montagu pensó certeramente que si el cuerpo de un falso oficial británico, portando documentos de alto secreto, aparecía en las costas de Huelva, los agentes locales del Abwerh alemán se harían con una copia de los mismos y los trasladarian al Alto Mando, así que se hizo todo lo posible por dotar de credibilidad a la historia del cadáver. A tal efecto, se creó una identidad ficticia, la del Mayor William Martin, dotándolo de documentos de identidad, cartas de alto secreto, recibos de lavandería e incluso una carta de amor de una falsa prometida. El plan fue todo un éxito, y tras recibir la información falsa proporcionada por Mincemeat, Hitler ordenó el desvío de importantes contingentes navales y terrestres a Grecia, asegurando de este modo el éxito de la Operación Husky.

Naturalmente, esta era una de esas historias de espionaje que se prestaba a ser llevada al cine. En lineas generales la película respetó lo esencial de los hechos históricos, si bien se tomaron algunas licencias. En la película se muestra que el cadáver usado fue el de un hombre escocés al que vela su padre tras morir de neumonía, pero en realidad la identidad del cuerpo era la de un vagabundo galés llamado Glydwr Michael, huerfano de padre y madre, que se había suicidado a principios de 1943.

Además, los guionistas también optaron por dotar de mayor dramatismo a la historia real, incluyendo la historia ficticia de un espía alemán enviado a Londres para comprobar la veracidad de la identidad y de la historia del Mayor Martin. Aunque realmente es de agradecer que se hiciera así, ya que esa parte de la trama contribuye a levantar el vuelo de una narración que peca de ser excesivamente académica y quizás algo plana en su primera mitad de metraje. Por lo demás, la película presenta la típica corrección formal y visual del cine británico, un guión que consigue crear un aceptable ritmo narrativo, y unas buenas interpretaciones de los actores protagonistas, Clifton Webb y Stephen Boyd.

En resumidas cuentas, El hombre que nunca existió ofrece un interesante relato de espionaje, además de describir con fidelidad histórica una de las operaciones de engaño estratégico más existosas de la II GM. Pese a tratarse de una historia a la que quizás podría habersele sacado más jugo con una realización más vigorosa, es uno de esos relatos que a buen seguro agradarán a los aficionados a este tipo de cine. Un título que merece la pena visionar.

Calificación: 6/10

jueves, 28 de abril de 2011

La Señora Miniver (Mrs. Miniver)

La Señora Miniver (1942)

La señora Kay Miniver (Greer Garson), una ama de casa de clase media acomodada residente en un tranquilo pueblo a las afueras de Londres, verá como la apacible vida que lleva junto a su marido Clem (Walter Pidgeon) y sus tres hijos, se ve alterada por el estallido de la guerra mundial. Mientras Clem se alista en el servicio auxiliar de patrullas fluviales, el hijo mayor de la familia se enrola en la RAF, y toda la familia, como el resto de la población de la zona, comienza a verse sometida a los bombardeos alemanes del verano de 1940.

Al hablar sobre La Señora Miniver Winston Churchill afirmó que la película había contribuido más el esfuerzo bélico de Gran Bretaña que una flotilla de destructores. Puede argumentarse que quizás Churchill fue un poco exagerado al hacer tal afirmación, pero ciertamente el éxito de La Señora Miniver entre el público anglosajón (y especialmente en EEUU) supuso un notable espaldarazo propagandístico para la lucha en solitario que Gran Bretaña había mantenido contra el III Reich hasta finales de 1941. El éxito de película entre el público estadounidense –el mismo presidente Roosevelt elogió públicamente el film- le valió para se reconocida con la nominación a 12 Oscars en la edición de 1943, de los cuales ganó 6, incluyendo los de mejor película, dirección, guión, y actriz principal. Un éxito que satisfizo enormemente a su director, William Wyller, ciudadano estadounidense de origen alemán, que admitió abiertamente que había realizado la película con una finalidad propagandística, y especialmente para acercar las simpatías del público estadounidense a la lucha del pueblo británico frente al nazismo. Y desde luego puede decirse que Wyller consiguió plenamente su objetivo. Pero la contribución de Wyller a la causa aliada no terminaría con este film, sino que continuaría desde 1942 hasta el final de la guerra, con la realización de una serie de documentales bélicos de propaganda que Wyller se encargó de filmar en los principales escenarios bélicos de la contienda donde combatian las tropas aliadas.

Entrando a valorar el film, hay que señalar ante todo que La Señora Miniver es, como su propio prólogo aclara, una historia de gente común cuyas vidas se ven de pronto alteradas por la guerra. Un enfoque ciertamente novedoso, al hacer una aproximación al conflicto no desde la perspectiva de los combatientes en el frente, sino desde el espíritu de resistencia y sacrificio de la población civil en la retaguardia. En ese sentido, el mayor mérito de Wyller es el de construir una historia sólida a partir de unos personajes más bien arquetípicos, como la madre de familia ejemplar, el jóven rebelde, la aristócrata engreida…etc. Wyller también supo plasmar en la pantalla una serie de situaciones emotivas que captan la atención del espectador, como la inquietante escena de la Sra. Miniver con el piloto alemán derribado, la de la familia pasando la noche en el refugio antiaéreo mientras en el exterior estallan las bombas, o el sermón del pastor homenajeando a los civiles muertos por los bombardeos en el escenario de la iglesia semiderruida.

Ahora bien, lo anterior tampoco puede ocultar el hecho de que el mensaje del film resulte, valorado en conjunto, bastante de simplista, y que el panorama que la película dibuja acerca de la sociedad británica de la época resulte más que edulcorado y excesivamente idílico. Aunque eso no oscurece los otros aspectos meritorios del film, como la excelente labor de los actores, la cuidada puesta en escena y la elegante fotografía, lo cierto es que el éxito de La Señora Miniver tuvo un importante componente coyuntural, y que claramente estamos ante una de esas películas sobrevaloradas por la Academia de Hollywood. Pese a lo cual, La señora Miniver puede considerarse uno de los títulos clásicos del cine propagandístico, un título de obligado visionado que sirve para redondear la entrada número 300 de este blog.

Calificación: 6/10

sábado, 23 de abril de 2011

Sangre, sudor y lágrimas (In which we serve)

Sangre, sudor y lágrimas (1942)

Tras ser botado en las semanas previas al estallido de la II guerra mundial, el destructor de la Royal Navy HMS Turrin recibe la llegada de su tripulación con su comandante, el Capitán Kinkrass (Noel Coward) al frente. Pronto, el Turrin entrará en acción en aguas de Noruega, para colaborar más tarde en la evacuación de Dunkerke, hasta ser gravemente dañado durante las operaciones navales contra la isla de Creta. Entretanto, el capitán Kinkrass y algunos de sus hombres irán recordando sus experiencias anteriores al estallido de la guerra.

Sangre sudor y lágrimas (traducción que hace referencia a la fámosa frase de Churchill y que poco tiene que ver con el título original, que viene a significar “En la cual servimos”) es una película propagandística británica, producida en el periodo inicial de la contienda, cuyo interés reside más en el trasfondo de su gestación que en la historia que cuenta. El proyecto salió adelante gracias al empeño del comediante Noel Coward, amigo personal de Churchill y de Lord Mountbatten que, deseoso de contribuir al esfuerzo bélico de su país saliéndose del ámbito de la comedia, se inspiró en las experiencias de Mountbatten al frente del destructor HMS Kelly durante los primeros meses de la guerra, las cuales sirvieron de base para elaborar el guión del film. Además, este supuso el primer trabajo en la dirección de uno de los grandes realizadores del siglo XX, David Lean.

Como Coward, que en principio iba a ser el director además del protagonista del film, no tenía experiencia en la dirección le preguntó a un amigo quien podría ayudarle como codirector, y la repuesta que obtuvo fue: “puedes contar con el mejor editor del país: David Lean”. Una vez que este accedió a participar en el proyecto, su diligencia durante los primeros días de rodaje fue tal que Coward decidió dejar enteramente en manos de Lean las labores de dirección, centrándose él en la interpretación. El rodaje pudo concluirse en un plazo relativamente breve gracias al total respaldo que el ministerio de información dio al film, de modo que Coward pudo contar con cientos de marineros reales para que actuaran como extras en la película. Después de su estreno, además, Coward recibió una felicitación oficial del almirantazgo británico por el retrato altamente realista que la película hacia de la guerra en el mar.

En ese sentido, puede decirse que lo mejor de Sangre, sudor y lágrimas es, sin duda, su alto grado de realismo. Se nota que el guión bebe directamente de las experiencias bélicas de un capitán de navío ya que el aspecto bélico de la producción –bastante logrado desde el punto de vista técnico pese a las evidentes limitaciones de la época- resulta bastante realista, especialmente en las secuencias que muestran el hundimiento del destructor en Creta tras ser bombardeado por aviones de la Luftwaffe.

Tampoco está mal la interpretación de Noel Coward en el papel de capitán Kinkrass, sobre todo teniendo en cuenta el cambio de registro que tuvo que hacer el actor, anteriormente encasillado en papeles de comedia. La técnica narrativa puede considerarse igualmente bastante novedosa para la época, ya que la historia está narrada en gran medida mediante una serie de flashbacks, que nos retrotraen a las semanas anteriores al estallido de la guerra, y nos muestran la vida de los protagonistas durante esos días que precedieron al estallido de la contienda. Sin embargo, la película también tiene aspectos mejorables, en especial la falta de ritmo de la que adolecen buena parte de dichos flashbacks –muchos de los cuales se pierden en diálogos y anécdotas más bien insustanciales- y quizás el hecho de que el mensaje propagandístico resulta demasiado poco sútil. Se trata ante todo de resaltar el espíritu de abnegación y sacrificio del pueblo británico ante la guerra, sin introducir mayores matices, por lo que en ese aspecto, la trama resulta bastante plana para el espectador actual.

En cualquier caso, por ser una película más que correcta en el aspecto técnico y por haber supuesto el debut en la dirección del gran David Lean, Sangre, sudor y lágrimas es de esos títulos clásicos que no desmerece un visionado. Pese a no ser de lo mejor dentro del género propagandístico tiene su punto de interés.

Calificación: 5,5/10

lunes, 11 de abril de 2011

A diez segundos del infierno (Ten seconds to hell)

A diez segundos del infierno (1959)

Tras el fin de la II GM, un grupo de seis ex prisioneros de guerra alemanes especialistas en la desactivación de bombas llega a Berlin para trabajar como artificieros en las ruinas de la ciudad, repletas de proyectiles sin estallar. El grupo, liderado por Erick Koertner (Jack Palance) establece un pacto en base al cual la mitad del sueldo de los artificieros será destinado a un fondo que recibirá aquel que logre sobrevivir a la peligrosa tarea encomendada. Esto hará que surja una acendrada rivalidad entre Erick y el ambicioso Karl Witz (Jeff Chandler), decidido a sobrevivir a cualquier precio para llevarse el dinero del fondo.

A diez segundos del infierno fue uno de los primeros trabajos en la carrera cinematográfica del realizador Robert Aldrich, quien años más tarde alcanzaría la fama con la dirección de Doce del Patíbulo. Sin embargo, el nombre de Aldrich no figura en los títulos de crédito, ya que en el montaje final de la película, los responsables del estudio entendieron que la duración del film era demasiado larga, por lo que decidieron eliminar 30 minutos de metraje. Esta decisión, adoptada de manera unilateral por parte de la productora indignó a Aldrich, que exigió la restitución del material eliminado. Como finalmente el estudio no accedió a los deseos del director, el nombre de este fue eliminado de los créditos.

Curiosamente, y al igual que en el caso de El Único Evadido, A diez segundos del infierno fue una producción auspiciada por los estudios británicos Hammer Films –famosos principalmente por haber producido algunos de los títulos míticos del género de terror de los años 50 y 60- cuyos protagonistas eran soldados alemanes. El eje central de la narración gira en torno a la tensión que viven los protagonistas y el duelo latente de personalidades antagónicas que se establece entre el personaje de Erik Koertner, lider natural del grupo de artificieros, y el individualista y cínico Karl Wirtz. Este punto de partida argumental es bien desarrollado a lo largo de la trama, si bien esta peca de un punto de previsibilidad y cierta falta de pulso narrativo, y ello pese al importante recorte de metraje que, como apuntaba antes, sufrió el film en la fase de posproducción. Por otra parte, la subtrama romántica que se introduce en la historia, por medio del personaje de la atormentada viuda Margot Hofer, tampoco aporta demasiado, pues esta resulta más bien tópica y redundante antes que enriquecedora, y se antoja como un elemento más bien insustancial y accesorio de la trama.

Lo mejor de la película, aparte de la lograda recreación del Berlin derruido y deprimente de la posguerra, radica en su desenlace, algunas secuencias de tensión dramática bien resuelta y en las buenas interpretaciones del dúo formado por Jack Palance y Jeff Chandler, que sostienen un digno e interesante duelo interpretativo a lo largo del film. Por lo demás, A diez segundos del infierno no puede considerarse uno de los mejores trabajos dentro de la filmografía de Robert Aldrich. Pese a ello, es una historia que puede considerarse un antiguo referente de la reciente y oscarizada En tierra hostil. Un título interesante, aunque algo fallido en el aspecto narrativo.

Calificación: 5,5/10

lunes, 4 de abril de 2011

El Único Evadido (The Only that Got Away)

El único evadido (1957)

La historia comienza en Septiembre de 1940. Tras ver como su avión es derribado en Kent, el teniente Franz Von Werra (Hardy Kruger) es enviado a Londres e interrogado por el servicio de inteligencia de la RAF. Poco después Von Werra es enviado a una prisión del noroeste de Inglaterra, de donde no tarda en fugarse. Tras ser nuevamente capturado y trasladado a otra prisión, un nuevo intento de fuga fallido hará que sea enviado en barco, junto a otros prisioneros alemanes conflictivos, con destino a un campo de prisioneros en Canadá, lo cual, no obstante, no impedirá que Von Werra persista en sus planes de fuga para regresar a Alemania.

Como su propio título indica, El único Evadido relata la historia de una evasión, aunque curiosamente, esta producción británica no versa sobre la fuga de prisioneros de guerra aliados, sino sobre la huida de un aviador alemán. Concretamente, la película reconstruye los hechos que rodearon la fuga de Franz Von Werra, teniente de la Luftwaffe que pasó a la historia anecdótica de la II GM por ser el único prisionero de guerra germano que logró fugarse de sus captores, mientras era trasladado a un campo de prisioneros en Canadá, y regresar a Alemania. La evasión de Von Werra tuvo, además, unas consecuencias perniciosas para la inteligencia aliada, ya que de vuelta en Alemania, Von Werra advirtió al mando de la Luftwaffe acerca de las sutiles técnicas de interrogatorio con las que la RAF sacaba información de los pilotos alemanes derribados. De este modo, gracias al testimonio de Von Werra, la Luftwaffe pudo instruir a sus pilotos para que evitaran las preguntas comprometedoras de los interrogadores británicos.

En cuanto a la calidad del Film, hay que decir que “El Único Evadido” es una película sencilla y sin pretensiones, pero también muy amena para el espectador. Y ello es en gran medida debido a la estupenda interpretación de su protagonista, el actor alemán Hardy Kruger, que realmente consigue que el espectador empatice y, además, simpatice con su personaje. Porque, aparte del notable parecido físico que Kruger compartía con Von Werra, lo cierto es que actor sabe dotar a su personaje de las dosis justas de arrogancia, simpatía, y carisma, que hacen muy creíble su interpretación, que es de las que realmente llegan al espectador. Hasta el punto de que esta puede compararse con la no menos memorable actuación de Steve McQueen en La Gran Evasión, un papel, por cierto, que parece bastante inspirado en el de Kruger. Especialmente interesante es la parte dedicada a la captura y posterior interrogatorio de Von Werra, y como muestra el duelo entre el astuto interrogador británico y el inteligente prisionero, que termina dándose cuenta de las tretas de sus captores para sonsacarle información militar.

Es una pena que la película no profundice algo más en la parte dedicada a las dos fugas fallidas del protagonista y el duelo de astucia que se establece con sus captores británicos, porque de lo contrario podríamos haber estado ante un relato mucho más atractivo. Pese a ello, en la parte dedicada a las evasiones del protagonista, los paralelismos con La Gran Evasión son tan evidentes que no resulta descabellado pensar que John Sturges se inspiró en más de un aspecto en esta historia a la hora de preparar el guión de su famoso film. En cualquier caso, y a pesar de ser una producción relativamente modesta y sin pretensiones, El Único Evadido funciona perfectamente como un intenso relato de aventuras, entreteniendo al espectador gracias a la agilidad de su ritmo narrativo y a la precisión con la que se nos cuenta la historia del protagonista. En ese sentido, es de agradecer la objetividad con la que se aborda la figura de Von Werra, evitando en todo momento el recurso fácil de caer en el alegato antinazi, y optando en cambio por ofrecer un retrato equilibrado del personaje que es muy de agradecer.

En resumidas cuentas, El Único Evadido es una película con el típico sello artesanal propio del cine británico, a la par que un relato ameno y bastante estimulante dentro de sus limitaciones artísticas. Un titulo que, sin duda, merece la pena descubrir.

Calificación: 6,5/10

miércoles, 23 de marzo de 2011

Trenes rigurosamente vigilados (Ostre sledované vlaky)

Trenes rigurosamente vigilados (1966)

La historia nos sitúa en el pueblo ficitio de Kostomolaty, Checoslovaquia, a finales de 1944. Siguiendo los pasos de su padre, el joven checo Milos Harma, descendiente de una larga saga de perdedores, ingresa en la compañía de ferrocarriles para trabajar como guardagujas en la estación del pueblo. Mientras en la estación se suceden una serie de situaciones estrambóticas, y en el frente las fuerzas alemanas retroceden, Milos comenzará a verse frustrado en su despertar sexual al comprobar que sufre eyaculación precoz. Al mismo tiempo, la resistencia local planea hacer volar uno de los trenes militares alemanes a su paso por el pueblo, para lo cual requerirán la colaboración de Milos.

Trenes rigurosamente vigilados fue la ópera prima del realizador checo Jirí Menzel, con un guión basado en la novela homónima del escritor Bohumil Hrabal, en cuya adaptación trabajó el propio Menzel conjuntamente con el autor del libro. El rodaje de la película tuvo lugar en escenarios de la propia República Checa, y alcanzó tras su estreno un notable éxito comercial en su país, llegando incluso a alzarse con el Oscar a la mejor película extranjera en la edición de 1967 de dichos premios. Sin embargo, posteriormente el tono irreverente y sardónico de la película de Menzel se consideró demasiado transgresor para la ortodoxia comunista de la época, de modo que tras los episodios de la Primavera de Praga en 1968, la película fue prohibida en Checoslovaquia.

Entrando a analizar el film, he de decir que, pese a que esta película es considerada como uno de los denominados títulos “de culto”, personalmente no me terminó de satisfacer. La narración contempla una peculiar mezcla de comedia entre costumbrista y surrealista, drama y elementos bélicos, sazonados con unas leves gotas de erotismo. Una mezcla bastante inusual que a mi modo de ver no cuaja en pantalla. Y en ello tiene mucho que ver el hecho de que las distintas líneas argumentales que la historia va presentado (especialmente la relativa al despertar carnal del protagonista) se superponen entre sí sin demasiado sentido, por lo que da la impresión que la película carece de una estructura determinada. Y ello pese a la presencia de algunas secuencias satíricas bien resueltas y a las buenas interpretaciones de los actores principales. Sin embargo, considerada en conjunto, encuentro que la parte dramática de la narración no termina de conmover, y a la parte de comedia le faltan unas mayores dosis de coherencia y comicidad para hacer reir al espectador. Y lo cierto es que hay bastantes escenas pretendidamente cómicas a las que es difícil encontrarles la gracia.

Al final, el conjunto de la historia se presenta como una colección, más bien deslavazada, de momentos de sátira desigualmente resueltos que se intercalan con los episodios acerca del proceso de maduración sexual del protagonista. Por ello, Trenes rigurosamente vigilados parece un producto típico del denominado cine de Arte y Ensayo, que al espectador medio probablemente entusiasmará o dejará frío. En mi caso, desde luego encontré más de lo segundo que de lo primero. Una historia original, que ofrece algún momento cómico inspirado, pero poco más.

Calificación: 5,5/10

jueves, 17 de marzo de 2011

Los chicos de San Petri (Drengene fra Sankt Petri)

Los Chicos de San Petri (1991)

La historia comienza en Dinamarca, en el verano de 1942. Los hermanos Lars y Gunnar Baltrup, son dos jóvenes de familia acomodada que, junto a otros compañeros de estudios de la escuela de San Petri, forman un grupo de resistencia juvenil que realiza actos contra las tropas de ocupación, que en principio solo llegan a la categoría de gamberradas. Sin embargo, las cosas se complican cuando Lars conoce a Otto Hvidmann, un jóven de origen humilde que se une al grupo, proporcionándoles armas robadas a los alemanes. Esto hará que a partir de ese momento, el grupo emprenda auténticas misiones de sabotaje, aumentando considerablemente el peligro de sus actividades.

Con Los chicos de San Petri, el realizador danes Søren Kragh-Jacobsen adaptó para la gran pantalla la historia real de un pequeño grupo juvenil de resistencia formado por estudiantes de la escuela de San Petri, cuyas actividades de sabotaje en el verano de 1942 y posterior encarcelamiento en la prisión de Aalborg, despertaron la conciencia de la sociedad danesa, que hasta ese momento había aceptado sin discusión la ocupación alemana. Sobre esta base, Kragh-Jacobsen construye un interesante relato sobre unos chicos inconformistas e idealistas, que hicieron acopio de un enorme valor para rebelarse, no solo frente a la ocupación, y la humillación de su patria, sino también frente a la desidia de sus mayores, que aceptaron sin protestas el nuevo status quo. En ese sentido, la historia combina los elementos típicos del cine sobre la resistencia, con otros propios del cine sobre la rebeldía juvenil, y en ese aspecto se aprecia claramente la influencia de un título anterior como El Club de los Poetas Muertos, especialmente patente en la parte dedicada al emotivo desenlace de la historia.

Aparte de lo anterior, la película tiene varios aspectos bastante estimables, empezando por las buenas interpretaciones del joven elenco de actores protagonistas, que saben dotar de gran naturalidad a sus respectivos papeles. Tambien me gustó la agilidad de la narración, y el esmerado aspecto visual del film, que incluye una notable labor de ambientación y una elegante fotografía que logra trasladar al espectado a la época que se retrata en la pantalla. Entre los aspectos menos brillantes, principalmente hay que señalar que la película no llega a profundizar en el aspecto personal de los protagonistas, ni en las motivaciones que les impulsan a actuar como lo hacen. En vez de ello, la historia prefiere centrarse en describir las acciones de sabotaje que realizan los chicos, pero sin darle un mayor trasfondo humano a las mismas. Por esta razón, el desarrollo de los personajes resulta demasiado esquemático e insuficiente. Una pena, porque de haberse cuidado más ese aspecto del guión, habríamos estado ante una gran película.

Pese a ello, hay que reconocer que Los Chicos de San Petri es una más que digna producción escandinava sobre el tema de la resistencia, y ofrece un relato bastante ameno de seguir para el espectador. Un film no del todo redondo, pero sí que bastante estimable y de buena factura tanto formal como visual. Recomendable.

Calificación: 6/10

viernes, 11 de marzo de 2011

Al filo de la oscuridad (The Edge of Darkness)

Al filo de la oscuridad (1943)

Noruega, Octubre de 1942. El pequeño pueblo costero de Trollness aparece arrasado por un levantamiento que ha acabado con la guarnición alemana, y cuya historia se irá reconstruyendo. La población de apenas 800 habitantes se muestra hostil hacia los ocupantes, con varios cabecillas cercanos al movimiento de la resistencia. El principal es Gunnar Brogge (Errol Flynn), un pescador decidido a combatir a los alemanes a cualquier precio, respaldado incondicionalmente por su novia Karen Stensgard (Ann Sheridan). Sin embargo, en el pueblo también hay partidarios de mantener la paz, especialmente el pacífico Doctor Stensgard, el padre de Karen, y su hermano Johan, el dueño de la fábrica de conservas local, interesado en que no estalle la revuelta para continuar con sus actividades comerciales. Sin embargo, cuando se tienen noticias de que los ingleses están suministrando armas a las poblaciones costeras, la mayor parte de la población se mostrará favorable a preparar un levantamiento contra los ocupantes.

No cabe duda de que 1942 fue un año especialmente prolífico para el realizador Lewis Milestone, ya que durante ese periodo estuvo ocupado en el rodaje de dos películas propagandísticas que iban a estrenarse, con pocas semanas de diferencia, en la primavera de 1943. Y curiosamente, ambas eran historias ambientadas en la Europa ocupada por los nazis. La primera de ellas, “La Estrella del Norte” trataba sobre la lucha partisana en Ucrania durante los primeros dias de la invasión alemana, mientras que la segunda, titulada Al filo de la oscuridad, estaba dedicada a homenajear al movimiento de la resistencia noruega. La película fue producida por la poderosa Warner Bros, de modo que Milestone pudo contar con la participación de las estrellas consagradas del estudio para protagonizarla, principalmente con el mítico Errol Flynn, quien tras ser rechazado para el servicio activo en el ejército, se mostró muy dispuesto a participar en películas de propaganda durante la guerra. Sin embargo, el rodaje no fue sencillo ni para el director ni para su protagonista.

Para empezar, la filmación de los exteriores de la película en la costa de California y la población de Monterey, sufrió varias semanas de retraso debido a unos espesos bancos de niebla que afectaron a la costa californiana en esas fechas, por lo que se hizo necesario buscar nuevas localizaciones. Por su parte, Errol Flynn sufrió durante esos meses una grave crisis personal cuando fue acusado y procesado por la violación de una mujer, lo cual le hizo caer en una depresión que le afectó durante todo el rodaje de la pelicula, además de ver su popularidad seriamente comprometida por causa de dicha acusación. Aunque finalmente el actor fue absuelto de los cargos por un jurado en Febrero de 1943, apenas un mes antes de que se estrenara la película.

En cuanto a la calidad del film, hay que decir que Al filo de la oscuridad puede considerarse una correcta, pero no brillante, muestra del cine propagandístico de la época. La película tiene un arranque bastante sugerente, mostrando como un avión de reconocimiento alemán descubre la población de Trollness arrasada, y la bandera noruega ondeando en uno de sus edificios. A partir de ese momento, mediante el empleo de un prolongado flashback, se iran reconstruyendo los hechos acaecidos en las semanas anteriores al levantamiento, y como este se fue larvando entre la población local. También es interesante como se muestran las diferentes actitudes de los personajes, oscilando entre los que desean mantener la paz, ya sea por idealismo o por intereses propios (los hermanos Stensgard), los que dudan de la viabilidad de un levantamiento, y finalmente los orgullosos patriotas deseosos de combatir abiertamente contra los alemanes. En ese sentido, es digna de mención la escena que muestra reunión de los lugareños en la iglesia, con excusa de celebrar un oficio religioso, y en la que se debate la posibilidad de llevar a la práctica el levantamiento, confrontándose entre los presentes las distintas opiniones al respecto.

Sin embargo, no todos los aspectos de la trama me terminaron de convencer. Para empezar el guión peca del mismo fallo que se aprecia en “La Estrella del Norte”, presentando a los alemanes como los típicos villanos desalmados de turno, lo cual le resta veracidad a la trama. En segundo lugar, el ritmo de la narración no termina de ser del todo sostenido, y algún tramo del metraje se dilata en exceso, perjudicando bastante la agilidad del relato. Finalmente, cabe reseñar que, pese a que las escenas de acción están bien filmadas, mediante el uso extensivo de los travellings laterales que eran “marca de la casa” de Milestone, la parte dedicada al levantamiento de la población y el combate contra las tropas alemanas no termina de resultar verosímil, ya que se nota en demasía la intención propagandística de esas escenas, que adolecen de una carga épica más bien poco creible para el espectador actual.

En definitiva, Al filo de la Oscuridad puede considerarse un título correcto en lineas generales, pero cuya calidad se ve algo deformada por unas intenciones propagandísticas muy poco disimuladas, que de haberse introducido de una manera más sútil muy probablemente habrían mejorado el resultado final. Una película entretenida, que merece la pena ver sobre todo por la participación del gran Errol Flynn, pero que no puede considerarse de las más brillantes dentro del género propagandístico.

Calificación: 5,5/10

lunes, 7 de marzo de 2011

La Estrella del Norte (The North Star)

La Estrella del Norte (1943)

La historia comienza en una aldea de Ucrania llamada “Estrella del Norte”, el 21 de junio de 1941. Mientras los habitantes de la aldea disfrutan de un tranquilo día veraniego, los jóvenes Kolya (Dana Andrews) y Marina Pavlova (Anne Baxter) ultiman los planes para emprender una excursión a pie con destino a Kiev en compañía de otros tres amigos, para celebrar el fin del curso escolar. Sin embargo, al dia siguiente, su tranquilo viaje se ve truncado por la invasión alemana de la URSS. Mientras la Luftwaffe ataca las carreteras, las columnas motorizadas alemanas se dirigen rápidamente a la aldea, por lo que los hombres del lugar deciden escapar a las montañas para formar una guerrilla, mientras Kolya y Marina tratan desesperadamente de regresar a sus casas. Pronto, el pueblo es ocupado por los alemanes, que deciden instalar un hospital militar avanzado en el mismo, bajo las órdenes del Dr. Von Harden (Erich Von Stroheim) usando a los niños del lugar como donantes de sangre forzosos para los soldados alemanes heridos.

Durante el periodo comprendido entre los años 1942 y 1945, la práctica totalidad de los estudios cinematográficos de Hollywood desarrollaron una intensa campaña propagandística en apoyo de la causa aliada. En ese contexto, se produjeron decenas de films dedicados no solo a ensalzar la lucha en el frente de las tropas norteamericanas, sino también la resistencia en Europa frente al invasor nazi. Dentro de esta categoría se encuadra La Estrella del Norte, dirigida por el prestigioso realizador Lewis Milestone, un cineasta que había encontrado en el género bélico su mejor medio de expresión, especialmente desde la realización de la aclamada adaptación cinematográfica de la famosa novela de Erich Maria Remarque Sin novedad en el frente.

Sin embargo, en este caso, puede decirse que Milestone pinchó en hueso. Y desde luego, ello no puede acharcarse precisamente a la falta de medios, ya que el director contó con un reparto plagado de actores de primera fila, incluyendo a la por aquel entonces pareja de moda de Hollywood, Dana Andrews y Anne Baxter, así como al prestigioso Erich Von Stroheim en el papel de médico militar alemán. Sin embargo, las evidentes debilidades del flojo guión que Lillian Hellman escribió para la película, la lastran prácticamente desde el primer minuto de metraje. Para empezar, porque el escenario elegido para presentar a los campesinos soviéticos dispuestos desde el primer día de invasión a luchar contra los ocupantes alemanes resulta totalmente inadadecuado desde el punto de vista histórico.

No en vano, Ucrania era una de las regiones de la URSS que más había sufrido los peores excesos del régimen stalinista, unos excesos materializados en forma de detenciones y deportaciones masivas a Siberia, e incluso la muerte por hambruna de decenas miles de ucranianos debido al programa de expropiaciones agrícolas forzosas ordenado desde Moscú. Por tanto, cuando comenzó la invasión, la mayor parte de la población recibió a los alemanes como libertadores, e incluso miles de ucranianos colaboraron con las fuerzas invasoras en la lucha contra el Ejército Rojo. Por otra parte, la historia está contada más bien con poco ritmo, y la mayor parte de las escenas que transcurren en la idílica granja colectiva antes de la guerra resultan absolutamente pueriles. Tanto es así que, en los años 50 esta película fue marcada por la censura estadounidense como propaganda soviética, al mostrar un retrato demasiado amable e idealizado de la vida en la URSS bajo el régimen comunista.

Dejando de lado lo anterior, al menos hay que reconocer que en las escenas de acción se nota la mano de Milestone. Me gustaron especialmente las secuencias en las que los Stukas bombardean la aldea y en la que un avión ruso ataca una columna de Pz-II alemanes, unas escenas muy bien filmadas, empleando unos efectos visuales notables para la época. Pero aparte de esto, La Estrella del Norte tiene poco más que ofrecer. Una historia propagandística que no ha resistido nada bien el paso del tiempo. Interesante como curiosidad cinéfila, y punto.

Calificación: 4/10

martes, 1 de marzo de 2011

El Discurso del Rey (The King's Speech)

El Discurso del Rey (2010)

Tras hacerse patentes sus problemas para hablar en público, debido a la tartamudez que sufre desde la infancia, el Principe Alberto (Colin Firth), Duque de York, pasa por distintos especialistas en tratamientos del habla intentando solucionar su problema. Todos sus intentos serán infructuosos hasta que conoce al excéntrico terapeuta Lionel Logue (Geoffrey Rush), un australiano cuyos poco ortodoxos métodos para tratar la tartamudez de su paciente comienzan a dar resultados. Pronto, la ayuda de Lionel se irá haciendo imprescindible para Alberto, especialmente cuando la abdicación de su hermano Eduardo por su relación con la divorciada Wallis Simpson, hace que el príncipe se convierta en el Rey Jorge VI, debiendo dar un importante discurso radiado a la nación cuando el Reino Unido decide entrar en guerra para detener los avances de Hitler en Europa.

Hago con esta reseña un pequeño parón en mi serie de comentarios sobre el cine de los años 40 y 50, para volver la vista sobre la reciente triunfadora en la gala de los Oscars de este año. El film se basa en una historia concebida por el escritor David Seidler, quien sufrió tartamudez en la etapa de su niñez y se sintió fascinado al conocer la historia del problema de dicción del Rey Jorge VI y la relación de amistad que llegó a entablar con el terapeuta del habla Lionel Logue, hasta el punto de que decidió escribir un guión para trasladar dicha historia al cine. Tras darle varias vueltas proyecto, una vez que tuvo listo el esbozo del guión, envió el mismo a varias productoras londinenses, que inmediatamente aceptaron llevarlo a la pantalla, captando el potencial de la historia para el público en general. La película obtuvo rápidamente un gran éxito de público y crítica, haciéndose acreedora de 4 Oscars, incluyendo el de mejor película, en la edición de este año.

En cuanto a la valoración del film, hay que comenzar diciendo que “El Discurso del Rey” es el típico ejemplo de una historia que eleva varios puntos su interés original gracias a lo acertado de un reparto en estado de gracia. Colin Firth borda su papel del inseguro y amedrentado príncipe Alberto, un hombre marcado por una infancia infeliz, por estar a la sombra de su hermano, y por su defecto del habla. Frente a él, un inmenso Geoffrey Rush, que encarna a la perfección al terapeuta formado en la escuela de la vida, un personaje dotado de las necesarias gotas de excentricidad y enamorado de la obra de Shakespeare, que está decidido a que su paciente mejore al precio que sea. Y por encima de todo, la película es un canto a la amistad, que irá surgiendo entre ambos hombres, y que les hará sobreponerse a sus respectivas limitaciones iniciales. En ese sentido, el desarrollo de la historia resulta no solo interesante, sino muy atractivo para el espectador, gracias a unas bien dosificadas notas de humor, y también a las innegables dotes dramáticas del duo protagonista, que logran imprimir a sus respectivos personajes el registro más adecuado a cada momento de su interpretación.

No obstante, también hay que señalar que “El Discurso del Rey” se queda lejos de llegar a la categoría de una obra maestra. Para empezar, la temática desde luego no resulta del todo original, ya que viene a ser una variación del film de 1994 La locura del Rey Jorge. Por otro lado, el aspecto narrativo y visual es simplemente correcto, en el sentido de que la película no intenta innovar ni sorprender, y el desarrollo de la trama resulta más bien previsible, por lo que tampoco deslumbra al espectador. Finalmente, aunque la ambientación y la puesta en escena llevan el indudable sello artesanal propio del cine británico, tampoco es una película que destaque especialmente en esos aspectos, por lo que considerada en conjunto, puede decirse que es una película que agrada, más que entusiasma, al espectador.

En resumen, puede decirse que “El Discurso del Rey” ha tenido en cierto modo el mérito de haber sido un rayo de buen hacer cinematográfico dentro del panorama mayoritariamente gris del cine actual. Una película de actores, por encima de todo, y narrada con agilidad. Sin llegar a ser una gran obra, hay que reconocerle el mérito de saber conectar con el espectador y contar una historia con amenidad. Un título que no deslumbra pero, sin duda, recomendable.

Calificación: 7/10

viernes, 25 de febrero de 2011

Un condenado a muerte se ha escapado (Un condamné à mort s'est échappé)

Un condenado a muerte se ha escapado (1956)

La historia comienza en abril de 1943. El jóven teniente Fontaine (François Letterier), miembro de la Resistencia, es capturado por los alemanes y, tras un fallido intento de fuga, queda recluido en la prisión de Fort Montluc. Desde el momento de su llegada a la prisión, encerrado en una minúscula celda, Fontaine comienza a planear su fuga, plan que se ve favorecido cuando es trasladado de celda a una situada en un piso superior de la prisión, cuya puerta de madera Fontaine comienza a perforar poco a poco, calculando minuciosamente a partir de ese momento todos sus pasos para consumar su huida de la prisión.

Al igual que hicieron otros cineastas franceses tras la finalización de la contienda mundial, el director Robert Bresson, dedicó un film al movimiento clandestino de la Resistencia contra la ocupación. Bresson elaboró el guión de la película a partir del relato autobiográfico homónimo de Andre Devigny, un miembro de la Resistencia capturado por los alemanes en abril de 1943, que tras ser enviado a la prisión de Montluc y sufrir torturas a manos del tristemente famoso jefe de la Gestapo Klaus Barbie, logró evadirse en compañía de otro recluso antes de que se ejecutara su condena a muerte, prevista para unos días más tarde. La historia de esta audaz y exitosa evasión atrajo la atención de Bresson, y decidió llevarla a la gran pantalla, siendo el segundo título dentro de su denominada “Trilogía de la Soledad”. Fiel a su manual de estilo, el realizador insistió en lograr el mayor realismo posible. De este modo, el rodaje tuvo lugar en la misma prisión de Montcluc donde se desarrollaron los hechos, y el propio Devigny le prestó al director los utensilios reales que había empleado en su fuga. Además, para conseguir una mayor veracidad, y como era norma habitual en sus películas, a la hora de elegir el reparto, Bresson recurrió a un casting de actores desconocidos, unos intérpretes anónimos que reforzaran la sensación de realismo de la historia.

En cuanto a la valoración, hay que decir que Un condenado a muerte se ha escapado, supone todo un brillante ejercicio de estilo visual y narrativo por parte de Bresson. Estamos ante la historia de, lisa y llanamente, un plan de fuga. Una idea de partida sencilla que Bresson sabe llevar mucho más allá gracias a su maestría visual, que nos muestra la minuciosa concepción y preparación del plan de fuga que Fontaine pretende llevar a cabo. A la vez, y gracias al uso de unos muy estudiados planos cortos y cerrados, el film logra trasladarle al espectador la claustrofóbica sensación de soledad que el protagonista experimenta encerrado en su celda.

Una sensación perfectamente narrada a lo largo de unos ajustados 95 minutos de metraje, que en conjunción con el uso que el director hace de las elipsis visuales, y los efectos de sonido, (que incluyen conversaciones a media voz, pisadas que se alejan, y ruidos en la galeria de celdas) logran meter al espectador en situación. Todo ello contribuye a crear un crescendo narrativo que alcanza su climax en unos veinte minutos finales plenos de intensidad dramática que muestran la ejecución de la fuga y que realmente mantienen en vilo al espectador, gracias a la maestria con la que Bresson combina tensión y angustia, sensaciones que se transmiten en gran medida al espectador gracias al inteligente uso de la acción y los sonidos que ocurren fuera de plano.

Entre los aspectos menos positivos, personalmente eché en falta algo más de desarrollo del personaje de Fontaine; así como cierta tendencia al esquematismo en los diálogos y los personajes secundarios, aunque sea comprensible que el director optara por esto,  dada la deliberada sobriedad que adopta la narración. En cualquier caso, hay que concluir que “Un condenado a muerte se ha escapado” es una película visualmente soberbia y muy intensa en el plano narrativo. Una buena historia de base, muy bien contada, y que recomiendo ver a todo el que no haya tenido la oportunidad de hacerlo.

Calificación: 7/10

viernes, 18 de febrero de 2011

Calle Madeleine número 13 (13 Rue Madeleine)

Calle Madeleine, número 13 (1947)

El oficial del OSS Bob Sharkey (James Cagney) recibe el encargo de adiestrar a un nuevo grupo de aspirantes a espías, el grupo 077. Cuando los aspirantes llegan al centro de entrenamiento, Sharkey recibe el aviso de sus superiores que uno de ellos es un agente alemán infiltrado. Pronto Sharkey descubre que este es Bill O´Connel (Richard Conte), en realidad un agente del Abwerh llamado Kuncel, pero decide seguir adelante con su entrenamiento para suministrarle a los alemanes información falsa a través de el. Sin embargo, cuando Lassiter es lanzado en paracaídas sobre Europa, mata a un agente y logra evadirse, poniendo en peligro toda la misión de espionaje organizada por el OSS en la costa francesa antes del Dia D.

Calle Madeleine número 13 es una película un tanto atípica, ya que rinde homenaje a los combatientes invisibles de la contienda mundial, los agentes de espionaje. En este caso, el director Henry Hathaway se inspiró parcialmente en la historia del director del OSS William Donovan, y del agente de inteligencia Peter Ortiz, que actuó como asesor histórico de la producción, para crear este intenso thriller de espionaje, ambientado en los meses anteriores al desembarco en Normandia. Como por aquel entonces las actividades e incluso la existencia de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) seguían siendo materia reservada, la productora recibió el aviso del gobierno de EEUU de que no mencionara al OSS en la película, omisión que se cumplió a la hora de preparar el guión del film, que en ningún momento menciona dichas siglas.

Entrado a valorar la película, hay que decir en primer lugar que se nota que se trata de un relato que bebe de fuentes muy cercanas a los hechos que narra. El realismo del film es absoluto, hasta el punto de que describe con un tono que por momentos parece casi documental, el entrenamiento de los agentes, su preparación para todo tipo de misiones secretas y las interioridades del mundo del espionaje. Un realismo que se ve reforzado por el hecho de que, como el mismo prólogo indica, la filmación tuvo lugar en las localizaciones reales que aparecen en la película. Con un ritmo bastante vivo, la película desgrana el doble juego entre los servicios de espionaje, cuando descubren que Lassiter es en realidad un agente enemigo, y como tratan de utilizarlo para desinformar al servicio de inteligencia alemán.

Me gustó especialmente el personaje de Sharkey, muy bien interpretado por James Cagney, y como este insiste en la necesidad de dejar de lado las consideraciones morales, afirmando que “En el espionaje, la única lealtad consiste en cumplir la misión, al precio que sea necesario”. Además las secuencias del entrenamiento, las peleas, e incluso los diálogos rezuman realismo, y por supuesto huyen de la heroicidad gratuita. De este modo, los espías son entrenados para mentir, robar y matar cuanto sea necesario, y se enfrentan al enemigo en una lucha a vida o muerte donde cualquier error se paga con la propia vida.

En conclusión, Calle Madeleine número 13, ofrece un más interesante relato acerca de las operaciones secretas del OSS durante la II GM. Es un título relativamente desconocido, pero que sorprende por sus elevadas dosis de realismo, su intenso ritmo narrativo, y la muy creíble atmósfera que logra crear para que el espectador se introduzca en la trama. De las mejores películas de espionaje que he visto.

Calificación: 7/10

domingo, 13 de febrero de 2011

Esta tierra es mia (This land is mine)


Esta tierra es mia (1943)

La historia nos sitúa en “algún lugar de Europa” (aunque se sobreentiende que es Francia) en 1941. La ocupación alemana somete a la población civil a privaciones de alimentos y a la pérdida de todas las libertades civiles. En medio de ese ambiente, Albert Lory (Charles Laugthon) un maestro de escuela de mediana edad, mediocre, acobardado y con un claro complejo de Edipo debido a la sobreprotección de su madre viuda, se enamora de la atractiva Louise Martin (Maureen O’Hara) una maestra de su misma escuela que además es su vecina. La anodina vida de Lory se verá complicada cuando la Resistencia comete varios actos de sabotaje, implicando a Paul, el hermano de Louise, lo que provocará que el comandante alemán de la zona, el Mayor Von Keller (Walter Slezack), comience a tomar rehenes entre la población, incluyendo al director del colegio, el Profesor Sorel, un convencido opositor antinazi.

Al hablar sobre su carrera cinematográfica en una entrevista concedida en los años 50, el director francés Jean Renoir, reconoció que no se sentía especialmente orgulloso de su película “Esta tierra es mia”, a la cual se refirió como “Mi propia proganda”. No en vano, Renoir, que había escapado de Francia tras la invasión alemana, tenía razones sobradas para dirigir una película propagandística contra la ocupación nazi, proyecto que pudo llevar a cabo en Hollywood, siendo financiado por la productora RKO. El estudió prestó su total respaldo al proyecto, de modo que Renoir pudo contar con dos estrellas consagradas como Charles Laughton y Maureen O´Hara para encarnar los papeles protagonistas. La película se estrenó además masivamente en los cines de EEUU en mayo de 1943, siendo muy bien acogida por un público en plena efervescencia patriótica, y que por aquel entonces se mostraba muy receptivo a este tipo de cine propagandístico.

Entrando a analizar el film, personalmente entiendo que Renoir no sintiera especial predilección por esta película de su filmografía. Y eso que no puede negarse que la película presenta algunos aspectos muy destacables, comenzando por las buenas interpretaciones del reparto, pasando por algunas secuencias memorables (como la de la angustia de Lory durante el bombardeo) y terminando en un emotivo desenlace. Sin embargo, personalmente encuentro que el aspecto evidentemente coyuntural de la trama no ha resistido del todo bien el paso del tiempo. Un aspecto que sí me gustó es el retrato que se hace de los alemanes a través del Mayor Von Keller, un retrato sorprendentemente equilibrado para la época. De este modo, Keller no es el típico oficial malvado y fanático, sino que aparece retratado como un hombre práctico, que incluso trata de evitar represalias innecesarias contra la población civil, una humanización del enemigo que es muy enriquecedora.

No obstante, en líneas generales, al conjunto de la narración le faltan unas mayores dosis de ritmo y de intensidad dramática. Además, hay algunos giros de los personajes que no resultan muy creíbles, especialmente la transmutación final del acobardado profesor Lory en un valiente y decidido opositor a los ocupantes. En ese sentido, suele recordarse de este film el monólogo que Lory pronuncia durante su juicio, en el que además de denunciar la hipocresía de los comerciantes que se enriquecen gracias a la guerra y el mercado negro, pronuncia un apasionado alegato en defensa del sabotaje y de la resistencia activa contra la ocupación. Un monólogo que muchos consideran memorable, pero que a mi me pareció un tanto forzado, amén de poco creible. Personalmente, encuentro mucho más emocionante la escena final, en la que Lory lee a sus alumnos varios artículos de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, antes de ser detenido por los alemanes; una escena que condensa a la perfección el mensaje de la película.

En conclusión, pese a no tratarse de una de las mejores películas propagandísticas made in Hollywood, Esta tierra es mía sí que ofrece varios aspectos cinematográficos dignos de estima, aparte del carisma interpretativo del gran Charles Laughton. Un clásico que, pese a no ser de todo redondo, merece la pena ver.

Calificación: 6/10

jueves, 10 de febrero de 2011

Los verdugos tambien mueren (Hangmen also die)

Los verdugos también mueren (1943)

Praga, mayo de 1942. Tras el asesinato del Reichsprotektor de Bohemia-Moravia, Heydrich, apodado el “El Verdugo”, a manos de la resistencia checa,  el Doctor Svoboda (Brian Donlevy), autor del crimen, trata de huir desesperadamente de la policía alemana, consiguiéndolo finalmente gracias a la ayuda de una desconocida, Nasha Novotny (Anna Lee), quien envía a sus perseguidores en otra dirección. Tras una angustiosa huida, Svoboda se refugia finalmente en casa de la familia Novotny con nombre falso. Mientras la Gestapo, con el inteligente inspector Alois Gruber (Granach Alexander) a la cabeza, busca por toda Praga al autor del asesinato, las fuerzas de ocupación comienzan a tomar rehenes entre la población de la ciudad, incluyendo al padre de Nasha, con la amenaza de fusilarlos si no aparece el responsable de la muerte de Heydrich.

En 1933 Joseph Goebbels, Ministro de propaganda del Reich, le propuso a Fritz Lang, el director de la mítica Metropolis, presidir los estudios de la UFA, la productora estatal alemana. La respuesta de Lang, cuyas ideas eran radicalmente opuestas al nazismo, fue huir precipitadamente de Alemania, primero a Francia, y finalmente con destino a EEUU, a donde llegó en 1936, iniciando en tierras americanas la segunda etapa de su carrera cinematográfica. En este caso, Los verdugos también mueren supuso el séptimo largometraje realizado por Lang en Hollywood, llevando a la pantalla una historia apócrifa basada en la muerte del Reichsprotektor Reinhard Heydrich, mortalmente herido en Praga el 27 de mayo de 1942, tras un atentado ejecutado por agentes checos del Servicio Secreto Británico. Puesto que los detalles del asesinato de Heydrich no se conocían cuando se rodó el film, Lang tomó como punto de partida el mismo para construir una historia ficticia que homenajeara a la resistencia antinazi en Europa. El guión fue elaborador por otro alemán emigrado, el famoso dramaturgo Berltolt Brecht, junto con el guionista John Wexley, en la que supuso la única colaboración acreditada de Bretch en una película de Hollywood.

Los verdugos también mueren puede considerarse una de las mejores películas antinazis producidas durante la contienda. La mano de Lang se nota desde el primer minuto (atención a la secuencia que abre el film, con un Heydrich absolutamente amenazante dirigiéndose a una audiencia de personalidades) y consigue dotar al relato de una atmósfera inquietante y opresiva, construida en torno a unos personajes que se mueven en el filo de la navaja. Además, Lang consigue ir bastante más allá del simple vehículo de propaganda, y en cambio, ofrece un relato que combina elementos típicos de cine negro, thriller policiaco, y denuncia política. El film, además constituye todo un alegato en defensa de las libertades individuales y una sentida reivindicación de la dignidad del pueblo frente a los opresores y las injusticias. Todo ello narrado en pantalla con el indiscutible sello visual de Lang, con el uso de planos y enfoques que muestran las raíces expresionistas del realizador austriaco. Por ponerle algún “pero” quizás podría señalarse el punto relativamente artificioso que adquiere la trama cuando los miembros de la resistencia intentan implicar al traidor Czaka en el asesinato, un aspecto de la trama que no me pareció muy creíble, aunque encaje bien en el posterior desenlace de la misma.

En el apartado interpretativo, destacan por encima de todo las actuaciones de Granach Alexander, encarnando al astuto y avispado inspector de la Gestapo Gruber, (para mi gusto, el mejor personaje de la película) y Gene Lockhart que da vida al empresario cervecero Czaka, el traidor de la resistencia.

En resumidas cuentas, Los verdugos también mueren es una película muy estimable dentro de la filmografia del gran Fritz Lang. Sin llegar a ser una Obra Maestra, ni tampoco uno de los trabajos más sobresalientes de su director, sí es uno de esos títulos cuya maestria visual y narrativa hacen que el paso de los años no le afecten, pudiendo ser disfrutados por espectadores de cualquier época. Una película definitivamente muy recomendable.

Calificación: 7/10

lunes, 7 de febrero de 2011

Kukushka

Kukushka (2002)

La historia comienza en el frente de Laponia, en Septiembre de 1944. En castigo por su intento de deserción, el soldado finés Vekjo es abandonado y encadenado en una colina, armado con un fusil y con algunas provisiones para que actúe como francotirador suicida. Poco después llega casualmente al mismo lugar Ivan, un capitán ruso arrestado por supuestas actitudes anticomunistas, que ve como el jeep que lo traslada es atacado por aviones enemigos, quedando herido. Ambos serán acogidos por Anni, una campesina lapona viuda, que vive en una solitaria granja cerca del lugar. A partir de ese momento se establecerán una serie de peculiares relaciones entre los tres personajes, incapacitados para comunicarse entre sí por hablar distintos idiomas, y obligados a convivir en ese remoto paraje.

Kukushka es una reciente producción rusa, dirigida por el realizador Aleksandr Rogozhkin, que fue además el encargado de escribir el guión del film. El título Kukushka (“El Cuco”) hace referencia a la forma en que los rusos llamaban a las posiciones de los francotiradores fineses, además de referirse támbien al apodo familiar que el personaje de Anni, la campesina lapona, afirma llevar.

La historia de Kukushka es la de un relato de claros tintes antibelicistas, reuniendo a unos personajes en principio antagónicos en un remoto y aislado paraje, imposibilitados para comunicarse entre sí por la barrera idiomática y obligados a entenderse. Un punto de partida argumental que recuerda mucho al del film de John BoormanInfierno en el Pacífico”, si bien en este caso el personaje femenino de Anni viene a añadir un punto de vista neutral a los dos hombres en principio enemigos. Lo mejor del film se encuentra, bajo mi punto de vista, en la primera media hora de metraje, en la que, con un ritmo pausado pero con acierto, el director nos va presentando a los personajes a la vez que muestra las inhóspitas condiciones climáticas del lugar, mediante un sugerente uso de las imágenes que suple la ausencia de diálogos. Sin embargo, una vez que los tres personajes se reúnen, la película no termina de encontrar el hilo adecuado para desarrollar los temas que plantea en profundidad.

Y esto se debe principalmente a que, al final todo se queda en una colección de situaciones un tanto deslavazadas, y algunos diálogos no exentos de cierta comicidad, provocados por la incapacidad de los personajes para entenderse mutuamente. Pero el aspecto humano y antibélico que, a priori, ofrecía la historia no acaba de desarrollarse y da la sensación de que podía haberse sacado mucho más jugo a la misma. Y ello pese al más que correcto trabajo interpretativo del trio de actores protagonistas, todos ellos desconocidos, pero que cumplen con solvencia en sus respectivos papeles, pese a las limitaciones de un guión al que le falta un punto mayor de imaginación.

Pese a ello, no puede negarse que Kukushka ofrece una historia no totalmente novedosa, pero sí con un punto de originalidad que hacen que no esté exenta de interés. Un título que agradará a los amantes del cine europeo, aunque ofrezca una historia que hubiera podido dar más de sí de haberse narrado con mayor maestría.

Calificación: 5,5/10

jueves, 3 de febrero de 2011

Camino a la libertad (The Way Back)

Camino a la libertad (2010)

La acción comienza en Polonia, en 1940. El oficial del ejército polaco Janusz (Jim Sturgess), prisionero de los sovieticos, es condenado por actividades de espionaje tras ser falsamente denunciado por su mujer. Semanas después, Janusz es enviado a un Gulag en Siberia junto con  otros cientos de prisioneros considerados peligrosos por el régimen de Stalin. Allí, en medio de un entorno hostil, Janusz conocerá a otros compañeros como el peligroso criminal Valka (Colin Farrel) o Smith (Ed Harris), un norteamericano retenido también sin motivos reales para ello. Todos ellos, en compañía de otros prisioneros planearán una arriesgada fuga y una huida hacia extremo oriente cruzando a pie una vasta extensión de la URRS.

Siete años después de haber filmado su último trabajo con la estimable “Master and Commander”, el realizador australiano Peter Weir ha retomado la dirección con este relato de tintes épicos ambientado en el siniestro sistema de prisiones (o Gulags) de URSS. Con un guión basado en distintas fuentes, pero que bebe principalmente del relato autobiográfico del escritor polaco Slavomir Rawicz, titulado The Long Walk: The True Story of a Trek to Freedom (“La increíble caminata, la verdadera historia de una expedición hacia la libertad”), la película aborda un tema –el de los prisioneros de guerra en la URSS y su épica huida- que recuerda mucho al de la producción alemana “Hasta donde los pies me lleven”, si bien Weir ha contado con unos medios de producción mucho más lujosos que los de su predecesora. Es reseñable que se ha cuestionado la veracidad de la historia que Rawicz cuenta en su libro, e incluso se ha llegado a especular con que el autor en realidad fue liberado por los sovieticos tras la invasión alemana, y se limitó a plasmar en su obra las historias oídas de otros prisioneros que efectivamente lograron escapar del Gulag. En cualquier caso, el mismo Weir ha afirmado que su película aborda “Una historia ficticia basada en hechos reales”.

Entrando a valorar el film, la verdad es que en sus aspectos formales, Camino a la libertad ofrece el toque artesanal propio de las producciones de Weir. En ese aspecto, la fotografía, la ambientación y las secuencias filmadas en unos espectaculares paisajes exteriores son de primer nivel. Sin embargo, en el plano narrativo, bajo mi punto de vista esta película no alcanza los mismos niveles de intensidad dramática que sí conseguía transmitir Master and Commander. La primera parte del film, que muestra el ambiente del Gulag, condensa para mi gusto lo mejor de la narración, combinando una inteligente presentación de los personajes con una muy realista descripción de las atroces condiciones de los campos de reclusión stalinistas.

Sin embargo a partir del momento de la fuga –filmado, por cierto, con poco dramatismo- la película se vuelve mucho más convencional, mostrando una serie de peripecias que viven los protagonistas a lo largo de su extenso recorrido que se antojan un tanto lineales y faltas de capacidad para sorprender al espectador, más alla de las espectaculares secuencias panorámicas de turno. Y ello pese a la introducción de escenas de acción que están muy bien filmadas, y también pese al buen hacer interpretativo de los actores principales entre los que destacan el siempre eficaz Ed Harris, y Jim Sturgess; pese a lo cual a la película le falta un “plus” para emocionar al espectador.

En definitiva, “Camino a la Libertad” se queda en un correcto relato de tintes épicos, con un aspecto formal y visual muy pulido, pero algo falto de nervio en el apartado narrativo. Pese a ello, es una historia interesante y bien filmada, que no desmerece un visionado.

Calificación: 6/10

viernes, 28 de enero de 2011

El médico de Stalingrado (Der Artz von Stalingrad)

El médico de Stalingrado (1958)

La historia comienza en 1943. Tras la derrota de Stalingrado, el médico militar Fritz Böhler (O.E. Hasse) es capturado por los rusos junto con cientos de soldados, siendo enviados a un campo de prisioneros. Años después del final de la guerra, ya en 1949, Böhler y sus compañeros de reclusión, aun en manos de sus captores, tratan de sobrevivir a las duras condiciones de su cautiverio. Cuando uno de los prisioneros alemanes sufre un ataque de apendicitis, Böhler, pese a la prohibición de los rusos, decide arriesgarse a operarlo, lo cual complicará aun más la situación de los alemanes, expuestos a nuevas represalias de sus captores.

En 1956 aparecía publicada en Alemania la novela titulada Der Artz Von Stalingrad, del escritor alemán Heinz G. Konsalik, antiguo corresponsal de guerra alemán, que en los años posteriores a la contienda se dedicó a escribir una serie de relatos literarios basados en sucesos ocurridos en los frentes de batalla. En este caso, Konsalik se basó en la experiencia personal de un médico militar alemán capturado por los rusos en Stalingrado, el Doctor Ottmar Kohler, quien había sido repatriado a Alemania en 1953, tras diez años de cautiverio en la URSS. El libro pronto se convirtió en un arrollador éxito de ventas, siendo traducido a varios idiomas y alcanzando una gran difusión en Europa Occidental. No es de extrañar, por tanto, que las productoras cinematográficas alemanas se apresuraran a trasladar la historia de la novela al cine. La dirección del film recayó sobre el realizador húngaro Géza von Radványi, mientras que para el papel protagonista del doctor Böhler se eligió al solvente actor alemán O.E. Hasse, quien cuatro años antes, había ofrecido una muy buena actuación en Almirante Canaris, encarnando al famoso jefe del Abwerh.

Entrando a analizar el film, hay que decir que “El médico de Stalingrado” aborda un conjunto de temas interesantes a la hora de narrar la historia. Me gustó especialmente como la película desgrana el complejo entramado de relaciones humanas que se establecen entre los guardianes rusos y sus cautivos alemanes; unas relaciones que oscilan entre la desconfianza y el odio mutuos, pasando por el pragmatismo de unos y otros a la hora de sacar provecho de las circunstancias, e incluso los romances que surgen entre los prisioneros alemanes y las mujeres rusas destinadas en el campo. Igualmente, es interesante señalar que, pese a tratarse de una película de los años 50, tanto por el lenguaje que usan los personajes como por la forma de abordar los temas que se tratan, dan la sensación de que fue un film adelantado a su tiempo en más de un aspecto. También hay diálogos que son muy buenos, como cuando Böhler, ante las quejas de un subordinado por el trato que les dan los rusos, le recuerda que “Somos huéspedes aquí… de hecho, vinimos sin que nadie nos invitara”. En el apartado interpretativo, brilla especialmente O.E. Hasse, estando bien secundado por el resto de actores, entre los que se cuentan varios secundarios ilustres del cine alemán de la época, como Johannes Messemer y Eva Bartok.

Por ponerle algunos “peros” a la película habría que señalar que no termina de ahondar en los temas controvertidos respecto a los sentimientos de culpabilidad por la destrucción causada en la URSS o el odio entre los bandos antagonistas; así como la impresión que transmite de cierta idealización de algunas situaciones y del comportamiento de los personajes principales. Pese a ello, hay que concluir que El médico de Stalingrado, es un film de muy esmerada factura, buen guión y que cuenta con oficio una historia no exenta de interés. Sin llegar a ser una película muy destacada, sí que deja un buen sabor de boca al espectador. Recomendable.

Calificación: 6/10

domingo, 23 de enero de 2011

In Tranzit

In Tranzit (2008)

La historia comienza a principios de 1946, unos meses después del fin de la contienda. Un grupo de prisioneros de guerra alemanes llega a un campo de tránsito femenino situado a las afueras de Leningrado. Pese a tratarse de un campo para mujeres, el coronel Pavlov (John Malkovich), jefe del NKVD de la zona, ordena que los prisioneros alemanes permanezcan allí con un fin oculto. Con la ayuda de la doctora del campo Natalia (Vera Farmiga), Pavlov quiere localizar a los oficiales de la SS que se esconden con nombre falso entre los prisioneros alemanes, amenazando a Natalia con deportar a Siberia a su marido Andrei, mentalmente incapacitado a consecuencia de las heridas sufridas durante la guerra. Sin embargo, la situación se complica cuando surge un atisbo de romance entre la doctora y uno de los prisioneros alemanes, Max.

In Tranzit es el típico caso en el que un guión con una muy interesante idea de base, se desaprovecha al no saber desarrollarla adecuadamente. Porque lo cierto es que la historia, basada en hechos reales, de los prisioneros alemanes enviados al campo de Leningrado, a ser custodiados por las mujeres que habían vivido en primera persona el asedio de la ciudad y cuyos familiares y amigos habían muerto durante la guerra, ofrecía mucho margen para dar lugar a una buena película. Cosa que confirma el arranque de la película, mostrando la tensa llegada de los prisioneros alemanes al campo, así como el desprecio y la violencia física que sufren a cargo de sus antiguas víctimas, convertidas ahora en verdugos.

No obtante, transcurridos los primeros veinte minutos de metraje, la historia se va diluyendo inevitablemente, a la par que el director pierde el pulso de la narración. Ello es debido principalmente a que el tono de la narración, adecuadamente oscuro y opresivo en el primer tramo de la historia, evoluciona conforme avanza esta, hasta el punto de llegar a hacerse extrañamente almibarado –con la inclusión de varias tramas románticas muy mal desarrolladas– e incluso un tanto inverosímil. A esto hay que sumarle el hecho de que las líneas narrativas que se intentan abarcar (drama carcelario, la historia de espionaje, y la trama romántica), resultan más bien planas, de modo que ninguna de las historias que se intercalan resulta plenamente satisfactoria para el espectador. Y esto es algo que ni la decente ambientación, ni el correcto trabajo interpretativo del reparto, en especial de los protagonistas John Malkovich y Vera Farmiga, puede solucionar. En todo momento, da la sensación de que la película, quitando sus primeros minutos, no termina de encontrar el tono adecuado, y al final se queda en un producto fallido, que malbarata el buen punto de partida argumental, al que podría habérsele sacado un mayor jugo dramático.

En definitiva, In Tranzit, ofrece cierto interés por abordar un tema interesante historícamente hablando, y además, poco trillado desde el punto de vista cinematográfico. Pero aparte de eso, y quitando el oficio interpretativo de su buen reparto, no ofrece demasiados aspectos de interés. Una película pasable, pero que decepciona en más de un sentido.

Calificación: 5/10